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Mi Mundo Termina Contigo (Vindicta Dinasty 3)

Mi Mundo Termina Contigo (Vindicta Dinasty 3)

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor eterno / Mafia
Popularitas:77
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Romero

Años después, Chiara y Markus han construido algo más que un imperio: tienen una hija que se convierte en lo único que realmente los une.

Pero los enemigos del pasado no han desaparecido.

Las guerras que comenzaron años atrás vuelven con más fuerza, y esta vez el precio es mucho más alto. Traiciones, venganzas y viejos secretos provocan una caída devastadora.

Muchos aliados mueren, las familias se destruyen y el imperio que tanto costó mantener empieza a desmoronarse.

Chiara tendrá que enfrentarse a la decisión más difícil de su vida: seguir luchando por el poder o salvar a lo único que queda de su mundo: su familia.

NovelToon tiene autorización de Paula Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitolo 17

...⚔️...

Valeria se hacía notar como una mujer fuerte. Nunca quiso seguir el camino de las tradiciones de la mafia. En una época, las mujeres eran utilizadas únicamente para alianzas matrimoniales, sin derecho a hablar. Pero ella era la excepción, sacando la misma perspectiva que su madre, manejando todo a su antojo y demostrando su poder.

Por eso la sala de reuniones que se encontraba dentro de la organización permanecía en absoluto silencio. Una enorme mesa de madera oscura ocupaba el centro, rodeada de hombres y mujeres miembros de alto rango de la mafia que llevaban horas analizando informes, movimientos y acontecimientos que habían alterado por completo el equilibrio del poder en los últimos meses.

Al fondo, las grandes ventanas dejaban entrar una tenue luz grisácea.

Valeria se encontraba de pie en el centro de la sala, junto a Markus.

Ya no era simplemente la hija de uno de los mafiosos más poderosos de la organización; su posición había cambiado.

Su inteligencia, su capacidad para tomar decisiones y la manera en que había conseguido desenvolverse durante los últimos meses habían hecho que dentro comenzaran a reconocerla con un título que antes parecía imposible: doña de la mafia.

Una de las máximas autoridades de la organización.

Valeria permanecía seria, con los brazos apoyados sobre la mesa, mientras observaba los informes que tenía frente a ella.

A su lado, Markus mantenía la misma expresión imperturbable de siempre.

Volker y Ricci se encontraban entre los hombres de confianza presentes en la reunión.

—Los últimos meses han cambiado completamente el panorama —dijo Markus.

Valeria asintió.

—Y no solamente por Londres.

Markus la observó.

—Exactamente.

Uno de los hombres deslizó varios documentos sobre la mesa.

—Los movimientos de Leonid han disminuido considerablemente durante las últimas semanas.

Valeria tomó el informe.

—¿Disminuido?

—Sí.

—Eso no significa que se haya retirado.

Volker negó con la cabeza.

—No lo creemos.

Valeria revisó las páginas.

—Cuando alguien como Leonid reduce sus movimientos, normalmente significa que está preparando algo.

Markus asintió.

—Esa también es mi conclusión.

Valeria dejó el informe sobre la mesa.

—¿Y Klaus?

El ambiente cambió ligeramente.

Ricci respondió:

—Continúa moviéndose entre distintos puntos. No hemos conseguido establecer con exactitud cuál es su verdadero objetivo.

—¿Y Greta?

Esta vez nadie respondió inmediatamente.

Valeria levantó la mirada.

—¿Qué ocurre con ella?

Volker habló finalmente.

—Greta sigue siendo impredecible.

—Eso ya lo sabemos.

Valeria cruzó los brazos.

—Quiero saber qué está haciendo.

—No hemos podido determinarlo.

—Entonces averigüenlo.

Su tono fue firme.

No necesitó levantar la voz.

Los hombres alrededor de la mesa comprendieron inmediatamente que la conversación había terminado.

Markus observó a su hija durante unos segundos.

Había algo diferente en ella.

Ya no necesitaba demostrar que era capaz.

Había comenzado a hacerlo por sí misma.

—También debemos hablar de los acontecimientos de las últimas semanas —continuó Markus.

Sobre la mesa apareció otro informe.

—La situación ha cambiado —dijo—Algunos grupos que antes mantenían una posición neutral están comenzando a tomar partido.

Valeria tomó el documento.

—Eso era inevitable.

—¿Crees que se avecina un conflicto mayor?

Valeria levantó la mirada.

—No creo que se avecine.

Hizo una pausa.

—Creo que ya comenzó.

Nadie respondió.

Aquellas palabras quedaron suspendidas en la sala.

Markus apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Entonces debemos estar preparados.

Valeria asintió.

—Siempre.

La reunión continuó durante casi una hora más.

Hablaron de alianzas, pérdidas, movimientos internos y de los cambios que se habían producido desde que Valeria había asumido un papel más importante dentro de Vindicta-Becker.

Cuando finalmente terminaron, los presentes comenzaron a abandonar la sala.

Valeria permaneció unos segundos junto a su padre.

—¿Crees que Leonid está detrás de todo esto?

Markus negó ligeramente con la cabeza.

—No puedo asegurarlo.

—Pero lo sospechas.

—Sí.

Valeria suspiró.

—Entonces necesitamos más información.

—La tendremos.

La puerta se abrió.

Un hombre entró.

Era Alonzo.

El tío de Valeria.

—Valeria.

Ella se giró.

—Tío Alonzo.

Alonzo llevaba una carpeta negra bajo el brazo.

—Necesito hablar contigo.

Valeria observó la carpeta.

—¿Es importante?

—Bastante.

Markus intercambió una mirada con él.

—¿Qué tienes?

Alonzo colocó la carpeta sobre la mesa.

—Información sobre un cargamento.

Valeria se acercó.

—¿Qué clase de cargamento?

—Uno que pertenece a la mafia albanesa.

La expresión de Valeria cambió.

Alonzo abrió la carpeta.

—Tenemos información de que llegará en los próximos días.

—¿Dónde?

—Tenemos una posible ubicación.

Valeria observó los documentos.

—¿Qué contiene?

Alonzo negó con la cabeza.

—Eso todavía no lo sabemos con certeza.

—Entonces, ¿por qué es tan importante?

Alonzo la miró.

—Porque sea lo que sea, tiene suficiente valor como para alterar las relaciones entre varias organizaciones.

Valeria permaneció en silencio.

—Si conseguimos hacernos con esa mercancía —continuó Alonzo—podríamos asestarles un golpe considerable.

Valeria pasó las páginas.

Había fotografías, horarios, mapas y algunos informes.

—¿Qué nivel de seguridad tiene?

—Todavía no lo sabemos.

—Entonces no podemos movernos hasta comprobarlo.

Alonzo sonrió ligeramente.

—Por eso vine contigo.

Valeria levantó la mirada.

—¿Qué tienes?

—Una ubicación.

Deslizó una fotografía sobre la mesa.

Era una propiedad antigua y aparentemente abandonada.

—Creemos que el cargamento será trasladado allí antes de continuar hacia otro punto.

Valeria observó la fotografía detenidamente.

—¿Quién confirmó esto?

—Una fuente.

—¿Confiable?

Alonzo hizo una pausa.

—Lo suficiente para investigarlo.

Valeria se recostó ligeramente sobre la mesa.

—Entonces iremos.

Markus la miró inmediatamente.

—Valeria.

Ella se volvió.

—¿Qué?

—No tienes que hacerlo personalmente.

—Lo sé.

—Entonces no lo hagas.

Valeria cerró la carpeta.

—Quiero ir.

Markus permaneció serio.

—No quiero que conviertas cada operación en algo personal.

—No lo estoy haciendo.

—¿Estás segura?

Valeria sostuvo su mirada.

—Sí.

Alonzo intervino.

—Podemos hacerlo con un equipo reducido.

Valeria asintió.

—Mi tío Volker y mi padrino Ricci vendrán conmigo.

Markus permaneció callado durante unos segundos.

Finalmente dijo:

—Bien.

Pero su tono dejaba claro que no estaba completamente de acuerdo.

Poco después comenzaron los preparativos.

Valeria se reunió con Volker y Ricci en una de las salas de seguridad.

Sobre una mesa colocaron los informes disponibles.

Volker señaló el mapa.

—Esta es la propiedad.

Ricci añadió:

—Está abandonada desde hace años.

—¿Hay actividad reciente?

—Sí.

Valeria levantó la mirada.

—¿Qué tipo de actividad?

—Autos entrando y saliendo durante los últimos días.

—Entonces no está abandonada.

—Oficialmente sí.

Valeria sonrió ligeramente.

—Eso me encanta.

Volker la miró.

—¿Qué?

—Cuando alguien llama abandonado a un lugar que tiene movimiento, normalmente significa que quiere que nadie haga preguntas.

Ricci asintió.

—También tenemos información sobre dos hombres que podrían estar vigilando el lugar.

—¿Solo dos?

—Es lo que hemos podido confirmar.

Valeria cerró la carpeta.

—No me gusta.

—¿Qué cosa? —preguntó Volker.

—Que sea tan fácil.

Volker la observó.

—Tenemos información precisa, una ubicación y sabemos cuántos hombres hay.

—Exactamente.

Valeria se levantó.

—Demasiado preciso.

Ricci cruzó los brazos.

—¿Crees que la información es falsa?

—No necesariamente.

—Entonces…

Valeria miró nuevamente el mapa.

—Puede ser verdadera y, aun así, estar incompleta.

Nadie respondió.

—Quiero que revisemos a todos los hombres que participarán —continuó—Quiero saber quiénes son, cuánto tiempo llevan trabajando con nosotros y si alguno ha tenido contacto reciente con personas externas.

Volker asintió.

—Lo haremos.

Una hora más tarde, los hombres seleccionados se encontraban reunidos.

Valeria entró en la habitación.

Todos guardaron silencio.

Los observó uno por uno.

No estaba buscando miedo.

Estaba buscando algo mucho más difícil de detectar.

Duda.

Nerviosismo.

Una reacción fuera de lugar.

—Vamos a hacer esto sencillo —dijo.

Nadie habló.

—Quiero que cada uno me diga dónde estuvo durante las últimas cuarenta y ocho horas.

Comenzaron a responder.

Valeria escuchó atentamente.

No interrumpía.

Solo observaba.

Cuando uno terminaba, llamaba al siguiente.

Volker permanecía detrás de ella.

Ricci revisaba algunos datos.

Después de varios minutos, Valeria se acercó a uno de los hombres.

—Tú.

El hombre levantó la mirada.

—Sí, signorina.

—Dijiste que estuviste en la propiedad del norte.

—Sí.

—¿Toda la noche?

—Sí.

Valeria observó a Volker.

Él revisó rápidamente un dispositivo.

—Es correcto.

Valeria volvió a mirar al hombre.

—Bene.

Se alejó.

No había encontrado nada.

Pero eso no significaba que estuviera tranquila.

Finalmente llegó el momento de salir.

Los autos blindados estaban preparados frente a la mansión.

Valeria subió al primero junto a Volker.

Ricci ocupó otro auto

El convoy comenzó a desplazarse.

Durante el trayecto, Valeria permaneció en silencio.

Observaba el paisaje a través de la ventana.

Campos.

Carreteras.

Pequeñas poblaciones.

Todo parecía tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Volker rompió el silencio.

—Sigues pensando en la información.

—Sí.

—¿Crees que es una trampa?

Valeria tardó unos segundos en responder.

—No lo sé.

—Eso no es propio de ti.

Valeria lo miró.

—Precisamente por eso me preocupa.

Volker sonrió ligeramente.

—Entonces estaremos preparados.

Valeria volvió a mirar por la ventana.

—Eso espero.

La propiedad apareció finalmente frente a ellos.

Era una construcción antigua.

Grande.

Oscura.

Rodeada de vegetación.

Parecía completamente abandonada.

Los autos se detuvieron a cierta distancia.

Valeria descendió.

El silencio era absoluto.

Demasiado absoluto.

Volker se acercó.

—No veo movimiento.

Ricci apareció detrás.

—Tampoco yo.

Valeria observó la propiedad.

—Esperen.

Todos se detuvieron.

Ella miró hacia una de las ventanas.

Había algo.

Un movimiento.

—Ahí.

Los hombres levantaron la mirada.

Dos figuras aparecieron cerca de una de las entradas laterales.

Valeria los observó.

—Tenemos compañía.

Los dos hombres parecían estar vigilando la zona.

Valeria hizo una señal.

El equipo comenzó a avanzar.

No pasó mucho tiempo antes de que los interceptaran.

Los dos hombres intentaron reaccionar, pero el grupo de Valeria fue más rápido.

Finalmente quedaron bajo control.

Valeria se acercó.

—¿Dónde está el cargamento?

Uno de ellos permaneció en silencio.

Valeria lo observó.

—Te he hecho una pregunta.

El hombre no respondió.

Ricci se acercó.

—Podemos revisarlo todo.

Valeria negó con la cabeza.

—Primero quiero saber quién los envió.

El segundo hombre soltó una breve risa.

Valeria lo miró.

—¿Qué es tan gracioso?

—No tienen idea de dónde se han metido.

Aquella frase hizo que Valeria se quedara inmóvil.

Miró a Volker.

Después a Ricci.

Finalmente volvió a mirar la propiedad.

Algo no estaba bien.

No sabía exactamente qué.

Pero podía sentirlo.

La información había sido demasiado precisa.

La propiedad estaba demasiado tranquila.

Solo había dos hombres.

Y ahora uno de ellos acababa de decirles que no sabían dónde se habían metido.

Valeria retrocedió lentamente.

—No entren todavía.

Volker frunció el ceño.

—¿Por qué?

Valeria observó nuevamente la casa.

—Porque creo que nos están esperando.

Ricci miró alrededor.

—¿A quién?

Valeria no respondió.

Sus ojos permanecieron fijos en la propiedad.

Había algo detrás de aquella operación.

Algo que todavía no podía ver.

Algo que alguien había preparado cuidadosamente.

Y entonces lo comprendió.

Quizá el verdadero objetivo nunca había sido proteger el cargamento.

Quizá el verdadero objetivo había sido conseguir que ella llegara hasta allí.

Valeria respiró profundamente.

—Nos están llevando hacia una trampa.

Nadie se movió.

Durante unos segundos, el silencio volvió a apoderarse del lugar.

Entonces, desde el interior de la propiedad, se escuchó un ruido.

Un golpe seco.

Después otro.

Valeria levantó lentamente la mirada.

—Todos atentos.

La sensación en su pecho se hizo más intensa.

Y, por primera vez desde que había llegado, tuvo la certeza de que aquella mercancía era lo menos importante de aquella noche.

...CONTINUARÁ ...

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