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PUDRETE ROSE... AHORA AMARÉ A AMAYA ROBERTS

PUDRETE ROSE... AHORA AMARÉ A AMAYA ROBERTS

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Reencuentro / Completas
Popularitas:644
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Cal murió solo, arruinado y consumido por el recuerdo de Rose. Pero, contra toda lógica, despierta diez años antes, a bordo del Titanic, justo cuando su antigua historia está a punto de repetirse.
Esta vez no piensa cometer los mismos errores.
Rompe su compromiso, deja de financiar las deudas de Rose y Ruth y decide construir una vida completamente diferente. Entonces conoce a Amaya, una joven de buena familia caída en desgracia que viaja en tercera clase para casarse con un hombre al que no ama.
Lo que comienza como un acuerdo termina convirtiéndose en un amor verdadero.
Pero Cal sabe que el Titanic está condenado.
Cuando llega la noche del desastre, utilizará todo lo que recuerda para intentar salvar vidas.
¿Podrá cambiar el destino?
¿Y qué ocurrirá cuando el hombre que una vez lo perdió todo descubra que su verdadera riqueza nunca estuvo en el dinero… sino en Amaya, su familia y la vida que eligió?

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El valor de construir sobre lo heredado

El señor Stanley lo observó con esa mirada que parecía ver más allá de las palabras, y preguntó con voz directa:

—Pero dime con sinceridad, muchacho… ¿qué sabes tú de trabajo duro y de empezar desde abajo? No nací con tu suerte. Yo tuve que aprender a base de golpes.

Cal lo miró a los ojos, sin bajar la cabeza, sin intentar fingir lo que no era.

—Tiene toda la razón, señor Stanley. Es verdad que yo nací en lo que podría llamarse una cuna de oro. Mi padre tenía un negocio próspero, me dio la mejor educación que existía, fui a la universidad, soy licenciado en Administración, y hoy tengo mis propios negocios. Pero ¿sabe una cosa? Jamás desperdicié ninguna de las oportunidades que mi padre me dio. Me mandó a los mejores colegios, y siempre obtuve las mejores notas que este cerebro mío pudo dar. Siempre estuve en el cuadro de honor. Mi padre iba orgulloso a recogerme cada vez que me entregaban un diploma. Me gradué con los máximos honores. Cuando fundé mis primeras empresas, él me apoyó con el capital inicial… y cada centavo se lo he devuelto, cumpliendo siempre con los plazos acordados. Jamás hice la vista gorda con lo que me confiaron.

Hizo una pausa, mirando hacia el horizonte que se veía a lo lejos por la ventana del salón.

—A veces el éxito también requiere esfuerzo, porque si no nos esforzamos, lo que nuestros padres nos heredan se pierde en una generación. Y nosotros, como hijos, no debemos esperar solo heredar… sino crecer el legado. ¿No lo cree así?

El señor Stanley se quedó en silencio unos momentos, mirándolo con nuevos ojos.

—Nadie me lo había dicho de esa manera —dijo lentamente—. Mi padre era un hombre humilde, trabajó el cuero de sol a sol, y me enseñó que mis manos y mi esfuerzo eran lo único que de verdad me pertenecían. Muchas veces vi a niños como tú, que no tenían que mirar el precio de nada, mientras yo contaba cada moneda antes de gastarla. Pero escuchándote ahora… veo que ustedes también libran su propia batalla: no perder lo que se ha construido y hacerlo crecer. Cal, a tu manera, eres un hombre admirable.

—Y usted es el hombre que merece ser admirado —respondió Cal con sinceridad—. Usted se hizo solo. Se levantó desde nada y construyó un imperio que es la envidia de todo el país. Eso es algo que muy pocos logran. Sinceramente, lo admiro.

Stanley soltó una risa franca y cálida.

—Vaya muchacho… ¿y si te dijera que tú a mí también me pareces bastante admirable?

—¿Yo? —dijo Cal, fingiendo sorpresa—. No he hecho tanto como usted.

—¿Ah no? En lugar de quedarte sentado sobre la riqueza de tu padre, como hacen tantos que solo viven de lo que otros construyeron antes que ellos, tú buscas aprender, buscar crecer, buscar construir algo tuyo. Eso es lo que hace a un verdadero hombre. Cuando lleguemos a Nueva York, me gustaría que fueras a mi oficina. Tengo unos negocios interesantes que ya mi edad no me permite sacar adelante como se merecen. Creo que tú puedes darles esos nuevos bríos que necesitan. ¿Te interesa?

Cal le sonrió con firmeza.

—Claro que sí, señor Stanley. Será un honor.

Mientras se despedían, Cal pensó para sí mismo con satisfacción: Excelente. Estas nuevas amistades me han traído más beneficios de lo que jamás imaginé. ¿Quién lo diría? Esos esnobistas por los que tanto me esforcé en agradar resultaron ser los primeros en darme la espalda. Y esta gente… humilde de origen pero poderosa de verdad, son los que me han tendido la mano sin pedir nada a cambio.

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