Una joven inocente a muerto, pero, lo inimaginable ha sucedido; un alma proveniente de otra época, ha reencarnado en su cuerpo, Victoria fue una reina tirana, que gobernó con firmeza y conquisto reinos sin titubear, ahora, para sobrevivir, tendrá que convertirse en la reina de la mafia.
Pero, en su camino se cruzara con Alexey, un líder mafioso a quien no se verá como un digno rival, si no que también, podrías ser su aliado más poderoso.
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Capítulo 15. Sangre sobre la Lluvia
La batalla en la autopista elevada fue rápida y despiadada. En menos de cinco minutos, los veinte mercenarios yacían muertos o agonizantes sobre el asfalto mojado por la lluvia. La escolta de Alexey, que había logrado reagruparse, aseguraba el perímetro mientras los bomberos y la policía comenzaban a sonar a lo lejos en la distancia.
Alexey caminó de regreso a la limusina con el torso cubierto de agua y sangre enemiga. Tenía un rozón de bala en la mejilla izquierda y el traje de esmoquin destrozado en los hombros, pero su figura de dos metros se mantenía erguida como una montaña inamovible.
Abrió la puerta del vehículo y miró a Victoria.
—Estás a salvo —dijo él, respirando con dificultad mientras la lluvia le escurría por el rostro.
Victoria no habló. Extendió la mano, tomó a Alexey por la solapa de la chaqueta y lo arrastró hacia el interior del vehículo con una fuerza sorprendente. Sin darle tiempo a reaccionar, atrapó sus labios en un beso desesperado, salvaje y cargado de una gratitud feroz que hizo que el capo soltara un gemido ahogado.
Alexey respondió al abrazo de inmediato, envolviéndola en sus brazos enormes y subiendo a la parte trasera de la limusina mientras la puerta se cerraba automáticamente, aislándolos del ruido de las sirenas y la lluvia.
—Pensé que no te gustaba que interfiriera en tus batallas —jadeó Alexey entre beso y beso, sujetándola de la nuca mientras sus manos buscaban la piel desnuda de su espalda.
—Cállate, bárbaro —murmuró Victoria contra sus labios, apretando su cuerpo contra el suyo—. Has luchado como un verdadero rey esta noche. Y los reyes merecen su recompensa.
La parte trasera del vehículo blindado se convirtió en el escenario de una entrega apasionada y febril. En medio del olor a pólvora, lluvia y el perfume caro de la gala, los cuerpos de Victoria y Alexey se unieron con una intensidad que trascendía la simple atracción física. Ya no había cálculos de poder ni estrategias de dominio; era el choque de dos almas indomables que se reconocían como únicas en medio de un mundo de mediocres.
Las caricias de Alexey, aunque firmes y posesivas, llevaban una reverencia sagrada hacia el cuerpo debilitado de la Reina. Victoria, entregada por completo al calor del magnate, dejó de lado sus muros de hielo por primera vez en siglos, permitiendo que la vulnerabilidad de su nuevo cuerpo se refugiara en la fuerza indestructible del hombre que había elegido como su igual.
Cuando el vehículo finalmente arrancó hacia la residencia privada de Alexey, ambos permanecían abrazados en la penumbra de la cabina, escuchando el latido acelerado de sus corazones entrelazados en medio de la noche.
..........
El sol matutino comenzaba a filtrarse por los ventanales del penthouse de Alexey, iluminando la enorme cama de matrimonio donde Victoria descansaba con la cabeza apoyada en el pecho desnudo del capo. La lluvia de la noche anterior había dejado paso a un cielo despejado sobre la ciudad.
Victoria abrió los ojos despacio. Se sentía renovada; el descanso y la proximidad del calor corporal de Alexey habían permitido que sus canales mágicos se estabilizaran por completo. Acarició la cicatriz del pectoral del gigante con la yema de los dedos, disfrutando del ritmo constante de su respiración.
Alexey abrió los ojos grises y le dedicó una sonrisa perezosa y cálida, rodeándola la cintura con su brazo enorme para pegarla más a su cuerpo.
—Buenos días, mi Reina —susurró él, besándole la frente con ternura.
—Buenos días, Jefe —respondió ella, dejándose querer por unos segundos antes de recuperar su postura erguida—. El ataque de anoche no fue un movimiento desesperado del Sindicato. Las armas que usaron esos mercenarios llevaban los sellos del Cartel del Sur.
Alexey se incorporó en la cama, perdiendo la sonrisa al instante. Su rostro volvió a adoptar la dureza del líder mafioso.
—Los carteles del sur controlan las rutas de exportación de cocaína y las aduanas marítimas de la frontera —comentó Alexey, pasándose una mano por el cabello oscuro—. Si se han aliado con las familias tradicionales de la ciudad para eliminarnos, significa que la verdadera guerra está por comenzar.
—No será una guerra, Alexey; será una purga —corrigió Victoria, poniéndose de pie y envolviéndose en una sábana de seda blanca mientras caminaba hacia el ventanal—. Esos hombres del sur creen que están tratando con mafiosos locales a los que pueden intimidar con tiroteos en la autopista. No saben que se enfrentan a una Emperatriz que ha ejecutado a reyes enteros antes de que sus abuelos nacieran.
Alexey se levantó de la cama, caminó hacia ella por detrás y la abrazó por la cintura, apoyando el mentón en su hombro mientras contemplaban la metrópoli que se extendía a sus pies.
—¿Cuál es el siguiente paso, Victoria? —preguntó el capo.
—Consolidaremos nuestro control sobre los bancos de la capital durante esta semana —explicó ella, recostando la cabeza en su pecho—. Y luego, viajaremos al sur. Vamos a tomar sus fortalezas, confiscaremos sus rutas y les enseñaremos lo que significa intentar matar a los dueños de esta ciudad.
—Me gusta el plan —sonrió Alexey, dándole un beso suave en el cuello—. Pero primero, necesitas desayunar. No quiero que mi Reina se me desmaye en medio de la próxima masacre.
Victoria dejó escapar una risa genuina y cristalina, una imagen de felicidad pura que raras veces mostraba. En los brazos de Alexey Volkov, la antigua tirana no solo había encontrado un aliado invencible para su venganza, sino el verdadero amor que jamás pudo conocer en su trono de obsidiana.