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LA HEREDERA DEL SILENCIO

LA HEREDERA DEL SILENCIO

Status: En proceso
Genre:Aventura de una noche / Casarse por embarazo / Malentendidos
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Genesis YEPES

Valentina Rivas es la heredera de un poderoso imperio empresarial. Tras desaparecer dos meses, regresa a casa marcada por un secreto que no puede revelar. Su matrimonio por contrato con Aniel, un hombre reservado y observador, se tensa cuando comienzan a llegar amenazas silenciosas: fotografías de su hija y mensajes que demuestran que alguien cercano conoce cada debilidad de su familia.
Mientras el tiempo del contrato se agota, Valentina debe decidir entre seguir callando para proteger a los suyos o enfrentar la verdad que podría destruirla. En un mundo donde el poder se hereda y el silencio tiene un precio, algunas herencias no se eligen.

NovelToon tiene autorización de Genesis YEPES para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

MI VIDA

Aniel

Aniel cerró la puerta de la habitación detrás de él. No caminó inmediatamente hacia la sala.

Se quedó unos segundos frente a la puerta, con la mano todavía sobre la manija, intentando ordenar lo que acababa de escuchar.

No quiero estar contigo.

La frase seguía repitiéndose en su cabeza.

No porque estuviera enojado.

Tampoco porque creyera que Valentina le debía algo.

Simplemente había sido difícil escucharla.

Después de todo lo que había ocurrido, una parte de él había imaginado que decirle lo que sentía sería suficiente para acercarlos.

Había estado equivocado Aniel respiró profundamente y finalmente se alejó de la puerta en la sala encontró a Anisette jugando con unos bloques sobre la alfombra con la niñera.

—Papá.

La niña levantó la cabeza.

—¿Mamá está arriba?

Aniel se quedó mirándola.

—Sí.

—¿Está bien?

Él hizo una pausa.

No quería mentirle.

Pero tampoco quería contarle cosas que no podía comprender todavía.

—Está descansando.

Anisette asintió y volvió a su juego.

Aniel se sentó en el sofá.

Observó a su hija durante unos segundos.

Ella parecía estar completamente concentrada en construir una torre que ya había perdido el equilibrio varias veces.

—Papá.

—¿Sí?

—Se cayó.

Aniel sonrió ligeramente.

—Entonces hay que construirla otra vez.

—Pero estaba bonita.

—Puedes hacer una más bonita.

Anisette comenzó a colocar nuevamente las piezas.

Aniel la observó.

Aquello era lo que intentaba hacer también con su propia vida.

Construir otra vez.

Solo que no sabía por dónde empezar.

Los días siguientes fueron extraños.

Valentina no había cambiado con Aniel de una manera evidente.

Seguía hablando con él.

Seguía respondiendo cuando él preguntaba algo.

Seguía siendo la madre de Anisette, la mujer con la que había compartido años de su vida, pero había una distancia.

Una que ninguno de los dos mencionaba.

Aniel tampoco volvió a hablar sobre lo que había ocurrido aquella noche.

Había prometido respetar su decisión.

Y lo haría aunque algunas veces le costara.

Por las mañanas se levantaba temprano y se preparaba para ir al hospital antes de salir, siempre pasaba por la habitación de Anisette.

—Buenos días, princesa.

—Tengo sueño.

—Sí.

Aniel sonreía y le daba un beso en la frente.

Después bajaba.

A veces encontraba a Valentina desayunando.

—Buenos días.

—Buenos días.

Nada más.

Y él aprendió a no forzar conversaciones.

Había descubierto que querer a alguien también podía significar quedarse en silencio cuando esa persona necesitaba espacio.

El hospital era diferente.

Allí Aniel podía concentrarse los pacientes no sabían lo que ocurría en su casa.

No conocían sus dudas.

No conocían sus conversaciones con Valentina.

No sabían que, algunas noches, se quedaba despierto pensando si había hecho algo mal.

En el hospital era simplemente el doctor.

Revisaba expedientes.

operaba pacientes.

Hablaba con enfermeras.

Firmaba documentos.

Entraba y salía de consultas.

Era agotador.

Y, de cierta manera, ese agotamiento le servía.

Porque cuando estaba trabajando no tenía tiempo para pensar demasiado.

—Doctor, la paciente de la cuatro ya está esperando.

—Voy.

Entró al consultorio.

Durante los siguientes minutos se concentró completamente en su trabajo cuando salió, miró el reloj habían pasado varias horas. Se apoyó contra una pared y cerró los ojos un momento.

—¿Estás bien?

Aniel abrió los ojos.

La voz era conocida.

Demasiado conocida.

Miriam estaba frente a él.

Llevaba una bata blanca y varios documentos en la mano.

—Sí.

Ella lo observó durante unos segundos.

—No pareces estarlo.

—Estoy cansado.

—Eso sí te lo creo.

Miriam sonrió ligeramente.

Aniel respondió con una sonrisa breve.

Había pasado bastante tiempo desde la última vez que habían tenido una conversación tranquila.

—¿Cómo estás?

preguntó ella.

—Bien.

Miriam arqueó una ceja.

Siempre dices eso.

—¿Y tú siempre analizas todo?

—Soy doctora.

—Yo también.

—Precisamente por eso sé cuándo alguien está mintiendo.

Aniel soltó una pequeña risa.

—No estoy mintiendo.

Miriam lo miró.

No insistió...

Más tarde coincidieron en la cafetería del hospital. Miriam se sentó frente a él con su café.

—¿Cómo está tu hija?

Aniel levantó la mirada.

—Bien.

—¿Y Valentina?

La pregunta fue diferente.

Aniel tardó un poco más en responder.

—Está recuperándose.

Miriam asintió.

—Me alegra.

Hubo silencio.

—¿Sigues con ella?

preguntó finalmente.

Aniel dejó la taza sobre la mesa.

—Sí.

Miriam bajó la mirada.

—Pensé que ese matrimonio era temporal.

—Lo era.

—¿Y ahora?

Aniel no respondió inmediatamente.

—Las cosas cambiaron.

—¿Porque la amas?

La pregunta fue directa.

Aniel la miró.

Miriam sostuvo su mirada.

No había enojo en sus ojos solo una curiosidad que escondía algo mucho más profundo.

—Sí

respondió él.

Miriam respiró lentamente.

—Lo imaginé.

—Miriam...

—No tienes que explicarme nada.

—No quiero hacerte daño.

Ella soltó una pequeña sonrisa.

—Eso llegaste un poco tarde a decirlo.

Aniel bajó la mirada.

—Lo siento.

—No te estoy culpando.

Miriam tomó otro sorbo de café.

—Solo estoy intentando entender dónde estamos tú y yo.

Aniel no encontró una respuesta.

Y eso fue suficiente para ella.

Al terminar la jornada, Aniel salió del hospital.

Había recibido varios mensajes durante el día.

Uno de Valentina.

¿A qué hora llegas?

Él respondió:

En una hora aproximadamente.

La respuesta llegó poco después.

Está bien.

Aniel guardó el teléfono.

No sabía si debía sentirse tranquilo porque ella le había escrito o triste porque aquello era todo lo que tenían para decirse últimamente.

Subió a su automóvil.

Antes de encenderlo, el teléfono volvió a vibrar.

Era Miriam.

¿Quieres tomar algo?

Aniel miró el mensaje durante unos segundos.

Podía decir que no.

Probablemente debería hacerlo.

Pero estaba cansado.

Y necesitaba hablar con alguien.

Respondió:

Está bien. Una copa. Nada más.

El lugar estaba tranquilo.

Miriam llegó unos minutos después.

Se sentó frente a él.

—Gracias por venir.

—Necesitaba despejarme.

—Entonces estamos igual.

Pidieron algo para beber.

Durante un rato hablaron de cosas simples.

Del hospital.

De algunos compañeros.

De pacientes.

De situaciones absurdas que solo ellos podían entender.

Aniel incluso se rio un par de veces.

Miriam lo observó.

—Extrañaba esto.

—¿Qué cosa?

—Hablar contigo sin que todo fuera complicado.

Aniel dejó de sonreír.

—Las cosas cambiaron.

—Lo sé.

—Y no quiero confundirte.

Miriam apoyó los brazos sobre la mesa.

—¿Y si ya estoy confundida?

Aniel la miró.

Ella bajó la voz.

—Aniel, yo no dejé de quererte.

Él no respondió.

—No te lo digo para presionarte

continuó—Solo quiero que lo sepas.

Aniel respiró profundamente.

—Miriam...

—No tienes que responderme hoy.

Ella tomó su copa.

—Pero tampoco voy a fingir que no siento nada.

Aniel permaneció en silencio.

Porque en mucho tiempo, había dos cosas que sabía con certeza sabía que Valentina no quería estar con él. Y sabía que Miriam todavía lo quería.

Lo que no sabía era qué hacer con todo aquello.

Cuando llegó a casa, la mayoría de las luces estaban apagadas.

Aniel dejó las llaves sobre la mesa.

Subió las escaleras.

Pasó frente a la habitación de Anisette y la vio dormida.

Luego llegó frente a la habitación de Valentina.

No entró.

Se quedó allí unos segundos.

Levantó la mano para tocar.

Pero finalmente la bajó.

Recordó sus palabras.

No quiero estar contigo.

Aniel dio un paso atrás.

—Está bien

susurró para sí mismo.

Y siguió caminando.

1
rey marisol
/Skull/😭😭
rey marisol
/Toasted//Scream/
karencitha
no entiendo porque se queda cayada porque no le cuenta lo que le paso 😡
rey marisol
oh Dios
rey marisol
muy emocionante y triste, pero me encanta siga así autora
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