Valeria Salcedo murió traicionada por su esposo y por la mujer que llamaba hermana. Le quitaron su empresa, su familia, su dignidad y, al final, la vida.
Pero despertó de nuevo.
Esta vez volvió al día en que todo empezó: la mañana después de su boda, justo cuando estaban por acusarla de haber engañado a su marido. Solo que ahora Valeria ya sabe quiénes son sus enemigos, qué quieren quitarle y cuánto están dispuestos a destruirla.
Para sobrevivir, necesita poder. Y el poder tiene nombre: Santiago Alcázar, el hombre más temido del mundo empresarial mexicano.
Él no confía en ella. Ella tampoco piensa enamorarse de él.
Su matrimonio empieza como un trato: ella usará su apellido para vengarse, él usará sus secretos para encontrar la verdad de una mujer que nunca pudo olvidar.
Pero entre besos, amenazas, celos y enemigos que no dejan de aparecer, Valeria descubrirá que renacer no solo significa ajustar cuentas.
También puede significar aprender a elegir, por primera vez, a quién dejar entrar en su vida.
NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 9
Capítulo 9
Valeria clavó la mirada en el vaso de jugo y apretó los puños.
Camila seguía sonriendo.
—Hermana, yo bebo primero. Te deseo felicidad y también te pido perdón. Me equivoqué. No debí decir tantas tonterías.
Cuando iba a llevarse el vaso a la boca, la mano de Santiago se apoyó sobre la copa y la detuvo.
—Señor Alcázar.
Camila lo miró, confundida.
Santiago tomó el jugo y se lo ofreció a ella.
—Tómalo tú.
Las dos mujeres levantaron la vista al mismo tiempo.
Ninguna habló.
—Tómalo —repitió él, más frío.
—Señor Alcázar, quizá no lo sabe. Mi hermana no puede beber alcohol, por eso le traje jugo. Yo...
—Quiero que tú lo tomes. El jugo que preparaste para tu hermana. Tómalo.
Era una orden.
Luego miró a Valeria.
—Recuerda esto: no bebas cualquier cosa. Mucho menos si alguien te la entrega con las dos manos.
Valeria se quedó mirándolo.
Esa frase.
Nunca la había olvidado.
En la vida anterior, después de que aquel desconocido la salvó, le dijo exactamente lo mismo.
Como el cuarto estaba oscuro, no pudo ver su rostro.
¿Fue él?
¿El misterioso hombre era Santiago Alcázar?
¿La salvó en la vida anterior y volvió a salvarla en esta?
¿Era destino?
Camila tragó saliva.
—Señor Alcázar, ¿qué quiere decir? ¿Cree que hay algo malo con el jugo? ¿O cree que yo...?
—Si no hay nada malo, ¿por qué dudas tanto? ¿Tan difícil es tomar lo que preparaste para tu hermana? ¿Lo bebes tú o hago que te lo tragues?
Santiago no le dejó salida.
Camila miró el vaso.
Al final lo tomó con ambas manos y lo acercó a sus labios.
—Y si lo tiras al suelo por accidente —agregó Santiago—, haré que lo lamas.
Camila estaba furiosa.
Valeria la había humillado, le había robado a Santiago y le estaba cerrando el paso.
Quería destruir su reputación antes de que el compromiso se hiciera público.
Si Valeria quedaba marcada como una mujer sucia, los Alcázar jamás la aceptarían.
Pero ¿cómo supo Santiago que el jugo tenía algo?
Valeria no esperó más.
Le sujetó la cara a Camila y le vació el vaso en la boca.
—El señor Alcázar está mirando. Si lo escupes o te resistes, él sabrá cómo hacer que limpies todo.
Camila no pudo evitarlo. Se tragó el jugo.
—Cof, cof...
Tosió con violencia, pero ya no podía sacarlo.
—Es tarde. Lleva a tu hermana a casa. Sobre nuestra boda hablaré contigo en otro momento.
Santiago se fue con autoridad.
Camila quiso huir apenas lo vio alejarse, pero Valeria la sujetó de la muñeca.
—Hermana, tengo algo que hacer. Yo...
Valeria la arrastró hasta el auto.
—No sabes medir tus fuerzas. Te dije que te largaras y aun así me provocaste. ¿Crees que puedes escapar? Abre la puerta. Anda, bájate.
Camila ya no tenía fuerzas.
—Hermana, me siento mal. Llévame a casa, por favor.
Ahora suplicaba.
—¿A casa? No. Tenemos que ir a la habitación 771 del edificio Cinco. Tranquila, te voy a llevar. Seguro alguien nos está esperando.
El rostro de Camila cambió.
—Me drogaste, contrataste hombres para abusar de mí y querías destruir mi reputación. Así los Alcázar no me aceptarían y los Salcedo tampoco podrían protegerme. Qué cruel eres. Damián ya te lo robaste y ni así te bastó.
Valeria le apretó la mandíbula casi hasta romperla.
—Hermana, entendiste mal. No es así. Yo...
El grito de Camila llenó el auto.
Valeria la agarró del cabello, le golpeó la cabeza contra el asiento y le soltó varios puñetazos en el abdomen.
—Te dije que todo lo que me dieras te lo iba a devolver. Esta noche va a ser inolvidable para ti.
Diez minutos después llegaron a la habitación.
Valeria la arrojó sobre la cama.
—No, hermana. No me hagas esto. Todo fue un malentendido.
—¿Malentendido? Si yo hubiera bebido ese jugo, la que estaría tirada aquí suplicando sería yo. ¿Tú dirías que fue un malentendido? Ese jugo lo preparaste con tus manos. ¿No pensaste que también podía pasarte a ti?
—Yo...
Valeria le apretó el cuello con las dos manos.
—No fui yo. No fue mi idea. Alguien me obligó.
—¿Damián?
Camila negó con la cabeza, pálida.
Valeria la soltó y le tomó la barbilla.
—¿Quién más? ¿Quién está detrás de ustedes?
Camila tosió, pero no respondió.
—Bien. Si quieres proteger a tu jefe, te doy gusto. Tenemos tiempo. Disfruta la noche. Quiero ver si esa persona que tanto proteges viene a salvarte.
Valeria se dio la vuelta.
Varios hombres grasosos entraron a la habitación.
Camila, sin fuerzas para moverse, gritó:
—¡No! ¡Hermana, sálvame! ¡Sálvame!
Los gritos se apagaron pronto.
Valeria apretó los puños y salió sin detenerse.
Camila había caído en su propia trampa.
De vuelta en el auto, Valeria frunció el ceño.
—¿Cómo supo Santiago lo del jugo? ¿Fue él quien me salvó antes? ¿Por qué iba a salvarme si ni siquiera nos conocíamos? ¿Quién está detrás de Camila? ¿A quién protege? ¿Quién quiere tanto mi muerte?
Nadie podía responderle.
Todavía tenía demasiado que investigar.
Suspiró, encendió el auto y se fue.
Le debía otro favor a Santiago.
En el estudio, Mateo le entregó una carpeta a Santiago.
El rostro del hombre se oscureció conforme leía.
—¿Todo esto está relacionado con Valeria?
—Sí. Al investigar vi las fotos y entendí que ellas...
Santiago lo miró.
Mateo se calló.
—Acepto este matrimonio. Me casaré con Valeria Salcedo.
—Valeria es demasiado calculadora. Casarse con usted no será tan simple como ella dice. Debería pensarlo.
—Pero lo que quiero, solo ella puede dármelo. Todas las pistas giran alrededor de ella. Aunque sea una trampa que preparó para mí, aunque sea un hoyo, tengo que saltar.
Para lograr su objetivo, Santiago estaba dispuesto.
Incluso si Valeria quería su vida.
y ahí se dan cuenta que es una sustituta y arde Troya ella merece a alguien que la quiera a ella no a un recuerdo