Durante diez años, Aurora Moretti renunció a su apellido, a su fortuna y al imperio mafioso más poderoso de Italia por el hombre que amaba. Lo apoyó cuando no tenía nada, creyó en él cuando todos le dieron la espalda y lo acompañó hasta convertirlo en el temido Rey de la Mafia.
Pero el día de su boda, Leonardo De Santis destruye su mundo al abandonarla por otra mujer, sin imaginar que la esposa a la que desprecia es, en realidad, la única heredera de la poderosa familia Moretti.
Humillada, traicionada y con el corazón hecho pedazos, Aurora regresa al lugar que juró abandonar para siempre. Allí dejará de ser la mujer enamorada para convertirse en la reina que nadie podrá volver a destruir.
Entre guerras entre las familias mafiosas italianas, alianzas inesperadas, traiciones, secretos y un amor capaz de renacer entre las cenizas, Aurora demostrará que la peor decisión que un rey puede tomar... es subestimar a su reina.
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CAPÍTULO 5 La promesa de un padre
El comedor principal de la mansión Moretti estaba completamente en silencio.
Una mesa de más de cinco metros, preparada para veinte personas, solo tenía tres lugares ocupados.
Aurora apenas había probado la comida.
Su mente seguía reviviendo una y otra vez la imagen de Leonardo tomándole la mano a Victoria.
Bianca observó a su hija con preocupación.
—Tenés que comer, tesoro.
Aurora intentó sonreír.
—No tengo hambre.
Don Matteo dejó los cubiertos sobre el plato.
—¿Desde cuándo?
Ella levantó la mirada.
—¿Desde cuándo qué?
—¿Desde cuándo dejaste de pensar en vos para vivir únicamente para ese hombre?
Aurora no respondió.
Porque ni siquiera ella conocía la respuesta.
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Después de la cena, Don Matteo la invitó a caminar por los jardines de la mansión.
El lugar era inmenso. Había fuentes de mármol, rosales y enormes cipreses que rodeaban la propiedad.
—¿Recordás cuando eras chica? —preguntó él.
Aurora sonrió con nostalgia.
—Decías que algún día iba a dirigir la familia Moretti.
—Y lo sigo creyendo.
Ella negó con la cabeza.
—Papá... yo abandoné todo eso hace diez años.
Don Matteo se detuvo.
—No.
Abandonaste el poder por amor.
Pero nunca dejaste de ser una Moretti.
Es algo que nadie puede quitarte.
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En ese momento, Marco apareció caminando con rapidez.
—Don...
Don Matteo comprendió por su expresión que algo había ocurrido.
—¿Qué pasó?
—Nuestros hombres en Milán informan que Leonardo De Santis ya presentó oficialmente a Victoria Romano como la nueva Reina de la familia De Santis.
Aurora cerró los ojos.
Apenas habían pasado unas horas.
Ni siquiera había esperado un día para reemplazarla.
Marco continuó.
—Además...
Victoria ordenó retirar todas las fotografías donde aparecía la señorita Aurora.
El silencio fue absoluto.
Bianca apretó la mano de su hija.
Don Matteo, en cambio, sonrió.
Pero no era una sonrisa de felicidad.
Era la sonrisa de un hombre peligroso.
—Que disfruten su felicidad.
Porque no va a durar mucho.
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A cientos de kilómetros de allí, Leonardo se encontraba en su despacho revisando documentos.
Sin embargo, no lograba concentrarse.
Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Aurora antes de marcharse.
Nunca lo había visto tan vacío.
Nunca lo había visto tan resignado.
De repente, llamaron a la puerta.
—Adelante.
Entró uno de sus hombres de confianza.
—Don Leonardo.
Hay algo extraño.
—¿Qué sucede?
—Intentamos investigar el pasado de Aurora.
Leonardo levantó la vista.
—¿Y?
El hombre tragó saliva.
—No encontramos prácticamente nada.
No hay registros de su familia.
No hay información de su infancia.
No hay documentos anteriores a hace diez años.
Es como si hubiera aparecido de la nada.
Leonardo frunció el ceño.
Eso era imposible.
Había vivido diez años con ella.
¿Cómo podía no saber quién era realmente?
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Esa misma noche, Aurora entró en una habitación que llevaba una década cerrada.
Era su antiguo dormitorio.
Todo seguía exactamente igual.
Las fotografías.
Los libros.
Los trofeos de esgrima que había ganado de adolescente.
Y, sobre el escritorio, descansaba una pequeña caja de madera.
La abrió lentamente.
Dentro había una pistola plateada, un reloj antiguo con el escudo de los Moretti y un anillo de oro negro con un emblema grabado.
Aurora lo tomó entre sus dedos.
—Hace diez años renuncié a esto...
Murmuró.
Don Matteo apareció detrás de ella.
—Y nunca te obligué a recuperarlo.
Hizo una pausa antes de continuar.
—Pero si decidís volver...
Toda Italia volverá a inclinar la cabeza ante la verdadera Reina de los Moretti.
Aurora observó el anillo durante varios segundos.
Luego lo colocó lentamente en su dedo.
Sin decir una sola palabra.
Y en ese preciso instante...
La heredera que había desaparecido diez años atrás comenzó a despertar.
Continuará...