Loretta, condesa Russell. Tiene otra oportunidad para arreglar su matrimonio y salvar a su hijo que lleva en su vientre
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Capítulo 7: El peso del futuro derramado
La tormenta seguía golpeando la mansión con una insistencia casi violenta, como si el cielo no tuviera intención de calmarse esa noche. El viento empujaba contra los ventanales, el sonido del agua arrastrándose por las tejas llenaba los pasillos, y fuera de la habitación el aire parecía más denso, atrapado entre lo que acababa de ocurrir y lo que aún no tenía nombre.
Carter no se había movido.
Loretta seguía detrás de él.
Sus manos aún estaban entrelazadas, sujetadas con una firmeza que no era dura, sino cuidadosa, como si él hubiera entendido que cualquier presión indebida podía romper algo que no veía pero sentía. La frase que había dicho minutos antes seguía flotando en el ambiente, sin terminar de asentarse.
“Si decides decírmelo, prefiero escucharlo de ti"
Loretta sintió el peso de todo lo que había acumulado durante semanas. No era solo el futuro. No era solo la memoria de la vida anterior. Era también ese momento exacto, esa cercanía inesperada, esa voz que no la empujaba, sino que la sostenía sin entender por qué.
Su respiración se quebró primero.
Luego el control.
Y después todo lo demás.
El llanto llegó sin aviso.
Se deshizo detrás de él, como si el cuerpo finalmente hubiera dejado de obedecer cualquier orden que la mente intentara imponer.
Carter se tensó al instante.
—Loretta…
Su nombre salió bajo, casi inmediato.
Ella no respondió.
El llanto se volvió más profundo, más inestable, y las manos que lo sujetaban comenzaron a temblar con fuerza. Carter giró apenas el cuerpo, lo suficiente para romper la posición, y la vio.
La expresión le cambió en un instante.
No era sorpresa.
Era alarma.
Y algo más difícil de identificar.
Se dio la vuelta por completo y la tomó sin dudar.
La levantó con cuidado, como si su peso fuera frágil, y la sostuvo contra su pecho. Loretta no resistió. No había fuerza para eso. Carter la llevó hasta la habitación y luego a la cama, la sentó allí con un movimiento controlado, manteniéndola entre sus brazos mientras ella seguía llorando sin freno.
—Respira —dijo él, firme pero no duro—. Mírame.
Ella no podía.
El pecho le dolía.
El aire no entraba bien.
Carter no insistió con palabras innecesarias. Se sentó a su lado, manteniéndola sujeta, una mano firme en su espalda y la otra sosteniéndole el brazo, asegurándose de que no se desestabilizara.
La tormenta golpeó más fuerte afuera.
Dentro, todo era demasiado cercano.
Loretta intentó hablar.
No pudo.
Lo intentó otra vez.
Esta vez salió roto.
—Yo… ya viví esto…
Carter no reaccionó de inmediato.
No la interrumpió.
Solo la miró.
Loretta cerró los ojos con fuerza, como si cada palabra tuviera un costo físico.
—Ya lo viví… todo…
Silencio.
Carter no la soltó.
No retrocedió.
—Explícalo —dijo finalmente.
Su voz no cambió.
No la empujó.
Solo sostuvo el espacio para que ella continuara.
Loretta tragó saliva con dificultad.
El llanto no se detuvo, pero ahora tenía palabras.
—Tú… moriste.
Carter parpadeó.
Muy poco.
—En la guerra del norte.
La frase salió más estable, como si el recuerdo hubiera encontrado un canal forzado.
—Una emboscada… en el desfiladero.
Carter siguió mirándola.
Sin juicio.
Sin incredulidad evidente.
Solo atención absoluta.
Loretta apretó los dedos contra la tela de su ropa.
—Te enviaron allí sin saberlo… alguien… te traicionó desde dentro.
Su respiración se volvió más irregular.
—Julian.
El nombre salió con un peso distinto.
Carter no reaccionó a la mención de inmediato, pero su mirada se afiló ligeramente.
Loretta continuó, sin darle tiempo a detenerla.
—Él financió la campaña… quería que murieras.
El silencio se hizo más profundo.
—Y Beatrice… —su voz tembló— ella tomó todo después.
Carter se quedó inmóvil.
Loretta abrió los ojos, enrojecidos, buscando su reacción.
—Me expulsaron.
Carter bajó la mirada un segundo.
Luego volvió a mirarla.
Ella seguía temblando.
—Nadie me creyó… nadie me ayudó…
Su voz se quebró otra vez.
Pero el aire no alcanzaba.
Carter la sostuvo con más firmeza.
Su expresión no era de incredulidad.
Era de procesamiento. Todo lo que dijo era tan impactante que debía asimilarlo.
Como si cada palabra estuviera siendo colocada en un lugar exacto dentro de su mente.
Loretta bajó la cabeza.
El llanto volvió con más fuerza.
—Yo morí en un templo abandonado.
La habitación no sonó nada.
Ni siquiera la tormenta parecía entrar del todo.
Carter la observó durante unos segundos largos.
Luego hizo algo inesperado.
La atrajo completamente hacia él.
Sin brusquedad.
Sin duda.
La rodeó con ambos brazos y la sostuvo contra su pecho, dejando que su cabeza descansara ahí.
Loretta se quedó rígida un instante.
Luego se derrumbó otra vez.
Pero ahora no estaba sola.
Carter habló por fin.
Su voz fue baja.
Controlada.
Pero con un filo distinto.
—No te voy juzgando.
Loretta se aferró a su ropa.
—Entonces por qué…
—Porque estás temblando.
La respuesta fue simple.
Demasiado simple.
Carter apretó ligeramente su agarre.
—Y porque no estás mintiendo.
Loretta levantó la vista con dificultad.
Sus ojos rojos, agotados.
—¿Cómo puedes decir eso?
Carter la miró directamente.
—Porque nadie inventa algo así con ese nivel de dolor.
El silencio volvió.
Pero esta vez no era frío.
Loretta tragó saliva.
—Te van a matar.
Carter no respondió de inmediato.
Ella lo sostuvo con la mirada.
—En esa guerra… no vuelves.
Carter bajó la vista apenas.
Luego volvió a mirarla.
—Entonces lo evitaré.
Loretta abrió los ojos con sorpresa inmediata.
—No es así de simple. Te ordenarán ir... no puedes cambiarlo todo solo por lo que te dije.
Carter sostuvo su mirada.
—Puedo cambiar lo que esté bajo mi control.
Loretta negó con la cabeza.
—No entiendes…
—Explícame.
La insistencia fue firme, pero no agresiva.
Loretta respiró entrecortado.
—Es una emboscada. No es un error táctico. Es una traición.
Carter escuchaba sin apartar la mirada.
—Julian lo organizó desde dentro. Beatrice sabía más de lo que dijo. Hay soldados que no son leales.
El rostro de Carter se endureció ligeramente..
Luego dijo:
—Entonces lo evitaremos antes de que ocurra.
Loretta soltó una risa corta, quebrada.
—Hablas como si fuera fácil.
—No lo es. Pero lo haré.
Carter le acomodó el cabello con una mano, un gesto breve, casi torpe, pero claramente intencional.
—No sé qué has vivido —dijo—. Pero sí sé lo que estás sintiendo ahora.
Loretta bajó la mirada.
Carter continuó.
—Y eso no es algo que alguien invente.
Ella apretó los dedos contra su camisa.
—Tengo miedo.
La frase salió más baja.
Carter no respondió con palabras al instante.
Solo la sostuvo más cerca.
—Entonces no lo cargues sola —dijo finalmente.
Loretta cerró los ojos.
La respiración todavía era irregular.
Pero el llanto empezó a disminuir.
Carter permaneció así, sin moverse, sosteniéndola como si no hubiera otra opción posible.
La tormenta siguió afuera.
Dentro, la habitación ya no era fría.
Loretta, aún temblando, apoyó la frente contra su pecho.
—No quiero perderte otra vez.
Carter la miró en silencio.
Luego respondió con una voz baja, más firme de lo habitual.
—No me perderás.