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El Heredero Del Alfa

El Heredero Del Alfa

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Hombre lobo / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Violeta. E

En la noche de su compromiso, Aeryn descubre la peor de las traiciones: su prometido y su propia hermana esperan un hijo juntos. Destrozada por el dolor, huye de la corte hacia los jardines olvidados del palacio, donde se entrega a una noche de pasión prohibida con un imponente Alfa desconocido para calmar su tormento. Al amanecer, abrumada por la realidad, recoge sus pocas pertenencias y escapa sin dejar rastro, ignorando por completo que el misterioso hombre al que abandonó en la penumbra es el temido y supremo Emperador Lycan

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Capitulo 23

El gran salón de reuniones del palacio era enorme y redondo. Sus paredes de mármol negro y su techo de cristal hacían que cualquiera se sintiera pequeño al entrar.

A esa hora del mediodía, el sol entraba directo desde arriba, iluminando las filas de asientos de madera donde estaban sentados cincuenta de los hombres y mujeres más ricos y poderosos del imperio.

Entre ellos había un murmullo constante, un rumor lleno de curiosidad y desconfianza. Todos sabían que esa tarde no sería una reunión normal y que algo muy importante estaba a punto de pasar.

En lo alto, sentado en el trono principal, Magnus vigilaba a todos en silencio. Llevaba su uniforme militar más elegante, de color negro con bordados de plata. Su rostro parecía esculpido en piedra y sus ojos de color rojo brillante miraban a la multitud como un cazador que observa a su presa. A su lado derecho, en una mesa llena de papeles y carpetas, estaba Aeryn. Llevaba un vestido azul oscuro, sencillo pero muy bonito. Su piel se veía pálida, pero en sus ojos no había miedo, sino una gran determinación.

Tenía pegada al pecho una carpeta de cuero llena de documentos. Eran las pruebas que había descubierto la noche anterior mientras todos dormían. No había descansado nada en toda la noche, pero el amor que sentía por Magnus y el deseo de proteger a su familia la mantenían más despierta que nunca.

El último en entrar al salón fue el Duque Valerius. Llevaba una túnica de seda gris y caminaba con una calma exagerada, como si fuera el dueño del lugar. Saludó hacia el trono con una inclinación de cabeza que parecía más una burla que un gesto de respeto. Su sola presencia hacía que el ambiente se sintiera pesado y tenso.

—Señores del consejo, Majestad —empezó a hablar Valerius con una voz suave y clara que resonó en todo el lugar—. He pedido esta reunión urgente porque hay algo grave pasando en las tierras del este. La forma en que se está manejando el dinero del imperio en estos últimos meses ha causado muchos problemas. Y lo peor es que hay gente mala aprovechándose de la situación.

Magnus ni se movió, pero su mirada se volvió todavía más fría.

—Hable de una vez, Valerius. No vine aquí a escuchar rodeos —dijo el Emperador con voz baja y pausada.

—Por supuesto, señor —continuó el duque, sonriendo con falsedad—. Mis guardias en la frontera han visto a muchos hombres armados atacando a los comerciantes y a los pueblos campesinos. Se hacen llamar rebeldes. Y lo más preocupante de todo es que alguien desde este mismo palacio les está enviando monedas de oro para comprar sus armas.

Al escuchar eso, los miembros del consejo empezaron a hablar entre ellos asustados y confundidos. Valerius estaba inventando una mentira enorme para culpar a alguien más antes de que lo descubrieran a él.

—¡Eso no puede ser verdad! —gritó uno de los ancianos del consejo—. ¿Quién en este palacio le daría dinero a unos traidores?

—Tal vez alguien que maneja mucho dinero y que quiere hacerle daño a nuestro Emperador —respondió Valerius, mirando fijamente a Aeryn por un segundo.

Fue un movimiento muy astuto. Muchos de los consejeros se giraron para mirar a Aeryn con desconfianza. Al fin y al cabo, ella era una mujer que venía de un pueblo lejano y humilde, y de la noche a la mañana se había convertido en la encargada de cuidar todo el dinero del palacio. Aeryn sintió un nudo amargo en la garganta, pero no agachó la cabeza. Sabía perfectamente que Valerius solo estaba tratando de asustarla para defenderse.

Magnus se levantó un poco de su asiento, imponiendo su figura sobre todos los demás.

—Esas son acusaciones muy serias, Valerius. Y si va a decir semejante cosa, más le vale tener pruebas reales.

—Y las tengo, Majestad —dijo el duque sacando una carta gastada de su manga—. Este es un mensaje que mis hombres le quitaron a uno de esos rebeldes. En este papel piden dinero a nombre de "Gracia". Y como todos aquí sabemos, "Gracia" era el nombre de la madre de Aeryn.

El salón entero se convirtió en un caos. Había gente gritando, señalando con el dedo y pidiendo explicaciones. Aeryn se puso de pie de golpe. Sus manos temblaban un poco por la rabia, pero su voz sonó fuerte y limpia sobre el ruido de la sala.

—¡Eso es una gran mentira, Duque Valerius! —dijo ella mirando al hombre a los ojos—. Mi madre murió hace muchos años y jamás tuvo nada que ver con traidores ni con guerras.

—¿Y entonces cómo explica esto, señorita Aeryn? —preguntó Valerius fingiendo que sentía pena por ella—. ¿Acaso usó su gran habilidad con los números para esconder el dinero que les mandaba a esos criminales? ¿Tanto es su deseo de tener poder?

Antes de que alguien más pudiera decir algo, Magnus se puso de pie por completo. Su presencia era tan imponente y su enojo era tan grande que de inmediato todo el salón se quedó en un silencio total y helado. Nadie se atrevió a mover un solo dedo.

—¡Ya basta! —ordenó el Emperador—. Esta reunión no es para juzgar a Aeryn. Es para escuchar la verdad. Y ella tiene documentos muy importantes que todos ustedes deben ver ahora mismo.

Magnus miró a Aeryn y le hizo un pequeño gesto con la cabeza para darle confianza. Era su turno. Aeryn caminó con paso firme hasta el centro del salón, quedando a muy poca distancia del Duque Valerius.

—Señores del consejo —comenzó Aeryn mientras abría su carpeta de cuero—. El duque les acaba de contar una historia de rebeldes y cartas falsas. Pero yo no vine a contar historias. Yo vine a mostrarles números. Y los números no mienten jamás.

Aeryn sacó varios papeles llenos de cuentas detalladas y se los entregó a los hombres más importantes del consejo.

—En las últimas semanas me puse a revisar con mucho cuidado cada compra que se hizo en el imperio para el envío de comida y herramientas hacia las provincias del este. Se se supone que esas compras eran solo para mantener a los pueblos tranquilos. Pero lo que encontré fue algo muy diferente. Descubrí que el Duque Valerius ha estado comprando toneladas de comida que no se arruina, sacos de avena para caballos y toneladas de hierro para fabricar espadas y armaduras.

Valerius dio un pequeño paso hacia atrás y la falsa sonrisa de su rostro desapareció por completo.

—¿Qué se supone que significa todo esto? —preguntó el duque, tratando de sonar tranquilo.

—Significa exactamente lo que parece —respondió Aeryn con la voz firme—. Durante los últimos cinco meses, usted ha estado comprando equipo para un ejército entero. Hay suficiente comida y armas para alimentar y vestir a más de cinco mil soldados.

Aeryn sacó un mapa grande y lo extendió sobre la mesa principal para que todos lo vieran.

—Y aquí es donde está mandando todo ese equipo. No lo está enviando a los pueblos ni a las familias que lo necesitan. Lo está mandando a tres fortalezas abandonadas en las montañas del norte. Usted ha creado un ejército secreto a espaldas del Emperador y de este consejo. Y lo pagó usando el dinero que le robó al pueblo a través de impuestos falsos.

El silencio que siguió a las palabras de Aeryn fue enorme. Ninguno de los miembros del consejo podía creer lo que estaba escuchando. Miraban los papeles de Aeryn y luego miraban a Valerius con asombro y rabia. Las pruebas eran demasiado claritas como para negarlas. El duque estaba pálido como un muerto. Jamás se imaginó que Aeryn, a quien él consideraba una simple muchacha sin importancia, fuera capaz de descubrir su plan secreto tan rápido.

Magnus bajó lentamente del trono y se puso al lado de Aeryn. Le pasó una mano amorosa por la espalda para demostrarle a todos que ella contaba con todo su apoyo.

—Así que dime, Valerius —dijo Magnus con una sonrisa amarga y peligrosa—. Mientras nos inventabas historias sobre rebeldes, estabas armando a cinco mil hombres para traicionarme. Usaste el dinero del imperio para preparar una guerra en mi contra.

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