Valeria Ríos, una abogada brillante y acostumbrada a tenerlo todo bajo control, nunca imaginó que una noche confusa cambiaría su vida para siempre.
Gael Mendoza es más joven que ella, arrogante, intenso y demasiado peligroso para alguien que debería mantenerse lejos de los escándalos. Al principio, Valeria solo quiere poner distancia entre los dos. Pero Gael no sabe rendirse: la busca, la provoca, la cuida y la obliga a ver que detrás de esa sonrisa desafiante hay una obsesión dulce, feroz y absolutamente sincera.
Entre casos judiciales, secretos familiares, enemigos que no se detienen y una atracción cada vez más difícil de negar, Valeria descubre que el amor no siempre llega con calma. A veces llega con celos, besos robados, promesas temerarias y un hombre más joven decidido a convertirse en su única excepción.
Una historia de romance adulto, tensión prohibida, deseo, protección y una mujer que aprende que perder el control también puede ser la forma más peligrosa de ser feliz.
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Capítulo 11
Capitulo 11
El Colegio Primaria de la Ciudad era una de las mejores escuelas de CDMX. Tenia maestros muy bien preparados y un filtro de ingreso altisimo.
Los niños que entraban ahi pasaban examen escrito y entrevista, asi que la mayoria venia de familias con buen respaldo economico.
Héctor ya habia ido una vez con sus compañeros a investigar. Esta segunda visita tambien era para preguntar por Gloria Pineda: si alguien iba a buscarla a la escuela, como era su trato con colegas y padres de familia, si habia mencionado tener novio, cualquier detalle que pudiera servir.
Gloria todavia era maestra en practicas. Daba español a primero de primaria.
La coordinadora de grado era una mujer de mediana edad. Segun ella, a Gloria le faltaban apenas unos dias para terminar sus practicas y quedarse de planta.
Una lastima.
—La maestra Gloria siempre sonreia, tenia un caracter precioso. Los maestros la querian, los niños la adoraban. No tenia conflictos con nadie.
Mientras hablaba, la coordinadora parecia sinceramente apenada.
—Era una muchacha tan buena. Quien iba a imaginar que le pasaria algo asi.
Claro que cualquiera sentiria pena por una tragedia asi.
Pero Valeria noto algo mas.
Cada vez que la coordinadora respondia, desviaba la mirada. No se atrevia a sostenerles los ojos. Era como si escondiera algo.
Valeria abrio la boca, dudo un instante y al final no la presiono. Solo le dio las gracias y salio de la oficina con Héctor.
—Lo mismo que la vez pasada —dijo el, sereno, como si ya hubiera esperado ese resultado—. Nada nuevo.
—Te fijaste en su cara?
Valeria camino a su lado, analizando.
—No dejaba de esquivar la mirada. En psicologia eso suele asociarse con mentira, no?
—No sabia que tambien sabias de psicologia.
Héctor la miro con una sonrisa baja.
—No se nada. He visto videos, eso es todo.
Valeria nego con la cabeza.
—Ustedes tienen especialistas en perfilacion criminal. Tu deberias saber mas que yo.
Héctor metio la mano al bolsillo por reflejo y toco la cajetilla de cigarros. Estuvo a punto de sacar uno, pero recordo que estaban en una escuela y volvio a guardarla.
—La primera vez que hablamos con ella ya notamos algo raro.
—Entonces?
—Que alguien esquive la mirada no prueba que mienta. Puede estar nerviosa porque nunca habia enfrentado una situacion asi. Una sospecha no sirve como prueba.
Hizo una pausa.
—Pero si hoy sigue reaccionando igual, esa segunda posibilidad pierde fuerza.
Habian vuelto precisamente para buscar pistas nuevas y tambien para observar de nuevo a la coordinadora.
Ahora era casi seguro que si ocultaba algo.
Pero no podian encararla de frente y alertarla. Lo correcto era vigilarla discretamente, revisar sus movimientos y ver que estaba tratando de proteger.
Héctor no explico todo eso.
Valeria habia trabajado con el durante tres años. Conocia bastante bien el procedimiento, asi que tampoco hizo mas preguntas.
Caminaron hasta el patio.
Era recreo. Habia niños por todas partes, en grupitos de tres o cuatro, corriendo, riendo, compartiendo snacks.
Valeria miro alrededor y encontro a una niña con uniforme de falda. En el escudo de su sueter se leia primero C.
Ese era el grupo de Gloria.
La coordinadora habia ofrecido llevarlos al salon para hablar con los alumnos, pero Valeria y Héctor no quisieron interrumpir clases.
Ademas, ya habian interrogado a esos niños una vez. Volver a hacerlo podia asustarlos.
Mientras Valeria miraba a la niña, la pequeña tambien levanto la vista.
Primero observo a Valeria. Luego a Héctor. Dudo unos segundos y se acerco.
—Señorita, usted es la nueva maestra de español?
Se paro frente a ella, alzo la cara y la miro con una seriedad muy dulce.
—Aunque usted es muy bonita, a mi me gusta mas la maestra Gloria.
La niña recordaba a Héctor. Ese señor alto habia ido unos dias antes a preguntarles cosas sobre la maestra Gloria.
Desde entonces, una maestra de otro grupo les daba español. Los adultos decian que la maestra Gloria ya no iba a volver y que les pondrian otra maestra.
Pero ellos querian mucho a la maestra Gloria.
No querian cambiarla.
Valeria se quedo quieta un segundo. Luego se agacho frente a la niña y le sonrio.
—No, bonita. Te confundiste. No vine a ser su maestra.
Al hablarle a una niña, su voz se suavizo sin esfuerzo. La frialdad habitual se le deshizo un poco, y aparecio una ternura limpia que pocas personas le habian visto.
Héctor arqueo apenas una ceja.
Valeria Ríos casi siempre parecia distante, precisa, dificil de tocar. No imaginaba que tambien pudiera hablar asi.
—De verdad?
La niña sonrio, feliz.
—Entonces la maestra Gloria si va a volver?
Al ver esos ojos llenos de esperanza, a Valeria y a Héctor se les hundio el pecho al mismo tiempo.
Ninguno supo como responder.
—Ella habia dicho que me iba a enseñar a cantar —siguio la niña, sin notar el silencio de los adultos—. La maestra Gloria cantaba bien bonito.
Bajo la voz, como si estuviera contando un secreto.
—Todo fue culpa del papa de Mateo. Si no, yo ya me sabria la cancion.
Lo dijo bajito.
Pero Valeria y Héctor escucharon cada palabra.
—El papa de Mateo?
Valeria fruncio apenas el ceño, pero mantuvo el tono suave.
—Mateo es tu compañero? Por que fue culpa de su papa?
—Porque su papa es horrible.
La niña inflo los cachetes, molesta al recordarlo.
—Una vez estabamos en clase y la maestra Gloria nos estaba enseñando una cancion. El papa de Mateo entro de repente al salon y empezo a gritarle.
Despues parecio acordarse de algo y se puso nerviosa.
—Se enojo muchisimo. Los otros maestros nos dijeron que no hablaramos de eso. Señorita, no diga que yo se lo conte, por favor.
La pequeña estaba asustada de verdad.
—No te preocupes.
Valeria le acaricio con cuidado la cabeza.
—Te prometo que no voy a decir que fuiste tu.
Poco despues sono el timbre.
La niña se despidio de ellos con la mano y corrio hacia su salon.
—Con razon las declaraciones de los niños salieron identicas —dijo Héctor, ya sin sonrisa—. Alguien los preparo.
Saco el celular y llamo de inmediato al equipo de investigacion para pedir apoyo.
La vez anterior, cuando habia hablado con los alumnos, todos dijeron lo mismo: que la maestra Gloria era muy buena y que no sabian nada mas.
Héctor penso entonces que eran niños pequeños y no entendian el asunto.
Ahora quedaba claro que alguien les habia enseñado que decir.
—A esta edad repiten lo que un adulto les ordena —dijo Valeria, mirando hacia el salon donde habia desaparecido la niña—. Y ese papa de Mateo no parece cualquier persona.
Si no habia hecho nada, por que la escuela intentaba tapar el incidente?
Y si la escuela se atrevia a protegerlo, significaba que su respaldo no era pequeño.
En ese momento sono el celular de Valeria.
Al contestar, escucho una llamada del centro de detencion.
Lucas Lugo queria verla.
Valeria no se sorprendio.
Desde la vez que ella y Héctor fueron a hablar con el habian pasado dos dias. Ya era hora de que pensara bien las cosas.
Colgo, le explico rapido a Héctor y salio de la escuela rumbo al centro de detencion.
La parte de la escuela quedaba en manos de la policia. Ella no necesitaba meterse mas.
Ahora su tarea era sacar de Lucas toda la informacion util posible.
Tomo un taxi y llego al mismo edificio. La entrevista fue en la misma sala de la vez anterior.
A diferencia de aquella ocasion, Lucas estaba calmado. Demasiado calmado. Como si hubiera preparado cada palabra durante horas.
—Licenciada Ríos.
Valeria apenas habia entrado cuando Lucas la miro fijo.
—Si ahora confieso todo, que sentencia nos darian a mi y a mi familia?
—Dime todo lo que sabes, sin mentir y sin esconder nada. Yo voy a pelear para que se reconozca tu colaboracion y se reduzca lo que se pueda.
Su voz no fue alta.
Pero tenia una firmeza que hizo que Lucas quisiera creerle.
Desde la ultima visita, las palabras de Valeria y Héctor le habian dado vueltas sin descanso.
Lo que le pasara a el podia aguantarlo.
Pero no podia arrastrar a sus papas, a su abuela, a sus tios.
Aprieto los dientes durante un largo rato. Dudo, se resistio, se hundio en su propia culpa.
Al final, hablo.
—Yo no mate a nadie. Gloria Pineda no murio por mi culpa.
La expresion de Valeria no cambio, pero por dentro solto apenas el aire.
El policia que estaba presente encendio de inmediato la grabacion.
Lucas conto que, desde que entro a la universidad, trabajaba para mantenerse. Daba clases particulares a niños de primaria y secundaria.
Una familia estaba muy satisfecha con el. Lo habian contratado durante casi dos años y la relacion era buena.
El dia antes del crimen, el hijo menor de esa familia cumplia años y lo invitaron a la fiesta. Se quedo hasta tarde.
El dueño de la casa le ofrecio un cuarto de visitas para pasar la noche.
Como no era la primera vez que dormia ahi, Lucas no sospecho nada.
Se quedo.
Hasta que, alrededor de las dos de la madrugada, el hombre lo desperto.
—Me dijo que, si aceptaba decir que yo habia matado a Gloria, le daria a mi familia un millon y medio de pesos.
Al decirlo, sus manos se cerraron una contra otra. Temblaban.
—Por dinero?
—Que tiene?
La pregunta de Valeria lo encendio de golpe.
—Usted sabe cuanto es eso para mi familia? Mis papas, mi abuela, mis tios no juntarian esa cantidad en toda su vida.
—Tu familia necesita ese dinero con urgencia?
Lucas se quedo tieso.
—Fuiste de los mejores puntajes estatales en el examen de admision. Entraste a la Universidad de la Ciudad. Te faltan dos años para graduarte.
Valeria estaba mucho mas tranquila que el.
Pero cada frase caia como una navaja directa en el pecho de Lucas.
—Tienes futuro. Si trabajas y no te rindes, podrias ganar mucho mas que eso.
—Yo...
Quiso rebatirla por instinto.
Pero no encontro como.
Su familia era pobre, si. Pero no estaban en una emergencia que exigiera ese dinero de inmediato.
Despues de un silencio largo, murmuro:
—En ese momento se me calento la cabeza. Acepte.
Valeria no lo consolo.
—Y despues?
—Despues me llevo al lugar donde encontraron a Gloria.
Al recordar la escena, Lucas palidecio.
El hombre lo hizo recorrer el sitio. Le explico como debia decir que habia ocurrido todo, que heridas mencionar, que palabras usar al entregarse. Lo obligo a repetir una y otra vez la historia hasta que sonara natural.
Cuando todo estuvo listo, le ordeno ir al Ministerio Publico y declararse culpable.
Era casi lo mismo que Valeria habia sospechado.
Escucho hasta el final, con el ceño cada vez mas apretado, y finalmente hizo la pregunta central.
—Como se llama ese hombre? El mato a Gloria?
—Se llama Sebastián Farías. Vive cerca del Colegio Primaria de la Ciudad...
Lucas dio la informacion completa.
Pero sobre la segunda pregunta, no podia asegurar nada.
—Estaba muy tranquilo. No me dejo preguntar. Solo me dijo que hiciera exactamente lo que el queria.
Apellido Farías. Vivir cerca de la escuela. Padre de un alumno.
Todo coincidia con lo que la niña habia dicho esa mañana.
El papa de Mateo tenia muchas posibilidades de ser el verdadero responsable.
Aun asi, la intuicion de Valeria le decia que el asunto no era tan simple.
Pero no era momento para perderse en conjeturas.
Con esa informacion, la policia tenia que moverse rapido.
El arresto era trabajo de ellos. Ella, como abogada, solo necesitaba esperar noticias de Héctor.
Antes de que Valeria saliera del centro de detencion, Lucas volvio a llamarla.
—Licenciada Ríos, tiene que ayudarme a ganar el caso.
La miro con nervios y esperanza.
—Voy a hacer lo que pueda.
Valeria no volteo.
—Pero quien comete un error tiene que asumir las consecuencias.
Sin darle oportunidad de insistir, se fue.
Despues de una mañana entera de vueltas, llego al despacho cuando la hora de comida ya habia pasado.
Pidio algo sencillo, comio rapido y volvio al trabajo.
Cuando levanto la vista, afuera ya estaba oscuro.
Miro la hora.
Siete y media.
Recordo de golpe que el dia anterior habia quedado con Gael a las siete para que pasara por ella.
Y ella ni siquiera habia visto el reloj.
Guardo documentos a toda prisa, tomo su bolsa y salio rapido.
Apenas piso el estacionamiento, vio una moto negra.
Gael estaba recargado contra ella.
No dejaba de mirar la puerta del despacho, como si quisiera atrapar el primer segundo en que Valeria apareciera.
Valeria, al salir, tambien lo busco.
Sus miradas se encontraron de forma natural.
La diferencia de temperatura entre dia y noche en CDMX era fuerte, y habia llovido poco antes, asi que el aire estaba frio. Gael llevaba una chamarra negra ligera. Su cabello plateado brillaba bajo la luz de los postes, insolente, imposible de ignorar.
Con esa cara guapisima y esa expresion sin emociones, parecia el tipico chico peligroso que no se molesta en explicarle nada al mundo.
Si al ver a Valeria no se hubiera enderezado de inmediato y corrido hacia ella, esa imagen le habria durado mas.
—Licenciada!
Se paro frente a ella con una sonrisa enorme.
La cara fria de hace un segundo desaparecio por completo. Sus ojos bonitos parecian tener luz propia.
—Cuanto tiempo llevas esperando?
Valeria volvio en si, un poco avergonzada.
—Perdon. Cuando trabajo, se me va la hora.
—No pasa nada. No fue tanto.
Gael sonrio.
No le dijo que llevaba ahi desde las seis.
Le preocupaba interrumpirla, asi que ni a las siete le mando mensaje ni le llamo. Solo espero en silencio.
Era una tonteria.
Pero cada vez que pensaba que iba a verla, no podia evitar llegar antes.
Antes, mas antes, como si adelantar unos minutos pudiera acercarlo a ella.
—Seguro no has cenado, no?
Parpadeo, mirandola con una expectativa casi descarada.
—Vamos a cenar algo antes de volver a casa?
aún que si Admito, la historia, esta bonita y tienes buena ortografía y narración, ni se diga 10/10, Pero esa historia no es para mí.
bendiciones Escritora.