Durante siglos, los clanes de los vampiros y de los hombres lobo han vivido consumidos por el odio.
Todos creen que el antiguo rey de los vampiros @s3s1nø a la esposa del Alfa durante una Noche de Luna Roja. Como venganza, el Alfa m@tø a la reina vampira un día después del nacimiento de su hija, Aylin.
Lo que nadie sabe es que aquella mu3rt3 fue una mentira.
La esposa del Alfa fingió su fallecimiento para escapar con el lobo del que realmente estaba enamorada, dejando atrás a un cachorro recién nacido
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EL GERRERO QUE PROTEJERA AL REINO
Habían pasado varios días desde que el misterioso niño llegó al Reino Nocturno.
Aunque seguía siendo reservado, poco a poco comenzaba a sentirse seguro dentro del castillo.
Las pesadillas eran menos frecuentes.
Ya no se sobresaltaba con cada ruido.
Y siempre que veía a la pequeña Aylin, una tímida sonrisa aparecía en su rostro.
Sin embargo...
El rey Draven seguía preocupado.
No había aparecido ningún familiar.
Nadie había reclamado al niño.
Era como si hubiera llegado al bosque completamente solo.
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Aquella noche, Draven convocó una reunión privada con el Consejo Real.
Las enormes puertas del salón se cerraron.
Solo permanecían presentes los consejeros de mayor confianza.
El rey permanecía de pie frente a la gran ventana.
Durante varios minutos nadie habló.
Finalmente, Draven rompió el silencio.
—He tomado una decisión.
Todos levantaron la vista.
El consejero mayor preguntó:
—¿Sobre el niño?
El rey asintió lentamente.
—Sí.
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Uno de los ancianos dio un paso al frente.
—¿Encontraron alguna pista sobre su familia?
—Ninguna.
—¿Nadie lo ha buscado?
—Nadie.
El salón quedó nuevamente en silencio.
Draven respiró profundamente.
—Entonces, mientras permanezca en este reino...
Será responsabilidad mía.
Los consejeros asintieron con respeto.
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El rey continuó.
—Ese niño ya conoció el abandono.
No permitiré que vuelva a sentirse solo.
Las palabras hicieron sonreír a algunos de los presentes.
Uno de los ancianos respondió:
—La reina Seraphina habría tomado la misma decisión.
Draven bajó la mirada unos segundos.
Después volvió a hablar.
—Lo criaré dentro del castillo.
Recibirá educación.
Aprenderá nuestras leyes.
Y cuando tenga la edad suficiente...
Entrenará junto a los mejores guerreros del reino.
Los consejeros intercambiaron miradas.
Era una decisión importante.
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El capitán de la Guardia Real dio un paso al frente.
—¿Desea convertirlo en soldado?
Draven negó lentamente.
—No.
Quiero convertirlo en algo mucho más grande.
Todos esperaron sus siguientes palabras.
—Quiero que algún día sea uno de los mejores guerreros que haya tenido este reino.
El silencio fue absoluto.
El capitán sonrió con orgullo.
—Entonces entrenará personalmente con la Guardia Real.
Draven asintió.
—Desde pequeño aprenderá disciplina, honor y lealtad.
No para sembrar odio...
Sino para proteger a quienes no puedan defenderse.
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En ese mismo momento...
Aylin caminaba por uno de los jardines junto al pequeño niño.
Los dos alimentaban a unos cuervos que solían visitar el castillo.
La princesa reía cada vez que uno de ellos se posaba cerca.
—Mira...
Ya no te tienen miedo.
El niño sonrió.
—Creo que les gustas.
Aylin negó riendo.
—Nos gustan los dos.
Desde un balcón cercano, Draven observaba la escena.
El consejero mayor se acercó.
—Majestad...
La princesa parece muy feliz con él.
El rey asintió.
—Desde que llegó...
Aylin vuelve a reír más seguido.
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El anciano sonrió.
—Quizá ambos necesitaban un amigo.
Draven permaneció unos segundos en silencio.
Después respondió:
—Y algún día...
También necesitará a alguien capaz de protegerla.
El consejero comprendió inmediatamente el significado de aquellas palabras.
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Al día siguiente...
Draven mandó llamar al niño.
El pequeño llegó acompañado por una doncella.
Al entrar en el despacho hizo una pequeña reverencia.
Todavía le costaba hablar.
—¿Me llamó... Majestad?
Draven sonrió con tranquilidad.
—Sí.
Acércate.
El niño obedeció.
El rey se arrodilló para quedar a su altura.
—Quiero hacerte una promesa.
El pequeño inclinó la cabeza.
—¿Una promesa?
—Mientras vivas en este reino...
Nunca volverás a estar solo.
Los ojos del niño comenzaron a humedecerse.
Draven continuó.
—Tendrás un hogar.
Tendrás maestros.
Y cuando seas mayor...
Aprenderás a defender este reino.
El pequeño permaneció unos segundos en silencio.
Luego preguntó con inocencia:
—¿Aunque no recuerde quién soy?
El rey respondió sin dudar.
—Eso no cambia tu valor.
No importa de dónde vengas.
Importa la persona que decidas ser.
El niño sintió un calor en el pecho.
Por primera vez desde que despertó abandonado...
Alguien confiaba en él.
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Esa tarde...
El capitán de la Guardia Real llevó al pequeño hasta el patio de entrenamiento.
Decenas de guerreros practicaban con espadas de madera.
Otros entrenaban velocidad y equilibrio.
El niño observaba todo con enorme curiosidad.
El capitán sonrió.
—Todavía eres muy pequeño para entrenar como ellos.
Pero puedes empezar aprendiendo disciplina.
El niño asintió con entusiasmo.
—Quiero esforzarme.
—¿Por qué?
Él miró hacia el castillo.
Desde una ventana, Aylin lo saludaba con una mano.
El pequeño respondió al saludo.
Luego volvió a mirar al capitán.
—Porque quiero proteger este lugar.
Y proteger a quienes fueron buenos conmigo.
El capitán sonrió orgulloso.
—Entonces algún día serás un gran guerrero.
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Aquella noche...
Draven volvió a contemplar el cielo desde el balcón.
La luna iluminaba todo el Reino Nocturno.
El rey habló en voz baja.
—Seraphina...
Espero estar tomando la decisión correcta.
El viento movió suavemente su capa.
Muy cerca...
Aylin y el pequeño niño reían mientras perseguían luciérnagas entre los jardines.
Sin saberlo...
Uno de ellos estaba destinado a convertirse en princesa.
Y el otro...
En uno de los más grandes guerreros que el Reino Nocturno habría conocido.