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¿Divorcio? Eso Jamás - Puedo Escuchar Sus Pensamientos.

¿Divorcio? Eso Jamás - Puedo Escuchar Sus Pensamientos.

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Mujer poderosa / Posesivo / Completas
Popularitas:466.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Natalia está al borde del divorcio, pero un accidente lo cambia todo.

Branko su esposo, sufre un accidente y puede leer los pensamientos de su aún esposa y descubre muchas cosas, Natalia es fría por fuera, pero caótica por dentro, se entera que ella ha estado enamorada de él durante mucho tiempo y ahora es él quien no quiere divorciarse. ¿DIVORCIO? ESO JAMÁS

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Cap. 3 La entrada triunfal (y mental) de Natalia

Branko palideció. No por el accidente. Por lo que acababa de pensar Natalia un segundo antes de hablar:

"Vaya. Así que se accidentó mientras hablaba con su querida Amante. Ja. Y después dice que son solo amigos. Amigos que te hacen estrellar el coche. No sabía que la amistad fuera tan peligrosa. Ojalá Valeria tenga buena cobertura de seguro."

Branko abrió y cerró la boca sin saber qué hacer. O qué decir. Porque podía escuchar los pensamientos de su esposa. O estaba alucinando por la contusión cerebral. O se había vuelto loco.

Las tres opciones eran atroces.

—¿Estás bien? —preguntó Natalia en voz alta, con fingida preocupación—. Te pusiste pálido. ¿Quieres que llame a un médico? ¿O prefieres que llame a Valeria? Seguro ella corre a secarte el sudor de la frente. Eso sí que es amistad.

"Toma, perra", pensó ella. "Ahora trágate eso. Y ojalá te duela la cabeza el doble."

Branko la miró. Y por primera vez en dos años de matrimonio, no supo si quería estrangularla, besarla o encerrarla en una habitación solo para seguir escuchando su mente.

No dijo nada.

Solo sonrió.

Una sonrisa pequeña, apenas un movimiento de labios.

*_*

Y Natalia, al ver esa sonrisa, sintió un escalofrío que recorrió su espalda de pies a cabeza.

"¿Por qué sonríe?" pensó ella, alarmada. "¿Acaso le gusta que le hablen de Valeria? ¿O está tan mal de la cabeza que cualquier estímulo lo pone feliz? Qué hombre más raro. Ay, Dios. Lo amo. Lo odio. Lo amo. No sé."

Branko escuchó todo.

Y su sonrisa se hizo más grande.

—No quiero el divorcio —dijo en voz alta, con una calma que Natalia encontró profundamente inquietante.

—¿Perdón? —preguntó ella, parpadeando.

—No. Quiero. El divorcio.

—¿Desde cuándo?

—Desde ahora.

Natalia lo miró como si hubiera dicho que los pingüinos podían volar.

—Te golpeaste la cabeza muy fuerte —dijo—. Voy a hablar con el médico.

Se levantó para salir, pero la voz de Branko la detuvo.

—Natalia.

Ella se giró.

Branko la miraba con una intensidad que nunca, nunca, le había dedicado antes.

—Me voy a quedar contigo —dijo—. No voy a firmar nada. Así que acostúmbrate.

"¿Pero qué demonios?", pensó Natalia, completamente descolocada. "¿Este hombre se golpeó la cabeza y se volvió idiota o se volvió poseído? ¿Dónde está el Branko frío y calculador que no me miraba ni para pedirme la sal? ¿Quién eres tú y qué hiciste con mi marido?, necesito un exorcista"

Fuera, en voz alta, Natalia solo dijo:

—Estás peor de lo que pensaba. Llamo al médico.

Y salió de la habitación con el corazón latiéndole a mil por hora.

Dentro de la habitación, Branko se quedó solo. Se llevó la mano a la venda. Cerró los ojos.

Escuchó los pasos de Natalia alejándose. Y después, muy al fondo, escuchó su pensamiento, como un eco lejano:

"Ay, Branko. Si supieras que te pedí el divorcio para no morirme de amor cada vez que te veo con ella. Si supieras."

Branko abrió los ojos.

Su sonrisa, esta vez, fue de verdad.

—Ya lo sé —susurró contra la almohada—. Ya lo sé.

*_*

La puerta de la habitación número 412 se abrió de golpe.

No fue un enfermero. No fue un médico. Fue un portazo con pretensiones de terremoto.

Vladimir Sitik entró primero, con su traje a medida, su bastón de ébano (que no necesitaba, pero que usaba para imponer) y su cara de funeral. Detrás de él, Ana Sitik, su esposa, con un pañuelo en la mano y los ojos hinchados como si ya hubiera llorado todo el mar muerto.

—¡Hijo! —exclamó Ana, lanzándose sobre Branko con la agilidad de una jugadora de rugby—. ¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Te hicieron las placas? ¿Comiste? ¿Dónde está Natalia? ¿Cómo es posible que no esté aquí?

Branko, atrapado entre los brazos de su madre y la venda en la cabeza, puso los ojos en blanco con un disimulo que no tenía nada de disimulo.

—Mamá, estoy bien —dijo, con voz apagada—. Solo fue un golpe.

—¿Un golpe? —Ana lo soltó apenas un centímetro para examinarle el moretón—. ¡Tienes la cabeza vendada! ¡Podrías tener una hemorragia cerebral! ¡Podrías haber muerto!

—Pero no morí.

—¡Podrías!

Vladimir, desde la puerta, carraspeó. No abrazó a su hijo. Los Sitik no se abrazaban. Los Sitik se asentían con la cabeza en reuniones de negocios.

—¿El otro conductor? —preguntó Vladimir, como si fuera un siniestro de seguro y no un accidente.

—No hubo otro conductor —dijo Branko—. Me salí de la carretera.

—¿Te saliste de la carretera? —Vladimir frunció el ceño—. ¿Por qué?

Branko iba a responder, pero Ana no lo dejó.

—Porque esa mujer no lo cuida —dijo Ana, con el veneno ya preparado en la lengua—. Porque una esposa de verdad estaría aquí, a su lado, sufriendo con él. ¿Dónde está Natalia?

—Mamá, ella fue a hablar con el médico —dijo Branko, frotándose la sien. Le dolía la cabeza. No sabía si por la contusión o por su madre.

—¿Con el médico? —Ana bufó—. Debería estar aquí. Contigo. Atendiéndote. ¡Es tu esposa!

—A veces las esposas hablan con los médicos —intervino Branko, con paciencia de hormiga—. No es un delito.

—Es una falta de respeto —sentenció Ana, cruzando los brazos—. Siempre lo supe. Esa mujer no te ama. Nunca te amó. Te usa para la empresa y nada más.

Branko no respondió. No porque estuviera de acuerdo, sino porque acababa de recordar las palabras de Natalia esa mañana: "Valeria ha vuelto. No quiero tener cuernos."

Y entonces, como si el destino fuera un chiste de mal gusto, la puerta se abrió de nuevo.

Natalia entró acompañada del médico. El doctor Méndez, un hombre de unos cincuenta años, con gafas de pasta y cara de haber visto demasiadas cosas en urgencias.

—Los resultados de la tomografía son buenos —decía el médico, mirando una tabla—. Solo una contusión menor. Recomiendo reposo absoluto durante una semana y…

—¿Cómo es que cuida a mi hijo? —interrumpió Ana, poniéndose de pie como un resorte.

1
Cinzia Cantú
Ahí tienes Valeria el Karma con nombre de mujer, la que quisiste destruir y te salió el tiro por la culata
Cinzia Cantú
Era que comenzó a prenderse la llamita del amor
Cinzia Cantú
Chapeau Branco
Cinzia Cantú
Muy eficiente la secretaria, me encanta
Cinzia Cantú
Definitivamente la regla dos va a quedar suprimida
Cinzia Cantú
Qué se agarren todos porque Natalia va a reventar a alguien con justa razón
Cinzia Cantú
Otra que va a recibir su karma
Cinzia Cantú
Creí qye Valeria merece también un puñetazo en la nariz
Cinzia Cantú
Eso seguro que la va a alegrar
Cinzia Cantú
Jajajajajaja ya me imagino la escena
Cinzia Cantú
Espero que en cualquier momento esa porquería de persona reciba su merecido
Cinzia Cantú
Ese primo es muuuuy muuuuuy molesto
Miriam Piedrabuena
excelente
Cinzia Cantú
La verdad que aguante tiene Branco para no explotar con una risa ensordecedora
Cinzia Cantú
Natalia que no se te escape. La familia de Branco es toda una joyita
Cinzia Cantú
Al parecer van a tener futuro juntos ❤️❤️❤️❤️❤️
Mariangel
AMIGO MIS OVARIOS JODER ESO NO ES AMISTAD EN NINGUNA EXTENSIÓN DE LA PALABRA ESO ES UNA RELACIÓN (y antes de que salga uno a atacarse nadie por un amigo le regala un apartamento eso es mentira)
Maria Fernanda Pinzon
no quería que se terminara, me encanto
Cinzia Cantú
Natalia prepárate
Cinzia Cantú
Valeria sigue siendo una atrevida y provocadora, ahora qué querrá ?
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