Después de leer una novela donde la protagonista sufre injusticias.. Reencarna en Sarah.. Pero ella decide cambiar su destino y corregir sus errores.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Reunión 1
La mañana elegida para la visita del duque Benjamin Laurent comenzó con un plan cuidadosamente preparado por Sarah.
No porque quisiera engañar a nadie.
Sino porque deseaba una reunión tranquila.
Sin interrupciones.
Y, sobre todo...
Sin Sienna.
La tarde anterior la había llamado a su despacho.
—Prima.
Sienna entró con curiosidad.
—¿Sí?
Sarah le entregó una pequeña nota.
—¿Podrías hacerme un favor?
Sienna leyó el remitente.
La casa Drack.
—¿Lady Selene?
—Sí.
Sarah sonrió.
—Necesito que vayas personalmente a recoger unos vestidos.
Sienna levantó la vista.
—Pero... eso me tomará al menos dos días.
Frunció ligeramente el ceño.
—Lady Selene normalmente los envía con sus empleados.
Sarah asintió.
—Lo sé.
Apoyó la barbilla sobre una mano.
—Pero pensé que sería una buena oportunidad.
Sienna parpadeó.
—¿Oportunidad?
Sarah sonrió con toda naturalidad.
—Aprovecha el viaje. Compra un vestido para ti.
Sienna abrió los ojos.
—¿Para... mí?
—Claro.
Sarah habló con total sinceridad.
—Yo lo pagaré.
La sorpresa fue tan grande que Sienna tardó unos segundos en responder.
—¿De verdad?
Sarah asintió.
—Después de todo...
Sonrió.
—Así podrás acompañar a Lord Smith al Festival de la Cosecha con un vestido bonito.
Las mejillas de Sienna se tiñeron de rojo.
[¿De verdad cree que iré con Archibald?]
La sola idea hizo que aceptara inmediatamente.
—Muchas gracias, prima.
Sarah simplemente sonrió.
[Perfecto.]
No creía realmente que Benjamin Laurent pudiera interesarse en Sienna.
Ni siquiera pasó por su cabeza esa posibilidad.
Simplemente...
No quería que su prima apareciera en mitad de la reunión intentando llamar la atención de un invitado.
[Es una reunión de negocios.]
Se repitió varias veces.
[Solo una reunión de negocios.]
Aunque, curiosamente...
Cada vez que pensaba en ella...
Terminaba sonriendo sin darse cuenta.
Dos días después...
Antes de que amaneciera por completo...
Sienna ya había partido rumbo a la casa Drack.
Sarah observó el carruaje desaparecer por los portones.
Respiró profundamente.
Y volvió a repetirse.
[Negocios.]
[Solo negocios.]
Varias horas más tarde...
El mayordomo anunció la llegada del invitado.
—Su excelencia, el duque Benjamin Laurent.
Sarah dejó inmediatamente el libro que estaba leyendo.
Intentó levantarse con calma.
Pero terminó caminando un poco más rápido de lo habitual.
Cuando llegó al salón...
Benjamin acababa de entrar.
Vestía un elegante traje negro y azul.
La luz de la mañana resaltaba todavía más el color claro de su cabello.
Al verla...
Sonrió.
Y Sarah...
No pudo evitar devolverle una sonrisa llena de alegría.
Era espontánea.
Natural.
Completamente sincera.
Benjamin sintió que el corazón daba un pequeño vuelco.
[Me estaba esperando...]
Pero inmediatamente volvió a recordarse algo.
[Benjamin...]
[Tiene diecisiete años.]
Respiró discretamente.
[Compórtate.]
Sarah se acercó.
—Bienvenido, duque Laurent.
—Gracias por recibirme nuevamente, Lady Sarah.
Intercambiaron un cordial saludo.
Y tomaron asiento.
La reunión comenzó exactamente como ambos habían planeado.
Con negocios.
Mapas.
Contratos.
Proyecciones.
Sarah desplegó varios documentos.
—He estado pensando que las escuelas podrían abastecerse también de pequeños talleres familiares.
Benjamin observó atentamente los cálculos.
—Reduciría los costos de transporte.
Sarah asintió.
—Y además ayudaría a desarrollar la economía local.
Benjamin añadió algunas observaciones.
Los dos debatieron distintas posibilidades.
Analizaron ventajas.
Riesgos.
Nuevas rutas comerciales.
El tiempo pasó con rapidez.
Hasta que el mayordomo anunció el té.
Los documentos fueron apartados por unos minutos.
Y, poco a poco...
La conversación comenzó a cambiar.
Benjamin tomó la taza.
—¿Cómo avanzan sus estudios?
Sarah sonrió.
—Cada semana descubro que aún me falta muchísimo por aprender.
Él rió.
—Eso nunca cambia.
Ella apoyó el codo sobre la mesa.
—Ahora estoy estudiando derecho comercial. También administración territorial. Y mi padre comenzó a enseñarme sobre negociación entre casas nobles.
Benjamin escuchaba con atención.
Después comentó.
—Cuando tenía su edad...
Mi mayor preocupación era otra.
Sarah inclinó la cabeza.
—¿Cuál?
Benjamin sonrió con cierta nostalgia.
—Mi magia.
Ella abrió ligeramente los ojos.
—¿Su magia?
Él asintió.
—Despertó cuando cumplí catorce años.
Sarah apoyó inmediatamente ambas manos sobre la mesa.
Toda su atención estaba concentrada en él.
—¿Cómo fue?
Benjamin soltó una pequeña risa.
—Esa es una historia un poco larga.
—Tenemos tiempo.
Respondió Sarah sin ocultar su curiosidad.
Benjamin comenzó a explicar.
—La magia solo puede heredarse por la sangre del padre o de la madre.
Sarah escuchaba fascinada.
—No aparece de la nada.
Ella negó lentamente.
—Nunca me habían explicado eso.
—Cada familia posee afinidades distintas.
Continuó él.
—Agua. Fuego. Tierra. Madera. Metal. Aire. Hielo. También luz. Oscuridad. Y otras afinidades mucho menos comunes.
Ella parecía completamente expectante de sus palabras
Benjamin continuó.
—Incluso antes del nacimiento pueden aparecer señales.
—¿Antes?
Él asintió.
—Existen cristales especiales. Cuando una mujer embarazada posee un hijo con afinidad mágica...
Algunos de esos cristales reaccionan.
—¿De verdad?
Sarah parecía una niña escuchando un cuento.
Benjamin sonrió.
—Sí. Indican exactamente qué tipo de magia tendrá. Por ejemplo, cuando lady Vesta estaba embarazada se encendieron cuatro cristales de color rojo.
Sarah apoyó la barbilla sobre ambas manos.
—Es increíble...
Benjamin continuó.
—Sin embargo...
El maná permanece dormido.
—¿Hasta cuándo?
—Hasta los catorce años aproximadamente.
Sarah abrió mucho los ojos.
—Entonces... Los niños viven toda su infancia sin magia.
—Exactamente. Y cuando despierta... Cada persona lo experimenta de una forma distinta.
Sarah no dejaba de hacer preguntas.
—¿Duele?
—Un poco.
—¿Da miedo?
Benjamin sonrió.
—Muchísimo.
Ella rió.
—¿Y qué sintió usted?
Benjamin permaneció unos segundos en silencio.
Después respondió.
—Como si el océano entero hubiera aparecido dentro de mí.
Sarah quedó completamente maravillada.
[Qué forma tan bonita de describirlo...]
Sin darse cuenta...
La conversación dejó de parecer una reunión entre dos nobles.
No hablaban con formalidad exagerada.
Ni medían cuidadosamente cada palabra.
Simplemente...
Conversaban.
Sarah le hablaba de un mundo donde todo giraba alrededor de los libros, los contratos y el comercio.
Benjamin le hablaba de otro completamente distinto.
Uno donde la magia formaba parte de la vida cotidiana.
Donde aprender a controlar el maná era tan importante como aprender a leer.
Los dos escuchaban al otro con la misma fascinación.
Como si cada historia abriera una puerta hacia un mundo desconocido.
Y lo más curioso...
Era que ninguno parecía notar la diferencia de edad.
Ni el poco tiempo que llevaban conociéndose.
Solo eran dos personas profundamente curiosas.
Descubriendo el universo del otro.
Y disfrutando tanto de aquella conversación...
Que cuando el mayordomo anunció discretamente que el sol comenzaba a ocultarse, ambos se sorprendieron.
Sarah fue la primera en reír.
—Creo que olvidamos por completo la hora.
Benjamin miró por la ventana.
Y sonrió.
—Eso parece.
Porque, sin que ninguno quisiera admitirlo todavía...
Aquella reunión había dejado de ser únicamente sobre negocios mucho antes de que el té llegara a la mesa.
Toda mi vida y hasta más quisiera
Sabes bien
Que soy tan tuya hasta que un día me muera
Pero ve
Que al engañarme te engañas tú mismo
Por tu altivez
Por esas cosas que tú haces conmigo
🎶🎶🎶