Él es el padre de su mejor amiga... Pero también el dueño de sus fantasías más prohibidas.
Cristóbal es un hombre maduro, exitoso y comprometido con su familia, alguien a quien todos ven como un ejemplo de responsabilidad. Pero desde el día que conoció a Julieta, la joven compañera de su hija, nada ha sido igual. Cada encuentro la hace más irresistible, cada mirada profundiza una conexión que no debería existir.
Ella es joven, dulce e "inocente" ... Y él lucha por no caer en la tentación.
Julieta siempre ha visto en Cristóbal algo más que el padre de su mejor amiga: un hombre que despierta en ella emociones que nunca imaginó sentir. A pesar de saber que está jugando con fuego, no puede evitar buscarlo, soñarlo, desearlo con una intensidad que la abruma.
Un amor que desafía los límites, un deseo que no sabe de reglas.
Entre secretos, mentiras por omisión y el miedo a destruir vidas enteras, Cristóbal y Julieta se ven envueltos en una pasión que amenaza con consumirlos...
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Introducción.
Julieta Meléndez es una hermosa chica de 20 años, estudiante de diseño, vive con su madre Blanca y su padrastro Ramón en la casa que antes compartían con su padre. Julieta no ha tenido una vida tan fácil: su padre murió de cáncer cuando ella cumplió sus quince años, fue un duro golpe para ella. Le costó recuperarse de esa dura pérdida y aunque ya no le duele tanto la partida de su progenitor, aún lo extraña mucho y le ha pesado mucho su ausencia.
Dos años después de la muerte de su padre, su madre le dio la noticia de que había conocido a alguien y se casaría nuevamente. Ella como buena hija le brindó su apoyo, queriendo que su madre saliera adelante y volviera a ser feliz con otro hombre, pero todo esperaba a Julieta menos que su madre se casara con un mantenido.
Blanca trabaja de ocho de la mañana a cinco de la tarde en una fábrica, mientras que su querido esposo se la pasa en casa. Parece que se han invertido los papeles: mientras Blanca trabaja todo el día en una fábrica, Ramón se encarga de todos los quehaceres del hogar, todo cuando Julieta no está en casa. A Julieta le parece bien que un hombre ayude a la mujer en los quehaceres del hogar, pero no así como lo hace Ramón. Al llegar la quincena, Blanca tiene que entregarle todo el dinero de su sueldo a su marido; él es quien se encarga de repartirlo en lo necesario para el hogar y lo que sobra se lo va a tomar al bar de la esquina. Así habían pasado los últimos tres años.
Cansada de esa situación, Julieta consiguió un trabajo de medio tiempo en una tienda de ropa: de lunes a viernes trabaja en las tardes y los fines de semana todo el día de corrido. Con el dinero que gana costea sus gastos personales, ya que estudia en una buena universidad gracias a que su amado padre había dejado un fideicomiso para sus estudios universitarios antes de morir.
Julieta quería ayudar a su madre y, hacerse cargo de sus propias cosas era una forma de hacerlo. También está pendiente de regalarle ropa y calzado que saca por cuotas en la tienda en la que trabaja, ya que Ramón no le permite a Blanca comprar ropa, pero él sí compra para él cada que le da la gana. Julieta ha intentado abrirle los ojos a su madre con respecto a Ramón, pero su madre está demasiado enamorada y ciega, que no escucha razones.
Al entrar a la universidad, Julieta conoció a Jessica Sandoval. Se hicieron amigas y, con el pasar de los meses, se convirtieron en las mejores; son inseparables. Y a diferencia de Julieta, Jessica sí tiene dinero, bueno más bien su padre, que es dueño de una importante agencia de bienes raíces.
Julieta aprecia mucho a Jessica, es como una hermana para ella, pero hay un problema: a Julieta le gusta mucho el padre de su mejor amiga. Fantasea cosas muy románticas y eróticas con el hombre que tiene 17 años más que ella, pero es todo lo que anhela en un hombre.
Cristóbal Sandoval es un hombre apuesto y muy trabajador, de 37 años, padre soltero desde los 17 años. Había tenido una relación con una compañera de clases; la calentura se los había ganado y confiado de que su novia tomaba la píldora, se había olvidado del uso del preservativo, dando como consecuencia un embarazo "no deseado". Clarisa, que era la novia de Cristóbal, había querido abortar al bebé en cuanto supo que venía en camino, pero él no estuvo de acuerdo y la convenció de tenerlo.
Cristóbal es huérfano: no había conocido ni a su madre porque murió mientras lo daba a luz, ni a su padre porque murió dos meses después de su nacimiento. A él lo había criado su abuela materna con mucho esfuerzo, amor y dedicación. Él sabía muy bien lo que era crecer sin el amor y el apoyo de unos padres, y por tal motivo no quería que ese bebé pasara por lo mismo, así que él estaba dispuesto a cuidarlo y amarlo con todo su corazón.
Al dar a luz, Clarisa rechazó totalmente al bebé, así que se la entregó a Cristóbal renunciando a cualquier derecho sobre el recién nacido y se fue a vivir a otro país con su familia, hecho que dejó muy triste y dolido a Cristóbal. Sin embargo, no se dio por vencido porque al mirar aquellos bonitos ojos había quedado cautivado; amó a su hija desde el primer instante en que la conoció y, con ayuda de su abuela Catalina, la crió.
Los padres de Cristóbal habían sido dueños de una importante agencia de bienes raíces y al morir pasó a ser herencia de su hijo. La agencia estuvo a manos del padrino de Cristóbal mientras él cumplía su mayoría de edad. Cristóbal estudió, sacó adelante e hizo crecer el negocio que le habían heredado sus padres.
Doce años después del nacimiento de Jessica murió la señora Catalina, dejando a Cristóbal con su hija entrando a la adolescencia, pero él no se daba por vencido: con mucho amor y paciencia criaba a su hija.
Cristóbal ha intentado volver a tener una relación con una buena mujer, pero todas parecen huirle a comprometerse con un padre soltero o sólo quieren su dinero y posición, así que ha preferido quedarse soltero y tener algún encuentro ocasional con alguna mujer de vez en cuando, sin meter sentimientos ni compromisos.
Cristóbal ama ver cómo su hija de 19 años es feliz con su nueva mejor amiga, Julieta Meléndez. La amiga de su hija es un año mayor; es una chica dulce y muy bonita. En muchísimas ocasiones ha tenido que reprenderse a sí mismo por mirarla como no debe, pero es algo casi inevitable. Parece como si Julieta fuera un imán y él el metal: una fuerza extraña lo atrae hacia ella, pero él hace todo lo posible por no mirarla de manera incorrecta. No quiere faltarle al respeto y menos que ella piense que él es un pervertido por fijarse en una chica que podría ser su hija.
¿Qué pasará? Dejarán pasar desapercibida esta fuerte atracción y el creciente deseo que sienten ambas personas, o por el contrario disfrutarán de ella aunque parezca prohibido?
Que te mejores pronto te mando un abrazo de oso.