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Ella Le Pertenece Al Alfa.

Ella Le Pertenece Al Alfa.

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / Romance / Hombre lobo
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

Una noche de pasión desenfrenada. Un amanecer en completa soledad. Y un secreto que cambiará las reglas del juego.

Para Irina Duarte, una joven diseñadora gráfica de 24 años, lo que pasó en aquel hotel de Roma debía quedarse en el olvido. El hombre misterioso con el que compartió una química sexual devastadora se había marchado sin dejar rastro, dejando solo el recuerdo de su imponente mirada y un aroma que la perseguía.

La sorpresa llega esa misma mañana, cuando Irina se presenta a su primer día como pasante en la prestigiosa Textilera Galo. El hombre de la noche anterior no es un desconocido: es Damian Galo, el Alfa supremo del imperio textil, su nuevo jefe... un hombre frío, serio y completamente inalcanzable.

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Capítulo 20

Irina buscó rápidamente el contacto de su madre en la pantalla con los dedos temblorosos y presionó el botón de llamada, activando el altavoz de inmediato. El sonido del tono de marcado resonó en el silencio de la oficina, aumentando la tensión en el ambiente. Damian permanecía a su lado, inmóvil y con la mirada fija en el aparato, concentrado al cien por ciento en lo que estaba por suceder.

Al tercer tono, la línea se abrió con un ruido de fondo confuso, lleno de pitidos de aparatos médicos y voces amortiguadas.

—¿Irina? ¿Hija? —la voz de su madre sonó apresurada y tensa, con el cansancio evidente de quien no había pegado el ojo en toda la noche.

—Mamá, soy yo, estoy aquí —dijo Irina, carraspeando un poco para que su voz se escuchara lo más clara posible—. Escúchame, estoy con el señor Damian Galo, mi jefe. Él va a ayudarnos a traer a papá de inmediato, pero necesito que nos des todos los detalles ahora mismo. ¿En qué hospital exacto están y qué es lo que necesitan para el traslado?

Se produjo un breve silencio al otro lado de la línea, como si la mujer estuviera procesando la inesperada ayuda. Damian aprovechó ese segundo para inclinarse hacia el teléfono, hablando con ese barítono firme, seguro y autoritario que acostumbraba a usar para resolver crisis complejas.

—Buenas tardes, señora Duarte. Habla Damian Galo —se presentó, directo y sin rodeos—. No se preocupe por los costes ni por la logística; mi empresa se está haciendo cargo de todo a partir de este momento. Necesito el nombre de la clínica, la ciudad exacta en la que se encuentran y el informe del médico a cargo para coordinar el puente aéreo con mi equipo de ambulancias internacionales hoy mismo.

La madre de Irina soltó un sollozo, pero esta vez fue de puro alivio.

—Oh, Dios mío... Gracias, señor Galo, gracias de verdad —alcanzó a decir la mujer con la voz quebrada, antes de obligarse a sí misma a concentrarse—. Estamos en el Hospital General de Múnich, en la sección de cuidados intensivos traumatológicos. El doctor a cargo es el neurólogo Karl Weber. Mi esposo está estabilizado por ahora, pero el trauma torácico y la presión intracraneal exigen una intervención quirúrgica especializada que aquí, por un problema con las autorizaciones de las coberturas de la aerolínea comercial ordinaria, se va a retrasar días. Nos dijeron que un avión de evacuación médica privada con soporte vital es la única forma de moverlo sin riesgo.

Damian asentía con la cabeza a cada palabra, asimilando la información técnica como el estratega que era. Miró a Irina, dándole un leve apretón en el hombro para transmitirle calma.

—Entendido, señora Duarte —respondió Damian con total seguridad—. Quédese junto a su esposo y asegúrese de solicitar una copia digital de todo el historial clínico en la recepción del hospital. Yo mismo me voy a poner en contacto con la empresa de transporte aéreo médico de mi familia aquí en Roma. En un par de horas les daré la hora exacta en la que el jet médico estará aterrizando en Múnich para recogerlos. Mantenga el teléfono operativo.

—Así lo haré, señor Galo... De verdad, no sé cómo pagarle esto. Irina, mi amor, mantente fuerte —alcanzó a decir su madre con un hilo de voz antes de que Damian le indicara a Irina con la mirada que colgara para no perder un solo segundo.

Irina cortó la llamada y dejó caer el teléfono sobre el sofá. Miró a Damian, sintiendo cómo el nudo de su garganta empezaba a aflojarse por primera vez desde la noche anterior, reemplazado por una inmensa gratitud hacia el Alfa supremo que, dejando de lado toda frialdad corporativa, se había convertido en su único salvavidas.

Damian no perdió un solo segundo. Se puso de pie de inmediato y caminó hacia su escritorio de cristal negro, tomando su teléfono móvil personal. Su rostro había recuperado esa expresión dura, analítica e implacable con la que manejaba las grandes crisis de su imperio textil, pero esta vez toda esa energía estaba enfocada en resolver la emergencia de Irina.

Tecleó un número de marcado rápido y se puso el aparato en el oído, mientras caminaba de un lado a otro de la oficina.

—Marcello, necesito el jet de evacuación médica de la compañía listo para despegar en una hora —ordenó Damian en un tono imperativo que no aceptaba excusas ni retrasos—. El destino es Múnich. Hay un paciente en cuidados intensivos traumatológicos en el Hospital General de la ciudad. Quiero que coordines el permiso de aterrizaje y la ambulancia de traslado de pista de inmediato. Todo va a mi cuenta personal, muévete.

Escuchó la respuesta de su asistente durante unos segundos, asintiendo con la mandíbula apretada.

—No me importan las restricciones de tráfico aéreo en Alemania, paga lo que tengas que pagar para conseguir la prioridad de despegue —sentenció el Alfa—. Quiero ese avión en el aire ya. Infórmame en cuanto los pilotos tengan la ruta aprobada.

Colgó el teléfono y, de inmediato, buscó otro contacto en su agenda. Irina lo observaba desde el sofá, todavía con la botella de agua entre las manos, completamente asombrada por la velocidad y la determinación con la que el hombre estaba moviendo cielo y tierra por ella. El aroma a sándalo y tormenta del Alfa se sentía denso en la habitación, pero ya no era una presión hostil, sino un escudo protector que la envolvía por completo.

—Doctor Franco, habla Damian Galo —dijo al contestar la segunda llamada—. Necesito que prepares la mejor suite de la clínica privada Galo en Roma y reserves el quirófano principal para esta misma noche. Un paciente con trauma torácico y presión intracraneal está siendo trasladado desde Múnich. Te enviaré el historial clínico digitalizado en cuanto me llegue. Quiero a tus mejores especialistas listos para recibir la ambulancia en la pista de aterrizaje.

Tras colgar, Damian soltó un suspiro largo y guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón. Se volvió hacia Irina y caminó lentamente hacia ella, acortando la distancia. Su mirada oscura se suavizó un poco al verla más calmada, aunque el rastro de las lágrimas seguía visible en sus mejillas.

Se inclinó hacia ella, apoyando una mano en el respaldo del sofá, obligándola a mirarlo a los ojos.

—Todo está en marcha, Irina —dijo con su barítono rasposo y firme—. El avión estará en Múnich antes de que termine la tarde y tu padre será ingresado en mi clínica aquí en Roma esta misma noche. Nadie va a dejar que nada le pase, ¿entendido?

Irina asintió, sintiendo que por fin podía respirar con normalidad. Se puso de pie, quedando a escasos centímetros de su imponente pecho.

—No sé cómo voy a pagarte esto, Damian... —susurró, usando su nombre de pila por primera vez, con una mezcla de vulnerabilidad y sincera gratitud—. Te pedí un adelanto, pero esto... esto va mucho más allá de un contrato de trabajo.

Damian acortó el espacio que quedaba entre los dos y la tomó suavemente por los hombros, fijando sus ojos en los de ella con una intensidad posesiva.

—Te dije que te quería a mi lado en este nido de víboras, preciosa. Y yo cuido lo que es mío —declaró con voz baja y cargada de magnetismo—. No te preocupes por el dinero ni por los Rivera. Ahora tu única obligación es mantenerte firme. Te necesito entera para cuando tu familia llegue a Roma.

1
Juliana Mejia
excelente novela emocinanre
NAT
Vittoria se va a arrancar los pelos /Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
NAT
yo creo que este Antonio está aliado con Vittoria
NAT
pobre chica, no solo ganó una batalla sino también una enemiga poco recomendable /Grimace/
NAT
abofetear...y pisotear 🤣🤣🤣
NAT
deseo que Irina la rompa y le cierre la boca a la odiosa de Vittoria
NAT
se nota que el matrimonio con Vittoria es solo de conveniencia, y no solo ella sino su padre le respiran en la espalda a Damian. Será difícil salir de ahí/CoolGuy/
NAT
Vittoria se siente demasiado amenazada para llemar a poner quejas, eso no le queda
NAT
por qué creo que esta señora le va a complicar la vida a Irina?
NAT
desgraciada, solo quiere denigrar a Irina porque sintió en ella el olor de su marido
NAT
Ay Damian, quieres que tu mujer haga pólvo a Irina /Grimace/
NAT
y ya la tiene entre ojos /Chuckle/
NAT
Que problemita es esa Vittoria /CoolGuy/
NAT
ya tienes dueño Irina
NAT
jajajaja 🤣 No te dejes Irina /CoolGuy/
NAT
Mi rey usted puede estar de rechupete pero está casado. Guarde su distancia y evitemos la tentación /CoolGuy//Tongue/
NAT
ojalá no la mire el perro chandoso
NAT
uy no 😬 que desastre! que solo fué cosa de una noche ya lo sabemos, pero ser el desahogo de un hombre casado es frustrante
NAT
TRÁGAME TIERRA! 😱
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