Espero que les guste esta novela tanto como a mi...
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12
Capítulo 12: El monstruo detrás del zorro
Parte 1
Richel no había dormido.
La fotografía seguía sobre su mesa.
Ren aparecía mucho más joven.
Pero lo que realmente la inquietaba era la persona que estaba a su lado.
No reconocía aquel rostro.
Y el mensaje seguía en su teléfono.
"Pregúntale qué ocurrió aquella noche."
Richel sabía que debía esperar.
Confiar en Ren.
Pero la curiosidad terminó ganando.
Cuando llegó al despacho a la mañana siguiente, él estaba trabajando.
Como siempre.
Traje impecable.
Cabello perfectamente acomodado.
Expresión fría.
El magnate que dirigía una de las empresas más poderosas de la ciudad.
Inteligente.
Calculador.
Imposible de leer.
Pero Richel ya sabía que detrás de aquella apariencia había algo más.
—Ren.
Él levantó la mirada.
—Buenos días.
—Necesito preguntarte algo.
Ren dejó la pluma sobre el escritorio.
—Pregunta.
Richel sacó la fotografía.
La colocó delante de él.
El cambio fue inmediato.
Las orejas del zorro bajaron.
Su expresión se endureció.
—¿Dónde conseguiste eso?
Richel sintió un escalofrío.
Nunca había visto aquella mirada en él.
—Me la enviaron anoche.
—¿Quién?
—No lo sé.
Ren tomó la fotografía.
La observó durante unos segundos.
Después cerró los ojos.
—No quería que te enteraras así.
Richel se sentó frente a él.
—Entonces cuéntamelo.
Ren permaneció callado.
—Por favor.
Él dejó la fotografía sobre el escritorio.
—Cuando era joven...
No tenía el control que tengo ahora.
Richel escuchó atentamente.
—Mi familia era poderosa.
Pero también tenía enemigos.
Y uno de ellos descubrió algo sobre mí.
—¿Qué?
Ren levantó lentamente la mirada.
—Que mi parte animal no era como la de los demás.
Richel frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Ren se levantó.
—Ven conmigo.
---
Bajaron hasta una zona privada de la residencia.
Ren abrió una puerta que Richel nunca había visto.
Dentro había una habitación enorme.
Oscura.
Con paredes reforzadas.
Richel miró alrededor.
—¿Qué es este lugar?
Ren no respondió.
Cerró la puerta detrás de ellos.
—Aquí me encerraban.
Richel quedó paralizada.
—¿Quién?
—Mi familia.
Él bajó la mirada.
—Cuando perdía el control...
Mi transformación era diferente.
Richel sintió un escalofrío.
—¿Diferente cómo?
Ren respiró profundamente.
Sus manos comenzaron a temblar.
—No parecía un humano.
Sus ojos adquirieron un brillo dorado intenso.
—Parecía un monstruo.
Richel retrocedió ligeramente.
Ren lo notó.
Su expresión cambió.
—Eso es lo que quería evitar.
—Ren...
—No quiero lastimarte.
Su voz se quebró ligeramente.
—Nunca.
Richel observó cómo sus orejas se agachaban.
Su cola estaba completamente rígida.
Por primera vez, el hombre que todos consideraban invencible parecía vulnerable.
—¿Qué ocurrió aquella noche?
Ren cerró los ojos.
—Mi familia fue atacada.
Intenté protegerlos.
Pero perdí el control.
Richel permaneció inmóvil.
—¿Mataste a alguien?
Ren tardó en responder.
—Sí.
La habitación quedó en silencio.
—A varios.
Richel sintió que el corazón le latía con fuerza.
Ren dio un paso atrás.
—Ahora entiendes.
—¿Qué?
—Por qué no quería que lo supieras.
Richel negó.
—No.
—Richel...
—No entiendo.
Ren la miró.
—Soy un monstruo.
Ella se quedó en silencio.
—Eso es lo que todos decían.
—¿Y tú qué crees?
Ren no respondió.
Richel se acercó.
—Mírame.
Él levantó los ojos.
—No eres un monstruo.
—No sabes lo que hice.
—Sé que intentabas proteger a tu familia.
—Perdí el control.
—Pero lo recuperaste.
Ren negó.
—¿Y si algún día vuelvo a perderlo?
Richel tomó su rostro entre las manos.
—Entonces estaré ahí.
Ren se quedó completamente inmóvil.
—No.
—Sí.
—No quiero lastimarte.
—No lo harás.
—No puedes saberlo.
Richel frunció el ceño.
—¡Entonces deja de decidir por mí!
Ren retrocedió.
—Richel...
—¡No quiero que me apartes cada vez que tengas miedo!
—Lo hago para protegerte.
—¡No necesito que me protejas de ti!
La voz de Richel resonó en la habitación.
Ren bajó la mirada.
—No entiendes.
—Entonces explícame.
—No puedo.
—¿Por qué?
Ren apretó los puños.
—Porque si algún día esa parte de mí despierta...
No sé si podré detenerla.
Richel sintió lágrimas acumulándose en sus ojos.
—¿Y por eso quieres alejarme?
—Sí.
—¿Aunque me duela?
—Sí.
—¿Aunque yo te ame?
Ren cerró los ojos.
Aquellas palabras fueron demasiado.
—Precisamente por eso.
Richel lo miró.
Y entonces...
La bofetada resonó en la habitación.
Ren quedó inmóvil.
Richel tenía lágrimas en los ojos.
—No vuelvas a decidir por mí.
Él llevó lentamente una mano a su mejilla.
No por el golpe.
Sino por la sorpresa.
—Richel...
Ella se acercó.
—Jamás te dejaré, Ren.
Él la miró.
—No sabes lo que estás diciendo.
—Sí lo sé.
—Podrías arrepentirte.
—No.
—Podrías tener miedo.
—Quizá.
Richel tomó su mano.
—Pero no voy a abandonarte.
Ren sintió que algo dentro de él se rompía.
Toda aquella fortaleza.
Toda aquella frialdad.
Toda la máscara del magnate perfecto...
Desapareció.
Y por primera vez...
Ren lloró delante de alguien.
Richel lo abrazó.
—No estás solo.
Él cerró los ojos.
La abrazó con cuidado.
Como si temiera romperla.
—Te amo.
La voz de Ren apenas fue un susurro.
Richel sonrió entre lágrimas.
—Yo también te amo.
---
Pero entonces...
Un golpe fuerte resonó en la puerta.
Ren se separó inmediatamente.
Su expresión volvió a endurecerse.
—¿Quién?
La voz de Kaito respondió desde el otro lado.
—Soy yo.
Ren abrió.
Kaito entró rápidamente.
—Tenemos un problema.
—Habla.
—La persona que envió la fotografía acaba de contactar con uno de nuestros empleados.
Ren se tensó.
—¿Qué dijo?
Kaito miró a Richel.
—Dijo que conoce el secreto completo.
Y que no piensa detenerse hasta conseguir que Richel abandone a Ren.
Richel tomó la mano del zorro.
Ren la miró.
Esta vez...
No intentó soltarla.
—Que lo intenten.
Dijo Richel.
Ren sonrió.
Pero antes de responder...
Kaito recibió otro mensaje.
Lo leyó.
Su rostro cambió.
—Ren...
—¿Qué?
—Dicen que si Richel no se aleja de ti...
Revelarán públicamente lo que eres.
Ren quedó inmóvil.
Richel apretó su mano.
—Que lo hagan.
Ren la miró.
—Richel...
Ella sostuvo sus ojos.
—No voy a esconderte.
Pero Ren negó lentamente.
—No entiendes lo que significa.
—Entonces lo descubriremos juntos.
Él quiso responder.
Pero una parte de él seguía aterrorizada.
No por su reputación.
No por su empresa.
Sino por ella.
—Richel...
—¿Qué?
Ren señaló la puerta.
—Vete a otra habitación.
Ella abrió los ojos.
—¿Qué?
—Por favor.
Necesito pensar.
Richel no se movió.
—Ren...
—Solo unos minutos.
Ella comprendió que no estaba rechazándola.
Estaba luchando contra su propio miedo.
—Está bien.
Pero antes de salir...
Se inclinó y besó suavemente su frente.
—No tardes.
Ren cerró los ojos.
Y cuando la puerta se cerró...
Su expresión cambió.
Porque acababa de comprender algo terrible.
La organización no quería simplemente separarlos.
Quería despertar al monstruo que llevaba años intentando mantener dormido.
Richel no se marchó realmente.
Solo salió de la habitación.
Permaneció al otro lado de la puerta durante unos segundos, escuchando el silencio.
Sabía que Ren estaba asustado.
No de ella.
De sí mismo.
Finalmente volvió a entrar.
Ren levantó la mirada.
—Te dije que fueras a otra habitación.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué regresaste?
Richel caminó hacia él.
—Porque pensé en algo.
Ren frunció el ceño.
—¿En qué?
Ella tomó su mano.
—Quiero que me marques.
Ren quedó completamente inmóvil.
—¿Qué?
—Quiero que me marques.
—Richel...
—Si eso significa que podrás mantenerte controlado cuando estés conmigo, quiero hacerlo.
Ren negó inmediatamente.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no sabes lo que significa.
—Entonces explícame.
Ren respiró profundamente.
—La marca fortalece el vínculo entre dos semi humanos.
Pero en nuestro caso...
Si tú eres mi pareja y aceptas la marca, mi instinto tendrá una conexión mucho más fuerte contigo.
Podré sentir cuando estés en peligro.
Incluso podría sentir tus emociones con mayor intensidad.
Richel lo miró.
—Entonces hazlo.
—Podría ser demasiado.
—No me importa.
—Podría cambiar tu vida.
—Ya cambió desde que te conocí.
Ren cerró los ojos.
—No quiero que hagas esto por miedo a perderme.
Richel negó.
—Lo hago porque quiero estar contigo.
Le acarició la mejilla.
—Si puedo ayudarte a mantenerte controlado, hazlo.
Ren la miró profundamente.
—¿Estás segura?
—Sí.
—¿Incluso después de saber lo que soy?
Richel sonrió.
—Especialmente después de saberlo.
Ren sintió que su corazón se aceleraba.
La abrazó.
—Entonces te prometo algo.
—¿Qué?
—Nunca utilizaré ese vínculo para controlar tus decisiones.
Richel asintió.
—Eso es lo único que necesitaba escuchar.
---
Pero aquella conversación tendría que esperar.
Porque unas horas después...
Clara desapareció.
Kaito había salido durante unos minutos para atender una llamada.
Cuando regresó...
Ella ya no estaba.
—¿Dónde está Clara?
Nadie respondió.
Kaito sintió un vacío en el pecho.
—¿Dónde está?
Uno de los empleados señaló hacia la salida trasera.
—La vimos salir con dos hombres.
Kaito se quedó helado.
—¿Qué hombres?
—No los conocíamos.
La expresión del lobo cambió.
—Cierren todas las salidas.
---
Clara despertó lentamente.
Tenía la cabeza pesada.
Se encontraba dentro de una habitación desconocida.
Intentó moverse.
—No te esfuerces.
Una voz masculina habló desde la oscuridad.
Clara abrió los ojos.
—¿Dónde estoy?
—Eso no importa.
—Kaito me encontrará.
El hombre soltó una risa.
—Eso esperamos.
---
Mientras tanto...
Richel había salido a buscar a Clara.
No quería quedarse esperando.
Encontró un vehículo sospechoso cerca de un almacén.
Se acercó con cuidado.
Escuchó voces.
Y entonces la reconoció.
—¡Clara!
La puerta se abrió.
Dos hombres aparecieron.
—Tú no deberías estar aquí.
Richel retrocedió.
—Déjenla ir.
Uno de ellos avanzó.
—No te metas.
Richel sabía que no podía permitir que se acercaran más.
Cuando el primero intentó sujetarla, ella reaccionó rápidamente.
Utilizó sus conocimientos de defensa personal para derribarlo.
El segundo intentó atacarla.
Richel consiguió desarmarlo y dejarlo inconsciente.
Luego corrió hacia Clara.
—¡Clara!
Su amiga estaba inconsciente.
Richel se arrodilló junto a ella.
—Despierta.
—Richel...
Clara abrió lentamente los ojos.
—¿Estás bien?
—Sí.
Richel soltó el aire.
—Gracias a Dios.
---
Entonces se escucharon pasos.
Kaito apareció.
Había llegado demasiado tarde para verla enfrentarse a los secuestradores.
Pero sí vio a Clara en el suelo.
—¡CLARA!
Corrió hacia ella.
La tomó entre sus brazos.
—Clara.
Ella abrió los ojos.
—Kaito...
El lobo estaba temblando.
—Pensé que te había perdido.
—Estoy bien.
—No vuelvas a hacerme esto.
Clara acarició su rostro.
—No fue mi culpa.
Kaito la abrazó con fuerza.
Richel observó la escena.
Sonrió.
Pero entonces sintió algo extraño.
Una presión en el pecho.
Se llevó una mano al hombro.
—Ren...
---
Al mismo tiempo...
En el edificio Ashikaga...
Ren se quedó completamente inmóvil.
Había sentido algo.
Dolor.
Miedo.
Y una sensación que no podía ignorar.
La marca todavía no estaba completa.
Pero el vínculo entre ellos ya existía.
Y acababa de sentir que Richel había estado en peligro.
Su respiración se volvió pesada.
Sus ojos cambiaron.
—Richel.
Kaito lo llamó desde el teléfono.
—Ren.
—¿Dónde está?
—Está con Clara.
Ren cerró los ojos.
—¿Qué ocurrió?
—Intentaron secuestrarla.
Silencio.
—¿Y Richel?
Kaito dudó.
—Ella fue quien encontró a Clara.
Ren apretó el teléfono.
—¿Qué?
—Se enfrentó a dos hombres.
La expresión de Ren se volvió fría.
—Voy para allá.
---
Minutos después...
Ren llegó al almacén.
Encontró a Richel junto a Clara y Kaito.
Su mirada fue directamente hacia ella.
—Richel.
Ella se levantó.
—Ren...
Él caminó rápidamente hasta ella.
—¿Estás herida?
—No.
—¿Segura?
—Sí.
Ren tomó sus brazos y la examinó.
No encontró heridas graves.
Pero seguía furioso.
—¿En qué estabas pensando?
Richel frunció el ceño.
—Clara estaba en peligro.
—¡Y tú también!
Su voz resonó en el almacén.
Todos quedaron en silencio.
Richel lo miró.
—No podía dejarla.
Ren respiró profundamente.
—Podrían haberte matado.
—Pero no lo hicieron.
—¡No sabes eso!
Richel comprendió entonces.
No estaba enojado.
Estaba aterrorizado.
Había sentido su peligro a través del vínculo.
Y casi había perdido el control.
Ren cerró los ojos.
—Cuando sentí tu miedo...
Pensé que algo te había pasado.
Su voz se quebró.
—No podía respirar.
Richel se acercó.
—Estoy aquí.
—No vuelvas a hacer algo así.
—No puedo prometerlo.
Ren abrió los ojos.
—Richel...
Ella tomó su rostro entre las manos.
—Si alguien que amo está en peligro, voy a ayudar.
Ren quedó en silencio.
—Pero tampoco quiero perderte.
Ella sonrió.
—Entonces tendremos que cuidarnos los dos.
Ren apoyó la frente contra la suya.
—Eres imposible.
—Y tú sigues pegado a mí.
Él soltó una pequeña risa.
—Sí.
Nunca pienso despegarme.
Kaito, que todavía sostenía a Clara, los observó.
—Creo que ambos tenemos el mismo problema.
Clara sonrió.
—No es un problema.
Es nuestra pareja.
Richel miró a Ren.
—Exactamente.
Ren tomó su mano.
Esta vez con mucha más calma.
Porque había comprendido algo.
Su mayor miedo no era que alguien descubriera al monstruo que llevaba dentro.
Era descubrir qué sería de él...
Si algún día perdía a la mujer que había conseguido despertar su lado humano.