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El Precio De Tu Desprecio

El Precio De Tu Desprecio

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado / CEO / Completas
Popularitas:959.9k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

Selene tiene veintidós años y un matrimonio que es su propia jaula de oro. Para su esposo, el implacable magnate Maximiliano Valente, ella no es más que una niña interesada que se vendió por un apellido de peso y una cuenta bancaria sin límites. Convencido de que Selene solo busca su dinero, Maximiliano se dedica a humillarla, refugiándose en los brazos de una amante manipuladora que alimenta su desprecio con mentiras.
Pero Maximiliano ha cometido un error fatal: confundir el silencio de Selene con sumisión absoluta. Tras una noche de crueldad insoportable, Selene decide que ya no le importa su fortuna ni su perdón. Mientras él cree tener todo bajo control, ella empieza a preparar su desaparición silenciosa, dispuesta a empezar de cero, lejos de su opresión.
Maximiliano Valente está a punto de descubrir que el desprecio tiene un precio... y que cuando Selene se marche, el vacío que deje será algo que ni todos sus millones podrán llenar.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Gabriel Mendoza ¿un arquitecto?

En el mundo de las altas finanzas y la arquitectura de élite, el nombre de Gabriel Mendoza era sinónimo de una elegancia sobria y una eficacia implacable. Sin embargo, para aquellos que realmente movían los hilos del orden mundial, Gabriel era mucho más que un arquitecto con buen gusto. Tras esa fachada de hombre sencillo, de camisas de lino arremangadas y manos manchadas de carboncillo, se ocultaba una de las fortunas más vastas y discretas del planeta.

Gabriel Mendoza no necesitaba pavonearse en galas benéficas ni aparecer en las portadas de las revistas de negocios para validar su existencia. Mientras hombres como Maximiliano Valente construían imperios basados en el ruido, la intimidación y la exhibición obscena de riqueza, Gabriel operaba en una frecuencia distinta. Él era el dueño silencioso de fondos de inversión que sostenían economías enteras; sus decisiones, tomadas a menudo desde una oficina austera o mientras caminaba descalzo por una playa solitaria, tenían el peso suficiente para estabilizar o hundir mercados en cuestión de minutos.

Pero a Gabriel le gustaba la sombra. Había aprendido pronto que el verdadero poder no es el que se grita, sino el que no necesita ser nombrado para ser obedecido. Por eso, hace años, decidió que su vida pública sería la de un arquitecto apasionado por la restauración. Esa "máscara" le permitía llevar una vida normal, sentarse en una plaza a leer un libro o tomar un café en un pueblo costero sin que una legión de guardaespaldas y periodistas asediaran su paz.

En el pequeño pueblo donde se encontraba la librería "La Esperanza", Gabriel era simplemente "el arquitecto". Nadie sospechaba que el hombre que ayudaba a Don Julián a cargar cajas de libros viejos era el mismo que, con un solo mensaje cifrado, podía hacer que las acciones de las empresas de Maximiliano Valente cayeran en picada hasta el subsuelo.

Esa tarde, Gabriel se encontraba en la pequeña posada donde se hospedaba, una habitación sencilla que miraba hacia el mar. Sobre una mesa de madera rústica, lejos de la vista de Selene, descansaba una computadora portátil de titanio, conectada a una red satelital privada que ningún rastreador convencional podría interceptar.

—Informe de situación, señor Mendoza —dijo una voz neutra a través de los altavoces.

—Habla, Marcus —respondió Gabriel, su tono de voz cambiando drásticamente. Ya no era la calidez aterciopelada con la que le hablaba a Selene; ahora era una voz de acero frío, la voz de un gran empresario que conoce cada movimiento en el mundo financiero.

—Maximiliano Valente ha recibido la fotografía de usted y la señora Arismendi en la cena del jueves. Ha movilizado a su equipo de seguridad. Han identificado su identidad pública como arquitecto, pero sus muros de seguridad de nivel uno han resistido. Para Valente, usted es solo un profesional con éxito moderado que se ha interpuesto en su camino.

Gabriel soltó una risa seca, una que Selene nunca había escuchado. Era una risa que no contenía alegría, sino una anticipación letal.

—Que siga creyendo eso, Marcus. Que crea que soy una presa fácil. Valente es un hombre predecible; su ego es su mayor debilidad. Cree que puede comprar el mundo porque tiene unos cuantos miles de millones y un apellido ruidoso. No tiene idea de que está jugando en el patio de recreo de alguien que podría comprar su empresa entera y convertirla en un parque de estacionamiento sin que su flujo de caja se vea afectado.

—Señor, Valente está planeando un ataque a sus contratos de restauración en la capital para obligarlo a abandonar el pueblo.

Gabriel se recostó en la silla, mirando el atardecer a través de la ventana. Pensó en Selene. Pensó en la forma en que ella sonreía cuando encontraba un pasaje hermoso en un libro, y en el miedo que todavía brillaba en sus ojos cuando escuchaba un ruido fuerte. La ira, una emoción que Gabriel rara vez permitía que nublara su juicio, empezó a hervir bajo su piel. No era la ira posesiva de un dueño, era la indignación de una fuerza superior ante la injusticia de un matón de barrio.

—Deja que ataque los contratos de la firma de arquitectura —ordenó Gabriel con una calma glacial—. Esos contratos son solo el cebo. Quiero que empieces a comprar silenciosamente la deuda subordinada de las empresas de Valente. No hagas ruido. Usa las cuentas de Singapur y las de las Islas Caimán. Quiero tener el control del cuarenta por ciento de sus pasivos para el final de la semana. Si él decide tocar un solo cabello de Selene, o si intenta asustarla de nuevo, quiero estar en posición de asfixiarlo financieramente en menos de doce horas.

—Entendido, señor. ¿Alguna instrucción respecto a la señora Arismendi?

Gabriel suavizó su mirada por un momento.

—Sigan protegiéndola desde la distancia. Que ella nunca sepa que hay hombres armados vigilando el perímetro de la librería. Ella necesita creer que su paz es fruto de su propio esfuerzo. Selene ha pasado toda su vida siendo un activo en el balance de otros hombres; no voy a ser yo quien la convierta en otro peón, aunque sea para protegerla. Ella será libre, Marcus. Incluso si tengo que destruir a Maximiliano Valente para asegurarlo.

Gabriel cerró la computadora y se quedó en silencio, dejando que la personalidad del "arquitecto" volviera a ocupar su lugar. Se miró las manos; manos que sabían diseñar palacios, pero que también sabían cómo desmantelar imperios.

A veces, se sentía culpable por ocultarle la verdad a Selene. Sabía que ella huía del poder, de la opulencia y de los hombres que usaban su posición para aplastar a los demás. Si ella supiera quién era él realmente, si supiera que Gabriel Mendoza podía mover montañas de dinero y de influencia, quizás huiría de él con el mismo terror con el que huyó de Maximiliano.

—Pronto, Selene —susurró para sí mismo—. Pronto este hombre dejará de ser una amenaza para ti. Pero hasta que ese día llegue, yo seré tu escudo invisible. Él cree que es un lobo, pero no sabe que ha entrado en el territorio de algo mucho más grande.

Se puso de pie, se lavó la cara con agua fría y se preparó para ir a la librería. Tenía que devolver un libro y, sobre todo, necesitaba ver a la mujer que, sin saberlo, se había convertido en la única razón por la que el hombre más poderoso del país estaba dispuesto a arriesgar su anonimato.

Gabriel salió de la posada, caminando por el sendero de tierra con la humildad de un viajero. Para el mundo, era un arquitecto soñador. Para Maximiliano, era un obstáculo molesto. Pero para el destino, Gabriel Mendoza era el verdugo que esperaba pacientemente a que el villano cometiera su último y más fatal error.

La guerra de Maximiliano era una de gritos y amenazas. La de Gabriel era una de silencios y movimientos estrategicos. Y en esa partida de ajedrez, Maximiliano Valente ya había perdido, solo que todavía no se había dado cuenta.

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Maruchita Jiménez
👏👏👏 bonita historia,,, me hizo sentir tanta rabia ese loco obsesionado,,, y angustia el temor de ella pero lo que el príncipe de armadura dorada le da Selene es lo que se siente mucho muy bonito hasta propio...
Olga Nempeque
Wow que pasión, que forma de reconstruir es lo que te mereces después de todo el daño
Olga Nempeque
Jah, tu reinado señor Maximiliano ya esta por terminar ahora si sigue tu vida con tu amor de siempre por que la verdad no eres más que un bruto manipulado y violento que piensa que con castigar puedes domar jah patetico
Olga Nempeque
Ay no por favor ese imbécil no merece encontrarla
Olga Nempeque
Jajaja ja es un muñeco en manos de essa piruja, que bruto hasta cuando va a estar dormido, cuando esa bruja le quite todo, mucho idiota
Olga Nempeque
Jah que hombre tan mediocre dejarse manipular y ojalá esa putibruja no logre encontrarla y el estúpido ese logre ver bien quien es quien
Olga Nempeque
Que idiotas, ella ahora es la culpable y ellos luego no son solo los verdugos qué la maltrataron hasta romperla y aun no lo reconocen muchos hdp...
Tigresa
Hermosa historia donde triunfan la verdad y el amor sobre el falso poder, la ambición y el mal llamado control /Grin/
Olga Nempeque
Jah te vas a quedar con las ganas de encontrarla por imbécil
Tigresa
Que historia tan bonita, donde surge la verdad y el bien sobre todo ☺️
Olga Nempeque
Vamos tienes que soltarte y salir ganadora
Graciela Forneris
Bellísima historia de principio a fin. 🥰 no pude parar de leer capítulo tras capítulo en un día. Felicitaciones 👏
Ysabel Correa: Gracias 🫂
total 1 replies
Milena Montaña
Excelente
Adriana Piovi
Excelente novela!!❤️❤️❤️❤️ Felicitaciones a la autora!!!
Me encantan tus novelas!!!❤️❤️❤️
GG
Maldito narcisista, enfermo, asqueroso
GG
Hipócrita, poco hombre
GG
Maldito, ojalá sufras y te pudras
JUSTINA DE LA CRUZ
Muy linda historia, felicidades
Patricia Castellanos
yo igual
Celina Nava
Excelente historia, narrativa impecable, cautivdora de principio a fin, éxitos autora.
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