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En El Corazón De Un Tirano

En El Corazón De Un Tirano

Status: Terminada
Genre:CEO / Venganza / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:12.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Rebelde, inteligente y apasionada. Emma de la Rivera nunca ha permitido que nadie controle su destino. Pero cuando Damián Thorne se cruza en su camino, el choque de dos voluntades inquebrantables se vuelve inevitable. Él está acostumbrado a dominarlo todo; ella, a no doblegarse ante nadie. ¿Podrá Damián domar el espíritu de Emma, o terminará cayendo en su propia trampa?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo VIII Primer día de trabajo

A la mañana siguiente, el despertador sonó a las seis en punto.

Emma se vistió con un traje sastre de falda y saco en tono gris oscuro, sobrio y elegante. Frente al espejo del baño, con manos temblorosas, aplicó varias capas de corrector sobre la mejilla izquierda para ocultar la sombra amoratada que le había dejado el golpe de su padre. Peinó su cabello en una coleta baja, mirándose a los ojos con determinación: no podía permitirse parecer débil, ni frente a su familia, ni frente al hombre que la esperaba esa mañana.

A las siete y cuarenta y cinco, se encontraba de pie ante el imponente rascacielos de Thorne Financial & Legal Group. La estructura de cristal y acero se elevaba hacia el cielo con una majestuosidad arrogante, exactamente igual a su dueño.

Emma tomó una bocanada profunda de aire para calmar el nudo de angustia en su estómago y cruzó las puertas giratorias.

—Bienvenida a Thorne Group. ¿En qué puedo ayudarla? —preguntó la recepcionista desde el mostrador de mármol.

—Buenos días. Soy Emma de la Rivera, la nueva pasante del señor Damián Thorne.

La recepcionista cambió de postura al instante, midiéndola con una mezcla de curiosidad y respeto sobrio.

—Piso cuarenta y dos, señorita De la Rivera. El ascensor privado del fondo la llevará directamente al despacho presidencial. El señor Thorne la está esperando.

El trayecto en el ascensor fue una tortura silenciosa. Mientras los números digitales ascendían rápidamente, el corazón de Emma latía desbocado contra sus costillas, amenazando con sofocarla. Sabía que al abrirse esas puertas estaría entrando por completo en el terreno de un hombre misterioso que parecía disfrutar acorralándola.

Cuando el ascensor emitió un suave pitido en el piso cuarenta y dos, las puertas se deslizaron para revelar un espacio de lujo minimalista, con ventanales de piso a techo que dominaban toda la metrópolis.

Al fondo, tras un imponente escritorio de nogal oscuro, se encontraba Damián Thorne. Tenía las mangas de la camisa blanca arremangadas hasta los antebrazos y sostenía una pluma estilográfica mientras revisaba unos documentos. Al escuchar los pasos de Emma sobre el mármol, levantó la mirada. Sus ojos oscuros, helados e impenetrable, la recorrieron de pies a cabeza con una lentitud delictiva.

—Llegas tres minutos antes —dijo Damián, con su voz grave llenando el silencio impecable—. Me gusta la puntualidad, pequeña De la Rivera.

Emma caminó hacia el escritorio, apretando el bolso contra su costado y manteniendo la barbilla levantada a pesar del temblor interno.

—Estoy lista para empezar mi trabajo, señor Thorne. Indíqueme cuáles serán mis funciones.

Damián dejó la pluma sobre la madera y se puso de pie. Rodeó el mueble con la calma de un depredador hasta quedar a solo un par de pasos de ella, obligándola a inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada.

—Tu primer trabajo no será revisar contratos, Emma —susurró Damián, esbozando una media sonrisa que le heló la sangre—. Tu primer trabajo será aprender a obedecer sin cuestionar nada de lo que ordene.

La respiración de Emma se atoró en su garganta. El aura dominante de Damián le provocaba una sacudida que no lograbas descifrar, pero tenía claro que no podía permitir que nadie más doblegara su voluntad.

—Estoy aquí para aprender, señor Thorne —aclaró con voz firme, aunque la barbilla le temblaba ligeramente—. Pero debe quedarle claro que no haré nada que cruce los límites de la ley o la ética.

Damián sonrió de medio lado mientras su mirada descendía lentamente de los ojos grises de la joven a sus labios, un gesto cargado de una tensión sensual que hizo que a Emma se le erizara la piel. Ella solo se repetía a sí misma que esto duraría un par de meses, un tiempo valioso que debía aprovechar para infiltrarse en los asuntos de su padre y hallar alguna pista sobre el paradero de su madre.

—Tranquila, pequeña. Mis asuntos oscuros los manejo yo solo —comentó Damián con un sarcasmo helado—. Tu trabajo será poner al día la auditoría de tu familia y reportarme directamente a mí... Serás algo así como mi asistente personal.

Durante las horas siguientes, la jornada se convirtió en una prueba de resistencia. Damián le exigió al máximo, imponiéndole un ritmo implacable de revisión de expedientes, llamadas corporativas y análisis financieros. Pero Emma no cedió. Soportó el cansancio y el dolor de cabeza sin emitir una sola queja.

Casi al finalizar el día, cuando el sol comenzaba a ocultarse tras los rascacielos, Damián salió de su oficina privada con expresión molesta.

—Tenemos una cena con unos ejecutivos internacionales. Prepara de inmediato las carpetas del grupo Lara —exigió con frialdad.

Emma levantó la vista del ordenador, sintiendo que el pánico le oprimía el pecho.

—Señor... mi horario de trabajo terminó hace diez minutos —explicó con voz suplicante—. Si no llego a tiempo a mi casa, mi padre...

Damián, ignorando la angustia real en los ojos de la chica, se detuvo en seco. Caminó a pasos agigantados hacia su escritorio, infundiendo un miedo helado en el aire. Desde su puesto, la secretaria de la presidencia observó a Emma con una mirada llena de lástima.

—No me importa cuál sea tu hora de salida —rugió Damián, perdiendo la paciencia y apoyando ambas manos sobre el escritorio de Emma para inclinarse hacia ella—. Te pedí que prepares lo que necesito. En media hora te quiero lista en la entrada del edificio.

Emma se quedó petrificada. La sombra de Damián sobre ella le detonó el recuerdo de la violencia de su padre, haciéndola encogerse instintivamente.

Apretó los puños debajo de la mesa hasta que los nudillos se le pusieron blancos. No tenía escapatoria: necesitaba conservar ese puesto a toda costa para encontrar a su madre.

Con las manos temblando de rabia y humillación, tomó su teléfono móvil para avisar a la mansión. Marcó el número de su padre y esperó.

—¿Qué quieres? —respondió la voz seca y autoritaria de Guillermo al tercer tono.

—El... el señor Thorne me pidió que lo acompañe a una cena de negocios con unos ejecutivos —explicó Emma, tragándose el nudo que le cerraba la garganta—. Llegaré tarde a casa...

—Me parece perfecto —interrumpió Guillermo, sin la menor pizca de preocupación paternal—. Acompáñalo a donde le dé la gana. Y si ese hombre quiere algo más contigo esta noche, solo complácelo... En este momento lo único que me importa es tener a Thorne contento para cerrar el trato.

A Emma se le congeló la sangre. El dolor le atravesó el pecho como una daga afilada. Su propio padre la estaba entregando, tratándola como una mercancía para sus negocios.

—¿De verdad eres mi padre? —susurró Emma con la voz rota, sintiendo cómo las lágrimas quemaban detrás de sus ojos.

—No te me hagas la santa ahora —escupió Guillermo con desprecio antes de colgar—. Todos sabemos la clase de fingida que eres. Que te acuestes con uno más no va a arruinar la reputación que ya tienes.

La llamada se cortó, dejando solo el tono de desconexión retumbando en el oído de Emma.

El silencio en la oficina se volvió ensordecedor. Emma sintió que el alma se le caía en mil pedazos. Una lágrima helada corrió por su mejilla, pero se la limpió de golpe con el dorso de la mano.

Tragó saliva con amargura, se puso de pie con el corazón destrozado y caminó hacia el archivador para buscar los expedientes que Damián le había exigido.

Ya no le quedaba nada que perder. Solo le quedaba aguantar el dolor y sobrevivir.

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Maria Mongelos
Que linda historia, me encanta💕
Maria Mongelos
Por fin se animaron estos dos
Maria Mongelos
Le tocó a Roberto, pensó que se iba a salvar creyendo que Damian estaba distraido
Maria Mongelos
Las víboras se dieron a la fuga, Guillermo quedó solo y destruido
Maria Mongelos
Gracias a la bastarda Guillermo va a sobrevivir, después de todo el daño que hizo lo va a salvar
Maria Mongelos
Samantha no es la hija de Guillermo, toda la vida lo engañaron
Maria Mongelos
Samantha no es la hija de Guillermo, toda la vida lo engañaron
Maria Mongelos
Son unos malditos, tal para cual
Maria Mongelos
Tarde o temprano todos reciben su merecido, creyeron que eran intocables hasta que vovió Damian
Maria Mongelos
Estoy más que seguro que Diego ama a Graciela💕
Maria Mongelos
Se viene lo mejor, la caída de los buitres y va a ser estrepitosa
Maria Mongelos
Y tú bien sabes que no es gay ni impotente 😄
Maria Mongelos
Les llegó la la hora malditos buitres, no saben lo que les espera
Maria Mongelos
Hermoso capitulo 💕🔥
Maria Mongelos
El karma existe Samantha y esta vez te tocó a ti
Maria Mongelos
Lástima que sea hija de ese desgraciado
Maria Mongelos
Me encantó este capítulo 💕
Maria Mongelos
Exelente capitulo autora 💕 gracias
Maria Mongelos
Ahora no tiene con qué amenazarla, Emma va a dejar de ser la sumisa, maltratada, humillada. Empieza el calvario de estos tres
Maria Mongelos
Por suerte salió todo bien, Damian cumplió con la promesa
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