NovelToon NovelToon
La maestra que será nuestra madrastra

La maestra que será nuestra madrastra

Status: Terminada
Genre:CEO / Padre soltero / Reencuentro / Donde hubo fuego cenizas quedan / Completas
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Aurora Medina llega a la capital con una misión: domar al grupo más rebelde del exclusivo Colegio Altamira, un aula de hijos de millonarios que ya hizo renunciar a cinco tutores. Lo que no imagina es que, detrás de esos dos gemelos insoportables que le declaran la guerra, se esconde el hombre que le rompió el corazón doce años atrás… justo antes de llegar al altar.

Alejandro Bustamante lo tiene todo: dinero, poder y una frialdad que congela salas de juntas. Todo, menos a la única mujer que amó. Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, él está dispuesto a usar cualquier arma para reconquistarla. Incluso a sus propios hijos.

Pero entre ellos hay una herida vieja, una verdad enterrada y una mentira que destruyó dos vidas. Y mientras el hielo empieza a derretirse, no todos quieren ver a Aurora convertida en la nueva señora Bustamante…

¿Podrá Aurora perdonar el pasado y aceptar el lugar que el destino le tenía reservado: el de madre de los hijos del hombre al que juró no volver a amar?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Aurora y Dalia caminaban sin prisa por la vereda hacia la zona de la ciclovía dominical, sobre la gran avenida del centro. Como la distancia desde su casa alquilada era bastante corta, decidieron ir a pie y aprovechar de paso para sumar pasos a su ejercicio matutino.

El ambiente de esa mañana era de veras refrescante. Las calles de la capital, por lo general ruidosas y cubiertas de nubes de humo negro, estaban ahora despejadas por completo. El aire se sentía mucho más fresco y limpio. Aurora contemplaba maravillada el panorama a su alrededor: miles de habitantes se volcaban a las calles; unos trotaban tranquilos, otros andaban en bicicleta, y los vendedores ambulantes empezaban a acomodar sus puestos de comida a lo largo de las aceras.

—Vaya… así que esto se siente al disfrutar de la ciclovía. Hasta ahora solo había visto este panorama en la pantalla del celular cuando aún estaba en el pueblo —dijo Aurora, maravillada, mientras extendía los brazos de par en par y aspiraba hondo el aire de la mañana.

Dalia se volvió con el ceño fruncido de extrañeza.

—¿O sea que nunca habías pisado la capital antes de mudarte aquí, Auro?

Aurora negó despacio con la cabeza y esbozó una sonrisa avergonzada.

—Nunca, Dalia. Es la primera vez.

—¡Por Dios, Aurora! ¿De qué planeta vienes tú, a ver? —bromeó Dalia con dramatismo.

—¡Del planeta Plutón, Dalia! —respondió Aurora al tuntún, y se rio por lo bajo.

Dalia soltó una carcajada al oír la respuesta cómica de su vecina. Las dos siguieron caminando entre bromas y risas, sin darse cuenta de que, en sentido contrario, tres bicicletas plegables avanzaban tranquilas hacia ellas.

—Mateo… ¿esa no es la profesora Aurora? —preguntó Martina, aminorando el pedaleo.

Al oír a su hija nombrar a Aurora, el corazón de Alejandro le dio un vuelco tremendo. Detuvo la bicicleta al instante y giró la cabeza en todas direcciones buscando a la persona que más añoraba. Lo mismo hizo Mateo, entrecerrando los ojos con curiosidad.

—¿Dónde, Martina? Yo no veo a la profesora Aurora —dijo Mateo, mirando de un lado a otro.

—¡Ahí, Mateo! ¡Al lado de la mujer del pelo teñido de rubio! —señaló Martina hacia Dalia, que caminaba junto a Aurora.

Antes de que Mateo alcanzara a verla, los ojos agudos de Alejandro ya habían encontrado la grácil figura de aquella mujer que reía a carcajadas. En ese mismo segundo, Alejandro se quedó paralizado sobre la bicicleta. Una leve sonrisa sincera se dibujó en su rostro severo.

Aurora… La de antes y la de ahora siguen siendo igual de hermosas. Es más, ahora te ves mucho más madura y encantadora. Nunca imaginé que al fin lograrías cumplir tu noble sueño de ser educadora. Y lo que menos imaginé… es que el destino te eligiera justo a ti para ser la tutora de mis hijos, pensó Alejandro con emoción, sin dejar de contemplarla desde lejos.

—¡Eh, sí! ¡Es de verdad la profesora Aurora, Martina! —exclamó Mateo, que por fin vio a su maestra.

—¡Vamos a saludarla! —propuso Martina, entusiasmada.

Sin reparar en su padre, que seguía ensimismado detrás, los gemelos empujaron sus bicicletas a toda prisa entre la multitud para acercarse a su tutora.

—¡Profesora… profesora Aurora! —llamó Martina, alegre.

Aurora, que reía a gusto con Dalia, detuvo el paso en seco. Aquella voz tan familiar la hizo girarse por reflejo. En cuanto sus ojos captaron a Mateo y a Martina saludándola con la mano, se llevó un susto de muerte y el cuerpo se le puso rígido.

—Auro, ¿quiénes son esos dos adolescentes, tan guapo él y tan linda ella? —cuchicheó Dalia, dándole un codazo, con los ojos brillándole de admiración ante el porte tan elegante de los gemelos.

—Son… son alumnos míos, Dalia —respondió Aurora, algo nerviosa. Su mente se disparó. Si los gemelos estaban aquí, eso significaba que…

—¿Vinieron ustedes dos solos? —preguntó Aurora con amabilidad, tratando de controlar los latidos, que empezaban a descompasársele.

Antes de que Martina alcanzara a responder, un hombre corpulento, con ropa deportiva cara, apareció despacio por detrás de los gemelos. Le sonrió con dulzura a Aurora y dejó ver sus atractivos hoyuelos, aquella sonrisa legendaria que en su día había hecho que Aurora se enamorara perdidamente.

—No, profesora Aurora. Vinieron conmigo —respondió Alejandro con un tono adrede suave, pero aun así formal. Actuaba como si fueran una maestra y un padre de familia que apenas se conocían, para no herir sentimientos y ocultar el pasado de ambos delante de sus hijos.

Dalia, junto a Aurora, se quedó congelada. Abrió los ojos sin parpadear ante la belleza real de Alejandro, tan gallardo con el sudor fino en las sienes.

—Ay, Auro… ¡Me siento como si soñara que me encuentro con un príncipe apuesto aquí! ¿Quién es? ¡Su galanura no tiene remedio! —cuchicheó Dalia, medio histérica, mientras le daba codazos una y otra vez en el brazo a Aurora.

Al oír aquel cuchicheo coqueto de su vecina, Aurora no pudo más que darse una palmada mental en la frente.

Ay, Dalia… si supieras quién es este hombre en realidad, seguro que no me estarías dando codazos hasta casi romperme el brazo, se lamentó Aurora en su interior, resignada.

—Profesora Aurora, muchas gracias por la lonchera y los brownies de ayer. ¡Estaban riquísimos! —dijo Martina con un tono sincero. La muchacha la miraba con un brillo en los ojos que empezaba a ablandarse. Poco a poco, el rencor de su corazón se derretía al ver lo paciente y sincera que era su tutora con ellos.

—Sí, profesora. Gracias —añadió Mateo con parquedad. Aunque seguía guardando su orgullo, su tono era mucho más cortés que en el colegio.

Martina dio un paso al frente y miró a su maestra con esperanza.

—Profesora, otro día… ¿nos podría enseñar a hacer loncheras y brownies tan ricos como los de ayer?

Aurora sonrió con calidez; se le ablandó un poco el corazón al ver el cambio de actitud de estos niños.

—Claro, Martina. Otro día que tenga un rato libre, te enseño —respondió Aurora con dulzura. Pero, mientras hablaba, no se atrevió en absoluto a desviar la mirada hacia Alejandro, que estaba justo al lado de los gemelos.

Al ver la cercanía de su hija con Aurora, a Alejandro se le encogió el pecho de ternura. La calidez que irradiaba aquel intercambio lo convenció aún más de que sus posibilidades de acercarse a Aurora y de sumarla a su familia eran enormes.

—Muchas gracias, profesora Aurora, por ser tan atenta y buena con mis hijos —intervino Alejandro con una voz llena de autoridad—. Como pago a su bondad, ¿qué le parece si esta mañana los invito a desayunar? A su amiga también, por supuesto —añadió, lanzándole una sonrisa amable a Dalia.

Dalia, al verse mirada así, se ruborizó al instante; la cara se le puso roja.

—Sí, profesora, venga con nosotros. ¿Verdad, Martina? Justo ya empezamos a tener hambre después de tanto pedalear —insistió Mateo, sumándose a la invitación.

En realidad, había una intención oculta tras la dulzura de Mateo. Buscaba a propósito ponerse a salvo delante de su padre. Mateo temía que, si se separaban ahora, Alejandro se pusiera enseguida a tratar e interrogarlo sobre la mentira del caso del pegamento en el colegio. Además, desde que su padre empezó a dedicarle tiempo y a acercarse a él la tarde anterior, la rabia y la rebeldía de Mateo se iban desgastando poco a poco.

Al oír la invitación tan unánime, a Aurora la invadió el nerviosismo.

—Ay, cuánto lo siento… s… señor Bustamante. Pero Dalia y yo todavía no tenemos hambre —rechazó Aurora con suavidad; se le trabó la lengua al tener que llamar a aquel hombre con el trato formal.

—¡Ay, Auro! El buen provecho nunca se rechaza, ¿sabes? Justo las dos no desayunamos en casa, ¡señor Bustamante! —saltó Dalia enseguida, dándole un codazo suave en el brazo y fulminándola con la mirada, como para decirle "no te hagas la difícil".

Aurora no pudo más que soltar un largo respiro y encomendar su suerte al egoísmo de su rubia amiga. Alejandro, mientras tanto, vitoreaba de felicidad por dentro. Su leve sonrisa se ensanchaba cada vez más. Esta vez se juró a sí mismo que no volvería a rendirse ni a echarse atrás en la conquista del amor de Aurora.

Los cinco caminaron por fin uno junto a otro hacia una de las hileras de puestos ambulantes al borde de la ciclovía. Vaya panorama tan contrastante: un magnate CEO, con sus dos hijos de élite, sin el menor reparo en comer en un puesto callejero de estos. Su destino era una carpa de sancocho cuyo aroma abría el apetito. Aurora sabía muy bien que aquel guiso de caldo sustancioso era el plato favorito de Alejandro desde los tiempos en que aún estaban juntos.

—Siéntense, por favor —dijo Alejandro tras pedir cinco porciones.

Se sentaron en las sillas de plástico que rodeaban una larga mesa de madera. Alejandro se colocó a propósito justo al lado de Aurora. Dalia, por su parte, sin desaprovechar la ocasión, se abalanzó a sentarse al otro costado de Alejandro. Así, Alejandro quedó flanqueado por dos mujeres: Aurora a su derecha, que no dejaba de agachar la cabeza, y Dalia a su izquierda, que no paraba de echarle miraditas.

Al otro lado de la mesa, Mateo y Martina se sentaron juntos. Los cuatro ojos de los gemelos miraban a Dalia con dureza y disgusto, pues la consideraban demasiado coqueta y agresiva pegándose a su padre.

Poco después, cinco tazones de sancocho caliente, humeantes y con un vapor sabroso, fueron servidos sobre la mesa. Se hizo un breve silencio mientras se disponían a saborear el plato.

Dalia, que quería mostrar su atención, con aire de sabérselas todas tomó un trozo de limón del platillo.

—Señor Bustamante, para que el sancocho quede más fresco, le exprimo el limón…

—¡Dalia, no le eches ese limón!

La frase de Dalia se cortó en seco por la reprimenda refleja de Aurora, que incluso alcanzó a sujetarle la muñeca antes de que el jugo del limón cayera al tazón de Alejandro.

—Al señor Bustamante no le gusta el sancocho con limón… exprimido —continuó Aurora en voz baja, y el tono se le adelgazó hasta un chillido al final de la frase, cuando cayó en la cuenta de lo que se le había escapado.

Al instante, el ambiente de la mesa se congeló. Dalia, Mateo y Martina se quedaron boquiabiertos, uno tras otro, atónitos. ¿Cómo era posible que una maestra recién llegada, con apenas unos días dando clase, conociera al detalle los gustos personales de un padre de familia famoso por ser tan reservado?

A diferencia de los otros tres, que estaban en shock, Alejandro se quedó paralizado con una amplia sonrisa dibujada. Los ojos le brillaban de dicha mientras contemplaba el rostro de Aurora, ahora sonrojado de la vergüenza. El pecho de Alejandro rebosaba de una calidez extraordinaria.

Así que todavía recuerdas un detalle tan pequeño como este, Auro… Estoy seguro de que, detrás del muro de hielo que has levantado, aún sientes lo mismo por mí. Esta vez juro que haré lo que sea para que vuelvas a ser mía para siempre, se dijo Alejandro con plena convicción, sin apartar la vista del rostro de su primer amor.

Continuará…

1
Graciela Saiz
Dalia no fue a la boda 🤔🤔🤔
Graciela Saiz
ahora a luchar contra la madre metiche y venenosa 🤬
Graciela Saiz
HABLA AURORA ! CONTESTA!
Graciela Saiz
yo creo , que ellos dos deberían tener una buena conversación sobre lo hechos , el más que nada el , 🤷
Leticia Baeza Vazquez
pues con tanto engaño y no ser la sangre pues no yamaba
Leticia Baeza Vazquez
q bueno q sufrió la perra desgraciada q hizo q la tomara x haberlo drogado maldita te lo cobro el karma
Leticia Baeza Vazquez
esa zorra de la nueva secretaria 😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor solo x darle gusto Alos padres así será de estúpida es una mujer estudiada pero parece una ignorante pendeja
Leticia Baeza Vazquez
espero y te des cuenta de la víbora q tienes x madre y esa maldita q bueno q se murió la desgraciada
Leticia Baeza Vazquez
esa mamada q ponen en todas las novelas afuerza aceptar lo q ofrecen si yo digo no es no y quién me obliga nadie osea era una porquería escritora ten más imaginación
Graciela Saiz: no , no somos así , somos peores , estupidas y manipulables ante el amor de un hombre, no hay excepción, mujer empoderada 😅
total 2 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
Haver escritora y deja la estupidez y q ella no puede decir No oque diablos osea la pones como estúpida manipulable x unos putos mocosos asco
Graciela Saiz: Señora Leticia, si tanto le desagrada , tiene la opción de no leerla , y respetar el trabajo de la autora, y si no escriba su propia historia 😏
total 1 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora no mames osea la humilló x una putizorra ofrecida y ahora resulta q x unos escuincles la BAS hacer una maldita manipulable osea asco q se de su lugar y consiga alguien mejor y la valore , si no espera de mi todas las críticas 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
eso de tener amigas zorras y disculpa escritora pero no la cages si dejas q ella y ese perro infiel desgraciado se quede con ella osea
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play