Evolett aprendió demasiado pronto que el mundo podía ser un lugar cruel. Durante dos años, sobrevivió en silencio, escondiendo sus heridas detrás de una mirada tímida y un corazón que ya no confiaba en nadie.
Hasta que apareció Will Cleim.
Él no la mira con lástima. No intenta salvarla. Simplemente decide quedarse.
NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 2
Tres semanas después, Evolett ya no saltaba cada vez que alguien se sentaba a su lado, aunque seguía evitando el metro en horas pico y siempre se aseguraba de tener una salida clara en cualquier lugar al que fuera. Lena se había convertido en una constante en su vida, una presencia ruidosa y alegre que la arrastraba a tomar café entre clases y la obligaba a opinar sobre los bocetos de los demás. Lena no preguntaba, no presionaba, simplemente estaba allí, como un faro en la niebla
Y fue Lena quien la arrastró a aquella exposición de arte moderno en el centro de la ciudad, a pesar de todas las excusas que Evolett había intentado dar.
— Necesitas salir, necesitas ver algo que no sean las paredes de tu apartamento.
había dicho la chica con la energía de un huracán
— Y además, hay un tipo increíblemente guapo que siempre va a estas cosas, es amigo de un amigo, y tengo que verlo de cerca para saber si es tan perfecto como dicen.
Las dos rieron un poco
— estas loca Lena
respondió Evolett, cediendo a su petición
La galería estaba en un antiguo almacén reconvertido en espacio cultural, con paredes de ladrillo visto y una iluminación tenue que creaba un ambiente íntimo. Las obras eran abstractas, manchas de color que Evolett no sabía interpretar, pero agradecía que no hubiera demasiada gente. Mientras Lena se perdía entre las instalaciones, ella se refugió cerca de la entrada, observando a los asistentes con la misma cautela con la que un animal herido observa a los depredadores
Y entonces lo vio
El hombre estaba de espaldas a ella, frente a un lienzo de enormes dimensiones que representaba un mar tormentoso. Vestía un traje oscuro que, incluso a la distancia, Evolett podía decir que era de confección impecable, y su cabello castaño claro caía con un desorden estudiado sobre la nuca. Cuando giró la cabeza para hablar con un conocido, ella pudo ver su perfil, mandíbula marcada, pómulos altos, una nariz recta que parecía esculpida por un escultor renacentista. No era guapo en el sentido convencional, era hermoso, y había en sus ojos un brillo de inteligencia que la desarmó
Por un momento, Evolett olvidó cómo se llamaba a sí misma. Olvidó el miedo, las cicatrices, las noches de insomnio. Todo lo que existía en aquel instante era aquel hombre, y el latido de su propio corazón que se aceleraba sin su permiso.
No podía ser. No debía ser
Bajó la mirada, sintiendo el calor subir por sus mejillas. Era ridículo, absurdo. Llevaba tres semanas en el mundo real y ya estaba teniendo reacciones estúpidas ante un perfecto desconocido. Un hombre elegante, seguro de sí mismo, que probablemente tenía una vida perfecta y una novia modelo y ningún interés en una muchacha rota como ella.
Cuando levantó la vista de nuevo, él ya no estaba frente al lienzo. El pánico la golpeó en el estómago, un miedo visceral de que, en algún momento, él la hubiera visto a ella. ¿Por qué te importa?, se preguntó con furia. No lo conoces. No sabes quién es. Y además, es peligroso sentir esto. Es peligroso sentir algo.
Pero ya era tarde. Algo se había encendido en su interior, una pequeña llama que ella no sabía si debía avivar o apagar antes de que quemara todo lo que quedaba de ella.
Will Cleim había estado en cientos de exposiciones de arte a lo largo de su vida, en docenas de países y con los artistas más renombrados del mundo. Pero aquella noche, en aquella galería de un barrio marginal de París, ocurrió algo que no estaba en sus planes.
La vio desde el momento en que entró, aunque no sabía por qué. Tal vez había sido la forma en que se mantenía apartada, como si quisiera ser invisible, o la manera en que sus ojos grises recorrieron la sala con la cautela de quien espera un ataque. No había nada en ella que llamara la atención según los estándares de su mundo, no vestía ropa de diseñador, no llevaba joyas, no tenía el porte altivo de las mujeres que solían rodearlo. Pero cuando la miró, sintió que el tiempo se detenía, que el ruido de la galería se desvanecía hasta no quedar más que el latido de su propio pulso.
Era joven, demasiado joven quizás, y había en su expresión una tristeza tan profunda que Will sintió el impulso irracional de cruzarla y preguntarle si estaba bien. Pero algo lo detuvo, el miedo en sus ojos cuando él se giró, la forma en que bajó la mirada como si lo que veía la lastimara. No era un rechazo, era algo más complejo, un mecanismo de defensa que él reconocía sin entender del todo.
Will no era un hombre que creyera en el amor a primera vista. Era un CEO, un estratega, un hombre que calculaba cada movimiento antes de hacerlo. Pero en aquel momento, mientras observaba a la joven de cabello castaño y ojos grises, supo con certeza absoluta que su vida estaba a punto de cambiar.
Y no sabía si estaba listo para ese cambio.
— Will, ¿estás escuchando algo de lo que digo?
— preguntó su amigo Marcus a su lado, rompiendo el hechizo.
Will parpadeó y se obligó a desviar la mirada, aunque su corazón seguía latiendo con fuerza.
— No
admitió sin rodeos, lo que hizo reír a su amigo.
— Eso pensé. Has estado mirando hacia la entrada toda la noche. ¿Hay alguien interesante allí?
Will no respondió. No sabía cómo explicar lo que había visto, lo que había sentido. Solo sabía que, por primera vez en mucho tiempo, quería acercarse a una mujer por algo más que negocios o placer.
Pero cuando volvió a mirar hacia la entrada, la chica ya no estaba. Solo quedaba el eco de sus ojos grises y la certeza de que, tarde o temprano, volvería a encontrarla.