Jade desafía el poder de Derek y se niega a ceder ante su arrogancia, mientras una atracción peligrosa amenaza sus límites.
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CAPÍTULO 23
Jade estaba en su oficina de Essence mucho antes de lo habitual.
Había llegado temprano, pero no porque tuviera demasiado trabajo pendiente.
En realidad, llevaba varios minutos sentada frente a su escritorio sin conseguir concentrarse.
Tenía la computadora encendida, varios documentos abiertos y una taza de café que apenas había probado.
Su mente seguía en la noche anterior.
En aquella casa enorme.
En la cena.
En la conversación que había tenido con Derek.
En sus brazos.
Y, sobre todo, en aquel beso que había decidido detener antes de permitir que las cosas fueran demasiado lejos.
Jade cerró los ojos durante unos segundos.
—No debí responder ese beso.
Abrió los ojos inmediatamente.
—Otra vez.
Se llevó una mano al rostro.
—Definitivamente necesito dejar de pensar en ese hombre.
La puerta de la oficina se abrió.
—Buenos días.
Jade levantó la mirada.
Ivette entró con su bolso y una expresión demasiado alegre para aquella hora.
—Buenos días —respondió Jade.
Ivette dejó sus cosas sobre una silla.
—¿Por qué tienes esa cara?
—¿Qué cara?
—La de una mujer que no durmió pensando en alguien.
Jade tomó rápidamente la taza de café.
—Dormí perfectamente.
Ivette se cruzó de brazos.
—Claro.
—¿Qué?
—Nada.
Ivette se acercó lentamente.
—Solo quiero saber cómo estuvo la famosa cena.
Jade evitó su mirada.
—Bien.
—¿Bien?
—Sí.
—¿Solo bien?
—Fue una cena de negocios.
Ivette soltó una carcajada.
—Jade, por favor. Después de todo lo que hablamos ayer, ¿pretendes hacerme creer que fue solamente una cena de negocios?
Jade suspiró.
—Estábamos solos.
Los ojos de Ivette se abrieron inmediatamente.
—¿Solos?
—Sí.
—¿Completamente solos?
—Ivette...
—Necesito saber.
Jade negó con la cabeza, pero terminó sonriendo.
—Sí. No había nadie alrededor.
—¿Y?
—Me abrió la puerta.
—Eso ya lo sé.
—Entré y...
Jade hizo una pausa.
Recordó la forma en que Derek la había mirado al verla llegar.
—Me dijo que estaba hermosa.
Ivette sonrió ampliamente.
—¡Lo sabía!
—No grites.
—¿Y tú qué hiciste?
—Le agradecí.
—¿Solo eso?
—¿Qué querías que hiciera?
—Conociéndote, probablemente insultarlo.
Jade soltó una pequeña risa.
—No esta vez.
Ivette tomó asiento frente a ella.
Jade apoyó los brazos sobre el escritorio.
—La casa es impresionante. Mucho más de lo que imaginaba.
—¿Y él?
Jade la miró.
—¿Qué pasa con él?
—¿Cómo estaba?
—Ivette...
—Jade.
—Estaba bien.
—Eso no responde nada.
Jade suspiró.
—Se veía muy bien.
Ivette sonrió satisfecha.
—Eso sí responde.
Jade negó con la cabeza.
—Entramos al comedor. La mesa estaba preparada para dos.
—Romántico.
—Profesional.
—Claro.
—Y él me sirvió la cena.
Ivette levantó las cejas.
—¿Derek Moncada sirviéndote la cena?
—Sí.
—Eso sí no me lo esperaba.
—A mí también me sorprendió.
Jade sonrió al recordar la conversación.
—Le dije que me sorprendía que supiera servir.
—¿Y qué dijo?
—Que también cocinaba.
Ivette soltó una carcajada.
—No me digas.
—Después admitió que la cocinera había preparado todo.
—Ese es más parecido al señor Moncada que conocemos.
Jade también se rio.
—La comida estaba deliciosa.
—¿Y de qué hablaron?
—Al principio, de la campaña.
La expresión de Jade recuperó cierta seriedad.
—Después pasamos a la sala.
Ivette la miró atentamente.
—Ahí empieza lo interesante.
Jade guardó silencio.
—No me mires así.
—¿Qué pasó en la sala?
Jade respiró profundamente.
—Le mostré las fotografías de la campaña.
—¿Y la aprobó?
—Sí.
—Entonces perfecto.
—Después quise irme.
—¿Y no te dejó?
—Me pidió que me quedara.
Ivette sonrió.
—¿Por qué?
—Dijo que deberíamos conocernos mejor.
—¿Y?
—Hablamos de nuestras familias.
Ivette dejó de sonreír.
—¿Y?
—Me contó que es hijo único. Que sus padres son excelentes y que siempre han estado para él.
Jade hizo una pequeña pausa.
—Me dio un poco de tristeza escucharlo.
—¿Por qué?
—Porque yo nunca tuve eso.
Su voz se volvió más suave.
—Nunca conocí a mis padres, Ivette. No sé cómo se siente tener una madre o un padre al que puedas llamar cuando tienes un problema.
Ivette extendió una mano sobre la mesa.
—Lo sé.
Jade asintió.
—Intenté no ponerme sentimental, pero no pude.
—¿Y Derek?
—Me abrazó.
Ivette se quedó callada unos segundos.
—¿Él te abrazó?
—Sí.
—¿Sin intentar nada?
—No.
Jade negó con la cabeza.
—Simplemente me abrazó.
Recordarlo volvió a provocarle una sensación extraña.
—Y eso fue lo que más me confundió.
—¿Por qué?
—Porque por un momento sentí que quería consolarme.
El silencio permaneció entre ambas durante unos segundos.
—Después me hizo sonreír —continuó Jade—. Y luego nos besamos.
Ivette abrió la boca.
—¡Otra vez!
—Sí.
—¿Y?
Jade desvió la mirada.
—Fue intenso.
—Eso tampoco me sorprende.
—Pero fui yo quien lo detuvo.
—¿Por qué?
—Porque sé que si sigo acercándome a él, voy a terminar haciendo algo que después podría lamentar.
Ivette asintió lentamente.
—Tienes miedo de enamorarte.
Jade permaneció en silencio.
Aquella era precisamente la parte que más le preocupaba.
—Me gusta demasiado —admitió finalmente—. Y eso es un problema.
Ivette sonrió con ternura.
—Entonces deja de luchar contra lo que sientes y observa qué hace él.
Jade no respondió.
Tomó la carpeta que estaba sobre su escritorio y la abrió.
—Hablando de cosas importantes...
Ivette soltó una risa.
—Sabía que ibas a cambiar de tema.
—Tenemos trabajo.
Sacó varias impresiones.
—La campaña comienza a publicarse hoy.
Ivette se acercó.
Jade le mostró la portátil.
—Las publicaré.
—¿Y después?
—Videos cortos de los pescadores, contenido sobre el proceso de captura y material mostrando la conservación del producto.
Ivette observó las piezas.
—Esto quedó mucho mejor de lo que imaginábamos.
—Porque decidimos mostrar algo que la mayoría de las personas nunca ve.
Jade señaló una de las imágenes.
Ivette sonrió.
—Eso fue precisamente lo que Derek Moncada quería.
Jade levantó la mirada.
—Sí.
—¿Crees que funcione?
—Estoy segura.
Ivette tomó su teléfono.
—Entonces prepárate.
—¿Para qué?
—Para ver qué piensa la gente.
......................
Minutos después, comenzaron a aparecer las primeras publicaciones.
Los comentarios llegaron rápidamente.
Personas sorprendidas por las imágenes.
Usuarios preguntando por el proceso.
Otros destacando el trabajo de los pescadores.
La campaña comenzaba a moverse por las redes sociales.
Jade observó la pantalla con una sonrisa.
Había valido la pena.
Todo el trabajo y las discusiones con Derek.
Incluso aquella cena.
—Lo conseguimos —dijo Ivette.
Jade asintió.
—Sí.
Pero justo cuando volvió a mirar el teléfono, apareció una notificación.
Un mensaje de Derek.
La campaña está empezando a dar de qué hablar.
Jade sonrió.
Ivette inmediatamente intentó mirar la pantalla.
—¿Es él?
Jade bloqueó el teléfono.
—No te importa.
—Es él.
—Tenemos trabajo.
Ivette soltó una carcajada.
—Estás perdida.
Jade negó con la cabeza, aunque no pudo evitar sonreír.
Tal vez Ivette tenía razón.
oria parece muy interesante espero con ansia los próximos capitulos