Scarlett Harrington lleva tres años casada con Ethan Collins. Durante todo ese tiempo creyó tener el matrimonio perfecto, construyendo un hogar junto al hombre que amaba y en quien confiaba plenamente.
Sin embargo, todo cambia el día que regresa antes de lo previsto de un viaje de negocios para sorprender a su esposo. La sorpresa termina siendo para ella cuando encuentra a Ethan en la cama con su propia mejor amiga. En un solo instante, el amor, la confianza y los sueños que había construido se hacen pedazos.
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Capitulo 9
El coche avanzaba entre colinas cubiertas de viñedos y olivares, bajo un sol dorado que bañaba todo con una luz suave y cálida. Scarlett bajó la ventanilla, y el aire fresco de la Toscana le acarició el rostro, trayendo consigo aromas a tierra mojada, flores silvestres y hierba recién cortada. Se quedó mirando el paisaje, con el corazón aún pesado, pero sintiendo que por primera vez en semanas podía respirar sin que el nudo en la garganta se lo impidiera.
—¿Te gusta? —preguntó Sofía, sentada a su lado, observándola con ternura—. Siempre dije que este lugar tenía algo mágico… como si supiera curar las heridas.
—Es más hermoso de lo que imaginaba —reconoció Scarlett con voz suave—. Parece otro mundo. Tan tranquilo… tan lejos de todo el ruido y las mentiras. Pero… —se detuvo un instante, apretando los dedos contra el cristal— tengo miedo de que el dolor venga conmigo, de que no importe a dónde vaya, porque lo llevo aquí dentro.
Sofía le tomó la mano y la apretó con fuerza.
—El dolor se irá suavizando, te lo prometo. Aquí nadie te conoce como la esposa traicionada, nadie te mira con lástima ni te hace preguntas incómodas. Aquí solo eres Scarlett: una mujer que empieza de nuevo, que tiene todo el tiempo del mundo para sanar a su ritmo.
Llegaron a una casa de piedra clara, con tejas rojas y un jardín lleno de rosas y jazmines que se abría frente a ellas. Al bajar del coche, el silencio solo se rompía por el canto de los pájaros y el viento entre las hojas. Scarlett miró alrededor, y sintió una paz extraña, que no quitaba el dolor pero lo hacía más llevadero.
—Es preciosa, Sofía. No sabía que tu familia tenía un lugar tan maravilloso.
—Es nuestro refugio ahora —dijo ella abrazándola por los hombros—. Podremos caminar al atardecer, cocinar juntas, leer bajo el porche… todo lo que necesites. Y mi madre estará encantada de tenerte, te va a adorar.
Scarlett suspiró, mirando hacia el horizonte donde las colinas se fundían con el cielo azul.
—¿Y si no soy capaz de volver a ser feliz? ¿Y si esa parte de mí murió con lo que tuve?
—Esa parte solo está dormida —le aseguró Sofía mirándola a los ojos—. Y este lugar va a ayudarla a despertar. No te apresures, no te exijas nada. Solo déjate llevar. Verás que poco a poco, sin darte cuenta, volverás a sonreír. Y quizás… —añadió con una media sonrisa cómplice— la vida te tenga preparada alguna sorpresa que ni siquiera te atreves a imaginar.
Scarlett asintió, sin saber que esas palabras iban a cumplirse mucho antes de lo que creía. Por ahora, solo se dejó llevar por la calma de aquel lugar, sintiendo que tal vez, solo tal vez, había encontrado el sitio donde empezar a recoger los pedazos de sí misma.
Mientras entraban en la casa, Scarlett pasó la mano por las paredes de piedra cálida, sintiendo que cada rincón respiraba calma y tranquilidad, muy lejos del caos y la mentira que había dejado atrás. Se detuvo frente a un gran ventanal que daba al jardín, y por un momento, su mente se llenó de recuerdos que intentaba apartar.
—¿Aún lo extrañas? —preguntó Sofía con suavidad, acercándose despacio a su lado.
Scarlett tardó unos segundos en responder, mirando fijamente las flores que se mecían con el viento.
—No sé si lo extraño a él… o extraño la ilusión que tenía de lo que creíamos que éramos. Extraño la confianza que sentía al despertar cada mañana, sabiendo que tenía a alguien a mi lado que nunca me fallaría. Y ahora… —hizo una pausa con la voz quebrada— ahora ya no sé en qué creer.
Sofía la rodeó con el brazo, apoyando la cabeza sobre la suya.
—La confianza se vuelve a construir, poco a poco. Pero primero tienes que aprender a confiar en ti misma, en tu fuerza, en que eres capaz de salir adelante sin necesidad de nadie que te lastime.
—¿Y si me cierro para siempre? —susurró ella con miedo—. ¿Si nadie más logra llegar a mi corazón porque lo he llenado de muros para que no me vuelvan a herir?
—Entonces yo seré la primera en esperar fuera de esos muros —respondió Sofía con firmeza y ternura—. Y si alguien más quiere entrar, tendrá que aprender a derribarlos con paciencia, respeto y lealtad, no con mentiras ni engaños. Nadie tiene prisa, Scarlett. Aquí nadie te va a exigir nada que no estés lista para dar.
Scarlett soltó un suspiro largo y profundo, sintiendo cómo una pequeña parte del peso que llevaba en el pecho se aligeraba.
—No sé qué haría sin ti. De verdad.
—Nunca tendrás que averiguarlo —le prometió su amiga apretándola contra sí—. Estamos juntas en esto. Y este lugar, la Toscana, nos va a ayudar. Ya lo verás.
Scarlett miró de nuevo hacia el jardín, y por primera vez, no vio solo silencio, sino la posibilidad de empezar de nuevo, paso a paso, sin prisas, sin expectativas falsas.