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Cláusulas Del Corazón

Cláusulas Del Corazón

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Venderse para pagar una deuda / Autosuperación
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: @maryurisve

Renata necesitaba dinero para proteger a su hermana menor, Julián necesitaba redimir a su familia, honrar la memoria del único hombre que creyó en él y salvar a la mujer de la que siempre estuvo enamorado en silencio.
La solución parecía sencilla, firmar un contrato, donde la única condición era no involucrar los sentimientos. Sin embargo, en un juego donde las deudas se saldan con caricias y el pasado esconde un fraude imperdonable, la única forma de sobrevivir al deseo será rompiendo sus propias reglas.

NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14:Máscaras y Veneno

Serena se vistió esa mañana con sumo cuidado, a pesar de que en su interior la rabia la carcomía su rostro permanecía muy sereno, y el motivo era porque Renata había encontrado una milagrosa solución a la quiebra de la firma Lozano, y si bien su prima ya no estaba en el mismo estatus financiero que la familia Benítez, tampoco había quedado reducida a la ruina que ella había planeado.

—Aun no entiendo qué le ofreció Renata a la Corporación “A” para que absorbiera la deuda antes de la subasta —comentó para sí misma mientras ajustaba su bolso de mano—Pero voy a averiguar hasta el último detalle.

Estando frente al edificio de la firma de su tío se dio cuenta de que las sospechas de Rodrigo no eran infundadas, puesto que en la entrada principal estaban llegando los representantes de la Corporación “A”.

—Si logré manipular a un empresario experimentado como mi tío, embaucar a esta estúpida no me tomará ningún esfuerzo —dijo con confianza mientras caminaba hacia la recepción.

Lo que Serena ignoraba en ese momento es que ese acuerdo firmado estaba blindado por completo, debido a que Julián y Francesco temiendo la inexperiencia de Renata en materia financiera se encargaron de ello, por eso ya no había vuelta atrás, y era precisamente ese callejón sin salida lo que tenía a Rodrigo al borde de la locura.

Entre tanto el ambiente en las oficinas de la firma Lozano era de mucha cautela, Renata llegó temprano y convocó al personal en la sala de juntas con los empleados para esperar al equipo operativo enviado por la Corporación “A”, encargado de coordinar la transición para la adquisición de la firma.

A pesar de que al principio la incertidumbre tenía a todos los empleados en tensión, la reputación y el prestigio del equipo operativo del fondo de inversión de la Corporación “A”, de inmediato trajo una ola de alivio; al comprender que sus puestos de trabajo ya no corrían riesgo.

Sin embargo, la calma fue difícil poco, porque media hora después la puerta de la recepción se abrió para dejar ver a Serena, la cual entró finciendo una sonrisa de profunda empatía.

La mujer traía consigo la clara intención de espiar, y medir el impacto de la participación del fondo de inversión y buscar alguna grieta por donde filtrar su veneno, sin embargo, Renata, que jamás la había visto con buenos ojos, no estuvo dispuesta a permitirle que hiciera una escena en un momento tan crítico.

—Renata, querida... —empezó Serena con tono muy dulce, acercándose a la mesa de reuniones—Me enteré de la transición y vine de inmediato. Al fin y al cabo, somos familia y sabes que soy asesora financiera.

Renata alzó la vista de los estados financieros que examinaba en ese momento y le sostuvo una mirada con mucha frialdad.

—Tu presencia aquí es completamente innecesaria, Serena —le dijo sin rodeos, y con voz firme.

Serena parpadeó, desconcertada por el rechazo directo, y abandonó de golpe su falsa sonrisa para poner cara de indignación.

—¡No te equivoques! —exclamó con altivez— ¡Llevo la sangre de los Lozano y tengo derecho a exigir cuentas sobre el patrimonio de la familia!

Su argumento, sin embargo, era infundado; porque al ser únicamente la hija de una prima de Eduardo Lozano no compartían apellido, aunque el padre de Renata siempre promovió un trato cordial, la brecha entre ambas era insalvable debido a la constante fijación de Serena por arrebatarle a Renata todo lo que le pertenecía.

—Tu apellido es Vargas —la corrigió Renata con serenidad cortante—Y si de verdad te importa el patrimonio Lozano, dime: ¿Dónde estabas cuando esta empresa tocó fondo y estuvo a punto de quebrar? Porque no vi que movieras un solo dedo para ayudarnos a Emma o a mí.

La réplica dejó a Serena sin hablar por un instante, con el rostro rojo de rabia al verse expuesta frente al personal, sintiéndose humillada, se dio la vuelta sobre sus tacones y abandonó las instalaciones, lanzando maldiciones.

Poco antes del mediodía, Renata recibió en su teléfono la ubicación del lugar discreto que Julián le había prometido, recogió sus cosas y se despidió del equipo con la excusa de ir a un almuerzo de negocios. Aunque un par de empleados de la vieja guardia murmuraron críticas por su salida apresurada, la mayoría comprendió que ella cumplió con su rol directivo mientras el personal técnico de la Corporación “A” se encargaba realmente de la reestructuración.

Renata caminó hacia su auto con el pulso acelerado, dejó atrás el caos de la oficina para acudir a una cita donde, por primera vez, no iba a defenderse de nadie, sino para dar la cara y pedirle una disculpa sincera.

Al llegar al estacionamiento subterráneo, la penumbra y el eco de los motores creaban un ambiente denso, Renata caminó a paso firme hacia su vehículo, pero se detuvo en seco al notar que Serena la esperaba con los brazos cruzados, recostada con insolencia contra la puerta de su auto.

—Vaya, vaya... Miren a la gran ejecutiva —escupió Serena, esbozando una sonrisa burlona mientras se erguía—¿A dónde vas con tanta prisa, Renata? ¿A celebrar con tu sugar daddy? Todo el mundo en la ciudad se pregunta cómo una empresa en ruinas obtuvo el respaldo de un gigante de la noche a la mañana.

Renata la miró con absoluta indiferencia, manteniendo la compostura mientras sacaba las llaves de su bolso.

—No tengo tiempo para tus idioteces, Serena. Apártate de mí auto.

—¡No te hagas la santa! —interrumpió ella, dando un paso al frente con la mirada llena de veneno—Todos sabemos perfectamente cómo persuadiste a Francesco. Te vendiste al mejor postor con tal de no perder tu estilito de vida. Eres una zorra y una completa descarada.

Renata apretó el agarre de sus llaves, porque sabía de sobra que Francesco era un hombre intachable, un profesional de honor cuyo nombre no merecía ser arrastrado por los comentarios insidiosos de Serena. Aquella difamación no solo buscaba destruirla a ella, sino también manchar la reputación de un hombre de familia muy respetado en la comunidad.

Sin perder un segundo en discusiones estériles ni bajarse al nivel de sus provocaciones, Renata dio un paso al frente y, con un movimiento fluido y certero, le propinó una bofetada seca que resonó por todo el estacionamiento.

—¡Ya basta de estupideces, Serena!

El impacto hizo que la cabeza de Serena se girara a un lado hacia un lado, y el silencio que cayó entre ambas fue muy denso.

Serena se llevó la mano a la mejilla, con los ojos desorbitados por la conmoción y el rostro ardiendo de rabia e incredulidad.

—No vuelvas a hablar de lo que no sabes —le advirtió a Renata en un susurro, acercándose lo suficiente para que sintiera el peligro real en su voz—Lo que haces es difamación. Y te lo juro por la memoria de mi padre: si me entero de un solo rumor saliendo de tu boca sobre Francesco o sobre mí, te voy a demandar hasta dejarte en la ruina.

Serena, con la boca entreabierta y la mejilla enrojecida retrocedió un paso, completamente acobardada ante la contundencia de su prima.

Entonces Renata abrió la puerta de su vehículo, subió sin volver a mirarla, subió el motor y salió del estacionamiento a paso firme, dejándola sola en la penumbra, tragándose su propia humillación.

Serena se quedó clavada en el mismo sitio, sobándose la mejilla ardiente mientras la silueta del vehículo de Renata desaparecía por la rampa de salida, la rabia le quemaba la garganta y los ojos se le llenaron de lágrimas de pura impotencia y humillación. Se acomodó el cabello desordenado tras el impacto, apretó los puños con fuerza y observó con desprecio el espacio vacío que había dejado el auto.

—Sé que le vendiste tu alma a alguien... —murmuró entre dientes, escupiendo cada palabra con veneno—Ninguna corporación rescata a otra por caridad. Voy a descubrir con quién te acostaste, mosca muerta. Te juro que lo voy a averiguar.

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👏👏👏👏🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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Cuando se entere, con quién fue que se acostó, y no precisamente para salvar la empresa.🤭🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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Que bien, iniciamos otra aventura, que seguramente será maravillosa. Gracias. 👏👏👏🤗🤗🤗🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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