Una abogada brillante, a punto de casarse, descubre la traición de su prometido y su mejor amiga… y decide convertir su propia boda en el escenario perfecto para revelar la verdad.
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Capitulo 14
La mañana se abrió con una luz suave sobre la casa,
Valeria ya estaba despierta cuando Santiago llegó a la cocina,
ella observaba la mesa, perfectamente ordenada,
como si cada detalle estuviera bajo control,
Santiago se acercó sin prisa,
—Buenos días amada mía, —murmuró,
y rodeó su cintura con un gesto cercano, casi íntimo,
Valeria apoyó su mano sobre la de él,
sin apartarse,
—Buenos días esposo querido,
Narrador omnisciente, había una calma que no era del todo real,
Santiago dejó un beso suave en sus labios,
—Dormiste bien esposa quería?
—Sí amado.
sus miradas se sostuvieron un instante,
más de lo habitual,
como si ambos supieran que algo estaba en movimiento,
pero ninguno lo dijera en voz alta,
Más tarde, cada uno tomó su camino.
Santiago llegó a su oficina con paso firme,
y encontró a Isabella esperándolo,
—No respondió mi mensaje anoche, —dijo ella con una tristeza suave, casi provocativa,
él dejó su saco sobre la silla,
—Estaba ocupado.
Isabella se acercó,
dejando la agenda sobre el escritorio,
—Le traje su agenda del día… completita,
y no se retiró,
su cercanía fue intencional,
una línea delgada entre lo profesional y lo personal,
—Pensé en usted anoche, mientras me daba un baño, —añadió en voz baja,
Santiago la observó,carraspeo,
sin apartarse,
—Entonces tendrás que aprender a esperar,
—No siempre, —respondió ella, con una leve sonrisa seductora.
Al mediodía, Camila llegó,
buscando recuperar algo que sentía perder,
entró a la oficina sin anunciarse,
y se detuvo en seco,
Santiago estaba de pie, junto a su escritorio, con el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante,
Isabella estaba sentada en el borde del escritorio, su falda subida casi hasta la cadera, dejando al descubierto la parte superior de sus muslos,
Los labios de Santiago se fundían con los de Isabella en un beso apasionado mientras una de sus manos se deslizaba por el contorno de su cintura hasta posarse en su cadera,
La otra mano de Isabella descansaba audazmente sobre la entrepierna de Santiago, acariciando la erección evidente a través de la tela de sus pantalones,
—Santiago…
su voz rompió el momento,
él se enderezó bruscamente, separándose de Isabella,
—No esperaba verte,
—Quería invitarte a almorzar… —dijo ella, más baja,
—Pero veo que estás ocupado,
Isabella intervino con suavidad, bajando lentamente de la escritorio mientras se arreglaba la falda con un movimiento deliberadamente sensual,
—Siempre hay tiempo para saber a quién se le da prioridad,
Camila la miró,
directo,
—¿Y tú quién eres exactamente?,
—Su asistente,
respondió ella con calma,
Santiago intervino,
—Isabella es mi asistente,
aunque su tono no fue del todo firme,
El aire se volvió más denso,
Isabella cambió su expresión,
adoptando una actitud más contenida,
como si intentara parecer vulnerable,
dio un paso atrás,
—Perdón… señora Valeria,
—No es lo que está pensando…
Camila la observó confundida,
—Yo no soy Valeria,
Isabella la miró entonces con una calma distinta.
—Entonces… usted no es su esposa,
y no tiene derecho a reclamar nada,
El silencio se cortó como vidrio,
Camila retrocedió ligeramente,
herida,
pero más confundida que antes,
Santiago intervino:
—Isabella, basta,
pero su firmeza no fue absoluta,
Camila lo miró,
buscando algo,
cualquier cosa,
pero no encontró la seguridad que esperaba,
solo distancia,
—Santiago… —murmuró,
y en ese instante,
entendió que algo había cambiado,
Horas después, Isabella tomó su teléfono,
y escribió dos mensajes,
uno para Valeria,
otro para Daniel,
relatando lo ocurrido con precisión,
Narrador omnisciente, las piezas comenzaban a moverse con intención,
Valeria leyó el mensaje en silencio,
sus labios apenas se curvaron en una leve sonrisa.
no de burla,
sino de entendimiento,
—Interesante… —murmuró,
guardó el teléfono,
y su mirada se endureció con calma,
—Camila empieza a perder el control,
y eso,
solo era el comienzo,
Narrador omnisciente, porque en este juego,
nadie estaba realmente a salvo,
y cada movimiento…
tenía consecuencias.