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La Puerta Del Quebranto

La Puerta Del Quebranto

Status: En proceso
Genre:Demonios / Terror / Casos sin resolver
Popularitas:142
Nilai: 5
nombre de autor: Gil Carcamo

Sinopsis

Hay dolores que sanan con el tiempo.

Y hay otros que abren puertas.

En el Japón actual, una serie de desapariciones y muertes inexplicables tiene un inquietante punto en común: todas las víctimas atravesaban un profundo sufrimiento antes de que el horror comenzara.

Cuando una joven, devastada por una ruptura amorosa, empieza a experimentar sucesos imposibles, el investigador Gabriel Salazar descubre que una antigua entidad demoníaca intenta apoderarse de su cuerpo. Pero salvarla no será suficiente. Detrás de esa posesión se oculta un plan mucho más oscuro, capaz de cambiar para siempre el mundo de los vivos.

Porque los demonios no derriban puertas...

Esperan a que alguien las abra.

NovelToon tiene autorización de Gil Carcamo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 6

La habitación prohibida

La risa se apagó tan de repente como había comenzado.

El bosque volvió a quedar inmóvil.

Ni una hoja se movía.

Ni un insecto rompía el silencio.

Gabriel permanecía frente a la puerta cerrada del santuario con la mirada fija en la oscuridad.

No era la primera vez que una entidad intentaba intimidarlo.

Pero sí era la primera que se atrevía a llamarlo por el título de Guardián.

Eso significaba que no estaba improvisando.

Sabía quién era.

Y desde cuándo lo observaba.

—Tenemos que salir de aquí —dijo finalmente.

Empujó la puerta.

No se movió.

Volvió a intentarlo con más fuerza.

Nada.

Era como si la madera hubiera quedado soldada al marco.

Valeria también intentó abrirla.

Inútil.

—Está cerrada desde afuera...

Gabriel negó con la cabeza.

—No.

Nos encerraron desde adentro.

Ella lo miró sin comprender.

—¿Qué quieres decir?

Antes de responder, Gabriel levantó la linterna y apuntó hacia el piso.

Las marcas de barro que habían dejado sus zapatos al entrar habían desaparecido.

Como si jamás hubieran cruzado aquella puerta.

Valeria sintió un escalofrío.

—Eso no es posible...

—En este lugar, ya no importa lo que sea posible.

Importa lo que esa cosa quiere que veamos.

Una corriente de aire helado recorrió el templo.

Las llamas de dos velas se encendieron nuevamente.

Pero esta vez no iluminaron el altar.

Iluminaron un estrecho pasillo lateral.

Gabriel permaneció inmóvil.

No recordaba haber visto aquel corredor antes.

Había visitado el santuario decenas de veces.

Ese pasillo no existía.

—¿Lo ves...? —preguntó Valeria.

—Sí.

Y eso me preocupa.

Avanzaron con cautela.

Cada paso hacía crujir la vieja madera bajo sus pies.

El corredor terminaba frente a una puerta negra.

Sin adornos.

Sin cerradura.

Solo un antiguo kanji tallado en el centro.

Gabriel pasó lentamente la mano sobre la superficie.

El símbolo significaba una sola palabra.

Olvido.

Sintió un peso en el pecho.

Retrocedió un paso.

—No deberíamos abrirla.

Valeria lo observó.

—¿Y si ahí están las respuestas?

Gabriel sonrió con amargura.

—Las respuestas más peligrosas siempre están detrás de una puerta que alguien decidió cerrar.

Antes de que pudiera detenerla, Valeria apoyó la mano sobre la madera.

La puerta se abrió sola.

El aire cambió.

Era un frío diferente.

Un frío que no pertenecía al invierno.

Frente a ellos apareció una habitación pequeña, completamente vacía.

O eso parecía.

Gabriel alumbró con la linterna.

Entonces lo vio.

Miles de nombres.

Escritos en las cuatro paredes.

Uno debajo del otro.

Con distintas caligrafías.

Distintas épocas.

Distintos idiomas.

Todos tachados con una gruesa línea negra.

Valeria avanzó lentamente.

—¿Qué es este lugar?

Gabriel apenas pudo responder.

—Nunca había oído hablar de él...

La luz de la linterna recorrió una de las esquinas.

Allí había una pared que aún conservaba nombres sin tachar.

Cinco.

Solo cinco.

Gabriel sintió que el estómago se le cerraba.

Leyó el primero.

No lo conocía.

El segundo tampoco.

El tercero...

Era el suyo.

Gabriel Salazar.

Debajo aparecía otro.

Valeria Aoki.

Y dos espacios más permanecían en blanco.

Como si esperaran ser escritos.

Valeria retrocedió horrorizada.

—¿Quién hizo esto?

Nadie respondió.

Porque, en ese instante, comenzó a escucharse un leve sonido detrás de ellos.

Un lápiz.

Escribiendo lentamente sobre la pared.

Ras...

Ras...

Ras...

Gabriel giró de inmediato.

No había nadie.

Pero el sonido continuaba.

Los dos observaron cómo, delante de sus ojos, una grieta se abría en la pared desnuda.

De ella brotó una mano delgada, completamente negra, sosteniendo un antiguo pincel.

Con movimientos lentos y precisos, escribió un nuevo nombre bajo el de Valeria.

Después, la mano desapareció dentro de la grieta.

El silencio volvió a adueñarse de la habitación.

Gabriel acercó la linterna.

Leyó el nombre.

Y por primera vez desde que comenzó el caso, sintió verdadero miedo.

Porque aquel nombre no pertenecía a una persona viva.

Era el nombre del Guardián que había muerto veinte años atrás...

El hombre que le entregó la llave del santuario.

Y debajo del nombre, con una tinta mucho más oscura que el resto, apareció una frase que ninguno de los dos había visto escribirse.

"Ningún Guardián muere cuando cree hacerlo."

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