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Obsessed

Obsessed

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio
Popularitas:404
Nilai: 5
nombre de autor: Akari_Art

Quien diría que una beca en Alemania solo para estudiar tomaría un rumbo distinto al imaginado..

NovelToon tiene autorización de Akari_Art para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EP 13: - Perspectiva de Tyler {Ep 8}

Nunca había entendido a mi hermano.

Isaac siempre había sido diferente. Desde niños. Mientras yo necesitaba ruido, gente, fiestas y cualquier excusa para salir de casa, él podía pasar horas encerrado leyendo documentos que ni siquiera entendía o acompañando a nuestro padre a reuniones donde todos hablaban de dinero. Nunca había necesitado llamar la atención. De hecho, parecía hacer todo lo posible por evitarla. Era extraño porque, incluso sin intentarlo, siempre terminaba siendo la persona que más destacaba en una habitación.

Yo era diferente. Me gustaba la universidad, salir con amigos, conocer gente y hacer cosas que realmente parecieran propias de alguien de nuestra edad. Derecho me gustaba, aunque tampoco estaba seguro de querer dedicarme a eso para siempre. Estaba en el último año y todos esperaban que después de graduarme empezara a trabajar con la familia. Era el camino lógico. El que mi padre había elegido mucho antes de preguntarme qué quería hacer.

Esa noche había salido de la universidad con tres amigos. No teníamos ningún plan demasiado complicado. Comprar bebidas, ir al departamento de uno de ellos y decidir después qué hacer. Una fiesta improvisada. Nada fuera de lo normal. Éramos jóvenes y teníamos pocas responsabilidades cuando no estábamos estudiando.

Entramos a la tienda poco antes de las once. El lugar estaba casi vacío, salvo por una chica que estaba recorriendo los pasillos con una mochila enorme. No le presté demasiada atención al principio. Estaba hablando con mis amigos sobre qué bebidas comprar cuando la vi intentando alcanzar algo en uno de los estantes.

Era una botella de Sprite.

Se estiró una vez. Después otra. Se puso de puntas. No llegó.

Me acerqué porque estaba justo detrás de ella.

—¿Quieres que te ayude?

Se dio vuelta rápidamente.

La primera cosa que pensé fue que parecía agotada. No cansada de haber salido de una fiesta o de estudiar para un examen. Agotada de verdad. Tenía el cabello recogido, algunas gotas de lluvia sobre el abrigo y una mochila que parecía pesar más que ella. Sus zapatillas estaban mojadas. El bolsillo del abrigo tenía un pequeño agujero.

Tomé la botella sin esfuerzo y se la tendí.

—Toma.

—Gracias.

Entonces me dijo su nombre.

Maeve.

No significó nada para mí en ese momento.

La miré unos segundos. No porque estuviera intentando averiguar nada importante. Simplemente me llamó la atención. Tenía una expresión seria, como si estuviera pensando en diez cosas diferentes al mismo tiempo.

—Soy Tyler —dije.

No esperaba que conociera mi nombre, pero estaba acostumbrado a presentarme así. En la universidad muchas personas ya habían oído hablar de mi familia. No porque yo fuera especialmente importante, sino porque el apellido Bennett aparecía en demasiados lugares.

Ella no reaccionó.

Eso me causó gracia.

—Maeve —repetí.

Ella asintió.

Le pregunté si estudiaba en la universidad. Me dijo que sí. Literatura. Entonces entendí por qué llevaba tantos libros. Le conté que estudiaba Derecho y que estaba en el último año. No era necesario decirlo con orgullo, pero probablemente mi tono sonó así de todas maneras.

No podía evitarlo.

La mayoría de las personas reaccionaba de alguna forma cuando decía que estudiaba Derecho. Ella simplemente me escuchó.

Antes de que pudiera continuar, Clara apareció a mi lado.

—Tyler, vamos.

La conocía desde hacía varios meses. No éramos exactamente novios, aunque ella parecía pensar que algún día íbamos a terminar siéndolo. Era una chica divertida, bastante intensa y muy consciente de cómo se veía frente a los demás. Cuando se acercó y vio a Maeve, su expresión cambió ligeramente.

Lo noté.

Clara miró el abrigo de Maeve. Después sus zapatillas. Después la botella que llevaba en la mano.

No dijo nada, pero no hacía falta.

—Tenemos que comprar el hielo —repitió.

—Sí, ya voy.

Antes de alejarme miré nuevamente a Maeve.

—Nos vemos luego, Maeve.

Le guiñé un ojo.

No sabía si volvería a verla.

Cuando regresé con mis amigos, Clara caminó junto a mí en silencio durante unos segundos.

—¿Quién era?

—Una chica de la universidad.

—¿De qué carrera?

—Literatura.

—¿Y por qué hablaste con ella?

La miré.

—Porque necesitaba una botella.

Clara soltó una pequeña risa, pero no parecía convencida.

No le di importancia.

Compramos las bebidas y salimos de la tienda. La lluvia había aumentado. Nos subimos al auto de uno de mis amigos y continuamos hablando de la fiesta.

Maeve desapareció de mi cabeza durante unos minutos.

Hasta que escuché el nombre.

—¿No es ese el café de los Bennett?

Miré por la ventana.

Estábamos pasando por una calle que conocía perfectamente.

Noir Coffee.

Mi familia era propietaria del edificio. Yo había estado allí alguna vez, aunque no era un lugar al que soliera ir. Mi padre había mencionado varias veces que el negocio estaba funcionando bastante bien. También había mencionado a un empleado llamado Maros y a dos chicas jóvenes que trabajaban allí.

Una de ellas era Maeve.

Me quedé mirando el local unos segundos.

—¿Qué pasa? —preguntó mi amigo.

—Nada.

No dije nada más.

Sin embargo, recordé algo que Isaac había comentado unos días atrás durante la cena.

No había dicho mucho. Solo había mencionado que había encontrado un café interesante cerca del edificio.

Mi hermano nunca hablaba de cafés.

Mucho menos durante la cena.

Me había parecido extraño, pero no pregunté.

Ahora tenía una pequeña sospecha.

Cuando llegué a casa esa noche, Isaac todavía estaba despierto. Estaba sentado en la sala con el portátil abierto y varios documentos sobre la mesa. Levantó la mirada cuando entré.

—Llegas tarde.

—Son casi las doce.

—Precisamente.

Dejé las llaves sobre la mesa.

—Estábamos con unos amigos.

Isaac volvió a mirar la pantalla.

—¿Dónde?

—Por la universidad. Después fuimos a una tienda.

No respondió.

Me dirigí hacia la cocina, pero me detuve.

—Por cierto, pasé por Noir Coffee.

Su mano dejó de moverse sobre el teclado.

Solo durante un segundo.

Después continuó.

—¿Y?

Sonreí.

Ahí estaba.

—Nada. Solo lo mencionaba.

Isaac me miró.

—¿Fuiste al café?

—No. Pasamos por delante.

—Bien.

Me quedé observándolo.

Había algo raro en su reacción. Isaac siempre había sido bueno ocultando lo que pensaba, pero yo lo conocía demasiado bien.

—¿Por qué te importa?

—No me importa.

—Claro.

Volvió a concentrarse en el portátil.

Yo subí a mi habitación.

No pensé más en la chica hasta la mañana siguiente.

Maeve.

No sabía casi nada sobre ella. Solo que estudiaba Literatura, que trabajaba en Noir Coffee y que parecía estar siempre cansada. No sabía que era compañera de universidad de mi hermano en algún sentido indirecto. No sabía que Isaac iba al café todos los días. Mucho menos sabía por qué.

Pero había algo que sí sabía.

Isaac estaba ocultando algo.

Y mi hermano no era precisamente bueno cuando intentaba fingir que algo no le importaba.

Durante el desayuno, lo observé mientras tomaba café.

—¿Vas a salir hoy?

—Sí.

—¿Al café?

Me miró directamente.

—¿Por qué preguntas?

—Curiosidad.

Isaac no respondió.

Sonreí.

—Entonces sí.

—Tyler.

—¿Qué?

—Déjalo.

Ahí estaba otra vez.

La misma reacción.

No insistí.

Por el momento.

Porque ahora tenía curiosidad.

No por Maeve. No exactamente.

Por Isaac.

Mi hermano nunca había mostrado demasiado interés por nadie. Si estaba yendo todos los días al mismo lugar, a la misma hora, durante semanas, tenía que existir una razón.

Y ahora yo conocía a la chica que trabajaba allí.

La misma chica que había visto intentando alcanzar una botella de Sprite en una tienda casi vacía.

La misma chica que parecía no tener idea de quién era yo.

Eso último me resultaba particularmente interesante.

Porque normalmente, cuando alguien escuchaba mi apellido, cambiaba su actitud.

Ella no.

Ni siquiera parecía impresionada.

No sabía todavía que su jefe era propietario del edificio.

No sabía que el hombre que se sentaba todos los días en la mesa seis era mi hermano.

Y definitivamente no sabía que el chico que acababa de conocer en una tienda por casualidad pertenecía a la misma familia.

Pensé que probablemente era mejor que siguiera sin saberlo.

Al menos por ahora.

Porque tenía la sensación de que, si Isaac estaba involucrado, las cosas podían volverse mucho más complicadas de lo que parecían.

Y, por alguna razón que todavía no podía explicar, quería descubrir exactamente qué estaba pasando.

Así que cuando salí de casa esa tarde, antes de ir a la universidad, cambié mi ruta.

No tenía ninguna necesidad de hacerlo.

Pero terminé pasando frente a Noir Coffee.

Y allí estaba ella.

Detrás de la barra.

Trabajando.

Maeve.

Me quedé unos segundos observando el local desde el otro lado de la calle.

Entonces vi a mi hermano.

Entró a las tres y media exactamente.

Como si llevara haciéndolo toda la vida.

Y se sentó en la mesa seis.

Lo miré.

Después miré a Maeve.

Después volví a mirar a Isaac.

Finalmente entendí.

No sabía qué había entre ellos.

Pero definitivamente había algo.

Y ahora yo estaba justo en medio sin que ninguno de los dos supiera todavía que lo sabía.

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