Todo comienza con un joven que vive y trabaja en el campo junto a sus padres y hermanos. Acostumbrado a los animales, la naturaleza y las largas jornadas de trabajo, nunca imaginó que su vida cambiaría al conocer a una hermosa mujer de la ciudad. Ella está acostumbrada a las comodidades, la tecnología y una vida completamente diferente. Sin embargo, el destino los une y, poco a poco, nace entre ellos un amor inesperado. Para estar a su lado, ella tendrá que aprender los difíciles labores del campo, enfrentarse a nuevos desafíos y descubrir que el verdadero amor puede encontrarse donde menos lo imagina.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15 — Rumbo a Medellín
Al otro día me desperté casi a las cinco de la mañana.
Todavía estaba oscuro y hacía un frío bien berraco.
Me levanté de la cama medio dormido y fui directo al baño. Abrí la llave de la ducha y apenas sentí el agua fría pegué un grito.
—¡Hijuemadre, qué frío tan hijueputa!
Cerré la llave de una.
Me quedé unos segundos mirando la ducha.
—No, pues... esto parece agua de páramo.
Respiré profundo y volví a abrirla.
—¡Ay, juepucha!
Me bañé lo más rápido que pude y casi salí corriendo del baño. Subí nuevamente a mi habitación, todavía temblando de frío.
—No vuelvo a bañarme a esta hora nunca más.
Me sequé, abrí el clóset y escogí un pantalón jean, una camisa manga corta y una chompa porque sabía que el clima podía cambiar durante el viaje.
Después me puse una gorra hacia atrás y un poco de perfume.
Me miré rápidamente en el espejo.
—Bueno, pues... así estamos.
Bajé a desayunar.
Mi mamá ya estaba despierta y me había dejado algo de comer. Como estaba nervioso y tenía que salir temprano, desayuné poquito.
Efraín apareció en la cocina y apenas me vio comenzó a molestarme.
—¿Y ese afán, pues?
—Voy para Medellín.
—Ah, sí. Se me había olvidado que hoy va a conocer a la suegra.
Lo miré serio.
—No empiece, hermano.
—¿Y por qué tan perfumado?
—Porque voy a ver a Lisseth.
—¡Ah, bueno! El muchacho sí se arregló.
Mi mamá se rio.
—Déjelo tranquilo, Efraín.
—Yo solamente estoy diciendo la verdad.
—Ya, pues —dije mientras terminaba de desayunar.
Efraín me miró y sonrió.
—¿Y ya sabe qué le va a decir al papá de Lisseth?
—Lo que tenga que decirle.
—No vaya a tartamudear.
—Cállese, hombre.
Todos se rieron.
Después salí de la casa y fui hasta donde estaba mi moto.
Era la moto que mi papá me había regalado cuando cumplí dieciocho años. La había cuidado bastante porque para mí tenía un significado especial.
Me puse el casco y revisé que todo estuviera bien.
Antes de arrancar, saqué el celular.
Le escribí a Lisseth.
Yo: Princesa, espérame en un lugar cerca de tu casa, puede ser en un parque. Ya voy a salir para Medellín. Te aviso cuando esté llegando. Te amo ❤️.
No tardó mucho en responder.
Lisseth: Está bien, amor. Te voy a esperar. Estoy demasiado emocionada. ❤️
Sonreí.
—Yo también, mija.
Guardé el celular y encendí la moto.
Pero justo cuando iba a salir, vi a alguien acercándose.
Era Rosmira.
Me quedé mirándola.
—¿Y esta qué hace por acá?
Ella se acercó.
—Hola, Elkin.
—¿Qué hubo?
—¿Me puede llevar al colegio?
La miré sorprendido.
—¿Ah?
—Es que voy para el colegio y pensé que de pronto usted me podía llevar.
Suspiré.
—Ahhh, ¿y por qué no espera a otro man que la lleve? ¿O es que usted no se cansa de molestar?
Rosmira se quedó seria.
—Yo solo le estaba preguntando.
—Pues yo voy para Medellín y no voy a llevar a nadie.
—¿Va a ver a su novia?
—Sí.
—¿A la muchacha de Medellín?
—Sí, pues.
No quería seguir discutiendo.
—Rosmira, ya le dije que no quiero problemas. Déjeme tranquilo.
Ella no respondió.
Yo me puse bien el casco y arranqué la moto.
—Nos vemos.
Salí de la finca y tomé la carretera rumbo a Medellín.
Mientras avanzaba, el frío de la mañana todavía se sentía, pero ya no me importaba.
Iba pensando en Lisseth.
Después de tantos meses hablando por mensajes y videollamadas, por fin iba a verla frente a frente.
Y además iba a conocer a sus papás.
—Ojalá todo salga bien, pues.
Seguí mi camino, concentrado en la carretera.
Cada kilómetro que recorría me acercaba más a Medellín.
Y también al momento que llevaba meses esperando: conocer personalmente a mi novia.