La guerra entre Elarion y Drakhar ha durado años, pero, cuando el príncipe heredero de Drakhar se fija en la santa Sylvia, de Elarion, propone un tratado de paz, pero a cambio deben entregarle a la santa como concubina. Sylvia acepta esta condición para salvar a su nación, pero, no se imagina que, al entrar al palacio de Drakhar se encontrará con las amantes del príncipe heredero, pero, aunque ella no es fácil de intimidar, pronto descubre, que, en ese palacio, tiene un aliado más poderoso que el mismísimo emperador, el dragón rojo de la calamidad, que se ha liberado del control del príncipe heredero, y que, esta dispuesto a vengarse por usarlo como una maquina de guerra.
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Capitulo 06.
No, no existe una protección divida de la diosa, solo era la propia Sylvia valiendose de su poder mágico, pero, eso, no pueden saber aquel par de hombres desagradables. El emperador creía que estaba entregando a una dama indefensa, pero, el hecho de qué tenga el título de Santa, por su poder mágico, no significa que tenga que actuar como una santa.
—¿que significa todo esto?, ¿me están diciendo que no puede disponer de esta mujer?, ella me sido entregada como concubina...— reclama Balthazar.
—si, el emperador lo autorizó, pero, ¿acaso su alteza a recibido la bendición de la diosa para casarse conmigo?, yo nací para servir a la diosa, no a servir en la cama de hombre.— responde Sylvia.
Balthazar se veía bastante furioso, su mano con la cual levantaba la espada temblaba por la ira.
—e-esto...su alteza...calme su ira...sumo sacerdote...usted no me había dicho esto.— interviene el emperador.
—su majestad no quiso escuchar, yo trate de hacerle saber.— responde el sumo sacerdote.
—esto...yo...
—ya que he sido entregada al príncipe de Drakhar, el tratado de paz debe de cumplirse.— interrumpe Sylvia.— su alteza no puede retractarse por algo tan insignificante, o, ¿donde queda el honor de Drakhar?
Sylvia sabía donde picar, ya que el príncipe heredero reaccionó, y miro a su alrededor, todos estaban atentos a su reacción. La albina tenía razón, si se retracta ahí mismo, sin tener lo suficientes hombres para pelear, podría caer como prisionero de sus enemigos, y ahora, no sabe ni donde se ha ido el dragón rojo.
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Sentado en el salón del trono de Drakhar, con los nobles de rodillas ante él. El dragón rojo, observa por medio de un espejo todo el acontecimiento que sucedía en el palacio de Elarion.
—esa mujer, es astuta, y tú hijo Veyron...un estúpido que solo actúa con su parte baja.— ríe.
Veyron que estaba de rodillas a un lado del trono, se encoge de hombros, pero apretaba con furia los puños. Su hijo estaba en Elarion solo para tomar una mujer, sin saber que su padre estaba bajo la merced del dragón rojo.
《No importa. Cuando Balthazar regrese, usará el pacto sagrado para someterlo de nuevo》pensó con ingenuidad.
Friedrich sigue observando en el espejo.
Balthazar no podía retractarse, así que, aseguro que el tratado de paz seguía en pie, mientras la santa se vaya con él. Balthazar pensaba que, una vez lejos de Elarion, la santa, ya estará tan protegida.
—sigamos con la celebración, después de todo, nuestra preciada santa nos ha traído paz.— hablo el emperador tratando de sonar alegre.
La música se reanudó, los sirvientes seguía yendo y viniendo con bebidas para llenar las copas. Balthazar regreso a su asiento, y el emperador hizo que Sylvia se sentará a lado del príncipe de Drakhar.
—más vale que no hagas nada que enoje al príncipe. Compórtate como una buena esposa.— le advierte el emperador a Sylvia.
—no se preocupe majestad, yo no haré nada, el destino del príncipe ahora depende de la ira de la diosa.— le responde con una sonrisa burlona.
El emperador apretó los puños, quería levantar la mano y enseñarle a esa mujer quien manda, pero, no podía dañarla, o el príncipe perdería el interés.
—esa boca tuya...tu esposo ya te entrenará.— responde con molestia el hombre mayor.
Sylvia solo levanta su copa de agua a modo de brindis hacía el emperador.
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Friedrich seguía observando, y no pudo evitar reírse.
—observa bien Veyron, tu propio hijo traerá a mi, lo último que necesito para liberarme por completo del pacto.— le asegura.
—n-no te saldrás con la tuya...mientras tengas ese pacto, aunque débil no puedes liberarte.— ríe nervioso el emperador de Drakhar.
Friedrich volteo hacía el hombre mayor con una mirada afilada que hizo al emperador temblar.
—si estás tan seguro, ¿por qué noto miedo en tu voz?— pregunta curioso.
—no tengo miedo...mi hijo te hará lamentar todo esto.— advierte.
—entonces lo veremos. Mientras tanto, tenemos un show que preparar.— aplaude una vez.—¡Faramud!
Las puertas del salón se abren, un hombre de cabello verdoso entra por la puerta. Al estar ante Friedrich hace una reverencia.
—a sus órdenes majestad.—
—Faramud, ¿te gustan las obras de teatro?—
—no soy aficionado su majestad, pero son interesantes.— responde el peliverde.
—perfecto, porque, esta vez, vamos a tener una obra de teatro. Y todos los de la corte, serán los actores.— se pone de pie de un salto con las manos extendidas.
—eso se escucha divertido majestad, será un honor preparar todo.— responde Faramud.
Todos los hombres y mujeres presentes en esa corte, se miraban entre si confundidos.
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