La familia de Valentina está al borde de la ruina. Para salvar el apellido y las empresas familiares, ella acepta —o es prácticamente obligada— a casarse con un ranchero millonario de un pequeño pueblo del sur. Ella esperaba un hombre viejo y desagradable. En cambio encuentra a: Ethan Blackwood Treinta y pocos. Alto. Callado. Brutalmente atractivo. Dueño de miles de hectáreas, ganado premiado y medio pueblo. Un hombre que vive con botas embarradas, monta caballos al amanecer y odia todo lo que representa la alta sociedad de la ciudad. Y ahora tiene una esposa que llega al rancho con tacones, maletas de diseñador y cero idea de cómo sobrevivir lejos del wifi.
NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La última noche
La ciudad brillaba bajo la lluvia ligera mientras:
Valentina Rossi
miraba Manhattan desde la ventana de su habitación.
Su habitación.
Por última vez.
El enorme vestidor estaba abierto.
Maletas sobre la cama.
Vestidos caros cuidadosamente doblados.
Y aun así todo parecía irreal.
Dentro de cuarenta y ocho horas dejaría Nueva York para mudarse a un rancho perdido en Montana con un hombre que ni siquiera conocía.
Absurdo.
Completamente absurdo.
—¿Vas a seguir mirando por la ventana como protagonista deprimida de película o vas a arreglarte?
Valentina giró el rostro.
Sofía Moretti
entró sin permiso, cargando bolsas de compras y una botella de champaña.
Detrás de ella venían:
Camila Vega
y
Julieta Bianchi
—Dijimos despedida dramática, no funeral —declaró Julieta.
Camila levantó la botella.
—Esta noche vamos a emborracharnos tanto que olvidarás que pronto vivirás entre vacas.
Valentina dejó escapar una risa cansada.
—Gracias por recordármelo.
Sofía dejó las bolsas sobre la cama.
—No puedes irte triste.
—Puedo intentarlo.
—No. Esta es tu última noche siendo libre.
Eso golpeó más fuerte de lo esperado.
Libre.
Valentina observó su habitación lentamente.
Las fotos.
Las luces de la ciudad.
Los tacones alineados perfectamente.
Toda su vida estaba ahí.
Y estaba a punto de desaparecer.
Camila abrió el vestidor.
—Dios santo, si yo fuera obligada a vivir en el campo me llevaría este closet entero.
—Estoy considerando hacerlo.
—¿Ya sabes cómo es él? —preguntó Julieta mientras revisaba vestidos.
Valentina negó.
—Mi padre apenas me dijo su nombre.
—¿Y no buscaste fotos?
—No quiero verle la cara al hombre que compró mi vida.
El silencio cayó apenas unos segundos.
Porque aunque todas intentaban bromear… la situación seguía siendo horrible.
Sofía se acercó lentamente.
—¿Quieres escapar?
Valentina levantó la vista.
Y por un instante…
Lo consideró.
Tomar dinero.
Irse del país.
Desaparecer.
Pero entonces recordó la expresión de su padre.
La desesperación.
La ruina.
Cerró los ojos un segundo.
—No puedo.
Camila hizo una mueca triste.
—Odio que seas responsable.
—Yo odio que mi vida parezca un contrato empresarial.
Julieta tomó un vestido negro corto y lo lanzó hacia ella.
—Entonces esta noche actúa como si todavía fueras dueña de tu vida.
Valentina atrapó el vestido.
Y lentamente… sonrió.
⸻
Dos horas después, el club más exclusivo de Manhattan prácticamente vibraba.
Luces doradas.
Música alta.
Champaña infinita.
Y en medio de la pista estaba Valentina.
Hermosa. Libre. Intocable.
Como si nada pudiera alcanzarla.
Bailó con sus amigas, rio demasiado fuerte y aceptó tragos que normalmente rechazaría.
Porque no quería pensar.
No quería recordar que esa era su despedida.
—¡Por Valentina Rossi! —gritó Camila levantando una copa—. La única mujer capaz de convertir un matrimonio arreglado en un crimen elegante.
Todos rieron.
Valentina también.
Pero algo dolió en su pecho.
La noche avanzó entre risas, selfies y música.
Varios hombres intentaron acercarse a ella.
Como siempre.
Uno quiso invitarle una bebida.
Otro pidió su número.
Otro intentó bailar con ella.
Y por primera vez en años…
A Valentina no le importó ninguno.
Porque todos parecían parte de una vida que ya no le pertenecía.
Más tarde salió hacia el balcón VIP para tomar aire.
El frío golpeó su piel desnuda inmediatamente.
Nueva York brillaba abajo como un universo entero.
Ella apoyó ambas manos en la baranda.
—Voy a extrañarte —susurró para sí.
La puerta se abrió detrás suyo.
Sofía apareció con dos copas.
—Sabía que te esconderías aquí.
Valentina aceptó una.
—Quiero congelar este momento.
—No será para siempre.
—¿Cómo lo sabes?
Sofía la observó unos segundos.
—Porque tú nunca perteneciste completamente a este lugar tampoco.
Eso la hizo fruncir el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Todos aquí viven aparentando. Tú también… solo que mejor vestida.
Valentina soltó una risa suave.
—Qué discurso tan profundo después de tres martinis.
—Escúchame. Tal vez este cambio no destruya tu vida.
Valentina miró la ciudad una última vez.
Las luces reflejadas en sus ojos parecían casi lágrimas.
—O tal vez sí.
Y en el fondo de su pecho…
por primera vez…
tuvo miedo de descubrir quién sería lejos de todo lo que conocía.