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Renací para cambiar mi destino

Renací para cambiar mi destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Maltrato Emocional / Dominación / Autosuperación / Atracción entre enemigos / Reencarnación / Completas
Popularitas:14.5k
Nilai: 5
nombre de autor: waya520

Luna lo perdió todo: su fortuna, su hogar y, sobre todo, a la familia que amaba. Y todo por obsesionarse con el hombre equivocado. Cuando ya no le quedaba nada, cerró los ojos convencida de que era el final...

Pero despertó tres años en el pasado.

Su familia vive. Su casa sigue en pie. Y esta vez Luna conoce cada golpe que le tiene reservado el destino. Con los recuerdos de una vida que no piensa repetir, se propone una sola cosa: cambiarlo todo. Alejarse del heredero frío y cruel que arruinó su existencia, proteger a los suyos y, por fin, vivir para ella misma.

El problema es que el destino no se deja corregir tan fácil. Julián, el hombre que juró olvidar, ya no la mira como antes. Un pretendiente inesperado le ofrece la ternura que nunca tuvo. Y en las sombras, viejos rencores y secretos de familia empiezan a moverse... porque no es la única que sabe lo que aún no ha pasado.

Entre fiestas de alta sociedad, imperios familiares, traiciones que cortan el aliento y un amor que se niega a morir, Luna descubrirá que una segunda oportunidad no se recibe: se pelea.

NovelToon tiene autorización de waya520 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¿Estoy viva otra vez?

Luna se miró la muñeca, cada día más delgada, con una tristeza que no cabía en el pecho.

Llevaba más de una semana yendo y viniendo al cementerio, al lugar donde descansaba su familia. Se había abandonado por completo: aquellas mejillas antes redondas se le habían hundido. Y por si fuera poco, ya no tenía dónde vivir, porque el banco le había quitado la casa. Todo era obra de Julián.

—Papá, mamá, Bruno... perdónenme.

El viento le golpeó el cuerpo. Aunque el aire empezaba a enfriar, Luna seguía sentada frente a las lápidas de los suyos.

Las hojas secas empezaban a caer; unas iban al suelo y otras se posaban sobre las tumbas.

Se quedó pensando. Había estado ciega de amor. Todo ese tiempo lo había gastado en cultivar el afecto de Julián; o mejor dicho, obsesionada con un hombre que quizá nunca la consideró siquiera parte de su vida.

—Estúpida —se dijo a sí misma.

Alzó la mirada hacia el cielo, que se oscurecía poco a poco. Caía la tarde y en cualquier momento se soltaría la lluvia, pero le daba igual. Estaba tan cansada que ni siquiera tenía fuerzas para ponerse de pie.

—Dios, perdóname si todo este tiempo le hice daño a la gente. Ya basta de sufrir. No aguanto más.

Despacio, sacó del bolsillo del pantalón una pequeña navaja. Ya no le quedaba nadie en el mundo. ¿Para qué seguir viviendo? No había ningún lugar al que volver. Su familia estaba muerta y no quedaba nada de ella.

Le daba miedo la soledad. Odiaba estar sola.

—Papá, mamá, hermano... —dejó la frase en el aire. Los ojos empezaron a arderle hasta que las lágrimas cayeron al mismo tiempo que la lluvia.

Cerró los ojos un instante y se dejó empapar por las gotas que le corrían por todo el cuerpo.

—Voy a alcanzarlos.

Sin dudarlo, se abrió un tajo en la muñeca.

Un corte limpio.

La sangre brotó a borbotones. Poco a poco la conciencia se le fue apagando y la vista se le nubló.

Un golpe seco.

Aquel cuerpo escuálido se desplomó justo frente a las tumbas de su familia.

—Si tuviera una segunda oportunidad, juro que viviría bien.

—¡LUNA, DESPIERTA DE UNA VEZ!

Abrió los ojos despacio. El cuerpo todavía le temblaba de frío; tal vez por la lluvia del cementerio.

Un momento.

Se incorporó de golpe y se revisó la muñeca.

Los ojos se le abrieron como platos al verla intacta, perfectamente normal. Porque, por lo que recordaba, había adelgazado tanto que solo le quedaban los huesos y la piel.

Un manotazo le cayó en la frente.

—Levántate ya, llevo un buen rato llamándote y ni contestas —gruñó Bruno, y ella se sobresaltó.

Luna le tomó la cara a su hermano con las dos manos.

—Bruno... ¿estás vivo?

Él la apartó de un empujón y la dejó caer de espaldas sobre la cama.

—¡Oye! —chilló Luna, y Bruno le dio un coscorrón.

—Baja de una vez, papá y mamá nos están esperando —refunfuñó, y ella se quedó muda.

Al ver la reacción de su hermana, Bruno pensó que a lo mejor se había vuelto loca. No era normal que Luna se quedara callada y perdida en sus pensamientos.

—Oye, Lun —le pasó la mano por delante de la cara.

Ella levantó el rostro y Bruno se quedó de piedra: su hermana tenía los ojos anegados en lágrimas. ¿Luna llorando? Que Luna, precisamente Luna, estuviera llorando.

Vaya, qué sorpresa. Tenía que avisarles a sus padres cuanto antes.

—Hermano...

Un abrazo repentino.

Bruno se quedó helado cuando ella le rodeó el cuerpo con los brazos.

—Dios, si esto es un sueño, por favor, no me despiertes.

A Luna se le volvieron a llenar los ojos de lágrimas. Al bajar, encontró a su padre leyendo el periódico en la mesa del comedor, mientras su madre cocinaba en la cocina, acompañada por una de las empleadas de la casa.

Los ojos se le fueron hacia todas partes. Era su casa de antes, la de antes de que Julián la destruyera.

¡Un momento!

¿En qué año estamos?

Bruno se sentó junto a su padre, pero no le quitaba la vista de encima a su hermana, que otra vez andaba en la luna; es más, ahora se había quedado plantada en mitad de la escalera como una estatua. Las empleadas que querían subir no se atrevían a decirle nada.

—Oye, Luna, quítate de la escalera. Estás rarísima hoy. ¿La fiebre te dejó tocada o qué? —soltó Bruno, y de inmediato recibió un periodicazo de su padre.

Luna reaccionó de golpe y se asustó al ver a varias empleadas formadas en fila delante de ella.

Bajó enseguida hacia la mesa del comedor.

Un golpecito sobre la madera.

Su madre le puso delante un plato con unos trozos de fruta para el desayuno. Hacía tanto que no sentía una calidez así.

Un abrazo repentino.

Wendy se sobresaltó cuando su hija menor la abrazó con fuerza de la nada.

—¿Qué pasa, cariño?

Luna guardó silencio y se dejó acariciar por la mano tibia de su madre. Así que todo era real. Parecía que Dios se había apiadado de ella y le había dado una segunda oportunidad para cambiar su destino y ser mejor.

Antes había estado tan ciega de amor por Julián que abandonó a su propia familia; incluso sacrificó a su padre con tal de acercarse a ese desgraciado.

De ahora en adelante, se prometió proteger a su familia y protegerse a sí misma de aquel hombre. También se juró mantenerse lejos de Julián y de Karina.

Wendy le tocó la frente. Por suerte, la fiebre ya le había bajado.

—Luna, ¿quieres venir con tu papá? —David bajó el periódico para mirar a su hija, todavía pegada a su esposa—. Voy a ver a Gustavo esta tarde.

Qué raro.

Al oír el nombre de Gustavo, el cuerpo entero le tembló, y Wendy se asustó.

—Oye, cariño, ¿qué te pasa? Luna, Luna.

David y Bruno se levantaron de inmediato y se acercaron a Luna, que parecía aterrada.

—Creo que Luna no va a poder ir, papá —dijo Bruno, y David asintió.

Wendy sentó a la niña en una silla y, poco a poco, Luna se fue calmando.

—¿Qué te pasa? —Bruno no podía con la curiosidad; desde que su hermana se había despertado, actuaba rarísimo.

—Mamá, ¿en qué año estamos? —Luna ignoró la pregunta de su hermano y le devolvió otra a su madre.

—En 2022 —respondió Bruno por ella.

Luna se quedó callada. Así que había vuelto tres años atrás. Y recordaba lo que pasaba ese día.

En aquel entonces había ido entusiasmada con su padre a la casa de ese hombre, hasta que por fin pudo ver a Julián de cerca. Lástima que él la ignoró todo el tiempo.

Pero ella no se dio por vencida: provocó problemas a propósito hasta que él, harto, le llamó la atención.

Lejos de asustarse por el regaño, se quedó mirándolo con ojos de enamorada.

Demente. Estaba completamente demente en esa época.

David y Gustavo eran socios y, además, amigos desde el colegio; por eso se los veía tan cercanos.

—¿Y dónde está esa niña tan linda tuya? —a diferencia de su hijo, a Gustavo le encantaba la hija de su amigo.

—Todavía con fiebre —respondió David, y le tendió la mano para saludarlo.

Julián, sentado ahí, frunció el ceño. ¿Luna, con fiebre? Qué extraño.

Por lo que recordaba, aunque estuviera enferma, esa mujer jamás desaprovechaba una oportunidad de verlo.

No era que se creyera la gran cosa, pero cualquiera sabía que Luna estaba obsesionada con él. Aunque, bueno, mejor que no hubiera venido: así podía respirar un rato. Aunque se sentía un poco vacío.

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Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Tania 🇨🇴🙏
Perdí horas de mi vida en eso no lo puedo creer debes decir que al final Luna vuelve con Julián y ya jaja
Anni Arias
claro uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde ahora quiere recuperar la bipolar
ivanna lizbeth pacheco gutierrez
felicitaciones
sigue escribiendo
me gustó
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