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La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Maltrato Emocional / Brujas / Completas
Popularitas:466
Nilai: 5
nombre de autor: Eva Belmont

La criaron en la mansión Blackwood, entre los cinco herederos destinados a protegerla. Ayla lo dio todo por esa manada: su lealtad, su don de sangre curativa, su corazón. Hasta que una desconocida llegó con una sonrisa dulce y una mentira perfecta, y uno a uno, los cinco le dieron la espalda.

Acusada, humillada y desechada como si nunca hubiera importado, Ayla no suplica. No llora frente a ellos. Se pone de pie ante toda la manada y pronuncia las únicas palabras que pueden romperlos: los rechaza. A los cinco. En voz alta.

Pero el destino tenía otros planes para la huérfana de ojos plateados. Porque hay un Alfa Supremo que la reconoció desde el primer instante. Porque en su sangre duerme un linaje que creían extinto. Y porque la joven a la que despreciaron no era una omega cualquiera: era la heredera que podía cambiarlo todo.

Cuando la verdad sobre su origen salga a la luz, los que la abandonaron descubrirán, demasiado tarde, a quién dejaron ir.

NovelToon tiene autorización de Eva Belmont para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16 — La Telaraña de la Bruja

El silencio que se instaló tras la negativa de Ayla fue devastador.

Los cinco herederos permanecieron inmóviles en la entrada del jardín.

Ninguno de ellos esperaba aquello.

Durante años, Ayla siempre había estado disponible.

Siempre lista para escuchar.

Siempre dispuesta a dar una oportunidad más.

Ahora no.

Ahora existía una barrera entre ellos.

Una barrera construida con cada acusación.

Con cada humillación.

Con cada momento en que eligieron a Selena en vez de a ella.

—Ayla...

Lucien lo intentó de nuevo.

Pero ella apenas sacudió la cabeza.

—No tengo nada de qué hablar.

La frase golpeó a los cinco con fuerza.

Sobre todo porque no había rabia en su voz.

No había gritos.

No había lágrimas.

Había apenas indiferencia.

Y aquello era mucho peor.

Xavier permaneció junto a ella.

Observando todo en silencio.

Como un guardián.

Como alguien dispuesto a impedir que la lastimaran de nuevo.

Kael apretó los puños.

Aquella cercanía lo incomodaba.

Más de lo que debería.

—¿De verdad vas a dejar que él decida todo por ti?

Los ojos de Ayla encontraron los suyos.

—Xavier no decide nada por mí.

—¿Entonces por qué está siempre a tu lado?

—Por la misma razón por la que ustedes no estaban.

El silencio cayó de nuevo.

Ninguno de los cinco encontró respuesta.

Porque ella tenía razón.

Una vez más.

Ayla se dio la vuelta.

—Quiero volver a mi habitación.

Xavier asintió.

Sin decir nada.

Los dos se alejaron juntos.

Y los herederos permanecieron observando hasta que desaparecieron por el pasillo.

Finn fue el primero en apartar la mirada.

Una sensación extraña le apretaba el pecho.

Algo que no lograba explicar.

Algo que se volvía más fuerte cada vez que veía a Ayla cerca de Xavier.

—Odio a ese tipo.

Rowan soltó una risa corta.

—Ni siquiera lo conoces.

—No necesito conocerlo.

—Eso tiene nombre.

Todos miraron a Darius.

—¿Y cuál sería?

—Celos.

Finn de inmediato se puso rojo.

—No seas ridículo.

Pero nadie le creyó.

Ni él mismo.

Mientras tanto, en otra parte de la manada, Selena caminaba nerviosamente dentro de su propia habitación.

Las cosas se estaban saliendo de control.

Muy rápido.

Mucho peor de lo que imaginaba.

Los cinco herederos seguían cumpliendo el castigo.

Pasaban cada vez menos tiempo con ella.

Casi no la buscaban.

Las visitas habían disminuido.

Las conversaciones también.

Hasta Finn.

El más fácil de manipular.

El más protector.

Parecía distante.

—Esto no está pasando.

Selena apretó los dientes.

—No después de todo lo que hice.

Se acercó a la ventana.

Observando los jardines de la mansión.

Ayla había despertado.

Xavier permanecía en la manada.

Y los herederos empezaban a hacer preguntas.

Preguntas peligrosas.

Muy peligrosas.

La puerta de la habitación se cerró sola.

El viento desapareció.

La temperatura bajó.

De inmediato.

Selena se puso rígida.

Conocía aquella sensación.

La conocía muy bien.

Empezaron a surgir sombras en los rincones de la habitación.

Oscuras.

Vivas.

Moviéndose como serpientes.

Entonces apareció una mujer.

Alta.

Elegante.

El cabello negro le bajaba hasta la cintura.

Los ojos rojos brillaban como brasas.

Morgana.

La Bruja Escarlata.

Su madre.

Selena bajó la cabeza de inmediato.

—Madre.

—Mírame.

La orden vino cargada de poder.

Selena obedeció.

Con dificultad.

Porque aquellos ojos siempre la asustaban.

—Explica.

El corazón de la joven se aceleró.

—Lo estoy resolviendo.

—¿Resolviendo?

La voz de la bruja se volvió peligrosamente baja.

—La chica despertó.

El Alfa Obsidiano está aquí.

Los herederos se están alejando.

¿Y tú me dices que lo estás resolviendo?

Selena sintió que el estómago se le hundía.

—Necesito más tiempo.

—¿Tiempo?

Morgana soltó una risa fría.

—El tiempo se acabó hace semanas.

La sombra de la bruja avanzó por la habitación.

Apoderándose de las paredes.

—Sabes lo que está en juego.

Selena lo sabía.

Lo sabía muy bien.

Porque aquella misión nunca fue solo sobre destruir a Ayla.

Existía algo mayor.

Mucho mayor.

Algo relacionado con su sangre.

Con su poder.

Con el secreto que cargaba desde el nacimiento.

Un secreto que ni siquiera Ayla conocía por completo.

—Voy a recuperar el control.

—Eso espero.

Los ojos rojos se estrecharon.

—Porque si fallas...

La amenaza quedó en el aire.

Inconclusa.

Pero no hacía falta terminarla.

Selena sabía exactamente lo que le pasaba a quien decepcionaba a Morgana.

Después de que la bruja desapareció, Selena permaneció inmóvil durante varios minutos.

Pensando.

Planeando.

Calculando.

Hasta que una idea empezó a surgir.

Lenta.

Perfecta.

Peligrosa.

Una sonrisa apareció en sus labios.

—Claro.

Era tan simple.

Los herederos se estaban alejando porque se sentían culpables.

Porque empezaban a cuestionar sus propias elecciones.

Entonces ella necesitaba recordarles el motivo por el que la protegieron.

Necesitaba volver a ser la víctima.

Necesitaba hacerles creer que seguía corriendo peligro.

Y para eso...

Necesitaba un nuevo enemigo.

O al menos la ilusión de uno.

Dos días después, Kael recibió una noticia preocupante.

Una criada encontró a Selena inconsciente cerca de la floresta.

Con heridas en los brazos.

Rasguños.

Marcas de lucha.

Los cinco corrieron al hospital de inmediato.

Cuando llegaron a la habitación, encontraron a Selena llorando.

Encogida en la cama.

Con aspecto asustado.

Exactamente como en los viejos tiempos.

—Selena.

Finn se acercó primero.

—¿Qué pasó?

La joven tardó en responder.

Como si estuviera traumatizada.

—Yo... yo no sé.

—¿Cómo que no sabes?

—Estaba caminando...

Empezó a temblar.

—Y alguien me atacó.

Los cinco se miraron entre sí.

—¿Quién?

—No logré verlo.

Las lágrimas resbalaron.

—Estaba oscuro.

Kael frunció el ceño.

Algo parecía extraño.

Muy extraño.

Meses atrás le habría creído de inmediato.

Sin cuestionar.

Sin dudar.

Ahora no.

Ahora existía la duda.

Y Selena se dio cuenta.

Se dio cuenta claramente.

El problema era que ella no sabía que, en ese mismo instante, Xavier observaba todo desde el pasillo.

En silencio.

Los brazos cruzados.

Los ojos dorados atentos.

Y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Porque, a diferencia de los herederos...

Él ya se había dado cuenta de exactamente lo que Selena estaba haciendo.

Y estaba esperando.

Esperando el momento perfecto para destruir cada mentira.

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