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La Esposa Que Despertó al Heredero

La Esposa Que Despertó al Heredero

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Venganza de la protagonista / Casada con el millonario / Enfermizo
Popularitas:29.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Galaxy

Ximena Salcedo fue entregada a la familia Alcázar como parte de un trato: casarse con Héctor, el heredero que llevaba meses inconsciente, a cambio de recuperar la casa de su madre y pagar el tratamiento de su hermano.

Ella pensó que solo tendría que cuidar a un hombre que nunca volvería a abrir los ojos. Pero en la noche más inesperada, Héctor despierta.

Desde entonces, Ximena queda atrapada entre una familia poderosa que la vigila, secretos que nadie quiere revelar, una exnovia decidida a volver, enemigos dispuestos a destruirla y un esposo que parece frío, pero que cada vez la mira con menos distancia.

Lo que empezó como un matrimonio arreglado se convierte en una guerra de orgullo, deseo y confianza, donde Ximena tendrá que decidir si Héctor Alcázar es su salvación… o la mentira más peligrosa de su vida.

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Capítulo 7

Capítulo 7

 

Por culpa de aquel sueño, Ximena sonrió durante toda la clase.

 

Renata le dio un codazo suave.

 

—Llevas una hora riéndote sola. ¿Que? ¿Soñaste algo cochino?

 

Ximena cerró los ojos y sonrió como tonta.

 

—Si.

 

Renata levantó un libro para taparse la cara y se acercó con los ojos abiertos.

 

—No inventes. ¿Soñaste con Héctor y... eso?

 

Ximena se puso roja.

 

Asintió.

 

—Más o menos.

 

—Ximena Salcedo, te enamoraste de un hombre en coma. Eso ya es de terapia.

 

—Es guapo —dijo Ximena, bajando la voz—. Y va a despertar pronto.

 

Renata se tallo los brazos.

 

—Me dio piel de gallina.

 

Pero la curiosidad pudo más que el susto. Renata la jalo fuera del salón antes de que terminara la clase.

 

—A ver, dime. ¿Qué tiene de especial tu vegetal? ¿Cómo te enamoras de alguien que ni habla?

 

Ximena negó con la cabeza.

 

—No sé si sea amor. Solo... me gusta estar con él.

 

—Yo digo que te volviste adicta a darle toques con ese aparatito y confundiste maltrato con cariño.

 

En la cabeza de Renata, una persona normal no se enamoraba de alguien que no reaccionaba, no sentía, no contestaba.

 

Aunque fuera guapo.

 

Aunque tuviera dinero.

 

Aunque fuera perfecto.

 

Y menos Ximena, que nunca se dejaba impresionar por un hombre.

 

—Se siente raro —admitió Ximena.

 

—¿De verdad va a despertar?

 

—Eso dijo Julián.

 

—Pues está bien. Si Héctor despierta, Darío ya no va a poder ponerse pesado contigo.

 

Ximena hizo una mueca.

 

—No menciones a ese tipo.

 

—¿Que? Si siempre anda de pasado. Cuando Héctor despierte, se lo cuentas y seguro te defiende.

 

Ximena no estaba tan segura.

 

Darío era un hijo ilegítimo, sí, pero seguía siendo tío de Héctor en la familia. Tal vez Héctor no iba a pelear con él por una esposa que ni había elegido.

 

Además, quizás ni siquiera le gustaba.

 

—Si Héctor me defendiera, sería por orgullo masculino. Nada más.

 

—No te subestimes. Eres la mas bonita de la universidad, no ganaste ese lugar de adorno.

 

—¿Crees que Héctor no ha visto mujeres bonitas? Julián dijo que le gustan las mujeres explosivas. Yo soy más... agua simple.

 

—No eres agua simple. A mí se me cae la baba.

 

Ximena soltó una carcajada.

 

—Que indecente eres.

 

Como no tenían clase en la tarde y Renata insistió en que Ximena necesitaba despejarse, esa noche consiguió una reservación en Nocturno.

 

Nocturno era uno de los clubes más exclusivos de la ciudad. Membresía cara, lista cerrada, valet lleno de coches que costaban más que casas.

 

Ximena se quedó parada frente al edificio.

 

La fachada de piedra oscura, las columnas altas y las puertas negras pulidas lo hacían parecer un templo construido para tragarse dinero.

 

—Renata, ¿de dónde sacaste una membresía?

 

—Prestada.

 

—¿Prestada?

 

La mentira había salido demasiado fácil.

 

—No preguntes. Vinimos una vez. Hay que aprovechar.

 

Adentro, la música bajaba por las paredes. Meseros y meseras iban vestidos como si cada mesa fuera una tentación. Hombres y mujeres coqueteaban sin pudor. El dinero, los apellidos y las ganas se mezclaban con el humo y las luces.

 

El reservado era enorme, dorado, exagerado.

 

Renata pidió que no las molestaran. Después de dejar bebidas y fruta, ningún mesero volvió a entrar.

 

Las dos se divirtieron como niñas robando una noche de adultos.

 

A media noche, Ximena fue al baño.

 

De regreso, se topó con Darío.

 

Él tenía contra la pared a una mujer de vestido mínimo y la besaba como si quisiera devorarla. La mujer dijo algo. Darío le soltó una bofetada.

 

Y luego volvieron a besarse.

 

Ximena quiso rodearlos y regresar con Renata.

 

Mala suerte.

 

Darío levantó la vista y la vio.

 

Una luz fea le cruzó los ojos. Empujó a la mujer y camino hacia Ximena.

 

Ella retrocedió por instinto, pero él le agarró la muñeca.

 

—¿Ya no reconoces a tu tío?

 

—Darío, suéltame. Respeta. Si no, se lo digo a Lourdes.

 

Ximena intentó soltarse.

 

No pudo.

 

Darío la arrastró hasta su reservado. La puerta se abrió y adentro la luz era baja, espesa.

 

Había hombres hundidos en los sillones, con mujeres sobre las piernas, botellas abiertas, risas sucias.

 

El olor a alcohol y piel caliente le revolvió el estómago.

 

—Toma una copa con tu tío y sus amigos —dijo Darío, empujándola a un sofá—. Después te dejo ir.

 

Luego se burló, presentándola con falso respeto.

 

—Ella es la esposa de Héctor Alcázar. Trátenla bien.

 

Los hombres soltaron carcajadas.

 

—Una mujer así para un hombre en coma. Que desperdicio.

 

—Con Héctor no va a saber lo que es divertirse. Mejor que se quede con nosotros. Entre todos le enseñamos.

 

El asco le subió a Ximena por la garganta.

 

Esos hombres creían que Héctor nunca iba a despertar. Por eso hablaban de él como si no valiera nada.

 

Y eso la enfureció.

 

—Ustedes no están en coma —dijo—. ¿Y cuántos de ustedes le llegan a los talones?

 

—Uy, la bonita se enojó.

 

Uno de ellos, con cigarro entre los dedos, le pasó el brazo por los hombros.

 

—Me encantan con carácter.

 

Ximena le torció la muñeca, giro el cuerpo y lo estrelló contra el piso.

 

El hombre gritó de dolor.

 

—¿Te sigue encantando?

 

—Perra.

 

Intentó levantarse para agarrarla.

 

Ximena le dio una patada y lo mandó contra la mesa. Las botellas cayeron y se rompieron en el piso.

 

Darío ya conocía esa fuerza. Levantó las manos para calmar a sus amigos.

 

—No molesten a nuestra Ximena. Venimos a pasarla bien.

 

Intentó tocarle el hombro.

 

Ella lo fulmino con la mirada.

 

Darío sonrió y tomó una copa de champaña.

 

—Mira. Te la tomas y te vas. Te doy mi palabra.

 

Ximena miró la copa.

 

Si todos se le iban encima, no podría contra ellos.

 

Lo mejor era salir.

 

Tomó la copa y la bebió de un trago.

 

Darío cumplió, al menos en apariencia.

 

—¿Estas ciego? —le grito al mesero de la puerta—. Ábrele a Ximena.

 

Ella camino hacia la salida.

 

Antes de cruzar, miro a Darío.

 

Su sonrisa torcida le dio una mala corazonada.

 

No alcanzo a llegar lejos.

 

Apenas avanzo por el pasillo, el mundo se le inclinó.

 

Un hombre la levantó por la fuerza. Escucho risas, silbidos, voces que se alejaban.

 

El aire frío de la calle la despejo un poco.

 

Entonces vio quien la cargaba.

 

Darío.

 

Maldito.

 

La había drogado.

 

La metió en un coche.

 

El cuerpo de Ximena empezó a traicionarla. Algo caliente le subía por la piel, por la sangre, por lugares que no quería sentir.

 

—Darío, eres un miserable. Me drogaste.

 

Su voz salió débil, pero la rabia seguía ahí.

 

Darío encendió un cigarro sin prisa y le sopló el humo en la cara.

 

Ximena tosió.

 

—Ximena, Ximena. Tan lista que eres. ¿Cómo no sabes que nunca se acepta una copa de un hombre?

 

Ella se abrazó a sí misma.

 

—Si me tocas, Héctor no te va a perdonar.

 

Darío soltó una risa.

 

—¿Y qué va a hacer? ¿Despertar para pegarme? Julián los engaña. Héctor no va a despertar en su vida.

 

—Cállate. Él va a despertar.

 

El calor del medicamento le quemaba por dentro. Le daba asco Darío, pero el cuerpo le pedía contacto, alivio, lo que fuera.

 

Ese desgraciado le había dado una droga de esas.

 

Darío vio su reacción y sonrió.

 

—Vas a necesitarme. Tranquila, voy a ser suave.

 

—Lárgate.

 

Ximena ya no tenía fuerza.

 

Pero quedaba algo en su cabeza.

 

No iba a entregarse a Darío.

 

Ni muerta.

 

El coche iba rápido. En una curva, Ximena jaló la manija y se lanzó.

 

—¡Ximena, ¡estás loca!

 

La voz de Darío se rompió con el viento.

 

El golpe contra el pavimento le arrancó el aire.

 

El dolor, brutal y seco, la salvó por unos segundos. Con el cuerpo raspado y una pierna temblando, se puso de pie como pudo y detuvo un taxi.

 

—A la residencia Alcázar.

 

No sabía si temía que los empleados la vieran así, o si temía que la droga hiciera efecto en medio de todos.

 

Usó la última fuerza para correr hasta su cuarto.

 

Entró y se encerró en el baño.

 

El agua helada le cayó encima.

 

Le devolvió un poco de conciencia, pero el cuerpo seguía ardiendo. Bajo la regadera, delgada, empapada, temblaba sin control.

 

Nadie podía salvarla.

 

Sabía lo fuerte que era esa droga. Fuera del agua fría, no tenía remedio.

 

Se metió a la tina con agua helada.

 

La sensación era como si miles de hormigas le mordieran la piel por dentro.

 

Poco a poco, perdió la conciencia.

 

Una sombra entró al baño.

 

Unos brazos la sacaron del agua.

 

El calor de ese pecho le pareció luz.

 

Su cuerpo busco ese calor por instinto.

 

Y la droga hizo el resto.

 

Ximena volvió a soñar.

 

En el sueño, un hombre la besaba. La abrazaba contra su cuerpo tibio. La envolvía hasta que el frío se le iba de los huesos.

 

No sabía si era real o no.

 

Solo sabía que así dejaba de doler.

 

Como Renata había dicho, tuvo otro sueño sucio.

 

Y en ese sueño, se entregó.

 

Cuando despertó, una mano pesada estaba sobre su cintura.

 

Ximena tardó un segundo en entender.

 

Era un brazo de hombre.

 

Giró la cabeza de golpe.

 

Héctor estaba a su lado, con los ojos cerrados.

 

—Tú... ¿despertaste?

 

Él no respondió.

 

Ximena miró la mano grande, marcada por venas, sobre su cintura.

 

La tomo.

 

Y la mordió.

 

—Mmm...

 

Héctor dejó escapar un sonido bajo y abrió los ojos despacio.

 

Ximena se quedó frente a una mirada oscura, profunda, despierta.

 

Iba a gritar.

 

Héctor le cubrió la boca.

 

—¿Muerdes y luego gritas?

 

—Tú... tú... ¿de verdad despertaste?

 

Él hizo un sonido afirmativo.

 

—Llama a mi mamá. Necesito hablar con ella.

 

Ximena asintió como muñeca de cuerda.

 

Cuando iba a salir, el agrego:

 

—Dile que llame también a Ignacio.

 

—Si. Claro.

 

Camino hacia el cuarto de Lourdes sin terminar de procesarlo.

 

Héctor había despertado.

 

¿Y ahora qué?

 

¿Iba a seguir tratándolo como antes?

 

Imposible.

 

Despierto no la dejaría darle toques a capricho.

 

¿Iban a actuar como esposos enamorados?

 

Eso sonaba absurdo.

 

Ni siquiera se conocían.

 

Camino con los ojos medio cerrados.

 

Ya vería.

 

La noticia de que Héctor había despertado lleno el dormitorio principal en minutos.

 

Tomás lloraba sin pudor.

 

Lourdes sonreía como si le hubieran devuelto la vida.

 

Ignacio tenía los ojos húmedos.

 

Julián, en cambio, llevaba su misma cara de siempre.

 

Ximena se acercó a él y le susurro:

 

—Doctor, Héctor despertó y usted no parece feliz.

 

—¿No?

 

—Mire a Lourdes. Mire a Ignacio. Mire a Tomás. Y luego mire su cara.

 

Julián se tocó el rostro y rió por lo bajo.

 

—¿Y tú? ¿Estas feliz?

 

—Yo... el llevaba medio año medio muerto. Que despierte es un milagro. Estoy feliz por él.

 

Julián repitió:

 

—Feliz por él.

 

—No le busques tres pies.

 

—No, claro.

 

Tal vez la persona más incómoda de ese cuarto era Ximena.

 

En papel, era la más cercana a Héctor.

 

En realidad, era la más extraña.

 

Tal vez fue el agua helada.

 

Tal vez fue la droga.

 

Tal vez fue todo.

 

Mientras Lourdes hablaba con su hijo, Ximena sintió que la cabeza le daba vueltas.

 

De pronto, el cuerpo se le apagó.

 

Cayó al suelo.

 

Cuando despertó, dos horas habían pasado.

 

Tenía una vía en la mano.

 

Julián, al verla abrir los ojos, soltó el aire.

 

—¿Cómo te sientes?

 

—Sin fuerza.

 

—En tu sangre encontramos componentes de alucinógeno y sedante —dijo él—. Ya no hay peligro.

 

—Ah. Gracias.

 

—No hay de qué.

 

Héctor entró con un vaso de leche.

 

Julián se levantó.

 

—Los dejo. Si pasa algo, me llaman.

 

Ximena miro a Héctor un instante y bajó los ojos de inmediato.

 

No sabía por qué no podía sostenerle la mirada.

 

Habían dormido en la misma cama durante meses.

 

Y de pronto era un desconocido.

 

—Toma. Bebe un poco.

 

Su voz era baja, masculina, con una calma que le puso nerviosa.

 

—Si.

 

Ximena tomo un trago y sintió náuseas.

 

Dejó el vaso a un lado.

 

—Luego. Me siento mal.

 

—Entonces duerme. Le diré a Tomás que te prepare algo ligero.

 

—Gracias.

 

—No hay de qué.

 

Preguntas correctas.

 

Cuidado correcto.

 

Distancia correcta.

 

Era más o menos como Ximena había imaginado que sería Héctor despierto.

 

Y, aun así, incomodaba.

 

Héctor salió del cuarto, tomo su saco y caminó hacia la puerta mientras llamaba a Julián.

 

—Regresa por mí.

 

Julián apenas había salido de la residencia.

 

—¿Tu casa ya no tiene chofer?

 

—No digas tonterías.

 

Cinco minutos después, el coche de Julián freno frente a Héctor.

 

—Señor Alcázar, ¿a dónde vamos?

 

—A Nocturno.

 

—¿A estas horas?

 

—A calentar la mano.

 

Héctor tronó los nudillos.

 

Julián sintió un escalofrío.

 

—Acabas de despertar. Ejercicio intenso no suena recomendable.

 

—Maneja.

 

Cuando llegaron a Nocturno, Julián ya había entendido.

 

Iban por Darío.

 

La droga en la sangre de Ximena casi seguro venía de él.

 

Héctor camino directo al reservado 1707, donde Darío solía perderse.

 

Abrió la puerta.

 

Darío tenía a una mujer contra el sofá y la estaba besando.

 

Iba a soltar una grosería, pero vio el rostro de Héctor.

 

Se quedó helado.

 

—Tú... despertaste.

 

Apenas intentó levantarse, Héctor lo pateo.

 

Darío salió despedido contra la pared.

 

Las mujeres del reservado gritaron y corrieron.

 

Darío se abrazó el abdomen, tosiendo.

 

—¿Por qué me golpeas?

 

Héctor lo tomo del cuello de la camisa, lo arrastro desde la esquina y le soltó un puñetazo.

 

Luego otro.

 

Y otro.

 

Cada golpe sonaba contra carne.

 

Julián torció la boca.

 

—Darío, hasta los perros saben no meterse con lo de casa. Usted estiró demasiado la mano. Esta golpiza no le cae gratis, pero tampoco injusta.

 

Darío entendió.

 

Héctor sabía lo de Ximena.

 

—Ella me sedujo —escupió, con sangre en la boca—. Esa droga era para mí, ella quería dármela. Pero yo soy tu tío. ¿Cómo iba a hacerte algo así?

 

Héctor sonrió con desprecio.

 

Le dio otra patada.

 

—Entonces tendré que disculparme contigo en nombre de Ximena.

 

Darío escupió sangre.

 

Otro poco y no salía vivo.

 

—Soy tu tío. Prefieres creerle a una mujer que ni conoces antes que a mí. Haz lo que quieras, pero deja de pegarme. Me vas a matar.

 

Hasta al borde de quedarse sin aire, seguía ensuciándola.

 

Héctor quiso rematarlo.

 

La puerta se abrió.

 

Darío aprovechó el movimiento y huyó como pudo, tropezando con sus propios pies.

 

Julián rio bajo.

 

—Creo que no veremos a Darío por un buen rato.

 

De regreso en la residencia, Tomás vio a Héctor y se acercó con una sonrisa enorme.

 

—Señor Héctor, no sabe lo que alegra verlo así. Durmió mucho, pero ni el cuerpo ni el carácter le fallaron.

 

—Gracias por todo, Tomás.

 

—Yo no hice nada. La señora Lourdes fue quien más sufrió. Cuando usted cayó en cama, lloraba todos los días. Ahora por fin va a respirar.

 

Mientras tanto, Lourdes entró al cuarto de Ximena con un caldo suave en una bandeja.

 

—¿Cómo te enfermaste de pronto? Fue mi culpa, no te cuide bien.

 

Ximena ya se sentía mejor.

 

—No pasa nada, mamá. Ya no me siento tan mal.

 

—Primero toma esto.

 

Lourdes le dio el caldo cucharada por cucharada.

 

—Ximena, que Héctor despertara tiene mucho que ver contigo. Tu terapia, tus cuidados... estoy muy agradecida.

 

Sacó un estuche largo.

 

Al abrirlo, apareció un collar de esmeraldas.

 

—Este collar me lo dio la abuela de Héctor. Ahora quiero que lo tengas tú.

 

Ximena lo recibió con cuidado.

 

—Gracias, mamá. Lo voy a cuidar.

 

—Lo mío será tuyo. Solo quiero que tú y Héctor estén bien. Si pronto me dan un nieto, voy a ser la mujer más feliz.

 

¿Héctor acababa de despertar y ya pensaban en hijos?

 

Lourdes si tenía prisa.

 

Ximena bajo la cabeza, roja.

 

Lourdes le palmeó la mano.

 

—No les pongo presión. Que pase cuando tenga que pasar.

 

Al mediodía, Lourdes preparó una comida enorme para los dos.

 

Cangrejo real, langosta, salmón, vinos caros. Todo exagerado.

 

Tomás sirvió personalmente.

 

—Señor Héctor, señora Ximena, coman antes de que se enfríe.

 

Héctor no dijo mucho. Comió en silencio.

 

Ximena, sentada frente a él por primera vez desde que estaba despierto, no sabía dónde poner las manos. Comió unos bocados por compromiso.

 

—¿No te gusta? —preguntó Héctor, levantando la mirada.

 

Ximena se quedó quieta.

 

La comida de la casa normalmente era ligera. Ese banquete era demasiado.

 

—Está bien.

 

—Estás en tu casa. No tienes que forzarte. Si quieres comer algo, se lo dices a Tomás.

 

Ximena miró de reojo a Tomás.

 

Ese hombre escuchaba a Lourdes y a Héctor.

 

Si ella pedía un elote asado, seguro le daría una conferencia sobre nutrición.

 

No dijo nada.

 

Comió dos bocados más y dejó los cubiertos.

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Mirta Vicente
yo sigo esperando !!!!
Mirta Vicente
yo me preguntó lo mismo todas iguales !!! nunca se puede terminar la novela !!!!
SE Pti: Muy cierto
total 1 replies
Emily Morillo ♥️
si se pasa ximena tiene que ser más humana🤭
Bienaventurada
Es enserio? 😒esa Ximena es fea 😏
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂ese Héctor 😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
Cómo no se va😏a dar cuenta que tuvo relaciones?😒no va sentir la fricción 🤷
y tampoco que tuvo un aborto?
Bienaventurada
jajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂Esa Ximena, y a quien no le gusta el dinero 😂😂😂
Bienaventurada
jajajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂 esa Ximena es avara
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂 Héctor está mintiendo?🙄
Adriana De Fátima Lopera Gómez
quiero seguir.deseo ver q pasa con Hector
Adriana De Fátima Lopera Gómez
es muy entretenida
Adriana De Fátima Lopera Gómez
me gusta
Felicia Garcete nuñez
no puede ser que no haga más capítulo!!!!!
Marisol grez castro
es una mujer terca, porfiada ...😧
Llessica Ospina
donde encuentro la otra parte para terminar la novela ?
Felicia Garcete nuñez: quiero leer los capítulos siguientes
total 1 replies
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