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Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Telepatía
Popularitas:10.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Capítulo 18: Te amo

Cristian al principio solo pensó en cubrirla con una manta.

Pero Ximena dormía demasiado profundo, con la cara apoyada sobre el brazo y el cabello extendido junto a la laptop, como si el trabajo le hubiera robado la última reserva de energía. Si pasaba la noche así, al día siguiente no podría mover el cuello.

Cristian se quedó de pie a su lado unos segundos. Al final, se inclinó y la levantó en brazos.

Pesaba menos de lo que imaginaba.

Y dormida era mucho más dócil que despierta.

Ximena se movió contra él. Su frente rozó el pecho de Cristian.

—Viejo... —murmuró.

Cristian bajó la vista.

—¿Qué?

Ella seguía con los ojos cerrados, la voz blanda como azúcar recién salida de un sueño.

—Dame dinero...

Cristian se detuvo en medio del cuarto.

Un segundo después, se rió sin hacer ruido.

*Soñando y todavía piensa en dinero*, pensó, pero la burla no le salió fría.

La llevó al dormitorio, la acostó sobre la cama y le quitó con cuidado los aretes para que no le lastimaran el cuello. Ximena murmuró otra cosa ininteligible, giró hacia él y atrapó la manga de su camisa con los dedos.

Cristian intentó soltarla.

No pudo sin despertarla.

—Ximara —susurró.

Ella no respondió.

Solo se acercó más, como si en sueños lo reconociera por temperatura, por olor, por una confianza que despierta habría negado con veinte excusas.

Cristian se sentó en el borde de la cama.

*Cinco minutos*, se dijo.

Era una mentira evidente.

La madrugada avanzó lenta. Afuera, el mar golpeaba el casco con una paciencia profunda. Adentro, Ximena acabó acomodada contra su costado, una mano sobre su pecho, una pierna enredada sin pudor alguno en la sábana.

Cristian permaneció rígido al principio.

Luego menos.

Luego dejó de intentar apartarla.

No era la primera vez que compartían cama. No era la primera vez que ella lo tocaba. Pero había algo distinto en ese abrazo dormido. No pedía nada. No negociaba. No tentaba. Simplemente lo buscaba.

Y Cristian, que habría jurado no necesitar esa clase de cercanía, descubrió que tampoco quería perderla.

En algún momento antes del amanecer, Ximena suspiró contra su pecho.

—No seas tacaño...

Cristian cerró los ojos.

—Duérmete.

—Guapo...

Él abrió los ojos otra vez.

Ximena sonrió dormida.

—Muy guapo...

Cristian miró el techo, derrotado por completo.

—Estás dormida.

—Mmm.

—No sabes lo que dices.

Ella lo abrazó con más fuerza.

—Sí sé...

No dijo nada más.

Cristian tardó demasiado en volver a respirar con normalidad.

Al amanecer, la situación empeoró.

Ximena despertó primero. La primera sensación fue calor. La segunda, firmeza. La tercera, el descubrimiento aterrador de que su mejilla estaba sobre el pecho de Cristian y que una de sus piernas había invadido territorio enemigo con una confianza indecente.

Levantó la cabeza poco a poco.

Cristian estaba despierto.

Muy despierto.

—Buenos días —dijo él.

Ximena se quedó sin voz.

*No. No otra vez. ¿Por qué mi cuerpo firma tratados internacionales mientras mi cerebro duerme? ¿Por qué estoy abrazada a él como koala con título de propiedad? Y... ay, no. Él también está despierto de esa manera.*

Cristian desvió la mirada hacia la ventana.

—Si vas a entrar en pánico, hazlo en silencio.

—No estoy en pánico.

—Tu cara dice otra cosa.

Ella retiró la pierna con la lentitud de quien desactiva una bomba.

—Dormí raro.

—Dormiste encima de mí.

—Eso no es una descripción necesaria.

*Tierra, agua, fuego, viento: llévenme. Pero después, porque estaba cómodo. Demasiado cómodo. Qué pecho. Qué hombro. Qué condena.*

Cristian se sentó, cuidando que la sábana cubriera la reacción física que su cuerpo no tenía intención de discutir.

—Ve a lavarte. Pedí desayuno.

Ximena asintió con rapidez, saltó de la cama y casi perdió el equilibrio. Se sostuvo de la mesita.

Cristian extendió una mano.

—¿Otra vez?

—No.

—¿Segura?

—Sí.

*Si me carga otra vez, me caso de nuevo con él ahora mismo, con cura, mariachi y contrato de uso de abdomen incluido.*

Cristian apretó los labios.

—Camina despacio.

Ximena huyó al baño con toda la dignidad que pudo reunir.

Cuando salió, con el cabello húmedo y una bata blanca, lo encontró junto a la mesa, sirviendo café. La laptop estaba abierta a un lado.

Ximena se quedó quieta.

—Mi presentación.

Cristian dejó la cafetera.

—La guardé.

Ella corrió hacia la pantalla.

Las diapositivas estaban terminadas.

No solo terminadas: ordenadas. Limpias. Con ejemplos claros, una actividad de inicio que por fin tenía sentido y un cierre que resumía la clase sin parecer escrito por alguien al borde del colapso. Los colores ya no parecían elegidos en un ataque de cansancio. Las notas estaban acomodadas. Incluso había corregido la diapositiva donde ella había escrito "narrador omniscente" sin la segunda i.

Ximena pasó de una diapositiva a otra en silencio.

Cristian esperó, inexplicablemente incómodo.

—Si no te gusta, puedo deshacer los cambios.

Ella negó con la cabeza.

—No.

—Entonces...

—Está perfecta.

La palabra salió pequeña.

Él la miró.

Ximena no estaba actuando. No había sonrisa de esposa ideal, ni tono meloso, ni pensamiento de dinero o de ropa cara. Solo sorpresa. Gratitud. Algo más vulnerable.

—Gracias —dijo ella.

Cristian no supo qué hacer con esa voz.

—No era difícil.

—Para mí anoche sí.

Él bajó la mirada al café.

—Dormías incómoda.

—Pudiste dejarme así.

—No quise.

Ximena volvió a mirar la pantalla, esta vez con más calma.

En la diapositiva de "tipos de narrador", Cristian no se había limitado a acomodar cuadros. Había tomado una nota suelta de ella, una frase escrita de prisa sobre "quien cuenta también decide qué oculta", y la había convertido en una pregunta para abrir discusión con los alumnos.

En otra diapositiva, donde ella había puesto "ejemplo pendiente", había colocado un fragmento breve de un cuento que Ximena reconoció de una carpeta vieja. No era el ejemplo más obvio. Era el que ella habría elegido si no hubiera estado exhausta.

Eso la dejó sin defensa.

—¿Revisaste mis archivos?

Cristian se enderezó un poco.

—Solo los de la carpeta de la clase.

—No me molesta.

—No cambié tus ideas.

—Lo sé.

Ximena pasó a la siguiente diapositiva. La actividad final decía: "Escribe una escena breve dos veces: una desde quien vive el conflicto y otra desde quien lo observa sin ser visto."

Ella se quedó mirando esa línea demasiado tiempo.

*Qué tramposo. Ni siquiera sabe lo mucho que esa actividad se parece a mi vida. Una cosa soy por fuera, otra por dentro, y este hombre viene a ordenarme las diapositivas como si estuviera acomodando partes de mí.*

Cristian sintió que la frase le atravesaba el pecho con una precisión incómoda.

—Si algo no te sirve, lo cambias —dijo.

—Sí me sirve.

—No tienes que usarlo por compromiso.

Ximena soltó una risa muy baja.

—Cristian, cuando algo no me gusta, mi cara me delata.

—Tu cara no es el problema.

—¿Entonces?

Él tomó su taza.

—Piensas demasiado.

Ella parpadeó.

—¿Eso es una crítica?

—Una observación.

*Si supieras cuánto pienso en tu pecho, dejarías de hacer observaciones y empezarías a cobrar renta.*

Cristian tosió.

Ximena entrecerró los ojos.

—¿Te dio risa?

—No.

—Sí.

—Te imaginaste algo.

—No.

*Sí. Y no fue académico.*

Cristian decidió que el café necesitaba toda su atención.

La ligereza regresó un instante, pero no borró lo anterior. Ximena miró otra vez la presentación terminada, las notas limpias, el archivo guardado con el título correcto. Él no había hecho un gesto grande. No había comprado nada, ni dado órdenes, ni usado el poder de su apellido. Solo se había sentado en la madrugada a terminar un trabajo que ni siquiera tenía por qué importarle.

Eso era peor.

Porque los regalos enormes podían explicarse con dinero. La tarjeta negra podía explicarse con conveniencia. El Ferrari, con extravagancia.

Esto no.

Esto le había costado tiempo.

Atención.

Un cuidado silencioso que no pedía aplausos.

La respuesta fue tan simple que le llegó directo a un lugar que Ximena no tenía protegido.

Durante unos segundos, ninguno habló.

*Viejo... te amo.*

Cristian se quedó paralizado.

La frase no fue un grito. No tuvo el brillo descarado de sus fantasías ni la ligereza de sus insultos cariñosos. Fue suave, tibia, asustada. Una verdad que se le escapó por dentro antes de que ella pudiera revisarla.

Ximena, en voz alta, solo dijo:

—De verdad, gracias.

Cristian la miró como si hubiera pronunciado dos frases distintas al mismo tiempo.

Quizá no lo había dicho.

Quizá sí.

El pulso le golpeó en la garganta.

—No fue nada —respondió al fin.

Pero sí había sido algo.

Y ahora, con Ximena frente a él, sonrojada por gratitud y sin saber lo que acababa de confesar en silencio, Cristian no tenía la menor idea de qué hacer con aquello.

1
bruja de la imaginación 👿😇
me encanta esta historia
Carely Prieto
bonita narrativa, creativa y gran ingenio
Karina Sanabria
👏👏👏👏muy linda novela!! algo diferente
gracias pero por favor no tardes en subir nuevamente
Karina Sanabria
Dios mío que le pasa a este hombre!!! acaso no le gusta el sexo 🤭🤤🫠
Erika Durán
Hasta el momento
Muy bien,
Carely Prieto
😭 noooo, no seas malita, sube más capítulos 🥹 anda dí que si, anda siiiiiiii??!
wendy arrieta
Dios mio ella si sabe utilizar su mente jajajajajaa
Martha Mena Wong
Por dios me voy acabar las uñas esto se está poniendo peliagudo más capítulos muchas felicidades autora eres genial te atrapa desde el principio la novela bendiciones
Martha Mena Wong
Esto se está poniendo buenísimo por favor que no la idie cuando se entere de la verdad gracias más capítulos por favor está súper la historia
Martha Mena Wong
Noooooo me va a dar el mimisqui cuánto podrá fingir ser quien no debe ahora sí me va a dar algo😭😭😭😭
Martha Mena Wong
Santa cachucha ahora que hará se le junto el ganado jajajaja 🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
Celoso de el mismo que divertido genial 🤣🤣🤣🤣
Martha Mena Wong
Por dios esto está más entretenido que las estupidas novelas de la tele felicidades me encanta
Martha Mena Wong
Ajaja se le hizo por fin siiiiiiii
Martha Mena Wong
Ya el se ka imaginaba con lencería buen camino
Martha Mena Wong
Andele a ver si ahora le hace caso
Martha Mena Wong
jajajaja me encanta excelente novela
Martha Mena Wong
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
jajajaja esto está genial imagínate que oigan tus pensamientos bueno si está buenorro yo también pienso cositas o cositas depende jijiji
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