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No firmaré el divorcio: mi esposo puede leer mi mente

No firmaré el divorcio: mi esposo puede leer mi mente

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Telepatía / Completas
Popularitas:159.7k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Vivi

Sofía Reyes despertó dentro de una novela donde su destino ya estaba escrito.
Era la hermana odiada, la esposa no deseada, la villana descartable que todos iban a culpar. Según la historia original, debía casarse con Leonardo Montero, ser abandonada por él y morir sola después del divorcio.
Pero nadie esperaba un error en el destino.
Leonardo podía escuchar todo lo que ella pensaba.
Sofía solo quería sobrevivir, vengarse de su familia y escapar antes de que el final la alcanzara.
Pero el esposo frío que debía despreciarla empezó a protegerla.
Y cuando ella por fin quiso irse, Leonardo rompió el guion con una sola frase:
—No firmaré el divorcio.
Ahora Sofía tendrá que enfrentarse a una hermana hipócrita, una familia cruel y un destino decidido a destruirla.
Porque si la novela la escribió como villana, ella va a reescribirla como protagonista.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Capítulo 5

Sin moral, no hay chantaje emocional

Y por una curiosidad peligrosa.

Leonardo creyó que la conversación terminaría ahí.

Sofía, en cambio, miró la lluvia que empezaba a manchar el parabrisas y dijo:

—¿Quieres ver una obra de teatro?

Leonardo giró la cabeza.

—¿Qué clase de obra?

—La función privada de la familia Reyes. Título: "Cómo educar a la hija que no obedece".

Toño, al volante, fingió no escuchar.

Leonardo no sonrió.

—No tienes que entrar si sabes que te van a lastimar.

Sofía apoyó la mejilla contra el vidrio frío.

—Claro que tengo que entrar. Si no entro, mañana Valentina contará que me escapé por culpa. Patricia llorará con sus amigas. Ricardo dirá que soy una vergüenza. Y todos volverán a creerles.

El nombre Ricardo le recordó a Leonardo el acuerdo pendiente. Don Ricardo Reyes, padre de Sofía y Valentina, era de esos empresarios venidos a menos que todavía hablaban como si la ciudad les debiera reverencias.

—¿Y qué quieres que haga yo?

Sofía lo miró.

—Nada. Solo mira.

El auto se detuvo frente a la residencia Reyes, una casa art déco en la Condesa con pintura cansada y bugambilias mal podadas. De lejos todavía fingía abolengo. De cerca se veían las grietas.

Sofía abrió la puerta.

Leonardo la detuvo con una mano sobre el borde del asiento.

—No voy a quedarme lejos.

—No entres. Si entras, actuarán diferente.

—Entonces estaré cerca.

Sofía señaló una ventana lateral, medio cubierta por una celosía y un árbol de jacaranda.

—Desde ahí se ve la sala.

Leonardo bajó del auto sin paraguas. La lluvia fina le oscureció los hombros del saco. Sofía lo vio caminar hacia la sombra de la ventana y, por primera vez en toda la noche, se le aflojó algo en el pecho.

[Mira nada más. Mi supuesto esposo de utilería obedeciendo indicaciones para espiar maltratos familiares. Esto sí no venía en el paquete básico de CEO frío.]

Leonardo llegó a la ventana justo cuando Sofía abrió la puerta principal.

La sala de los Reyes estaba iluminada como interrogatorio. Doña Patricia esperaba de pie junto al sofá, todavía con el rodillo de madera en la mano. Valentina estaba sentada con una manta sobre los hombros, como si la noche la hubiera enfermado. Don Ricardo Reyes ocupaba el sillón central, camisa blanca, reloj caro, expresión de hombre acostumbrado a que otros limpiaran sus problemas.

—Llegas tarde —dijo Ricardo.

Sofía cerró la puerta.

—La cena terminó tarde.

Patricia golpeó el rodillo contra la palma.

—La cena terminó tarde porque volviste a humillar a tu hermana.

Valentina bajó la cabeza.

—Mamá, ya basta. Fue mi culpa.

—No, mi vida. Tú siempre cargas con culpas que no son tuyas.

Sofía soltó el bolso sobre una silla.

—Qué bonito. Ya empezaron sin mí.

Ricardo frunció el ceño.

—No estás en posición de burlarte.

Sofía lo miró bien.

Era su padre en ese mundo. Biológico, legal, social. Pero la memoria del cuerpo no encontró calor al verlo. Solo encontró permisos negados, tarjetas retenidas, silencios cómodos y frases como "no provoques a tu madre".

—Entonces dime cuál es mi posición, papá.

La palabra salió más fría de lo que esperaba.

Ricardo se acomodó en el sillón.

—Tu posición es sencilla: mañana llamarás a doña Claudia, pedirás disculpas a Valentina y aceptarás las condiciones que la familia Montero ponga. Si vuelves a causar problemas, te corto todo.

Sofía abrió los ojos con fingida sorpresa.

—¿Todo qué?

Patricia dio un paso.

—No te hagas la lista.

—No, en serio. ¿Qué me van a cortar? ¿La tarjeta que nunca tuve? ¿La cuenta que nunca manejé? ¿El coche que siempre usa Valentina? ¿O el dinero que mamá me da contado para luego decir que soy una mantenida?

Desde la ventana, Leonardo sintió que la mandíbula se le tensaba.

Ricardo miró a Patricia.

Patricia apartó los ojos.

Ese segundo fue suficiente.

—Las tarjetas familiares se administran por seguridad —dijo Ricardo.

—La tarjeta negra está en manos de Valentina desde hace años.

Valentina levantó la cara.

—Eso no es verdad.

—¿No? Entonces dime cuál fue la última vez que yo pagué algo con ella. Una fecha. Una tienda. Un recibo.

Valentina abrió los labios.

No salió nada.

Sofía dio un paso hacia la vitrina donde Patricia guardaba vajillas que nadie usaba.

—Cuando cumplí quince, Valentina eligió mi vestido porque "ella tenía mejor gusto". Cuando entré a la universidad, papá puso a mi nombre una cuenta que mamá administraba "para protegerme". Cuando me compraban algo nuevo, primero pasaba por el cuarto de Valentina para ver si le gustaba.

Patricia apretó el rodillo.

—Siempre fuiste envidiosa.

—No. Siempre fui el basurero elegante de esta casa.

Valentina se puso de pie, envuelta en la manta como una mártir de televisión.

—Sofía, no digas eso. Yo muchas veces te di mis cosas para que no te sintieras menos.

Sofía la miró de arriba abajo.

—Me dabas lo que ya no querías y luego contabas que yo te lo había quitado.

Ricardo golpeó el brazo del sillón.

—¡Suficiente! La familia Montero no va a aceptar a una mujer que habla así de su propia sangre.

—La familia Montero acaba de ver a Valentina romper una reliquia y fingir inocencia. Tal vez su estándar no sea tan fácil de manejar como ustedes creen.

Desde la ventana, Leonardo vio a Ricardo quedarse callado por primera vez.

No por culpa.

Por cálculo.

—Escúchame bien —dijo Ricardo, bajando la voz—. Si ese matrimonio se concreta, no es para que juegues a la víctima. Grupo Reyes necesita estabilidad. Necesita la confianza de los Montero. Necesita que tú no arruines una oportunidad que tu hermana habría manejado con elegancia.

Sofía soltó una risa seca.

—Ahí está. No soy hija, soy trámite.

—Eres una Reyes.

—Solo cuando necesitan venderme.

Patricia explotó.

—¡No tienes vergüenza! Tu hermana te cubrió en La Casona y vienes a acusarla.

—Valentina me cubrió tan bien que casi me cuelgan la pulsera rota al cuello.

—¡Sofía!

El rodillo subió.

Esta vez Sofía no retrocedió hacia la pared. Se movió hacia la mesa de centro, tomó un florero de cristal y lo levantó.

Patricia se detuvo.

—Baja eso.

—Tú baja el rodillo.

—¡Esa pieza es francesa!

—Qué pena.

Sofía lo soltó.

El cristal se hizo pedazos contra el piso.

Valentina gritó. Ricardo se levantó de golpe. Patricia se quedó paralizada, mirando los fragmentos como si Sofía acabara de romperle un hueso.

Leonardo, detrás de la ventana, no se movió.

Pero entendió.

Sofía no estaba perdiendo el control.

Estaba eligiendo dónde caía cada golpe.

—¿Estás loca? —rugió Ricardo.

—No. Estoy calculando. Ese florero vale menos que mi dignidad y más que la paciencia de mamá. Buen equilibrio.

Patricia se lanzó hacia ella.

Sofía esquivó el rodillo y, al pasar junto a una repisa, empujó una figura de porcelana.

Crac.

—¡Esa era de tu abuela! —chilló Patricia.

—Mi abuela me dejó desangrarme en una tina en otra vida. No me inspira mucho respeto decorativo.

Todos se quedaron helados.

Sofía también, por dentro.

Había dicho demasiado.

Pero no se activó ningún bip.

[Ah, claro. Si parece locura, El Destino no censura. Buen dato.]

Leonardo recibió la frase como otra llave.

El Destino.

Censura.

Locura como cobertura.

Patricia volvió a levantar el rodillo.

—Te voy a enseñar a respetar.

Sofía tomó una lámpara pequeña.

—Y yo voy a enseñarte cuánto cuesta perseguirme.

La lámpara cayó antes de que Patricia la alcanzara.

Patricia avanzó de nuevo, ciega de rabia. Sofía retrocedió hacia el aparador y levantó una charola de plata.

—Esa no —advirtió Valentina, olvidando por un instante su voz dulce—. Es de la colección de mamá.

Sofía sonrió.

—Gracias por señalar la cara.

La charola cayó de canto y dejó una marca profunda en el piso de madera. Patricia soltó un grito que tuvo más dolor por la madera que por cualquiera de los moretones que le había dejado a su hija.

Leonardo sintió que algo dentro de él se acomodaba con una claridad incómoda.

En La Casona, Sofía había parecido feroz.

En esa sala, entendió que la ferocidad no era carácter. Era defensa.

Ricardo gritó:

—¡Basta! Si cruzas esa puerta esta noche, no vuelves a entrar. Te quedas sin dinero, sin apellido y sin casa.

Sofía respiró hondo.

El agua de la tina volvió un segundo. El frío. La puerta cerrada. La voz de una abuela diciendo "déjala, se le pasa".

Luego miró a su padre.

—¿Sabes qué es lo bueno de no tener moral?

Ricardo frunció el ceño.

—¿Qué tontería dices?

—Que el chantaje emocional no funciona.

Patricia se quedó con el rodillo en alto.

Sofía tomó su bolso.

—¿Quieres echarme? Perfecto. Me voy.

Valentina se levantó.

—Sofía, no hagas esto. Papá solo está enojado.

Sofía se detuvo junto a la puerta.

—Valentina, no me llames cuando necesites que alguien sea tu villana. Busca otra comparsa.

Abrió la puerta.

La lluvia entró primero.

Patricia llegó hasta el umbral.

—¡Si sales, no vuelvas!

—Qué alivio.

Sofía cruzó el porche con el bolso apretado contra el pecho. El agua le cayó sobre el cabello, sobre el vestido negro, sobre la mejilla que todavía guardaba la sombra del golpe.

Durante dos pasos, no vio a nadie.

Luego una sombra se movió junto a la jacaranda.

Leonardo abrió un paraguas negro.

No dijo nada. Solo caminó hacia ella y lo inclinó de tal manera que la lluvia dejó de tocarle la cara a Sofía mientras el hombro de él seguía mojándose.

Sofía lo miró.

Detrás, en la puerta, doña Patricia se quedó muda. Don Ricardo apareció a su lado, con Valentina medio escondida tras él.

La escena era absurda.

Y preciosa.

[Vaya. El esposo de utilería trae servicio de paraguas incluido.]

Leonardo la oyó, pero esta vez no quiso corregirla.

—¿Terminó la obra? —preguntó.

Sofía miró los pedazos de luz que salían de la sala Reyes.

—Primer acto.

—¿Y ahora?

Ella levantó el bolso, empapada, con una sonrisa que temblaba apenas por el frío.

—Prometido, de ahora en adelante me voy contigo.

Leonardo inclinó más el paraguas hacia ella.

La lluvia le resbaló por el cuello.

—Entonces vámonos.

1
Quica Romero
¡Ajá!.😒 ¿Y los demás que?.
°~🤨~°
Quica Romero
El destino no sólo no discierne, si no que es estúpido. Ya que la "trama original" está más manoseada que la Constitución.🧐°\🤨/°😏😉😈😈😈😈
Quica Romero
Sería la segunda y tercera vez.🧐 Ya que la primera fue bajó los efectos de la droga y la mentira.°~🫩~°
Quica Romero
¡Cuando lo son!.°\🤨/°
Pero...Cuando nunca lo fueron. Ya que siempre fueron los antagonistas, que una identidad que no sabe discernir, les dio un "protagonismo" que nunca fue suyo.🤨🤔🧐🫩🙎‍♀️
Quica Romero
¿Otra vez?.°\🤨/° ¿Pues a casó está en las luchas, para que sean "a tres caídas sin límite de tiempo"?.°~🫩~°🤔😏😈😈😈😉😈😈😈
Quica Romero
¿Y cuando vas a aceptar que eres tú y "no hecharle el muerto" a otro?.°\🧐/°🫩🙎‍♀️🤔🤨
Quica Romero
¡Eso es lo que vengo diciéndoles desde más antes!.
¡Sofía!, ya deja de hacerte la martir y hazte responsable del papel de la PROTAGONISTA, que es tuyo desde la escena de la cama. Qué fue el momento exacto que reencarnaste y tomaste el PROTAGONISMO y Valentina la de la VILLANA.🧐🫩🙎‍♀️
Y al no reclamarlo el metiche "destino" quiere "meter su cuchara" en donde no le han dado "vela para el entierro" creyéndose Dios, para "arreglar" las cosas sin saber discernir. Pero las personas si(aunque algunas se hagan las que "la virgen les habla") 😏😉°\🧐/°°~🫩~°
Quica Romero
¡Quitándosela!.°\🫩/°
Y tomarla tú, como tenías que haberlo hecho hace tiempo.🤷‍♀️ Y por fin señalarle su "nuevo"(y verdadero )papel.
Quica Romero
No, ya no.☝️🙂‍↔️ Eso lo dejaste de ser hace 4 "migajas"
(cooprotagonistas) atrás y un nuevo villano.🤷‍♀️
Ya que tú ahora eres la antagonista principal, mejor conocida como la..
¡VI-LLA-NA!.😏😉😈😁😈😉
Quica Romero
¿Y desde cuándo sé pide permiso para dar cariño?.🤨
Eso solo lo dice la gente estúpida, que se queja por estar solo y no encontrar a alguien.🫩°\🙄/°🤦‍♀️
Quica Romero
No. suena más bien a película de Sandra Bullock, Mientras dormías.°~😌~°🧐😏😉
Quica Romero
Eso mismo dijo Alex Browningen, en "Destino final" y lo logro hasta que lo mató de un ladrillazo.°~🤨~°🙎‍♀️
Quica Romero
No. es DESTINO FINAL parte 7.°\🧐/°
Quica Romero
Si, el destino puede entrar todo lo que quiera. Pero él no descubre.°~🤨~°🙎‍♀️ Así que se puede ir a meter a otra historia, porque ahí nadie lo llamó.°~🧐~°🙎‍♀️
Quica Romero
Èso no puede ser cierto.°\🧐/°🙎‍♀️ O es porque tú no quieres tomar el lugar que ya lo tienes desde que reencarnaste(sin querer o queriendo). Y es por lo que estás ahí, ¿o no?.
🙎‍♀️°~🤨~°
Quica Romero
¡No es cierto!. 🙎‍♀️ La "novela" ya no la reconoce como tal, ya que cambió de "heroína". ELLA es la que sigue en ese papel, en aferrarse a al papel que ya no le pertenece. Porque no comprende que ya dejó de serlo desde que "cambió" Sofía.🤷‍♀️
Y las telenovelas, nos enseñaron que a toda actriz o actor problemático su personaje (no importa si es el protagonista) se le pone en coma, enferma, tiene un "accidente" o muere trágicamente.
Con todo esto nos dan a entender que...¡ NADIE ES INDISPENSABLE! Ni siquiera LOS PROTAGONISTAS.
Ya que si "salen de escena" OTROS tomarán la estafeta.
°~😌~°😏😉
Pris
Creo que Joaquín es Navarro.
Quica Romero
A no confiar en ti.🤨
Quica Romero
¿En serio?.🤨 ¿Te dejás perder por unos simples pies fríos?.🫩 ¿Pudiendo solucionarlo con unos calcetines?.🤷‍♀️°\🙄/°🧦🤦‍♀️
¿O un calefactor?.🤷‍♀️
Porque en verdad, déjenme hacer su aguate, pero está escena no queda en éste país.
Ya que todo tiene solución.🤷‍♀️
Hasta lo de la cama compartida y el inevitable acostón que ambos quieren, los dos lo evitan pero..Uno ya se decidió y la otra se hace de la boca chiquita.🫩
Ya que no tiene que haber amoro gustar. Sino simple atracción, y tú la tienes de sobra. Así que te haces del rogar; cuídate, adelante y disfruta.°~~°😌😏😉
Quica Romero
¿Y quién en México carga su neceser consigo estando en su casa y no listo para irse de viaje?.°\🧐/°❔❓
Aquí, tienes jabones en cada baño (y como rico, me imagino que debe de estar equipado con lo necesario para una bañada de emergencia, ¿no?.°~🧐~°
Así que ¿por qué trae su kit de baño si no va a salir de viaje y se se "supone" que debe de estar en su habitación.°~🤨~°
Aquí lo único que debió de llevar de más para bañarse es una toalla y posiblemente un jabón o shampoo o los dos por si el de ella es perfumado (¡ay, pero si solo es por una noche y al otro día se puede bañar con su shampoo y ya. Por una noche que huela a fresas o flores no se va a morir ni volver gay).🤷‍♀️🧐🫩🙎‍♀️°\🙄/°
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