En su primera vida, ella muere de una enfermedad. Pero renace en un mundo nuevo, con posibilidades mágicas de cambiar su destino.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Túnicas 1
Unos días después, mientras Liam revisaba algunos documentos en su despacho, Lila apareció con un cuaderno entre las manos.
Tenía esa expresión que él ya conocía muy bien.
Cada vez que sonreía de esa manera...
Significaba que había tomado una decisión.
—Hoy comenzaremos con la lista.
Liam levantó la vista.
—¿Encontró algo sobre mi enfermedad?
Lila negó suavemente.
—Todavía no.
—Entonces... ¿Por qué la lista?
Ella tomó asiento frente a él.
—Porque prometí dos cosas. Investigar su enfermedad... Y ayudarlo a cumplir aquello que escribió antes de morir.
Le mostró el cuaderno.
La primera línea seguía allí.
"Recorrer nuevamente todas las tierras del ducado."
Liam bajó lentamente la mirada.
Permaneció unos segundos en silencio.
—No podré hacerlo.
Su voz sonó apagada.
—Mi cuerpo no lo soportará.
Lila no discutió.
Simplemente respondió con tranquilidad.
—Yo lo acompañaré.
Él levantó la vista.
Ella continuó.
—Cada vez que el dolor aumente, utilizaré magia de sanación. Prepararé pociones para disminuir el agotamiento. Descansaremos cuando sea necesario.
Sonrió con dulzura.
—No será un viaje rápido. Pero sí posible.
Liam seguía dudando.
Lila apoyó suavemente el cuaderno sobre la mesa.
—Piénselo de esta manera. Si realmente fuera la última vez que pudiera recorrer sus tierras... ¿No le gustaría que su gente lo recordara caminando entre ellos? No encerrado en esta habitación.
Las palabras hicieron que Liam permaneciera completamente inmóvil.
Lila prosiguió con calma.
—Cuando los habitantes de este ducado recuerden a su señor... Quiero que recuerden a un hombre que salió a verlos. Que escuchó sus problemas. Que se preocupó por ellos hasta el final. No únicamente al duque enfermo que permanecía detrás de unas cortinas cerradas.
Liam respiró profundamente.
Aquella imagen...
Le gustaba mucho más que la otra.
Finalmente asintió.
—Prepararemos el viaje.
La noticia sorprendió a toda la mansión.
Los sirvientes comenzaron a organizar carruajes.
Revisar rutas.
Preparar provisiones.
Incluso los caballeros parecían más animados que de costumbre.
Hacía años que el duque no recorría personalmente sus dominios.
Mientras tanto, Lila preparaba una lista con las pociones que necesitaría llevar.
Cuando Liam la encontró revisando el equipaje, frunció ligeramente el ceño.
Ella llevaba un sencillo vestido gris.
Era el mismo que una de las doncellas le había prestado mientras esperaba recibir ropa del templo.
—¿Esa será la ropa que utilizará durante el viaje?
Lila levantó la vista.
—Sí. No traje muchas cosas conmigo. Pensé que permanecería aquí solo unos días.
Liam observó nuevamente el vestido.
Era limpio.
Sencillo.
Pero claramente pertenecía al servicio doméstico.
Negó con la cabeza.
—No.
Lila parpadeó.
—¿No?
—Usted recorrerá el ducado a mi lado.
Su voz era firme.
—No puede vestir ropa prestada de las doncellas.
Ella sonrió con cierta vergüenza.
—De verdad no me molesta.
Liam ya había tomado una decisión.
Miró al mayordomo.
—Envíe un mensajero. Quiero que la mejor modista venga inmediatamente a la mansión.
Dos días después, un elegante carruaje se detuvo frente a la residencia Lovelace.
Cuando Lila salió a recibir a la visita, sus ojos se abrieron con sorpresa.
Descendiendo del carruaje apareció una mujer de sonrisa brillante y enorme energía.
Vestía un hermoso conjunto verde con delicados bordados dorados.
Apenas puso un pie en el suelo, comenzó a observar la mansión con evidente curiosidad.
Tras ella descendió un hombre alto de cabello oscuro, con pocas canas.
Su expresión era mucho más tranquila.
Aunque parecía varios años mayor que ellos, bastaba observar la forma en que miraba a su esposa para comprender cuánto la amaba.
Había en sus ojos una devoción silenciosa que no necesitaba palabras.
El mayordomo anunció a los visitantes.
—La condesa Dempster... Y el conde Dempster.
Lila sonrió de inmediato. Conocía a la condesa desde hacía algun tiempo, cuando había atendido algunos compromisos relacionados con la nobleza.
La mujer se acercó con entusiasmo.
—¡Lila!
—Condesa. Me alegra verla.
La condesa tomó ambas manos de la joven.
—Cuando recibí la carta del duque pensé que sería un trabajo interesante. Pero no imaginé encontrarte aquí.
Mientras tanto, el conde Dempster saludaba cordialmente a Liam.
Ambos comenzaron a conversar sobre asuntos relacionados con el recorrido que realizarían por el ducado.
La condesa volvió toda su atención hacia Lila.
—Bien. Cuéntame qué necesitas.
Lila sonrió.
—La verdad... No es nada complicado. Solo quisiera algunas túnicas cómodas para trabajar. Siempre utilizo la ropa del templo. Pero, como vine de urgencia, apenas traje un par de prendas. Y pedir nuevas desde el templo tomaría demasiado tiempo por la distancia.
La condesa la observó unos segundos.
Después sonrió con esa expresión característica de alguien que ya estaba imaginando nuevos diseños.
—Eso no será ningún problema.
Comenzó a caminar alrededor de Lila observándola atentamente.
—Necesitas prendas resistentes. Cómodas para viajar. Con bolsillos amplios para pociones. Tela ligera para poder utilizar magia sin dificultad. Y colores que no muestren fácilmente el polvo de los caminos.
Lila abrió un poco los ojos.
Jamás había pensado en tantas cosas.
La condesa sonrió satisfecha.
—Déjamelo a mí.
Mientras tomaba algunas medidas, volvió la cabeza hacia Liam.
Y entonces apareció la comerciante que llevaba dentro.
—Aunque... Si el duque recorrerá todas sus tierras... También necesitará ropa nueva.
Liam levantó una ceja.
—¿Yo?
—Por supuesto.
La condesa cruzó los brazos.
—Va a reencontrarse con todo su pueblo. Lo verán comerciantes, agricultores, soldados, niños y nobles.
Hizo una pequeña pausa antes de sonreír.
—Debe verse impecable. No por vanidad. Sino porque la imagen de un gobernante también transmite confianza.
El conde Dempster soltó una pequeña risa.
Era evidente que ya había escuchado aquel discurso muchas veces.
Liam observó a la condesa unos segundos.
Después asintió lentamente.
—Tiene razón.
La condesa dio una pequeña palmada llena de entusiasmo.
—¡Perfecto! Entonces haré ropa para los dos.
Cuando terminó de hablar, ya estaba imaginando telas, cortes y colores.
Y Lila no pudo evitar sonreír.
Era la primera vez que veía a alguien convertir un simple encargo de ropa... en un proyecto que parecía entusiasmarla tanto como a un mago descubrir un nuevo hechizo.
Al parecer es ella su única medicina y creo que no la. dejara ir tan fácilmente
estos dos quien dará el primer paso 👌👌👌 no creo q sea a lia o tal vez me equivocoque jejjejej