Natalia está al borde del divorcio, pero un accidente lo cambia todo.
Branko su esposo, sufre un accidente y puede leer los pensamientos de su aún esposa y descubre muchas cosas, Natalia es fría por fuera, pero caótica por dentro, se entera que ella ha estado enamorada de él durante mucho tiempo y ahora es él quien no quiere divorciarse. ¿DIVORCIO? ESO JAMÁS
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Cap. 9 La fachada que se derrumba
Branko sintió frío. No en el cuerpo. En el alma.
—No solo eso —continuó Griano, animándose—. No solo eso. También me humillaste cuando me quitaste la presidencia de la empresa. Me humillaste cuando te cambiaste el apellido al de tu abuela. ¿Por qué hiciste eso? ¿Para hacerme daño? ¿Para que todos sepan que tu madre y yo no importamos?
—Te lo he explicado mil veces —respondió Natalia, con la mejilla enrojecida pero la voz firme—. Ricaldi es el apellido de la abuela. La única persona que me quiso en esta casa. Ella me dejó la empresa en herencia, no tú. Tú quebraste Santino Corp dos veces. Ella la reconstruyó. Así que el apellido que vale es el suyo, no el tuyo.
—¡Insolente! —gritó Miriam—. ¡Mira cómo le hablas a tu padre!
—Le hablo con la verdad —dijo Natalia—. Si eso es insolencia, entonces sí, soy insolente.
Griano dio un paso adelante. Su cara estaba roja, congestionada, como un tomate furioso.
—No solo me humillaste con lo de la empresa —dijo, y su voz empezó a temblar—. Me humillaste cuando te casaste con él —señaló a Branko sin mirarlo—. Nos dejaste fuera de la boda. No hubo invitación. No hubo nada. Mis amigos me preguntaban '¿dónde estaba la boda de tu hija?' y yo no sabía qué responder. ¡Eso es humillación!
"¿Humillación?" pensó Natalia, mientras Branko escuchaba. "¿Él habla de humillación? ¿El mismo que me obligó a pedir prestado para el uniforme del colegio porque 'no había presupuesto'? ¿El mismo que le dijo a su socio que yo era 'un error'? ¿Ese es el humillado?"
—Papá —dijo Natalia en voz alta—. No los invité a la boda porque ustedes me pidieron que no los invitara. Dijeron, cito textual: 'No queremos figurar en un matrimonio por conveniencia. Eso es de necesitados'.
—¡Yo nunca dije eso! —gritó Griano.
—Lo dijiste. Mamá estaba presente. Lucía también.
Miriam abrió la boca. La cerró. Por una vez, no tuvo una respuesta rápida.
Lucía, que hasta ahora había estado en silencio, guardó el teléfono y se puso de pie. Su sonrisa era afilada, como un bisturí.
—Hermana —dijo Lucía, con voz melosa—, no seas cruel. Mamá y papá solo quieren lo mejor para ti.
—¿Lo mejor para mí? —Natalia se giró hacia ella—. ¿Tú hablas de lo mejor para mí? ¿La misma que intentó seducir a mi marido en mi propia casa?
Lucía palideció. Branko recordó la escena: Lucía en su salón, con un vestido corto, coqueteando. Natalia callada, mirando. Y él, estúpido, sin darse cuenta de nada.
—Eso fue... fue un malentendido —balbuceó Lucía.
—Fue un intento de meterte en mi cama —dijo Branko, hablando por primera vez.
Todos se giraron hacia él.
Branko estaba de pie, en la entrada del salón, con los brazos cruzados y la venda en la cabeza. Había presenciado toda la discusión en silencio. Hasta ahora.
—Señor Sitik —dijo Miriam, recuperando rápido la compostura—, no sabíamos que venía. Qué sorpresa tan... grata.
—No me diga señor Sitik —respondió Branko, con voz fría—. Soy su yerno. O al menos eso creía.
—Claro, claro —Griano se acercó con la mano extendida—. Bienvenido, hijo. No sabíamos que Natalia te traería. Si lo hubiéramos sabido…
—¿Qué? —lo interrumpió Branko— ¿No le habrían pegado una bofetada delante de mí? ¿O me la habrían pegado a mí también?
El silencio fue tan denso que se podía oler.
Miriam fue la primera en reaccionar. Y lo hizo como siempre: con una sonrisa falsa y un cambio de tema.
—¿Quieres un té, Branko? —preguntó, como si nada hubiera pasado—. Tenemos té de hierbas. Relaja los nervios.
—No, gracias —respondió él, sin apartar la mirada de Griano—. El té de su casa sabe horrible. O eso me ha dicho Natalia.
Natalia casi sonríe. Casi.
"Toma, mamá —pensó—. En tu propia casa, con tu propia medicina."
Branko escuchó el pensamiento y se sintió orgulloso de sí mismo.
—Mira, Natalia —dijo Griano, cambiando el tono, poniendo cara de patriarca herido—. No hemos llamado para pelear. Hemos llamado para hablar. En familia.
—¿Familia? —Natalia arqueó una ceja—. ¿Esa familia que me mandó a internados desde los seis años? ¿La que no vino a mi primera comunión? ¿La que me llamó 'fracaso' cuando suspendí matemáticas en séptimo grado?
—Eso fue un decir —se defendió Miriam—. Eres muy sensible.
—No soy sensible. Soy realista. Y la realidad es que ustedes me necesitan más de lo que yo los necesito a ustedes. Siempre fue así. Desde que la abuela Ricaldi me dejó todo. Antes de eso, yo era la hija invisible. La que no servía. La que estorbaba.
Griano abrió la boca para hablar, pero Branko se adelantó.
—¿Sabe una cosa, Griano? —dijo, usando su nombre sin el "señor" ni el "suegro"—. Yo también he humillado a Natalia. En dos años de matrimonio, no le he dicho un 'te quiero' ni una sola vez. La he tratado como un contrato. Como un papel. Como una fusión empresarial. Pero nunca, nunca le he levantado la mano. Ni le he gritado. Ni le he dicho que es un fracaso. Eso es cosa de ustedes. Y es imperdonable.
Natalia lo miró. De verdad lo miró. No con odio. No con indiferencia. Con algo que no sabía nombrar.
"¿Por qué la defiende?" pensó. "No le conviene. No le suma puntos en su prestigio. No le da dinero. ¿Por qué?"
Branko escuchó la duda. Y quiso responderle. Pero no podía. Así que siguió hablando con los Santino.
—Natalia se va a divorciar de mí —dijo Branko—. Eso es lo que ella quiere. Pero yo no voy a firmar. Porque, a diferencia de ustedes, yo sí la quiero a mi lado.
—¿Tú la quieres? —preguntó Lucía, con incredulidad—. ¿Desde cuándo?
—Desde siempre —respondió Branko—. Solo que soy un idiota y no lo sabía.
"¿Qué?", pensó Natalia, con el corazón saltándose un latido. "¿Que me quiere? ¿Desde siempre? ¿Este hombre que ni me mira? ¿Este hombre que solo habla con Valeria? ¿Está loco? ¿O es que la contusión le borró la memoria y cree que soy otra?"
Por eso la preferencia con Lucia es su hija Natalia nunca le dieron un trato adecuado.