Aún siento el frío del metal desgarrando mi piel y el dolor punzante en mi corazón; un dolor que no era por el acero, sino por algo más que aún no logro descifrar. En este limbo, donde no sé si estoy viva o muerta, mi único objetivo es salvar a mi hija y lograr que llegue a este mundo. Soy Amanda Leal, y esta es mi historia... una que apenas comienza con mi final.
NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo XXIV: La armadura de los Ferrer
Punto de vista de Amanda
El aire en el vestíbulo se volvió espeso, casi imposible de respirar. La silueta de Miguel cruzando las puertas automáticas del hospital se desvaneció en una neblina borrosa mientras sus palabras seguían resonando en mi cabeza, arañándome el alma. «Me voy a encargar legalmente de quitarte a Mía».
Mis piernas reaccionaron por puro instinto de supervivencia. Ignoré la mirada preocupada de Felipe y los murmullos del personal. Caminé a pasos ciegos hacia el ascensor privado, sintiendo que el pánico me aprisionaba la garganta. Al llegar al piso presidencial, empujé la puerta de la habitación de Andrés con una desesperación que no pude ocultar.
—Andrés… —el nombre salió de mis labios como un gemido ahogado.
Él estaba recostado, con los ojos cerrados, pero al escuchar la quiebra en mi voz se incorporó de golpe en la cama. El dolor cruzó por sus facciones y una mancha roja comenzó a traspasar el vendaje de su hombro, pero no le importó. Sus ojos oscuros me barrieron, detectando de inmediato el terror en mi rostro.
—¿Qué pasó abajo, Amanda? ¿Qué te hizo ese infeliz? —preguntó, con una voz ronca que vibraba con una furia contenida.
—Lo sabe, Andrés… Sabe lo de Mía —solté, rompiendo a llorar mientras me acercaba a la cama y caía de rodillas a su lado—. Me amenazó con denunciar el fraude de identidad. Dijo que usará las leyes para demostrar que la hicimos pasar por nuestra hija con papeles falsos y que me la va a quitar. No puedo volver a perderla, Andrés. Prefiero morir antes de que ese monstruo le ponga una mano encima a mi hija.
Ver mi vulnerabilidad transformó a Andrés en un hombre implacable. Sin emitir un solo quejido por la herida, se llevó la mano sana al brazo izquierdo y, de un tirón seco, se arrancó la vía del suero. La aguja dejó escapar un hilo de sangre, pero él ni parpadeó.
—Andrés, ¿qué haces? Estás perdiendo sangre, no puedes… —intenté detenerlo, pero él me tomó de la barbilla con una fuerza y una determinación que me obligaron a clavar mis ojos en los suyos.
—Mírame, Amanda. Escúchame bien —sentenció, con una frialdad y una seguridad tan aplastantes que consiguieron frenar mi ataque de pánico—. Te prometí que nadie volvería a tocarte, y eso incluye a nuestra hija. Sabía que los Maldonado jugarían sucio si se sentían acorralados. Miguel cree que es el único que sabe moverse en el tablero legal, pero es un maldito aficionado.
Se sentó en el borde de la cama, presionando el apósito de su hombro con la mano derecha, y respiró hondo para estabilizarse.
—Felipe tiene guardado el plan de contingencia internacional desde hace tres años —continuó, con la mente trabajando a mil revoluciones por minuto—. Los documentos de adopción y nacionalidad de Mía fueron registrados bajo un fideicomiso blindado en Suiza, con una corte internacional que no responde a los sobornos de Don Francisco en este país. Si Miguel quiere una guerra legal por la custodia, le vamos a dar un infierno constitucional que ni sus abogados podrán descifrar.
La firmeza de su voz me devolvió el alma al cuerpo. Me limpié las lágrimas con el dorso de la mano, sintiendo cómo el miedo empezaba a transformarse en una rabia compartida. El hombre frío que tanto me asustaba anoche era, en este momento, el único escudo capaz de mantener a mi familia unida.
—Llama a Felipe —le pedí, poniéndome de pie y buscando un nuevo vendaje para su hombro—. Si Miguel va a usar a mi hija para destruirme, nos encargaremos de que el primer paso que dé hacia un juzgado sea el último que dé en libertad.
Andrés sonrió de medio lado, una mueca letal llena de orgullo.
—Esa es mi Victoria —susurró—. Prepara las maletas mentales, Amanda. Esta noche blindamos a Mía, y mañana firmamos la orden de captura contra los Maldonado.
Las palabras de Andrés me devolvieron las fuerzas para seguir adelante, los maldonados no sabrán quién los golpeó y desearán jamás haberse cruzado así en mi camino, porque si fui capaz de regresar de la muerte para salvar a mi hija, entonces que no dude de que los voy a destrozar.
Andrés debes hablarle más directo
te quiero te amo seamos una familia y un matrimonio real, necesita palabras más directas porque ella solo ve tu venganza y ella siendo una pieza 🤦🤦
ya va siendo hora 🫣🫣🫣
dos meses
que perro traidor 😡😡😡
espero que cuando te quites la venda de los ojos solo sea para ver la felicidad de Amanda