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Cuestiones Del Corazón

Cuestiones Del Corazón

Status: Terminada
Genre:Venganza / Amor-odio / CEO / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Ester Villaseñor es una joven soñadora, llena de ilusiones y protegida por el poder de su familia. Pero su mundo perfecto se desmorona cuando se cruza en el camino de Vincent Vane, un hombre enigmático consumido por el dolor y la sed de venganza. Diez años atrás, un trágico accidente le arrebató al amor de su vida... y el culpable lleva el mismo apellido que Ester. Decidido a hacer pagar a la familia del responsable, Vincent utilizará a Ester como la pieza clave de su cobro. Lo que ninguno anticipó es que, en medio del odio y el engaño, nacerá una atracción prohibida que amenazará con destruirlos a ambos.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo XV Disputa por el imperio

La residencia de la familia Vane se imponia sobre la colina más exclusiva de la ciudad como una fortaleza de piedra y cristal. Esa noche, el comedor principal, iluminado por una araña de luces tenue y ostentosa, respiraba una atmósfera pesada, casi asfixiante. La mesa de caoba pulida estaba dispuesta para una cena rigurosa, pero para Vincet, cada cubierto de plata y cada copa de cristal parecían elementos de una ejecución meticulosamente planificada por su padre.

Alejandro Vane presidía la mesa con la serenidad impecable de un monarca. A su derecha se sentaba Miranda, una joven de modales elegantes, vestido azul medianoche y una mirada perspicaz.

Miranda no era una desconocida completa en los círculos de la alta sociedad, pero su presencia allí esa noche tenía un propósito muy específico.

—Debo confesar, Vincet, que me tomó por sorpresa la invitación de tu padre —comentó Miranda, girando suavemente su copa de vino.

Vincet, sentado frente a ella, apenas probó el primer plato. Al escuchar la palabra teatro, un frío helado le recorrió la espalda. Miranda había compartido escenario y camerinos con Ester durante los años en que la joven Villaseñor buscaba refugio en el arte dramático, lejos de la presión de su apellido.

—El mundo es pequeño, Miranda —intervino Alejandro con una sonrisa ensayada—. Cuando me enteré de tu regreso del extranjero y de tus éxitos en la producción escénica, no dudé en invitarte. Vincet necesita recordar que hay vida más allá de las paredes de su oficina y de sus viejos lamentos.

—Ester siempre hablaba con un cariño enorme de las obras que montaban juntas —dijo Miranda, clavando sus ojos en Vincet con una mezcla de nostalgia y estudiada prudencia—. Tenía una sensibilidad única. Cuando me enteré de su trágico final... no lo podía creer. La ciudad entera pareció perder su luz.

El nombre de Ester resonó en el comedor como un martillazo. Vincet apretó el tenedor con tal fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. La sola mención de su voz, de su presencia en el teatro, trajo a su mente la imagen de los ojos de Ester reflejando el pánico de la noche en que todo se destruyó.

—Este no es el lugar ni el momento para resucitar a los muertos, Miranda —sentenció Vincet con un tono tan gélido que hizo que los sirvientes al fondo del salón se erizaran.

—No seas descortés, hijo —reprendió Alejandro, manteniendo la calma—. La señorita Miranda solo está siendo sincera. Es una mujer culta, talentosa y de buena cuna. Exactamente el tipo de compañía que deberías frecuentar para limpiar el aire estancado de esta casa.

Antes de que Vincet pudiera responder y dar por terminada la farsa de la cena, el eco de unos pasos apresurados y la voz alterada del mayordomo interrumpió el ambiente.

—Señor Vane, intente detenerlos, pero...

Las pesadas puertas dobles del comedor se abrieron de par en par.

—¡No hace falta que nos presentes, Guillermo! Conocemos el camino a casa —resonó una voz socarrona y cargada de falsa cortesía.

Matías Vane, el hermano menor de Alejandro, caminó hacia el centro del salón con la barbilla en alto y un traje impecable pero ostentoso. A su lado marchaba Ignacio, el primo de Vincet, un hombre de sonrisa cínica, ojos hambrientos y una postura que irradiaba una envidia mal disimulada. Ambos entraron sin haber sido invitados, rompiendo la intimidad de la velada.

—Matías... Ignacio —dijo Alejandro, dejando descansar los cubiertos sobre el plato y entornando los ojos con un desprecio apenas contenido—. No recuerdo haber enviado una nota a su residencia.

—Oh, querido hermano, no necesitas enviarnos invitaciones formalizadas —dijo Matías, haciendo una exagerada reverencia hacia Miranda, quien observaba la escena con la espalda erguida—. Nos enteramos de que celebrabas una cena íntima para 'asegurar el futuro' de la dinastía y pensamos que la familia no podía estar incompleta. ¿Verdad, Ignacio?

—Absolutamente, padre —agregó Ignacio, dando un paso al frente y mirando a Vincet con una provocación abierta—. Nos preocupaba que Vincet estuviera tomando decisiones apresuradas sobre el patrimonio familiar en un momento de desvarío emocional. Al fin y al cabo, todos sabemos que lleva seis años viviendo como un ermitaño culpándose por la muerte de la pequeña Villaseñor.

Vincet se puso de pie despacio. Su imponente estatura y la furia contenida en sus ojos hicieron que el ambiente en la habitación descendiera bajo cero.

—Están cruzando un límite, Ignacio —dijo Vincet con una voz baja y peligrosa—. Esta es mi casa. Y el imperio que manejo lo construí con mi propio esfuerzo, no con las migajas que ustedes esperan heredar.

—¿Tu esfuerzo? —se burló Matías, apoyando las manos en el respaldo de una de las sillas vacías—. Absorber las empresas de una familia destruida por tu propia obsesión no es mérito, Vincet. Es rapacidad. Y los accionistas están empezando a notar que la cabeza del consorcio está inestable. Hay rumores sobre esa nueva competidora extranjera que los está acorralando en el exterior. Nos preguntamos si tienes la lucidez para defender lo que es de la familia o si prefieres entregarle el control a tu primo antes de que nos hundas a todos.

Alejandro se puso de pie, golpeando la mesa con la palma de la mano, haciendo sonar la cristalería.

—¡Basta! —rugió el patriarca, con una autoridad que hizo retroceder a Matías medio paso—. No voy a tolerar una rebelión de buitres en mi propia mesa. Matías, tú y tu hijo son una vergüenza para el apellido Vane. Si creen que pueden usar las tragedias del pasado o los rumores del mercado para arrebatarle el mando a Vincet, están cometiendo el peor error de sus miserables vidas.

—No estamos rindiendo tributo, Alejandro, estamos reclamando lo que por derecho nos corresponde si este muchacho sigue colapsando por dentro —replicó Ignacio, manteniendo la mirada fija en Vincet—. La señorita Miranda es hermosa, pero no va a salvar a las Empresas Vane de la ruina que se les viene encima.

Miranda, manteniendo una compostura envidiable a pesar de la tormenta verbal que se desataba a su alrededor, miró a Vincet y luego a Alejandro.

—Creo que mi presencia aquí ha dejado de ser oportuna —murmuró la joven con elegancia, poniéndose de pie y tomando su bolso—. Señor Alejandro, Vincet... agradezco la atención, pero prefiero no ser espectadora de sus disputas familiares.

—Le pido disculpas por el espectáculo, señorita Miranda —dijo Vincet, sin quitarle la mirada de encima a su primo Ignacio—. Elías la acompañará hasta su auto.

Cuando Miranda abandonó el salón, el silencio que quedó en el comedor se volvió glacial. Los sirvientes habían desaparecido. Solo quedaban los cuatro hombres Vane, mirándose como predadores a punto de despedazarse.

—Tienen diez segundos para salir de mi propiedad —dijo Vincet, dando un paso hacia su primo—. O me encargaré personalmente de que no les quede una sola acción ni un solo centavo para financiar sus miserables vidas.

Matías e Ignacio intercambiaron una mirada cargada de rencor. Sabían que, por ahora, el control legal lo tenía Vincet, pero la brecha en la familia estaba abierta y la guerra por el imperio Vane acababa de declararse formalmente en medio de las cenizas de una cena arruinada.

1
Maria Mongelos
Ester debe sanar su corazón y darse otra oportunidad con Vincent
Maria Mongelos
Miranda, elegiste el bando equivocado y te va a costar muy caro
valeska garay campos
🤬🤬🤬🤬
ANALIA ✨🌹🍀
woww que capitulo tan intenso 👏👏👏 felicidades escritora !!!!
Maria Mongelos
Gracias querida escritora 💕
Maria Mongelos
Sigue soñando Mirando, Vincet no se va a dejar tan fácil más ahora que apareció Iker
Maria Mongelos
Vincent, deberías de ser más pillo, Iker no estas euro con los cuervos que tienes como tío y primo
Maria Mongelos
Griten, lloren, saquen todo lo que tienen adentro pero Iker ya decidió por ustedes, él quiere a su papá
Maria Mongelos
Vincent, no tienes derecho a reclamarle nada. tu sólito la destruiste, ahora a ver como resuelves esto
Maria Mongelos
Vincent, no tienes derecho a reclamarle nada. tu sólito la destruiste, ahora a ver como resuelves esto
Maria Mongelos
Vas a llegar tarde Ester porque Iker ya estación su papá. Me encanta😍
Maria Mongelos
Iker es mi idolo💕
Maria Mongelos
Seguramente fué el tío o el primo y el6culpando a los Villaseñor
Maria Mongelos
Te dije Vincent que ibas a sufrir, bien merecido lo tienes
Maria Mongelos
Ojalá Vincent e Ismael se enteren pronto qué son padres
Maria Mongelos
Samantha con la hija de Ismael y Ester con un hijo de Vincent, esto está buenísimo
Maria Mongelos
Me encanta, ya quiero saber co.o termina esta guerra
Maria Mongelos
Como que el padre la ayudó? Fué todo un teatro? El viejo siempre supo que estaba viva
Maria Mongelos
Siii!!! Eso, Ester, volviste para darle su merecido.
Dale con todo por idiota
Maria Mongelos
Quien será esta mujer? No quiero hacerme ilusiones
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