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Esta Vez, Protegeré Nuestro Legado

Esta Vez, Protegeré Nuestro Legado

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:341.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Melany. v

Loretta, condesa Russell. Tiene otra oportunidad para arreglar su matrimonio y salvar a su hijo que lleva en su vientre

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: El Pacto consigo misma.

La tarde cayó lentamente sobre la mansión Russell.

Los rayos anaranjados del sol atravesaban las ventanas mientras Loretta revisaba los registros domésticos que había solicitado horas atrás. Varias hojas permanecían extendidas sobre la mesa; nombres, gastos, compras y pagos que en su vida pasada jamás se molestó en mirar.

Ahora cada línea tenía importancia.

Cada nombre podía ser un aliado.

O un enemigo.

Ya había identificado a tres sirvientes que terminaron colaborando con Beatrice Russell años después. También encontró movimientos extraños relacionados con un proveedor vinculado a Julian.

Era pronto para actuar.

Si comenzaba a despedir personas de inmediato levantaría sospechas.

Debía hacerlo con cuidado.

Con inteligencia.

Con paciencia.

Loretta cerró el libro de registros y soltó un largo suspiro.

Su mirada descendió hasta su vientre.

Todavía plano.

Todavía imposible de notar.

Sin embargo, ella conocía la verdad.

Su hijo estaba allí.

Aquella pequeña vida era la razón de todo.

La razón por la que debía acumular riqueza.

La razón por la que necesitaba proteger a Carter.

La razón por la que no podía permitirse ningún error.

Pero para lograrlo necesitaba algo fundamental.

Acceso total a los recursos del ducado.

Y solo una persona podía concedérselo.

Carter.

Loretta se puso de pie.

Sintió nervios.

Aquello le resultó extraño.

En la primera vida jamás se sintió nerviosa frente a él porque nunca se preocupó demasiado por lo que pensara.

Ahora era diferente.

Mucho más diferente de lo que estaba dispuesta a admitir.

Abandonó sus aposentos y caminó por los largos pasillos de la mansión.

Los sirvientes la saludaban al pasar.

Algunos parecían sorprendidos de verla caminar con un propósito tan definido.

Loretta lo notó.

En el pasado pasaba gran parte del día encerrada o distraída en actividades sin importancia.

La imagen que tenían de ella era la de una joven consentida.

Y eso estaba bien.

Que siguieran creyéndolo.

Mientras menos entendieran sus movimientos, mejor.

Cuando llegó al despacho principal, el guardia de la puerta inclinó la cabeza.

—Mi lady.

—¿Mi esposo está dentro?

—Sí.

Loretta respiró hondo.

—Anúnciame.

El hombre obedeció.

Un minuto después la puerta se abrió.

—El Conde la recibirá.

Loretta entró.

El despacho seguía igual que en sus recuerdos.

Amplio.

Ordenado.

Funcional.

No había lujos innecesarios.

Solo mapas militares, documentos administrativos, estanterías llenas de informes y una enorme mesa de trabajo.

Y detrás de ella estaba Carter.

Concentrado.

Serio.

Imponente.

Vestía ropa oscura de entrenamiento y varios documentos estaban dispersos frente a él.

Levantó la vista apenas ella entró.

La sorpresa apareció de inmediato.

Porque Loretta nunca visitaba su despacho.

Nunca.

—Loretta.

Su voz conservó la calma habitual.

—¿Ocurre algo?

—Necesito hablar contigo.

Carter dejó la pluma.

—Entonces toma asiento.

Ella obedeció.

Durante unos segundos ambos guardaron silencio.

Carter esperaba.

Loretta organizaba sus palabras.

Debía hacerlo bien.

Necesitaba una explicación creíble para justificar su cambio.

Finalmente habló.

—Quiero proponerte un trato.

Una ceja rubia se elevó ligeramente.

—¿Un trato?

—Sí.

—Te escucho.

Loretta sostuvo su mirada.

Aquello también era diferente.

Antes rara vez lo hacía.

—He estado pensando mucho.

—Eso parece.

Había un matiz curioso en su voz.

Loretta casi sonrió.

—Sé que he sido inmadura.

La sorpresa ahora fue más evidente.

Carter permaneció inmóvil.

—Continúa.

—Cuando me casé contigo era demasiado joven. No entendía muchas cosas.

—Sigues siendo joven.

—Ya no tanto.

Aquella respuesta provocó algo parecido a diversión en el rostro del hombre.

Duró apenas un instante.

Pero ella lo vio.

Y recordó cuánto había echado de menos esos pequeños momentos.

—¿Qué clase de trato quieres hacer?

Loretta apoyó ambas manos sobre su regazo.

—Quiero dejar de comportarme como una niña.

Carter la observó en silencio.

—Y quiero ocuparme de las responsabilidades de una Condesa.

—¿De cuáles exactamente?

—La administración interna del ducado.

Ahora sí captó toda su atención.

—Eso es bastante trabajo.

—Lo sé.

—También requiere experiencia.

—La conseguiré.

—Y paciencia.

—Tengo paciencia.

Aquello casi le arrancó una sonrisa.

—No estoy completamente convencido de esa última parte.

Loretta sintió una pequeña punzada de vergüenza.

Porque tenía razón.

Su versión anterior carecía totalmente de paciencia.

—Estoy intentando mejorar.

—Lo noto.

Ella lo miró.

—¿Entonces?

Carter cruzó los brazos.

—Aún no me has dicho qué recibiré yo a cambio.

Loretta quedó inmóvil unos segundos.

Después soltó una breve risa.

—¿Desde cuándo negocias así?

—Desde que alguien vino a mi despacho a proponer un trato.

Aquello sonó tan serio que terminó resultando gracioso.

Loretta bajó la mirada para ocultar su sonrisa.

Carter la observó.

Y algo extraño ocurrió.

Durante un instante olvidó responder.

Porque aquella expresión era diferente.

Más suave.

Parecía otra persona.

Una versión más madura de la mujer con la que se había casado.

La sensación le resultó desconcertante.

—¿Loretta?

Ella volvió a levantar la cabeza.

—Tienes razón.

—Siempre la tengo.

La respuesta salió tan seca que Loretta soltó una carcajada.

Una auténtica.

La habitación quedó en silencio. 

Porque Carter se quedó mirándola.

Aquella risa tampoco era habitual.

No con él.

No dirigida a él.

Loretta fue la primera en apartar la vista.

—Bien, responderé.

Tomó aire.

—Si me permites administrar el ducado, me aseguraré de aumentar los ingresos de la familia Russell.

—Eso es ambicioso.

—Lo lograré.

—¿Cómo?

—Tengo algunas ideas.

—¿Qué clase de ideas?

—Secretos comerciales.

—¿Cómo?

—Confía en mí.

Las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas.

El silencio volvió.

Más pesado esta vez.

Porque confiar.

Esa palabra nunca había existido entre ellos.

Carter desvió la mirada hacia la ventana.

—No suele ser tan sencillo.

Loretta comprendió inmediatamente el significado.

No hablaba de negocios.

Hablaba de ellos.

De los años de distancia.

De los rechazos.

De las puertas cerradas.

La culpa apretó su pecho.

—Lo sé.

Carter volvió a mirarla.

Había algo cansado detrás de sus ojos.

Algo que ella jamás había querido ver antes.

—Entonces sabes que pedir confianza de repente es complicado.

Loretta tragó saliva.

—No puedo cambiar el pasado.

—No.

—Pero puedo cambiar lo que haga desde ahora.

La sinceridad de aquella respuesta lo tomó desprevenido.

Porque ella no estaba discutiendo.

No estaba ofendida.

No estaba intentando escapar de la conversación.

Simplemente estaba siendo honesta.

Y eso era nuevo

Loretta bajó una mano hacia su vientre.

El gesto fue breve.

Instintivo.

Carter no entendió su significado.

Ella sí.

Necesitaba oro.

Mucho oro.

Necesitaba financiar investigaciones, preparar rutas comerciales, acumular reservas, Necesitaba construir el futuro que jamás tuvo.

Y para hacerlo requería autoridad.

—Mi condición es simple —dijo finalmente—. Libertad financiera.

Carter parpadeó.

—¿Libertad financiera?

—Total.

—Eso es mucho dinero y poder. ¿Y esperas que lo entregue así de fácil?

Loretta sostuvo su mirada.

—Sí.

—Tienes una confianza impresionante.

—Tengo motivos.

Carter la estudió detenidamente.

Aquellos ojos, su seguridad y tranquilidad.

Nada encajaba con la Loretta que conocía.

Y aun así no parecía una mentira.

Era como si hubiera despertado siendo otra persona.

La idea era absurda.

Pero no encontraba otra explicación.

—¿Qué ocurrió realmente esta mañana? —preguntó de repente.

Loretta sintió un sobresalto.

—¿A qué te refieres?

—Despertaste llorando.

—Sí.

—Después comenzaste a actuar de forma completamente distinta.

Ella sostuvo su mirada.

Sabía que aquella pregunta llegaría tarde o temprano.

—Te dije que tuve una pesadilla.

—Una pesadilla no cambia a una persona.

Loretta guardó silencio.

Porque en realidad sí podía hacerlo.

Especialmente cuando aquella pesadilla era una vida completa.

—Quizá me hizo pensar.

Carter siguió observándola.

Buscando algo.

Una mentira.

Una contradicción.

Cualquier señal.

No encontró ninguna.

Finalmente soltó un suspiro.

—Eres un misterio.

—Eso suena mejor que inmadura.

—No te emociones. Aún estoy evaluando cuál es peor.

Loretta volvió a reír.

Y Carter descubrió algo incómodo.

Le gustaba escucharla reír.

Mucho más de lo que debería.

Apartó ese pensamiento inmediatamente.

Ella tenía veinticuatro años.

Él treinta y siete.

Siempre había sentido que la diferencia era demasiado grande.

Siempre temió estar reteniendo a una mujer que merecía alguien más cercano a su edad.

Alguien que pudiera hacerla feliz.

Por eso nunca exigió nada.

Por eso aceptó su distancia.

Por eso aceptó tan poco de ella.

La observó nuevamente.

Y aquella idea se volvió menos firme que antes.

—De acuerdo —dijo al fin.

Loretta abrió los ojos.

—¿De acuerdo?

—Acepto el trato.

—¿En serio?

—Sí.

La sorpresa fue genuina.

—¿Así de fácil?

—No tan fácil.

Carter se inclinó hacia delante.

—Si descubro que estás llevando al ducado hacia un desastre, intervendré.

—Aceptado.

—Y recibiré informes semanales.

—Aceptado.

—Y no podrás esconder pérdidas.

—Aceptado.

—Y...

—Carter.

—¿Sí?

—Ya acepté.

Una sombra de diversión apareció en su rostro.

—Solo quería asegurarme.

Loretta sintió alivio.

Un alivio enorme.

Porque acababa de obtener el primer paso para cambiar el futuro.

Se puso de pie.

Carter hizo lo mismo.

Quedaron frente a frente.

Por un momento ninguno habló.

Entonces Loretta levantó la vista.

Y lo observó.

Observó al hombre que murió en la guerra.

Al hombre que jamás dejó de respetarla.

Al padre de su hijo.

Su mirada se suavizó sin darse cuenta.

Llena de afecto.

De gratitud.

De algo profundo que todavía estaba aprendiendo a comprender.

Carter sintió un extraño golpe en el pecho.

Porque nunca antes ella lo había mirado así.

Jamás.

Y no supo qué hacer con esa sensación.

—Gracias —dijo Loretta en voz baja.

—No tienes que agradecerme.

—Sí tengo.

Los ojos de ambos se encontraron.

Carter no entendió el verdadero significado de aquellas palabras.

No entendió que ella estaba agradeciendo mucho más que un acuerdo financiero.

Estaba agradeciendo que siguiera vivo.

Y mientras Loretta abandonaba el despacho con una renovada determinación, Carter permaneció inmóvil varios segundos, observando la puerta cerrada.

Aquella tarde había aceptado un negocio.

Eso era lo que intentaba decirse.

Sin embargo, una parte de él sospechaba que acababa de comenzar algo mucho más complicado.

1
Maria Elcira Ballestero
Autora.
Felicitaciones, por la oportunidad de leer esta bonita historia. .
Mil bendiciones a esa creatividad tan hermosa. Buena historia, excelente trama, y un desenlace espectacular. 👏
Pany Rojas
Qué Dios les cuide y proteja de la furia de la naturaleza a tí Escritora, a toda tu familia y a toda Venezuela.
Nina Galpet
Excelente, te deseo éxitos en tu carrera como escritora. Tienes mucha sensibilidad cuando escribes, bella narrativa. Felicitaciones.
Bar_Rok
muy buena historia. felicitaciones autora
Zulema Balverdi
Preciosa, fantástica historia, me fascinó, me atrapó, la trama buenísima, no hay nada qué criticar, todo es fabuloso, el Amor de Loretta por Cárter, qué al principio, como qué, no le tomaba atención hacia él, pero cuando le dicen qué murió en la guerra, ahí se da cuenta ella qué lo amaba, a pesar qué él jamás le dijera nada, y empezó su sufrimiento, ya qué Julián un primo de Cárter la echo a la calle y ella anduvo por todos lados pidiendo ayuda y más qué estaba embarazada y después qué nació su bebé llegó una epidemia y su hijo muriera sin atención médica y Carter había muerto ni supo que tenía un hijo, y bueno DIOS le dió otra oportunidad de una segunda vida y está vida la aprovechó junto a Carter y después ella le contó esa segunda oportunidad y ahí él se enteró que en es otra vida había muerto por una emboscada, una traición de su primo Julián, Autora la verdad es sensacional está maravillosa historia, muy bien escrita y pensada, nada qué quitar y qué agregar, desde el principio hasta el hermoso final, te mil mil mil felicito, por ésta grandiosa historia de Amor y Éxitos desde principio a fin🙏🌹❤️👍⭐
Zulema Balverdi
Autora agradecerte y felicitarte, por tan GRANDIOSA historia, es decir poco o casi nada. Te mil mil millones de veces te felicito. Una trama espectacular, los protagonistas, bellísimas personas, no puedo creer que he leído una historia casi real y perfecta, maravillosa, como dije antes, no hay palabras, para decir lo buenísima de esta historia, me encantó todo, desde el principio al fin, no le quitó nada, xq no hay nada qué quitar. Te repito desde el principio a fin, excelente. Es la primera vez qué leo una historia tuya y he quedado encantada. Sos excelente escritora, qué DIOS te siga iluminando para qué sigas escribiendo historias tan preciosas, cómo ésta qué terminó de leer 🙏🌹❤️👍⭐
Zulema Balverdi
No se cómo descifrar, éste capítulo, me encantó y me hizo llorar de nuevo y Cárter el Amor a su esposa e hijo, es dimensional, le ha dolido tanto, qué si por el fuera la hubiera torturado más, xq esa mujer quiso apuñalar a su hijo y lastimó a su esposa, eso no lo perdona, jamás a nadie 🙏❤️⭐👍
Zulema Balverdi
Me gusta ése pensamiento básico, primero la tortura y después lentamente la muerte, es mejor así lento 👍
Zulema Balverdi
Loretta, no debe perder la intuición, de qué persona es buena o mala, como ahora qué siente ése instinto de protegerse a ella misma y a su hijo, debe andar con las antenas bien alertas👍❤️⭐
Zulema Balverdi
Qué cabrón, todavía sigue rompiendo las pelotas, claro sacó al esposo qué fue a la guerra, para que Loretta quedara sola y así tratar de destruirla, y éste desgraciado provocó la guerra, maldita escoria, cuando regrese Cárter lo va a matar si le hace algo a Loretta o a su hijo
Zulema Balverdi
Tienen qué destruirlo, por la escoria qué es, como puede el muy maldito contaminar el agua, lo más preciado para el ser humano, eso es no tener una gota de sentimiento, hacia el prójimo y menos hacía los niños y ancianos
Zulema Balverdi
Loretta debe tener cuidado hasta con los sirvientes, ella debe recordar, qué algunos también la traicionaron y debe estar prevenida de qué alguno quiera contagiar al bebé o a ella misma, a parte ése Vane, tiene mucho poder y más con la medicina
Zulema Balverdi
Siempre la política presente, y los avariciosos especulando con el dolor, sufrimiento y la pobreza ajena, pasando sobre esas personas qué no sabiendo de política y qué por eso los están dejando morir sin una pizca de remordimiento
Zulema Balverdi
Muy Bello capítulo, emocionante, y qué bueno qué los traidores, fueron capturados en el momento justo. Y él regreso de Cárter fue con mucha emoción y nervios, con desesperación, de saber qué ya estaba llegando su hombre👍❤️⭐
Zulema Balverdi
Este capítulo me ha echo llorar, y pensar qué Carter le cree, xq él la ama y eso qué no le ha contado lo del bebé, qué murió sin que ella pudiera hacer algo
juana maria meneses bautista
buen final gracias por compartir tu talento autora 🌹🌹🌹🌹
juana maria meneses bautista
así es le debes de decir la verdad para que vea él que le tienes confianza y te deje protegida y te ayude encontrá de esos malvados que te botaron de tu casa cuando él murió 🙃
🌹𝐿𝒾 𝒵𝒽𝑒𝓉🌹
Gracias autora por darme este capítulo, mi corazón lo necesitaba 🥰, muy buena la historia
🌹𝐿𝒾 𝒵𝒽𝑒𝓉🌹
recomendada, muy buena historia
juana maria meneses bautista
que fuerte inicio mucho dolor y sufrimiento 😞😞😞😞
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