En la noche de su compromiso, Aeryn descubre la peor de las traiciones: su prometido y su propia hermana esperan un hijo juntos. Destrozada por el dolor, huye de la corte hacia los jardines olvidados del palacio, donde se entrega a una noche de pasión prohibida con un imponente Alfa desconocido para calmar su tormento. Al amanecer, abrumada por la realidad, recoge sus pocas pertenencias y escapa sin dejar rastro, ignorando por completo que el misterioso hombre al que abandonó en la penumbra es el temido y supremo Emperador Lycan
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Capitulo 7
La noticia llegó tres días después.
Un mensajero real, vestido con los colores de la alta corona, cruzó el patio del ducado.
Traía un pergamino sellado con cera púrpura.
El comunicado era claro: el ducado de los Ash sería la sede de la Gran Reunión Invernal de la Nobleza. Un evento político masivo. Condes, duques y representantes de la corte imperial asistirían para discutir los nuevos aranceles comerciales del norte.
Para Lucian y Daphne, era la oportunidad perfecta para lucirse.
Para Aeryn, era una cuerda floja sobre un abismo.
—La casa debe estar impecable —ordenaba Daphne desde el gran salón, su voz resonando en los pasillos—. Quiero las mejores sedas. Quiero que los invitados vean que el ducado prospera bajo nuestro mando.
Aeryn observaba la conmoción desde la barandilla del segundo piso.
Mantenía los brazos cruzados. Su rostro era una máscara ilegible.
La presión en el palacio aumentaba, pero la verdadera batalla de Aeryn ocurría a puerta cerrada en el ala oeste.
La fiebre de Ian no cedía.
El cuerpo del niño emanaba un calor constante. Los destellos dorados en sus ojos aparecían con más frecuencia, especialmente cuando se quedaba dormido. Mara pasaba las noches en vela, aplicando paños de agua fría con infusión de raíces amargas para camuflar el aroma y enfriar la piel del pequeño.
—Los supresores comunes ya no bastan, mi lady —susurró Mara esa tarde, cerrando las cortinas de la habitación—. El núcleo del niño está exigiendo más. Si un Alfa poderoso se acerca a esta habitación durante la reunión, lo detectará de inmediato.
Aeryn caminó hacia la mesa de noche.
Tomó un pequeño frasco de cristal oscuro. Era un inhibidor concentrado, una sustancia ilegal y peligrosa que bloqueaba los canales de energía biológica.
—Le daremos media dosis antes del banquete —decidió Aeryn, su tono firme pero cargado de una tensión invisible—. Lo mantendrá dormido y neutralizado durante las horas críticas.
—Tengo la dosis exacta. Asi evitaremos un peligro para su edad—dijo Mara con preocupación.
—Mara. Si los Ash se enteran, Ian se convertirá en una herramienta política. Si el imperio lo descubre antes de que sepamos quién es el padre, nos ejecutarán por traición.
Aeryn no tenía margen de error.
Bajó al salón principal unas horas más tarde. El palacio era un caos de sirvientes cargando tapices y puliendo vajillas de plata.
Lucian la vio acercarse y sonrió con suficiencia.
—Aeryn. Asumo que asistirás a la recepción —dijo el Alfa, acomodándose los puños de la camisa—. Como antigua consejera, tu presencia es requerida para mantener las apariencias de unidad familiar. No queremos que los enviados imperiales piensen que hay divisiones en la casa Ash.
—Asistiré, Lucian —respondió ella, manteniendo la distancia reglamentaria—. Cumpliré con mi papel de la familia.
—Perfecto. Mantén al cachorro encerrado en el ala oeste. Los inspectores de la corona tienen un olfato muy agudo para las anomalías. No toleraré vergüenzas.
—No tienes de qué preocuparte —sentenció Aeryn, mirándolo con una frialdad que hizo que el Alfa apartara la vista—. Mis asuntos siempre se mantienen bajo un control absoluto.
Aeryn se dio la vuelta y se retiró a sus aposentos.
El tablero estaba listo. Los invitados comenzarían a llegar al amanecer.
En algún lugar de esa comitiva noble que avanzaba hacia el ducado, se encontraba el hombre de los ojos rojos carmesí. Un príncipe, un comandante o un noble de alto rango que poseía la clave para salvar la vida de Ian.
Aeryn repasó mentalmente cada nombre de la lista de asistentes que había memorizado en la biblioteca. Examinaría cada rostro, cada aroma y cada par de ojos en el banquete.