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Hollow Creek

Hollow Creek

Status: Terminada
Genre:Terror / Mitos y leyendas / Maldición / Completas
Popularitas:113
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Camila llega sola a Hollow Creek para olvidar la muerte de su madre. Su auto queda destrozado por trampas en el camino y encuentra a cinco jóvenes acampando. Pronto descubre que ese rincón de Texas esconde una familia que lleva generaciones aislada… y algo mucho más antiguo que ellos.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

El sol subió un poco más, pero la luz seguía sucia.

Nadie había vuelto a hablar desde que regresaron al claro. Estaban sentados en círculo, cada uno mirando un punto distinto. El cooler vacío seguía tirado. Las carpas otra vez armadas a medias, como si nadie quisiera aceptar que se iban a quedar.

Camila tenía las manos sucias de polvo y el cuello tieso. Miraba a Naiara sin querer. La chica de la gorra estaba agachada junto a la mochila, revisando algo con movimientos lentos. Demasiado lentos.

Sofía fue la primera en decirlo en voz alta.

—Naiara.

La otra levantó la cabeza.

—¿Qué?

—¿Cuánto tiempo llevas viniendo por aquí?

Naiara se quedó quieta un segundo. Después se encogió de hombros.

—Unas cuantas veces. Mi tío tenía un terreno más al norte. Venía de pequeña.

Sofía no apartó la mirada.

—Y nunca te pasó nada raro.

—No.

—Entonces por qué sabías exactamente dónde cortar el alambre. Como si ya lo hubieras visto antes.

El silencio se puso espeso. Leo levantó la cabeza. Mateo dejó de dar vueltas. Tomi dejó de juguetear con el celular.

Naiara se puso de pie despacio.

—Porque tengo ojos. Y porque no soy estúpida. Esas trampas no se ponen solas.

Sofía dio un paso hacia ella.

—También dijiste que este lugar era raro desde que llegamos. Antes de que se llevaran la comida. Antes de las huellas.

—Porque lo es. Cualquiera con dos dedos de frente lo nota.

Camila intervino, más por instinto que por otra cosa.

—Basta. Estamos todos nerviosos.

Sofía no la miró. Seguía clavada en Naiara.

—Hay algo que no cuentas.

Naiara se rió, pero la risa salió corta y amarga.

—¿Ahora soy la sospechosa? Porque conozco un poco la zona. Qué conveniente.

Leo se metió en medio.

—Nadie está acusando a nadie. Pero Sofía tiene razón en una cosa: necesitamos saber todo lo que sepas. Cualquier detalle.

Naiara se quitó la gorra. El pelo le cayó sobre la cara. Por un momento pareció más joven. O más cansada.

—Hay historias. De gente que se pierde por aquí. De familias que nunca salieron del bosque. Mi tío las contaba cuando estaba borracho. Decía que había que dejar comida en ciertos sitios si pasabas la noche. Para que “ellos” no bajaran.

—¿Ellos? —preguntó Mateo.

—No sé. Nunca me explicó bien. Solo decía que había que respetar. Y que no había que quedarse más de dos noches.

Camila sintió que el estómago se le cerraba.

—¿Y por qué no lo dijiste antes?

Naiara la miró. Los ojos tenía oscuros, sin brillo.

—Porque suena a mierda de campamento. Y porque no quería que me miraran como me están mirando ahora.

Sofía no se suavizó.

—Hay más. Lo noto.

Naiara no respondió. Se volvió a poner la gorra y se alejó unos pasos, de espaldas al grupo. Se quedó mirando el bosque.

Leo suspiró.

—Bien. Ya está dicho. Ahora pensamos qué hacemos. La camioneta no pasa por las trampas. El auto de Camila está muerto. No hay señal. Y se está haciendo tarde otra vez.

Mateo golpeó el costado de la camioneta con el puño.

—Subo a la colina más alta. Ahora. Con el teléfono. A ver si en algún punto pilla una barra.

—No solo —dijo Leo de inmediato.

—Sí solo. Más ligero. Más rápido. Si vamos todos hacemos ruido y perdemos tiempo.

Sofía negó con la cabeza.

—Es una mala idea.

Mateo ya se estaba poniendo la mochila.

—Peor idea es quedarnos aquí sentados esperando a que nos cierren el camino por completo.

Se miraron. Nadie encontró un argumento mejor. Leo terminó asintiendo, pero con la mandíbula apretada.

—Una hora. Máximo. Si no vuelves, te buscamos.

Mateo no contestó. Solo ajustó las correas y se internó entre los árboles, subiendo la pendiente que había al este del claro. En menos de un minuto desapareció.

El grupo se quedó más chico de golpe.

Cuatro personas y Camila. El espacio se sintió más vacío.

Sofía se sentó otra vez, pero no dejó de mirar a Naiara. Esta, a su vez, no se giró. Seguía de espaldas, quieta, como si escuchara algo que los demás no oían.

Camila se pasó la lengua por los labios secos. El olor dulce había vuelto. Más fuerte que por la mañana. Venía del mismo lado por donde se había ido Mateo.

Nadie dijo nada.

El tiempo empezó a alargarse.

Y por primera vez desde que llegó al campamento, Camila tuvo la certeza de que una de las personas que tenía al lado no estaba del todo de su lado.

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LJ Series
Me gustan este tipo de historias 👀
hey y aparezco ahí, mi nombre también es Leo
LJ Series
Interesante, veamos que tal
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