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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:299.4k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Capítulo 15

El viento arrastró algunas hojas secas frente al Juzgado Familiar. Giraron sobre los escalones antes de caer otra vez.

Cuando Camila llegó para la audiencia de ratificación del convenio, Mauricio ya estaba ahí.

Esperaba sentado en una banca, con traje impecable, el cabello perfectamente peinado y un aire enérgico, como si estuviera a punto de inaugurar una vida nueva.

Teresa ocupaba el lugar a su lado.

Vestía un conjunto rojo oscuro, llevaba el cabello recogido, una cadena gruesa de oro, pulseras del mismo metal y varios anillos con piedras. Cada detalle parecía elegido para anunciar que ella vivía mejor que Camila.

Valeria no había ido.

Al ver entrar a Camila, Mauricio se puso de pie por reflejo.

Levantó la barbilla y la observó con una indiferencia fingida.

Teresa, en cambio, torció los labios con una burla evidente.

—Mira nada más. Por fin llegaste.

La recorrió de arriba abajo y adoptó una sorpresa exagerada.

—¿Por qué estás tan flaca? ¿Desde que dejaste a Mauricio ya no te alcanza para comer? Ah, claro. Debes estar agotada buscando dónde vivir. Después de acostumbrarte a una casa grande, cualquiera pierde el sueño al caer tan bajo.

Lucía estaba junto a Camila.

La sujetaba de un brazo y cargaba en la otra mano una bolsa de lona llena de documentos. Parecía una guerrera lista para lanzarse a la pelea.

—Desde que se libró del infiel y de su amante duerme tan feliz que hasta le faltan horas —replicó, arqueando una ceja—. No como ciertas personas que esconden tanta porquería que ya ni pueden comer ni descansar.

Mauricio le dirigió una mirada glacial.

—Camila, estamos a punto de divorciarnos. ¿Aun así vas a permitir que una extraña venga a causar problemas?

Lucía soltó una risa desdeñosa.

Primero lo miró a él y luego se volvió hacia Camila.

—A las mujeres que dedican todo su tiempo a cuidar a sus hijos se les llama madres de tiempo completo. ¿Y cómo se llama a un hombre que obedece a su mamá en todo y no tiene voluntad propia? Ah, sí: hijo de mami. Cami, ¿verdad que le queda perfecto?

Mauricio se puso rojo de vergüenza y rabia.

Teresa corrió a defenderlo.

—¿Y qué si quiere a su madre? Al menos mi hijo es obediente y decente. No como ciertas mujeres que tienen hijos sin marido y al final nadie las quiere.

Una sonrisa helada curvó los labios de Lucía.

Alzó la voz lo suficiente para que todos alrededor pudieran escucharla.

—Sí, muy obediente y decente. Obedece a su mamá, engaña a su esposa y lleva a la amante a su propia casa para acostarse con ella. Camila los encontró desnudos en su cama. Qué valores familiares tan impresionantes.

Varias personas volvieron la cabeza.

Las miradas cayeron sobre Mauricio y Teresa.

El rostro de él pasó del rojo al blanco. Estaba avergonzado y furioso, pero no podía negar una sola palabra.

Teresa bajó la cabeza, abrumada por la atención. Después se obligó a mantener la dignidad, fulminó a Lucía con la mirada y tiró de su hijo hacia el control de acceso.

—Vámonos, Mauricio. No discutas con gente sin educación. Cada palabra que les diriges te rebaja a su nivel.

Camila contempló la escena y no pudo ocultar una sonrisa.

Miró a Lucía con fingido reproche.

Su amiga le sacó la lengua, volvió a abrazarse a su brazo y la acompañó hasta otra banca.

Esperaron en extremos opuestos del pasillo hasta que una secretaria anunció sus nombres.

Camila se acercó al escritorio y entregó la carpeta.

Mauricio se puso a su lado.

Mientras ambos revisaban y completaban los últimos formatos, ninguno miró al otro.

Teresa se quedó detrás.

Incapaz de guardar silencio, alzó la voz:

—Siete años de matrimonio tirados a la basura. Mauricio es demasiado bueno. Debió divorciarse hace mucho. Cuando se casó contigo, yo no podía ni levantar la cara. Tu familia nunca aportó nada. Cada vez que había un problema, Mauricio tenía que resolverlo solo. ¿Para qué sirve una esposa si no ayuda en nada?

Lucía estaba buscando un pañuelo dentro de su bolsa.

Se detuvo.

Levantó la cabeza con lentitud y sonrió antes de hablar.

Se colgó la bolsa al hombro, se volvió hacia Teresa y caminó paso a paso hasta ella.

Su calma hizo que la otra mujer retrocediera sin darse cuenta.

—Señora Teresa, ¿qué dijo? No escuché bien. Repítalo.

Teresa levantó la barbilla. La cadena de oro destelló bajo las luces.

—Dije que Mauricio desperdició siete años con una mujer cuya familia nunca sirvió para nada.

Sonrió con crueldad.

—Pero lo viejo tiene que irse para que llegue algo mejor. Valeria sí vale la pena. Es una Beltrán, joven, hermosa y además espera un hijo de Mauricio. Eso es el destino. Hasta Dios se cansó de verlo sufrir y le mandó una mujer mejor.

La mano de Camila se detuvo un instante sobre el formato.

Después continuó.

El rostro de Lucía ya había cambiado, pero se contuvo y buscó la mirada de su amiga.

Camila negó apenas con la cabeza; no valía la pena responder.

Al ver que nadie la enfrentaba, Teresa se animó más.

Avanzó hasta el escritorio y echó un vistazo al convenio de liquidación de bienes.

—Aunque algunas saben sacar provecho hasta del divorcio. Te llevas quinientos mil pesos extra. Qué negocio tan conveniente.

Chasqueó la lengua.

—Primero tus padres nos exprimieron con los gastos de la boda y ahora cambiaste siete años de juventud por medio millón. Son más de setenta mil al año. Te fue mejor que vendiéndote. Tus padres deben estar felices con la ganancia.

El murmullo del pasillo se apagó.

Todas las miradas se concentraron en ellos.

Camila dejó de escribir.

Levantó la cabeza despacio.

El hielo de sus ojos hizo vacilar a Teresa.

—Repítalo.

Su voz fue tranquila, pero contenía una autoridad que no admitía otra humillación.

Lucía perdió la paciencia.

Se colocó delante de Camila y atacó sin contenerse:

—Su hijo engañó a su esposa y destruyó el matrimonio. ¿Todavía tienen el descaro de cambiar la historia? De tal palo, tal astilla. Usted también se casó. ¿La familia de su esposo no gastó nada en la boda? ¿Sus padres la criaron para entregarla como si no valiera un centavo?

Señaló a Mauricio con la barbilla.

—Su hijo es un inútil y ahora resulta que la familia de la esposa debe mantenerlo. ¿Querían casarlo con una sirvienta gratuita o buscaban vivir del dinero de sus suegros? Cuando se casó con Cami, ustedes no tenían nada. Ahora se dan aires de apellido importante y creen que necesitan casar al muchacho con una heredera para subir de categoría.

De pronto Lucía se cubrió la boca y fingió sorpresa.

—Ah, ya entendí. Por eso se metió con Valeria. Querían trepar por medio de los Beltrán. Usted, que cuenta cada centavo, aceptó pagar quinientos mil sin regatear porque su hijo ya se envolvió como regalo para entregarse a una heredera. Está desesperado por entrar a una familia rica.

La mirada helada de Camila ya había intimidado a Teresa.

Las palabras de Lucía terminaron de enfurecerla.

Decidió quitarse la máscara.

—¿Dije alguna mentira? Vivió siete años en nuestra casa y no pudo tener un solo hijo. ¡Le robó a Mauricio siete años de su vida! Si no hubiera ocupado ese lugar, a estas alturas ya tendríamos nietos grandes.

La voz le tembló de rabia.

—Ahora que por fin se divorcia, todavía quiere estafarnos. Una mujer así merece que la abandonen. Su familia no sirve y ella tampoco.

Lucía soltó una carcajada.

—Cami no se embarazó porque hasta el cielo quiso salvarla y permitir que se marchara sin ataduras. Tener un hijo con un hombre como él habría sido una condena.

Miró a Mauricio con desprecio.

—Usted dice que le avergonzaba que se casara con Camila, pero ahora le da orgullo que se ofrezca a una mujer rica. Claro, por fin consiguieron colgarse de un apellido con dinero. Ya hasta parece que mandó dorar el letrero de los Zamora.

Teresa dio un paso adelante.

—Mocosa, tú…

—Ya basta —la interrumpió Mauricio.

Su voz no fue fuerte ni tuvo verdadera autoridad.

Solo le molestaba el espectáculo público. No consideraba que su madre hubiera ido demasiado lejos.

—Yo solo dije la verdad —refunfuñó Teresa, aunque bajó el volumen.

La secretaria levantó la vista desde el escritorio y golpeó la superficie con un dedo.

—¿Terminaron de revisar los documentos? Hay más audiencias programadas.

Camila dejó de mirar a Teresa y volvió a concentrarse en el expediente.

Al llegar a la declaración sobre la causa de la separación, hizo una breve pausa y escribió:

«Ruptura irreparable del vínculo matrimonial».

Mauricio leyó de reojo.

Movió los labios como si quisiera decir algo, pero terminó callando.

Después del enfrentamiento, Teresa estaba avergonzada.

Sin embargo, no sabía mantener la boca cerrada.

Se apartó y redujo un poco el tono, procurando que aun así todos la escucharan.

—Que esto termine pronto. Qué mala suerte. Todavía tenemos que ir al centro comercial. Valeria quiere un suplemento prenatal especial. Está embarazada y hay que cuidarla como se debe.

Lucía soltó una risa fría y se preparó para contestar.

Camila le puso una mano en el brazo.

—No.

Entregó los formatos junto con el resto de los documentos y miró a su amiga.

Una sonrisa casi imperceptible tocó sus labios.

—No vale la pena.

La secretaria, una mujer de poco más de cuarenta años con lentes de armazón negro, parecía haber presenciado escenas semejantes demasiadas veces.

Revisó los documentos uno por uno.

Su mirada se detuvo un par de segundos en el convenio de liquidación de bienes y después siguió adelante sin cambiar de expresión.

—La documentación está completa. Confirmen los datos. Si todo es correcto, firmen aquí y aquí para ratificar el convenio.

Señaló varios espacios.

Camila tomó la pluma y firmó con trazos firmes. Mauricio tardó un poco más.

Apretó la pluma como si librara una batalla consigo mismo.

Teresa estiró el cuello desde atrás.

—Firma, Mauricio. ¿Qué estás esperando?

Él firmó.

Después de la ratificación, la secretaria incorporó el convenio al expediente y les entregó las copias certificadas de la sentencia de divorcio.

—El vínculo matrimonial ha quedado disuelto. Con esta resolución podrán solicitar la anotación correspondiente en el Registro Civil.

Camila tomó su copia y leyó la primera página.

La piedra que llevaba tantos días oprimiéndole el pecho desapareció.

Dejó escapar un suspiro.

—Por fin terminó.

Cerró el documento y lo guardó dentro de su bolso.

Mauricio tomó el suyo y lo metió sin cuidado en el portafolio.

—Vámonos —le dijo a Teresa mientras se dirigía a la salida.

Su madre no tenía prisa.

Avanzó unos pasos, se detuvo y contempló a Camila por última vez.

Su expresión mostraba el alivio de quien por fin había sacado la basura de su casa.

—A partir de hoy cada quien por su lado. No culpes a nadie. Culpa a tu cuerpo por no servir. Una mujer que no puede tener hijos es inútil para la familia de su marido.

Hizo una pausa antes de añadir:

—Busca algún viejo y cásate con él. Si ya tiene hijos grandes, quizá no le importe que seas estéril.

La mirada de Lucía se afiló como una cuchilla.

—Señora, ¿su familia tiene un trono que heredar o una fortuna que no alcanza a gastarse? Su hijo fue infiel y embarazó a la hija de otro mientras seguía casado. ¿Ahora culpa a la víctima?

Sonrió sin alegría.

—Su lógica merece una patente. Si mañana aparecen varios hijos de su esposo regados por la ciudad, tendrá que celebrarlo porque la familia creció. Organice una misa y presuma que el señor dejó el apellido por todas partes. Qué orgullo para los Zamora, ¿no?

Teresa se puso roja y luego blanca.

Los labios le temblaron antes de conseguir responder:

—Tú… maldita. ¡Lávate la boca!

—¿Yo tengo que lavarme la boca? Mírese al espejo.

Lucía dio un paso adelante.

—Si su esposo llenara la ciudad de hijos, según usted sería una bendición. La diferencia entre un animal y una persona es saber controlar lo que lleva entre las piernas. Su hijo…

Recorrió a Mauricio de arriba abajo como si evaluara mercancía defectuosa.

Una sonrisa de desprecio apareció en su rostro.

—En fin.

Las personas que esperaban otras audiencias ya cuchicheaban.

Varias miradas iban de Teresa a Mauricio con abierto interés. Una mujer de mediana edad incluso asintió, como si respaldara cada palabra de Lucía.

Teresa tembló de rabia e intentó agarrarla del brazo.

—¡Mocosa infeliz! Tú… tú…

—¡Mamá!

Mauricio la sujetó de la muñeca.

Su expresión mezclaba vergüenza y furia.

—¡Deja de hacer escándalos!

Camila había permanecido en silencio.

Mientras contemplaba la escena, sintió una paz extraña.

Era como el mar después de la tormenta: quieto, sin una sola onda.

Pero esta vez no iba a aguantar.

—Mauricio, ya estamos divorciados. Disfruta de seguir siendo el niño de mamá.

Se volvió hacia Teresa, descruzó los brazos y avanzó medio paso.

Miró el rostro amoratado de la mujer con una ligera sonrisa.

—Señora Zamora, ¿tiene tanta prisa por verme casada porque teme que me vaya mal o porque teme que me vaya mejor que a su hijo?

Le acomodó una arruga a la manga de su abrigo.

—Aunque me casara con un hombre mayor, podría tratarme como a un tesoro. Su hijo, en cambio, tendrá que servir a una heredera caprichosa.

Desvió la mirada hacia Mauricio.

Lo evaluó desde una altura que no dependía de centímetros.

—Ya no voy a preocuparme por ese «viejo» que tal vez aparezca en mi vida. Usted concéntrese en atender a la señorita Beltrán. Adórela como si fuera una santa.

Su voz se volvió más fría.

—Porque si algo le pasa al bebé, su hijo perderá el único pretexto que tiene para vivir de los Beltrán. Entonces ni ofreciéndose de regalo logrará que esa familia lo mantenga. Esa sí sería una verdadera vergüenza.

Camila tomó a Lucía de la mano y se alejó.

Sus pasos eran ligeros. El borde del abrigo se movía con cada uno de ellos.

No volvió la cabeza.

Lucía se dejó llevar, pero todavía gritó por encima del hombro:

—¡Señora, compre algo para la presión! Si se altera tanto desde temprano, puede acabar en urgencias. Cuídese. Todavía necesita fuerzas para servirle a su nueva nuera.

Las dos salieron del juzgado.

El viento las recibió cargado con un suave aroma a flores.

Camila respiró. Hasta el aire parecía más ligero, más dulce: libre.

Lucía seguía furiosa.

—¡Qué familia tan asquerosa! Ninguno se salva. Cuando vi la cara de esa mujer, quería…

—Lu.

Camila la interrumpió y se detuvo.

La luz del sol cayó sobre su rostro. Entrecerró los ojos y, por fin, su sonrisa tuvo una calidez auténtica.

—Gracias.

Lucía se quedó inmóvil.

Sus ojos se enrojecieron de inmediato.

—¿Por qué me agradeces? ¿Sabes lo increíble que estuviste? Eso de «disfruta de seguir siendo el niño de mamá» fue perfecto. Casi te aplaudo ahí mismo.

Camila rio.

Sus ojos se curvaron como los de aquella joven que todavía no se había casado siete años atrás.

Miró una última vez las puertas del juzgado, donde el cristal reflejaba la luz del otoño con un brillo casi cegador.

De aquellos siete años de matrimonio se llevaba heridas invisibles, parte de su juventud y una sentencia de divorcio.

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Maria Solorzano
Definitivamente, a eso se le llama karma 🤷🙄
Maria Solorzano
Perfeccionista dice 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 le están es duro a Rebeca por metiche y ni aún con señas entiende 🤦🤷🤣🤣🤣🤣🤣
Miryam Garcia
Mi opinión...
una mente muy débil, es muy fuerte perder un hijo lo digo desde la experiencia, pero ahí muchas formas de salir adelante, tu decides cual tomas, nadie hobliga a nadie a nada, ella eligió el camino fácil, por su orgullo, pensó q siempre sin importar lo q hiciera ni la edad q se tuviera su papá debía estar ahí y no es así ella es adulta, viajo, conoció los 2 lados de la moneda y eligió.... Tu no puedes humillar, pordebajear, y menos preciar a tus padres y esperar q sigan ahí sin chistar y aun así el seguía asando su mensualidad, y no poca... Como no pensar en ese bb y su futuro???? No se no debió terminar así pero fue lo q ella eligió.
Gardenia Omaña
Por esa sencilla razón, Ami me gustan mayores 🥰
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣👏
Hiradia Cohen
La enfermera es Valeria se va a robar los niños
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣👏👏
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣buenísima historia 😂
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣🤣 buenísimo 🤣🤣
👏👏👏👏🤣
Mile
Gritos de emoción 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lala González
😂😂🤭
Nayarith Ocampo
par de víboras las dos pero una salió más víbora que la otra 🤣🤣🤭
Liliana Bonilla
🤣🤣🤣😂😂😂son geniales juntos
Paula Giaccaglia
quiero imaginar que éste machismo en la historia es muy exagerado!!! que la vergüenza de ser separada, que los padres no van a aceptar, que se va a casar con panza de embarazada, que la vergüenza, y bka bla bla, siglo 19 parece
Laura Schmal
y encima gastó en las cerezas jajajaja
Mile
Vieja babosa🤢
Mile
Vuelvo y lo repito... Definitivamente para pendeja no se estudia 🙄🙄🙄
Rita Coba
muchas felicidades esctidora exelente final dónde uvo de todo amor rencor tristeza pero el amor logro todo🌹❤️👋
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 no sé de dónde sacará tantas ideas chistosas autora, pero me encantan y rio mucho con tu novela 🤣🤣🤣🤣🤣👍 gracias por compartir tu hermoso talento felicidades por eso también 👍❤️
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