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Perdona, yo no mendigo amor

Perdona, yo no mendigo amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Fantasía / Mujer despreciada / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:664
Nilai: 5
nombre de autor: 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒

Belvina Laurent lo tenía todo: belleza, un apellido poderoso y un esposo que cualquiera envidiaría. Pero Alden Virel, el CEO más frío de la ciudad, jamás la vio como algo más que un contrato. Ella suplicaba su atención. Él la ignoraba. Y entre ambos, una mujer llamada Seraphina sonreía desde las sombras.

Hasta que un día, Belvina dejó de perseguirlo.

Sin lágrimas, sin escenas, sin súplicas. La mujer que despertó esa mañana ya no era la misma. Su mirada era distinta. Su voz, afilada. Y la frase que le dedicó a Alden le heló la sangre:

"No mendigo amor."

Ahora es él quien no puede dejar de observarla. Quien busca excusas para estar cerca. Quien siente que algo se le escapa entre los dedos cada vez que ella le da la espalda.

Pero Belvina ya tomó una decisión: no va a humillarse por nadie. Ni siquiera por el hombre que, sin saberlo, está empezando a amarla de verdad.

Mientras tanto, Seraphina no piensa rendirse. La mujer que se esconde detrás de una sonrisa perfecta guarda secretos que podrían destruir a toda la familia Astera. Y está dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias.

En esta guerra entre orgullo, obsesión y deseo, solo hay una regla: el amor no se mendiga.

NovelToon tiene autorización de 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

11. Entrar en tu mundo

Alden controló su respiración, manteniéndola estable. Su mirada no se apartó ni un instante.

Pasaron unos segundos en silencio. Lo suficiente para incomodar a cualquiera.

Pero Belvina no se inmutó. Incluso parecía... ligeramente aburrida.

—No me gustan estos juegos —dijo Alden por fin. Su tono seguía siendo bajo, pero notablemente más firme que antes—. Si quieres decir algo, dilo de frente.

Belvina exhaló un suspiro leve.

—Si te lo digo de frente, no te va a gustar.

—Inténtalo —respondió Alden sin demora.

Belvina lo observó de nuevo. Esta vez con más profundidad. Un poco más de tiempo. Y entonces:

—Si alguien puede quitarte, entonces nunca fuiste mío.

Lo dijo sin pausa. Sin duda. No era enojo. Tampoco frialdad. Era una calma excesiva. Y eso lo hacía... más cortante.

Alden no respondió de inmediato. Algo cambió en su mirada. No era ofensa. No era ira. Más bien... algo contenido.

—¿Y eso no te molesta? —La pregunta salió en voz baja. Más baja que antes.

Belvina se encogió de hombros.

—¿Debería molestarme? —Inclinó levemente la cabeza—. ¿Acaso quieres que te quiten?

Le devolvió la pregunta directamente.

Esta vez lo miró sin entrecerrar los ojos. Sin presionar. Solo observándolo unos segundos.

—Responde mi pregunta —dijo él finalmente.

Belvina esbozó una sonrisa tenue.

—Ya la respondí.

Levantó su celular de nuevo. No lo encendió de inmediato. Solo lo hizo girar entre sus dedos.

—Si quieres irte, vete. Yo no voy a perseguirte.

Las palabras sonaron ligeras, como si no cargaran peso alguno. Como si... genuinamente no le importara.

El auto siguió avanzando.

El tiempo pareció transcurrir más lento. Pero esta vez era distinto. No porque no sucediera nada, sino porque... ya se había dicho demasiado.

Alden se reclinó en su asiento. Su mirada se dirigió al frente. Pero su mente, no.

Una vez más, no lograba descifrar a la mujer a su lado con facilidad.

Y eso... le molestaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Alden cerró los ojos un instante. No por cansancio, sino para contener algo. Y entonces:

—En ese caso —murmuró—, ¿por qué te casaste conmigo?

La pregunta llegó de improviso.

Los dedos de Belvina se detuvieron sobre el celular unos segundos antes de responder.

—Buena pregunta —musitó con ligereza. Giró el rostro hacia Alden—. ¿Tú qué crees?

Alden entrecerró los ojos levemente. Esta vez no cayó en la trampa.

—Responde.

Belvina sonrió apenas.

—¿Antes? —sus hombros se alzaron un poco—. Tal vez por estúpida. —Su aliento se escapó lentamente—. ¿Ahora? —Volvió la vista al frente—. Porque todavía no he encontrado el momento para irme.

Pero Belvina no había terminado.

—Tranquilo —continuó con tono casual, casi despreocupado—. Estoy buscando el momento adecuado.

Palabras simples. Pero suficientes para hacer que algo dentro de Alden... se desplazara.

***

Belvina tenía la intención de buscar un bocadillo en el refrigerador. Pero apenas entreabrió la puerta del cuarto, sus pasos se detuvieron.

Se oyeron pisadas afuera. Regulares. Familiares.

Se asomó con cautela.

Alden cruzaba el pasillo. Ya vestido con esmero. Traje oscuro. Cabello impecable. Como si fuera a salir.

Las cejas de Belvina se fruncieron levemente.

¿A estas horas de la noche...?

Los pasos del hombre no se detuvieron. Bajó directamente.

Belvina se quedó inmóvil una fracción de segundo. Luego entrecerró los ojos.

Esa sensación volvió. No era solo curiosidad. Había algo más agudo. Más instintivo.

¿A dónde va...?

Se dio la vuelta rápidamente. Tomó su bolso. Sus movimientos fueron automáticos. Sin pensarlo demasiado. Como si este cuerpo ya estuviera acostumbrado a hacer algo así.

Se detuvo frente a la puerta del cuarto. Un segundo.

¿En serio voy a seguirlo?

Pasaron unos instantes sin cambio. Luego sus hombros se encogieron ligeramente.

Bueno, ya qué.

Unos minutos después.

El auto de Alden avanzaba adelante. A suficiente distancia para no llamar la atención.

Belvina lo seguía por detrás. Ni demasiado cerca ni demasiado lejos. Sus dedos apretaban el volante un poco más fuerte. Su respiración se contuvo una fracción de segundo... antes de soltarse despacio.

El auto de Alden giró. Las luces de neón comenzaron a aparecer. La música retumbaba incluso desde afuera.

Un club nocturno.

Belvina redujo la velocidad. Sus dedos se tensaron sobre el volante. Su respiración se contuvo un instante... y se soltó lentamente. Su mirada se clavó en el edificio.

—Oh...

La comisura de sus labios se elevó apenas. Belvina estacionó el auto. Se reclinó contra el respaldo, la vista aún al frente.

Había un destello pequeño en sus ojos. La comisura de sus labios subió un poco más.

Casi abrió la puerta, como si su cuerpo ya supiera hacia dónde dirigirse. Pero su ceño se frunció. Su mirada bajó a su propia ropa.

Camiseta sencilla. Pantalón casual.

Desentono total.

—...¿En serio?

Chasqueó la lengua.

El auto volvió a moverse. No entró al club.

Belvina recorrió la calle unos metros. Sus ojos barrieron rápidamente. Luces brillantes. Aparadores. Una boutique pequeña que aún estaba abierta. Giró el volante de inmediato.

Se detuvo.

Belvina bajó sin vacilar.

La puerta de la boutique se abrió. Sonó una campanilla pequeña. Varias cabezas giraron al instante.

Su apariencia... era demasiado sencilla para ese lugar. Las miradas evaluadoras se hicieron sentir de inmediato.

Belvina se detuvo una fracción de segundo. Lo notó. Pero fue todo. Siguió caminando como si esas miradas... no fueran lo bastante importantes para tomarlas en cuenta.

—Buenas noches —la saludó la dependienta, un poco vacilante.

Belvina respondió con un asentimiento breve.

—Ropa para ir a un club —dijo directamente. Concisa. Clara.

La dependienta se quedó callada un momento. Luego asintió rápido.

—Sí, por aquí.

Belvina la siguió hasta el perchero más cercano. Sus manos tocaron algunas telas. Eligió con rapidez.

Sin demasiadas deliberaciones. Pero esta vez, sin la torpeza de la boutique anterior.

Más decidida. Más... segura de lo que necesitaba.

Se detuvo en un conjunto. Simple, pero suficiente para entrar a un lugar así.

—Este.

Lo entregó sin dudar.

Unos minutos después, Belvina salió de la boutique. Su apariencia había cambiado. No era llamativa en exceso. Pero bastaba para... encajar.

Se detuvo un momento junto al auto, con la mirada hacia el club a lo lejos. Las luces seguían encendidas. La música aún se oía tenue. La comisura de sus labios se elevó de nuevo.

—Si él puede... —Abrió la puerta del auto—. ¿Por qué yo no?

Pero esta vez, sus pasos no eran simplemente seguir a alguien. Algo había cambiado. No era perseguir. Era... entrar al mismo juego.

Las luces del club cegaban. La música retumbaba. Belvina se detuvo un instante en la entrada. Sus ojos recorrieron el lugar.

Lleno. Abarrotado. Ajeno.

Sus pasos vacilaron.

Antes, habría entrado sin pensarlo. Ahora, tomó aire despacio y cruzó el umbral.

Así que este es su mundo...

Se adentró. Sus pasos fueron un poco rígidos al principio. Pero se adaptó rápido.

Un haz de luz le rozó el rostro un instante. Atrajo la atención de varias personas alrededor.

Belvina no les prestó atención. Se adentró más.

Al otro lado del salón...

Un hombre reclinado contra la barra dejó de hablar de golpe. Frunció el ceño. Su mirada se fijó en un solo punto.

—Oye... —Se enderezó un poco—. ¿Estoy viendo mal?

Su acompañante giró la cabeza, siguiendo la dirección de su mirada. Unos segundos. Y entonces:

—Diablos... ¿esa es... Belvina?

El primero entrecerró los ojos para asegurarse. La apariencia era distinta. La forma de caminar tampoco era la misma. Pero ese rostro...

—Sí. —Su tono bajó—. Y está sola.

No esperó más. Dejó el vaso sin más.

—Voy arriba.

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