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La esposa que dejó de esperar

La esposa que dejó de esperar

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Reencarnación / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: gigiwww

Sabrina Elvara lo tuvo todo: una mansión, un apellido de prestigio y un esposo que cualquier mujer envidiaría. Lo único que nunca tuvo fue el amor de León Ardián.

Casados por obligación tras una noche que ninguno de los dos recuerda con claridad, su matrimonio no fue más que una jaula dorada. León la ignoraba. Sabrina lo perseguía. Y cuando descubrió que estaba embarazada, él se alejó aún más.

Hasta que un día Sabrina dejó de esperar.

Sin avisar, sin pedir permiso, huyó a Europa con su hija en el vientre. Dio a luz sola en Holanda durante una tormenta de nieve, reconstruyó su vida en Roma con un pequeño negocio de flores y crió a Liora —una niña de ojos enormes y risa contagiosa— sin la sombra de los Ardián.

Tres años después, León la encuentra por accidente. Pero la mujer que lo recibe ya no es la Sabrina que conoció: no suplica, no sonríe por compromiso, no necesita que él la salve. Y Liora, la hija que no sabía que existía, lo desarma con una sola frase:

—¿Tú eres el señor del parque?

Porque el amor no se demuestra con grandes gestos.

Se demuestra quedándose.

NovelToon tiene autorización de gigiwww para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4 — Plan para irse

Aquella mañana, la mansión Ardián se sentía mucho más silenciosa de lo habitual.

La luz del sol entraba por los amplios ventanales del comedor e iluminaba la mesa larga cubierta de un desayuno fastuoso. Aun así, el ambiente permanecía frío.

León ocupaba un extremo de la mesa con la vista clavada en su tableta. Su expresión era seria, como siempre. De vez en cuando daba un sorbo al café sin levantar la cabeza.

En el otro extremo, Alya lo observaba en silencio.

Habían pasado tres días desde que salió del hospital.

Y durante esos tres días, había puesto en marcha su plan.

Alejarse de León.

Poco a poco.

Sin levantar sospechas.

—Señora, su jugo de naranja —dijo una empleada, dejando el vaso frente a ella.

—Gracias.

Antes, Sabrina habría intentado entablar conversación durante el desayuno. Le habría preguntado por su agenda, le habría recordado almorzar, o simplemente habría buscado cualquier mínimo gesto de atención.

Pero ahora Alya eligió el silencio.

León bajó la tableta despacio.

—No estás comiendo mucho.

—Tengo náuseas.

—Si necesitas algo, dile al doctor.

El tono del hombre seguía siendo plano. Ni cálido, ni tan gélido como antes.

Alya asintió brevemente.

—Lo sé.

Después volvió a concentrarse en cortar su pan.

León frunció el ceño con sutileza.

Extraño.

Sabrina realmente había cambiado.

Y ese cambio estaba haciendo que León comenzara a fijarse en ella sin darse cuenta.

En cuanto él se fue a trabajar, Alya entró directo al dormitorio. Cerró con llave y abrió la computadora portátil de Sabrina.

El corazón le latía con fuerza.

—Bien... veamos primero —murmuró.

Revisó las cuentas bancarias de Sabrina.

Y los ojos se le abrieron de par en par.

—Es bastante...

Por supuesto que lo era.

Sabrina provenía de una familia adinerada. Además de la tarjeta suplementaria que le otorgaron los Ardián, tenía ahorros personales heredados de sus padres.

Solo que la Sabrina de antes había estado tan obsesionada con ganarse el amor de León que jamás pensó en su propio futuro.

Alya era distinta.

Ella sabía exactamente cómo terminaba esta historia si se quedaba.

Por eso...

Tenía que irse antes de que fuera demasiado tarde.

Comenzó a anotar cuánto dinero podía retirar sin despertar sospechas. También buscó algunos apartamentos pequeños pero cómodos donde pudiera vivir después del divorcio.

—Si administro bien los gastos... alcanza hasta que nazca el bebé.

Su mano descendió lentamente hasta posarse sobre su vientre.

Todavía le resultaba extraño pensar que había un bebé creciendo dentro de este cuerpo.

Pero fuera como fuera, esa criatura no tenía la culpa de nada.

Alya esbozó una sonrisa tenue.

—Voy a protegerte.

Tras unos minutos de reflexión, tomó el celular y marcó un número.

Un abogado de divorcios.

El corazón le dio un vuelco.

Los dedos se le detuvieron un instante.

Sin saber por qué, el pecho de Sabrina se comprimió con solo ver la palabra divorcio.

Quizá los sentimientos de la dueña original aún permanecían en este corazón.

Sabrina había amado a León con demasiada intensidad.

Incluso después de que él la tratara con frialdad.

Pero Alya respiró hondo y presionó el botón de llamada.

—Buenas tardes, Ferrer & Asociados.

—Buenas tardes... Quisiera una consulta sobre divorcio.

Esa misma tarde, Alya se sentó en un café tranquilo. Llevaba cubrebocas y una gorra discreta para no ser reconocida. Frente a ella tomó asiento un hombre de unos treinta años, vestido con traje impecable.

—Entonces, ¿desea presentar una demanda de divorcio contra el señor León Ardián?

Alya asintió despacio.

El abogado no pudo disimular su sorpresa.

Porque prácticamente todo el mundo sabía cuánto amaba Sabrina a su esposo.

—¿Hay violencia doméstica? —preguntó con cautela.

—No.

—¿Infidelidad?

Alya guardó silencio un momento.

En la novela, sí existía otra mujer en el corazón de León. Pero él aún no la había engañado como tal.

—Tampoco.

—¿Y el motivo, entonces?

Alya esbozó una sonrisa breve y amarga.

—No me ama.

La frase dejó la mesa en un silencio repentino.

El abogado exhaló despacio.

—Divorciarse de una familia como los Ardián no será fácil.

—Lo sé.

—Menos aún estando embarazada.

Los puños de Alya se apretaron bajo la mesa.

—Por eso quiero preparar todo desde ahora.

El hombre le entregó su tarjeta.

—Si está completamente segura, la ayudaré.

Alya tomó la tarjeta con calma.

Y por primera vez desde que despertó en el cuerpo de Sabrina...

Sintió que tenía un poco de control sobre su propia vida.

Esa noche.

León volvió más temprano de lo habitual.

Al entrar en la habitación, encontró a Sabrina sentada en el suelo ordenando varios documentos.

—¿Qué haces?

Alya cerró la carpeta de golpe.

—Nada.

León la observó con desconfianza.

—¿Qué es eso?

—Documentos... normales.

León avanzó hacia ella. La presencia del hombre cargó el ambiente de inmediato.

Alya sujetó la carpeta con más fuerza por reflejo.

Ese pequeño gesto no le pasó inadvertido.

—¿Me estás ocultando algo?

La mirada cortante de León le aceleró el pulso.

Pero se obligó a mantener la calma.

—Privacidad.

León se quedó inmóvil un instante al escuchar esa palabra.

¿Privacidad?

Antes, Sabrina jamás habría tenido reparo en compartir absolutamente todo con él.

Ahora esa mujer empezaba a levantar muros.

Y sin saber por qué...

A León comenzaba a molestarle.

Su mirada descendió lentamente hacia el rostro de Sabrina, que lucía mucho más sereno que antes.

—¿Desde cuándo cambiaste así? —preguntó en voz baja.

Alya le sostuvo la mirada sin un ápice de temor.

—¿No es mejor así?

León enmudeció.

Por primera vez, tuvo la sensación de que ya no podía descifrar a la mujer que tenía enfrente.

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