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El Hombre Que No Conocí En París

El Hombre Que No Conocí En París

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:24.9k
Nilai: 5
nombre de autor: N. Garzón

Valentina Montenegro tenía una vida perfecta en París, hasta que una noche se dejó llevar por un desconocido que le robó el corazón… y desapareció a la mañana siguiente.

Meses después, tras sobrevivir a un atentado, su padre la obliga a regresar al país y le asigna un escolta.

Gael Santoro.

El hombre que Valentina reconoce como aquel desconocido de París.

Solo hay un problema:

Gael nunca estuvo en París.

Ahora, escondida en una finca que guarda más secretos de los que imagina, Valentina tendrá que convivir con el hombre que asegura no conocerla.

Pero mientras intenta descubrir quién le mintió aquella noche, podría terminar enamorándose del hombre equivocado… otra vez.

NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 6.

Valentina

Mi cita médica había transcurrido con absoluta normalidad.

Después de la revisión, le expliqué a mi ginecóloga que quería retirar el dispositivo anticonceptivo que llevaba un tiempo usando. No estaba en una relación y, por el momento, no tenía intención de tener hijos, así que prefería no seguir cargando mi cuerpo con hormonas que ya no necesitaba.

La doctora estuvo de acuerdo y programamos el procedimiento.

Salí del consultorio tranquila.

Nada hacía pensar que, minutos después, estaría luchando por mi vida.

El tráfico de la ciudad era un caos.

Yo iba en el asiento del copiloto revisando mis redes sociales, intentando ponerme al día con todo lo que había ocurrido mientras estaba lejos de París.

Alejandra había estado publicando fotografías.

Sonreí al ver una de ellas.

Mi mejor amiga estaba triunfando.

Había conseguido cerrar uno de los contratos que antes manejábamos juntas y, aunque me alegraba muchísimo por ella, no pude evitar sentir una pequeña punzada de tristeza.

Extrañaba mi vida.

Extrañaba mi trabajo.

Extrañaba sentir que tenía el control.

Estaba respondiendo uno de sus mensajes cuando la voz de Gael me hizo levantar la mirada.

—Nos están siguiendo.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

—Mira el espejo.

Lo hice.

Un vehículo oscuro venía detrás de nosotros.

—Quizás solo va por la misma dirección.

—No.

Su respuesta fue inmediata.

Cambió de carril.

El automóvil hizo lo mismo.

Gael volvió a cambiar.

El vehículo volvió a seguirnos.

Mi corazón comenzó a acelerarse.

—Dios mío...

Miré hacia atrás.

Ahora había otro vehículo.

—Nos están encerrando.

Gael no respondió.

Sus manos se aferraron con más fuerza al volante.

Por primera vez desde que lo conocía, vi algo diferente en su rostro.

No era miedo.

Era concentración.

—¿Qué vamos a hacer?

—Lo que te diga.

—Gael...

—Cuando te diga que te agaches, te agachas.

—Pero...

—¡Valentina!

Su tono me hizo callar.

Un segundo después, uno de los vehículos se atravesó delante de nosotros.

Gael aceleró.

—¡¿Qué haces?!

No respondió.

La camioneta golpeó ligeramente al automóvil que intentaba cerrarnos el paso.

El impacto me hizo gritar.

—¡Gael!

Él giró bruscamente el volante y logró pasar.

Pero otro vehículo apareció.

—¡Agáchate!

Me quedé paralizada.

—¡Ahora!

Me agaché inmediatamente.

Sentí cómo Gael se quitaba la chaqueta.

Un segundo después la colocó sobre mi cuerpo y me cubrió por completo.

—Tápate la cabeza.

Obedecí.

Mi corazón latía tan fuerte que podía escucharlo.

Entonces sentí que su brazo pasaba sobre mi espalda para protegerme.

La camioneta aceleró.

Todo comenzó a moverse violentamente.

Escuché golpes.

Cristales rompiéndose.

Frenazos.

Mi cuerpo se movía de un lado a otro.

Yo solo podía llorar.

No sabía qué estaba sucediendo.

No sabía si íbamos a salir vivos.

La chaqueta de Gael me cubría por completo.

Olía a él.

A jabón.

A madera.

A algo masculino que no sabía identificar.

Apreté los ojos.

—Por favor...

No sabía si se lo estaba diciendo a Dios o a mí misma.

Nunca había sentido tanto miedo.

De repente, la camioneta se detuvo.

—No te levantes.

La voz de Gael sonó cerca de mí.

—¿Qué?

—No te levantes hasta que yo te diga. ¿Entendiste?

—Sí.

Mi voz salió temblorosa.

La puerta del conductor se abrió.

Escuché sus pasos alejándose.

—¿Gael?

Silencio.

—¡Gael!

Nada.

Sentí que el pánico volvía a apoderarse de mí.

Entonces escuché nuevamente la puerta.

—Tranquila.

Era él.

—Quédate así.

La camioneta volvió a arrancar.

Gael condujo a una velocidad que jamás había visto.

Tomó una curva.

Después otra.

Descendimos por una rampa.

Yo seguía debajo de su chaqueta.

No sabía dónde estábamos.

Finalmente el vehículo se detuvo.

—Ya estás a salvo.

Levanté lentamente la chaqueta.

—¿Dónde estamos?

—Bájate.

Me incorporé.

Sentía la cabeza dando vueltas.

Miré las ventanas de la camioneta.

Estaban llenas de pequeños agujeros.

Me quedé helada.

—¿Qué...?

No terminé la pregunta.

Había sido disparada.

Había habido disparos.

Y yo ni siquiera los había escuchado.

—Vamos.

Gael abrió mi puerta y me ayudó a bajar.

Mis piernas temblaban tanto que casi perdí el equilibrio.

Él me sostuvo por el brazo.

—Despacio.

Lo miré.

Tenía sangre en la comisura del labio.

También tenía pequeños cortes en la cara y en las manos.

Los cristales.

Eso significaba que se había expuesto para protegerme.

Por primera vez desde que lo conocía, no pude pensar en el hombre arrogante que me había sacado de mi apartamento.

Solo pude verlo como el hombre que acababa de salvarme la vida.

—Estás herido.

—No es nada.

—Tienes sangre.

—He tenido días peores.

—Eso no significa que no debas revisarte.

Me miró.

—Estoy bien.

—Eres insoportable.

—Eso ya me lo habías dicho.

Por alguna razón, aquella respuesta me hizo sentir un poco mejor.

Me guió hasta un ascensor.

—¿Dónde estamos?

—En un lugar seguro.

Las puertas se abrieron.

Subimos.

Cuando llegamos al apartamento, me quedé sorprendida.

Era elegante.

Moderno.

Amplio.

Nada que ver con la finca.

—¿Este lugar es tuyo?

Gael me miró.

—No.

—Entonces...

—No importa.

Entramos.

Él sacó su teléfono.

—Ya le avisé a tu padre lo ocurrido.

—Gracias.

No sabía por qué dije aquello.

Quizás porque era lo correcto.

Gael se sentó y tomó hielo.

Se lo colocó sobre la boca.

Yo seguía usando su chaqueta.

No quería quitármela todavía.

No sabía por qué.

Tal vez porque después de lo que había sucedido necesitaba sentirme protegida.

Pasaron casi dos horas.

Gael recibió varias llamadas.

Hablaba poco.

Daba instrucciones.

Escuchaba.

Volvía a llamar.

Yo permanecí sentada, intentando procesar todo.

Finalmente, se levantó.

—Vámonos.

—¿A dónde?

—A otro lugar.

—¿Otro?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque no podemos quedarnos aquí.

No discutí.

Por primera vez, no quería hacerlo.

Bajamos.

Salimos por una recepción elegante.

Yo pensé que aquel apartamento pertenecía a alguno de los negocios de mi padre.

Pero entonces la recepcionista levantó la mirada.

—Buenas noches, señor Santoro.

Me detuve.

¿Señor Santoro?

Miré a Gael.

Él simplemente siguió caminando.

No dijo nada.

Yo tampoco pregunté.

Afuera nos esperaba otra camioneta.

El secretario de mi padre estaba al volante.

Abrí la puerta trasera.

Mi madre estaba allí.

Apenas me vio, bajó del vehículo y me abrazó con fuerza.

—¡Hija!

—Mamá...

Me aferré a ella.

Por primera vez desde que había salido del consultorio sentí que podía llorar tranquilamente.

—¿Estás bien?

—Sí.

Mi madre comenzó a revisarme.

Mis brazos.

Mi rostro.

Mi hombro.

—¿Te lastimaste?

—No.

Entonces miró hacia Gael.

—Gracias.

Él asintió.

—Con gusto.

No dijo nada más.

Permaneció en silencio mientras mi madre volvía a revisar que no tuviera ninguna herida.

Finalmente subimos al vehículo.

Mi madre y yo quedamos solas en la parte trasera.

Ella me miró.

Después bajó la mirada.

—¿Y esa chaqueta?

Miré la prenda que todavía llevaba puesta.

—Es de Gael.

Su expresión cambió ligeramente.

—¿Por qué la tienes?

—Me la puso encima cuando comenzaron los disparos.

—¿Disparos?

Asentí.

—Yo no los escuché. Estaba agachada. Creo que me cubrió para que los vidrios no me lastimaran.

Mi madre permaneció callada.

Después señaló la chaqueta.

—Devuélvesela.

Su tono no fue amable.

La miré sorprendida.

—Claro.

Me quité la chaqueta y la doblé sobre mis piernas.

Mi madre volvió a mirarme.

—Ten cuidado, Valentina.

—Sí, mamá.

Pero mientras apoyaba la cabeza contra el asiento, no pude dejar de pensar en Gael.

En cómo había reaccionado.

En la manera en que había conducido.

En cómo se había bajado de la camioneta mientras yo permanecía escondida.

Y, sobre todo, en algo que me resultaba imposible de ignorar:

El hombre que yo consideraba un simple empleado acababa de arriesgar su vida para salvarme.

Y empezaba a sospechar que Gael Santoro escondía mucho más de lo que estaba dispuesto a contarme.

1
Mirian Suarez
fueron muchos capitulos en lo mismo sin encontrar pruebas sobre Augusto pero buena la historia
Mirian Suarez
ojalá Augusto pague todo lo que hizo
Mirta Gomez
me encanto una historia con muchas complicaciones peligro una relacion un padre egoista Pero la rekacion de pareja hermosa Felicitaciones
Francisca Letycia MirandaGarcia
excelente historia gracias por su tiempo
Francisca Letycia MirandaGarcia
Augusto lo quiso matar y logró escapar
Francisca Letycia MirandaGarcia
solo hay una explicación no es su hija, pero la madre tampoco ha dicho lo contrario
Francisca Letycia MirandaGarcia
pobre Gael ahora que está embarazada Valentina
Francisca Letycia MirandaGarcia
ya le están dando muchas vueltas al asunto y nada que se sabe de la verdad
Francisca Letycia MirandaGarcia
sería Alejandra la de los mensajes
Francisca Letycia MirandaGarcia
aparte de avaricioso, asesino
Francisca Letycia MirandaGarcia
que extraño es Augusto que estará tramando
Francisca Letycia MirandaGarcia
que hombre, hay que tenerlos bien puestos para aceptar una verdad así
Francisca Letycia MirandaGarcia
para mí que la zorrita le dijo lo de Thiago, y ella debió hablar antes de meterse con él
Francisca Letycia MirandaGarcia
me pregunto si su madre ya se dió cuenta habemos mujeres que no somos tan estupidas
Francisca Letycia MirandaGarcia
algo me dice que Valentina no es su hija y el hombre que anda rondando el tal ruso tiene que ver con su verdadera familia
Francisca Letycia MirandaGarcia
todo es un misterio
Francisca Letycia MirandaGarcia
por eso el padre tiene esa propiedad y que le harían al padre de ellos
Francisca Letycia MirandaGarcia
pq la quiere destruir Alejandra o a quien está ayudando
Francisca Letycia MirandaGarcia
el viejo tiene amante y es Alejandra
Francisca Letycia MirandaGarcia
con que tranquilidad lo tomo Thiago, pero no está muy bien pq son hermanos
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