Jade desafía el poder de Derek y se niega a ceder ante su arrogancia, mientras una atracción peligrosa amenaza sus límites.
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CAPÍTULO 5
...
Jade estaba en Essence cuando recibió la videollamada.
—¿Ya terminó la reunión?
—Sí.
—¿Y?
Ivette guardó silencio unos segundos.
—No salió nada bien.
Jade dejó de revisar los documentos que tenía delante.
—¿Qué pasó?
—El señor Moncada no estaba precisamente feliz de verme.
—¿Por qué?
—Porque esperaba encontrarse contigo.
Jade suspiró.
—Eso ya lo imaginaba.
—No, Jade. No entiendes.
Ivette hizo una pausa.
—Se levantó y se fue.
—¿Qué?
—Y antes de salir me dijo que te dijera algo.
Jade se quedó en silencio.
—¿Qué?
Ivette imitó el tono serio de Derek.
—“Dígale a la señorita Castillo que cuando deje de huir de mí, hablaremos de negocios”.
Jade abrió los ojos.
—¿Huir de él?
—Eso mismo dijo.
Jade dejó escapar una risa incrédula.
—Ese hombre está loco.
—Yo también creo que exageró un poquito.
—No estoy huyendo de nadie. Simplemente no quería ver su cara de arrogancia.
Jade dejó el teléfono sobre el escritorio con más fuerza de la necesaria.
Ivette la observó desde el otro lado.
—¿Qué harás?
Jade tomó aire, intentando controlar el enojo que todavía llevaba encima.
—Tranquila, ya te enterarás.
—¿Qué vas a hacer?
Jade levantó la mirada y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Traeré ese contrato firmado, cueste lo que cueste.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Unas horas después, Jade llegó a Moncada Marine.
Apenas cruzó las puertas de la empresa, caminó directamente hacia los ascensores.
No había cambiado de opinión.
Si Derek Moncada quería hacer negocios con Essence, tendría que hacerlo bajo sus condiciones profesionales.
El ascensor llegó y Jade entró.
Durante el trayecto, cruzó los brazos y miró fijamente los números que iban cambiando sobre las puertas.
Jade continuó caminando por el pasillo hasta llegar al área donde se encontraba el despacho de Derek.
Entonces escuchó una voz detrás de ella.
—Señorita Castillo.
Jade se detuvo.
Era Gabriel, el asistente de Derek.
—¿Sí?
Gabriel se acercó rápidamente.
—No puede entrar allí. Déjeme avisarle al señor Moncada.
Jade ni siquiera respondió.
Continuó caminando hasta llegar a la puerta.
—Señorita Castillo...
Pero antes de que Gabriel pudiera detenerla, Jade abrió la puerta.
Derek levantó la mirada desde su escritorio.
Durante unos segundos, ninguno dijo una palabra.
Gabriel apareció detrás de ella, visiblemente incómodo.
—Señor, lo siento. No pude detenerla.
Derek mantuvo los ojos sobre Jade.
Después de unos segundos, habló con absoluta calma.
—Déjanos solos.
......................
Derek permaneció de pie detrás de su escritorio mientras Jade se mantenía frente a él con los brazos cruzados.
—Señorita Castillo, al parecer ya no me tiene miedo. ¿Dejó de huir?
Jade soltó una pequeña risa, completamente incrédula.
—Señor Moncada, no le temo para nada. Su arrogancia es bastante para acabar con usted. Simplemente no me gusta estar bajo su presencia.
Derek arqueó una ceja.
Aquella respuesta no hizo más que aumentar su curiosidad.
Se levantó lentamente de su lugar y comenzó a caminar hacia ella.
Jade no retrocedió.
Derek se detuvo frente a ella.
—¿Acaso la pongo nerviosa?
—Claro que no.
—Entonces, ¿qué es?
—No soporto su actitud.
Una sonrisa apenas perceptible apareció en el rostro de Derek.
—Eso ya lo había notado.
Jade lo miró fijamente, esperando que dejara de jugar con ella.
Derek finalmente tomó el documento que estaba sobre su escritorio.
—Decidí darle una oportunidad a Essence.
Jade extendió la mano, pero él no le entregó el contrato todavía.
—Pero tengo una condición.
—¿Cuál?
—Debe ir a un buque de pesca con la tripulación y conmigo.
Jade lo observó con atención.
—¿Para qué?
—Quiero que conozca nuestro trabajo de cerca. El mar, el buque, la tripulación y todo el proceso. Si realmente conoce el negocio de la pesca como dijo durante nuestra primera reunión, no debería tener ningún problema.
Jade abrió la boca para responder.
—No es necesario que...
Derek la interrumpió.
—¿Acaso le tiene miedo a los retos, señorita Castillo?
Jade cerró la boca.
Lo miró durante unos segundos.
Aquello era exactamente lo que él quería.
Provocarla.
Y ella no iba a darle el gusto de verla retroceder.
Derek colocó finalmente el contrato frente a ella.
—Eso pensé.
Jade bajó la mirada hacia los documentos.
—Aquí está el contrato. Solo debe firmarlo y nos vemos mañana a primera hora en el puerto Moncada.
Ella tomó el bolígrafo.
Leyó rápidamente las condiciones.
Todo estaba en orden.
Era el contrato que Essence necesitaba.
El contrato que podía mantener su agencia a flote.
Jade firmó.
Dejó el bolígrafo sobre el escritorio y levantó la mirada.
—Nos vemos mañana.
Derek tomó el contrato y revisó la firma.
—A primera hora.
Jade se dio la vuelta y caminó hacia la puerta.
Pero mientras salía del despacho, una idea se repetía en su cabeza.
Demuéstrale de qué estás hecha a ese estúpido.
No pensaba dejar que Derek Moncada la hiciera quedar mal.
Si quería comprobar cuánto sabía sobre aquel mundo, tendría su respuesta.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Derek permanecía en su despacho revisando nuevamente el contrato que acababa de firmar Jade cuando escuchó unos golpes en la puerta.
—Adelante.
Emilio entró y cerró detrás de él.
—¿Me mandaste a llamar?
Derek levantó la mirada.
—Sí. Acabo de firmar el contrato para la nueva campaña.
Emilio sonrió.
—Entonces, ¿finalmente?
—Sí.
Derek dejó el contrato sobre el escritorio.
—Mañana necesito que te quedes al frente de todo. Yo no voy a estar.
Emilio frunció el ceño.
—¿Cómo que no vas a estar?
—Voy a salir al mar.
—¿Y yo qué?
—Te quedarás aquí.
Emilio lo miró con incredulidad.
—¿En serio me estás cambiando por ella? Pensé que iríamos juntos.
Derek se levantó de la silla.
—Sí, pero cambié de opinión.
—¿Por qué?
Derek tomó el contrato nuevamente entre sus manos.
—Porque quiero demostrarle que no sabe nada de este mundo.
Emilio soltó una carcajada.
—¿Vas a irte al mar solo para demostrarle eso?
—Exactamente.
—Derek, estás loco.
Derek sonrió.
—Probablemente.
Emilio negó con la cabeza mientras lo observaba.
—Definitivamente esa mujer te ha hecho perder la cabeza.
Derek no respondió.
Solo miró la firma de Jade sobre el contrato.
Mañana tendría tres días para demostrarle que el mar no era tan sencillo como ella creía.
Y estaba decidido a hacerla ver su suerte.
oria parece muy interesante espero con ansia los próximos capitulos