Eimy jamás imaginó que una simple conversación por chat cambiaría su vida. Todo comenzó cuando conoció a un hombre que pertenecía al Ejército. Al principio solo eran mensajes, pero con el paso de los días nació una conexión especial que poco a poco se convirtió en amor. Después de muchas conversaciones, Eimy decidió darle una oportunidad a sus sentimientos y aceptar estar con él. Sin embargo, cuando pensaba que por fin había encontrado al hombre indicado, descubrió una verdad que jamás esperaba: él tenía esposa. Ahora Eimy deberá decidir si luchar por ese amor o alejarse antes de terminar con el corazón roto.
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Capítulo 18 — Una decisión difícil
Narra Leandro
Las palabras de Amy seguían dando vueltas en mi cabeza.
“Quiero que te alejes de mi vida.”
No podía sacármelas de encima.
Me habían quedado grabadas en la mente y me dolían más de lo que quería admitir. Después de tantos años, yo no esperaba volver a sentir algo tan fuerte por alguien, pero ahora todo se había complicado por una decisión que yo mismo había tomado mal.
Me quedé sentado unos minutos, mirando el teléfono.
Sabía que no podía seguir huyendo del problema.
Tenía que hablar con Bianca.
Bajé las escaleras y la encontré en la cocina preparando el almuerzo. Ella estaba concentrada en lo suyo, como si nada hubiera pasado.
Yo llegué hasta la cocina.
—Bianca, vení un momentico.
Ella volteó a mirarme.
—¿Qué pasó?
Yo estaba demasiado alterado. Golpeé la mesa con la mano, más por frustración que por otra cosa.
—¡Tenemos que hablar!
Bianca se quedó sorprendida.
—¿Y ahora qué te pasa?
Respiré profundo. Por un momento sentí tanta rabia que tuve que apartarme de la mesa y tranquilizarme. No quería hacer nada de lo que después pudiera arrepentirme.
Yo no era así.
—Nada de violencia —me dije a mí mismo—. Hablemos como personas.
Volví a mirarla.
—Bianca, voy a ser sincero contigo.
Ella dejó lo que estaba haciendo y me prestó atención.
—¿Qué me vas a decir?
Me costó unos segundos empezar.
—Ya no siento lo mismo por vos.
Bianca se quedó callada.
—¿Cómo así?
—Lo que tenemos entre nosotros se terminó para mí. No quiero seguir fingiendo que todo está bien cuando no lo está.
Ella comenzó a negar con la cabeza.
—Leandro, no digás eso.
—Tengo que decirlo, pues. Ya llevamos demasiado tiempo viviendo entre discusiones, reclamos y problemas. Esto no puede seguir así.
Los ojos de Bianca comenzaron a llenarse de lágrimas.
—¿Hay otra persona?
Me quedé en silencio.
Ella entendió la respuesta.
—Es ella, ¿cierto?
No quise mentirle otra vez.
—Sí.
Bianca comenzó a llorar.
—¿Amy?
Asentí lentamente.
—Estoy enamorado de Amy.
Bianca se llevó una mano al rostro.
—Después de todo lo que vivimos, ¿me vas a dejar por ella?
—No quiero seguir haciéndote daño ni seguir haciéndome daño a mí mismo. Lo nuestro ya no funciona.
—¡Pero tú eres mi esposo!
—Lo sé, Bianca.
—Entonces lucha por nuestro matrimonio.
Bajé la mirada.
—Lo intentamos muchas veces, pues. Pero cada día estamos peor.
Bianca continuó llorando.
—¿Y ahora qué quieres? ¿Que yo simplemente me vaya?
Me quedé callado durante unos segundos antes de responder.
—Quiero que terminemos esto de la manera más tranquila posible. No quiero seguir viviendo bajo el mismo techo mientras cada conversación termina en una pelea.
Ella se secó las lágrimas.
—Yo todavía te quiero.
Aquellas palabras me hicieron sentir todavía más culpable.
—Lo sé. Y precisamente por eso no quiero seguir engañándote con una relación que ya no siento.
Bianca respiró profundamente.
—¿Y Amy sabe que estás casado?
—Ahora sí.
—¿Y aun así quiere estar contigo?
Bajé la mirada.
—Ella no quiere estar en medio de esto. De hecho, me dijo que me alejara de su vida.
Bianca quedó sorprendida.
—¿Te rechazó?
No respondí.
Me senté en una silla y pasé las manos por mi rostro.
—Yo cometí errores, Bianca. No voy a echarle la culpa a nadie. Debí resolver primero mi matrimonio antes de involucrar a otra persona.
La cocina quedó en silencio.
Bianca lloraba mientras yo intentaba mantener la calma.
—No te estoy diciendo que esto sea fácil —continué—. Pero sí creo que tenemos que aceptar que nuestro matrimonio llegó a un punto en el que ya no podemos seguir.
Ella miró hacia otro lado.
—No sé qué voy a hacer.
—Yo tampoco sé qué va a pasar después, pues. Pero voy a asumir mi responsabilidad.
Por primera vez en mucho tiempo, no hubo gritos entre nosotros.
Solo quedó un silencio pesado.
Yo sabía que aquella conversación iba a cambiar nuestras vidas para siempre.
Había tomado una decisión y ahora tendría que enfrentar todas sus consecuencias.