Colter Callahan es un vaquero salvaje, de botas embarradas, modales dudosos y cero interés en una esposa.
Charlotte Walkins es sofisticada, adora los tacones, los vestidos de diseñador y considera que el barro no debería existir.
Así que, naturalmente, sus padres deciden sentarlos a cenar.
Colter fantasea con echarla de su rancho antes del primer plato.
Charlotte, después de mirarlo de arriba abajo, le sugiere que un buen corte de pelo podría hacer milagros.
Están a punto de convertirse en enemigos.
Entonces llega la propuesta de matrimonio.
Él tendrá que convivir con una princesa que probablemente se desmaye al ver una vaca.
Ella tendrá que soportar a un salvaje que cree que una camisa limpia es opcional.
Y justo cuando Charlotte piensa que casarse sería un desastre, descubre que el robo que la dejó hospitalizada podría esconder mucho más.
Ahora debe elegir entre enfrentar el misterio en la ciudad o refugiarse en el rancho de un salvaje junto a un insoportable marido.
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COMPRAS Y PROBLEMAS
NARRADOR
Joshua llevó a su hija al pueblo. No era grande. Los lugares donde debían ir no eran muchos ni requerían recorrer grandes distancias.
--Necesito ir al supermercado primero. Es urgente
--Deberás conformarte con un mercado
Ella miró el lugar que tenía un cartel que decía supermercado.
--Eso es marketing, una promesa absurda tal como el protector solar que compré hace un año y acabé roja como un tomate
--No es una gran ciudad
--Espero que tengan todo lo que necesito
--Vamos. Solo así lo averiguaremos
Charlotte entró con su lista perfectamente elaborada y un bolígrafo para tachar todo lo que encontrara. Lo hizo sonriendo.
Allí la miraron con curiosidad. Evidentemente no pertenecía allí.
Ella encontró primero la sección de aromatizantes para telas. No había gran variedad y además quedaban muy pocos. Solamente consiguió tres botellas de medio litro cada una. No le durarían demasiado. Estaba segura.
Después fueron a la sección de comestibles. Allí compró una gran cantidad de galletas y también varios frascos del mejor café disponible. Solamente eso logró hacerla realmente feliz.
--Hija creo que olvidas algo-- Le dijo Joshua con cierta incomodidad
Él sabía que ella había tenido su período mientras aún vivía con él. Lo supo porque la vio adolorida.
--¿Qué cosa?
--Tus productos femeninos para esos días
Charlotte lo miró con sospecha. Tenía razón de que había olvidado eso, pero no había creído que el FBI tardara mucho en resolver el caso para que pudiera regresar a su vida.
--¿No hay información ni pistas, verdad?
Él bajó la mirada, preocupado.
--Encontraron un collar. No llevó a un arresto significativo ni a nada concreto. Lo siento
--Está bien. Yo esperaré, no es tu culpa.
Ella miró las variedades de toallas sanitarias. Escogió algunos. Su padre agregó más paquetes a la compra.
Al salir de allí luego de haber comprado más cosas que no estaban en la lista, fueron a una tienda por sugerencia de él.
--En la ciudad tienes más opciones de vestuario, papá
--Compraré algo adecuado para ti por si decides usarlo
Él pidió botas y ella aceptó el más lindo par sin tacón alto. Después eligió dos jeans y sintió que era suficiente.
--Camisas-- Su padre casi la arrastró a esa sección
Escogió una de color rosa, entallada y una de color vino, también ajustada.
Su padre miró. No opinó.
Después al salir de allí compró sábanas y mantas. Las que tenía eran viejas. Las sábanas estaban tan transparentes como una hoja de calcar y las mantas probablemente habían sobrevivido a una guerra, como mínimo.
Al llegar a la pinturería consiguió lo que buscaba. Con un pequeño error de cálculo. Podría pintar toda la propiedad con eso, o al menos la mayor parte.
Ella escuchó las recomendaciones del vendedor con tanta atención como la que le ponía a sus profesores universitarios.
Cuando volvieron al rancho lo hizo con la camioneta cargada de compras.
Colter los vio llegar desde lejos. Siguió trabajando.
Al entrar en el rancho los dos empezaron a ordenar las cosas y mientras Joshua preparaba café, ella fue a su habitación para arrancar las sábanas de la cama. Una de ellas se rompió debido a lo desgastadas que estaban.
Minutos más tarde, toda la casa olía a frutas tropicales y ella se sintió más tranquila solamente por eso.
La taza de café decente y las galletas fueron un bálsamo para su bienestar y para su cordura.
Cuando su esposo entró vio todo limpio, ordenado y sintió la exorbitante cantidad de fragancia. No dijo nada.
--No te compré ninguna cosa, aunque estuve tentada-- Lo miró con una sonrisa
--A ver cuéntame, muero por saberlo-- Su sarcasmo era tan habitual como respirar si quería sobrevivir
--Vi una crema para manos. ¿Sabes por qué me arrepentí?
--Ni idea
--Con lo ásperas que tienes las manos podrán servir para lijar las paredes en caso de necesitarlo
Joshua los miró con incomodidad. Su hija parecía estar provocando una discusión o deliberadamente sacarlo de quicio.
--Que inteligente de tu parte, pero olvidas dos cosas: no te ayudaré a pintar y eso lo aclaré desde el inicio. Segundo: cuando estabas asustada sobre mi caballo no opinaste que mis manos eran ásperas mientras te sostenían
--No quería caerme. Fue supervivencia básica
--Lo que tu digas. Tampoco te quejas de cuando te tiraste sobre mi y no te escuché quejarte-- Ella lo miró con odio
Joshua decidió que era el momento de irse.
--Papá cuando vengas trae cortinas por favor. Sabes cuáles me gustan
--¿Cuántas?
--Para mi habitación y también para aquí-- Señaló el comedor
--Está bien. Vendré la próxima semana. Ah, Katy me llamó porque no le contestabas
--¿Le dijiste que estoy aquí?
--Y que estás casada. Pronto vendrá a visitarte seguramente
Charlotte sonrió. No le gustaba que su amiga se hubiera enterado de su boda, pero sabía que ella obtendría información porque no habría manera de que pisara un campo por voluntad propia.
Colter la miró y cuando Joshua se fue habló.
--No me gusta recibir visitas. Debiste consultarme
--No soy tu prisionera. Tengo derecho a visitas
--¿Para todo buscas respuesta?
--Es un talento
--Irritante y molesto
--Todo te molesta. Asumo por qué y no te juzgo
--¿Y eso es...?
--Porque tienes casi cuarenta y apenas diste un beso en tu vida. La frustración es comprensible. Yo me sentiría igual
¿Lo estaba tratando de mantenerse célibe? Eso no tenía precedentes ni lógica.
--Tengo 33 no cuarenta, princesa y sobre mi celibato estás muy equivocada
--No lo creo.
Él fue a cocinar para no discutir. Odiaba verla. No la soportaba ni tampoco a los colores que usaba, mucho menos a su ropa. Dos salidas y había provocado una caída de un peón y que otro le dijera a él señorita bonita.
Decir que estaba frustrado por su matrimonio sería quedarse corto. Estaba perfectamente bien solo y cuánto adoraba la idea de volver a su vida tranquila.
Llevaba años viviendo solo. Sin visitas molestas. Y lo peor no era Charlotte allí, sino que no podía echarla porque legalmente debían convivir hasta el divorcio.
--Cuando anulemos esta farsa podré decir que nos divorciamos si eso te hace sentir mejor-- Ella lo siguió a la cocina porque ansiaba una rotunda victoria
--Yo diré que no te toqué por voluntad propia y es la verdad-- Él se acercó y curvó apenas sus labios
--Intentaba ayudarte, pero está bien. Diré que tu gran anhelo es morir virgen porque te gustan los animales y no las mujeres-- Pretendió alejarse
Colter la sujetó por el brazo y la atrajo a su cuerpo.
--Repite eso princesa y dormirás en el granero con tu querido bebé-- Acercó la boca a la de su esposa-- Si dices eso te arrepentirás. Es mejor pasar por virgen que por infiel por estos lados
Charlotte le dio un empujón.
--Me las pagarás. Aquí no sufriré sola. Te lo prometo
--Te arrepentirás de lo que sea que planees
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