Arianna Falcone creyó que la muerte de Lucio Castelli, capo de la Sagrada Familia, significaría por fin su libertad. Se equivocó.
Con la organización al borde de una guerra interna, su padre pretende utilizarla otra vez y casarla con el hombre que consiga hacerse con el poder.
La única salida es Nino Farina.
Tiene veinte años, una sonrisa fácil y la violencia corriendo por las venas. Para impedir que los antiguos capitanes de Lucio recuperen el control, deberá tomar la Sagrada Familia. Y Arianna puede darle la legitimidad que necesita.
La solución: un matrimonio por contrato.
Seis meses. Habitaciones separadas. Ninguna obligación. Y una cláusula que le permite a Arianna marcharse cuando quiera.
No es amor. Solo una alianza.
Hasta que Arianna descubre junto a Nino todo aquello que nunca sintió con su primer marido: curiosidad, deseo y seguridad.
Porque esta vez no será elegida sin poder decidir.
Esta vez, ella también elegirá.
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Modificaciones
Arianna
La lee.
Después me mira. Después vuelve a leerla, claramente confundida.
—¿La cláusula de intimidad?
—Sí.
—Arianna, esta cláusula está aquí para protegerla.
—Lo sé.
—Establece expresamente que el señor Farina no puede exigir ningún tipo de contacto físico por razón del matrimonio.
—Esa parte me gusta.
—Entonces no entiendo.
Señalo las últimas líneas.
—Esto.
Giulia se inclina.
—“Quedando excluida durante la vigencia del acuerdo cualquier clase de intimidad propia de una relación matrimonial”.
—Sí.
—¿Qué ocurre con eso?
—Que no quiero que esté prohibida.
Silencio.
Giulia levanta lentamente la vista.
Siento calor subirme por el cuello.
Genial.
Tengo diecinueve años.
He sobrevivido a Lucio Castelli.
Puedo enfrentar a mi padre.
Y aparentemente hablar de sexo con una abogada hace que quiera esconderme debajo del escritorio.
Aun así, no retiro lo dicho.
—Entiendo —dice finalmente.
—No creo que entienda.
—Creo que sí.
—No quiero estar obligada a nada.
—Por supuesto.
—Nada.
—Eso permanecerá expresamente indicado.
—Pero tampoco quiero firmar un documento que diga que no puedo hacerlo.
Giulia apoya el bolígrafo.
—¿Está pensando que podría existir una relación íntima con el señor Farina?
Miro la cláusula.
Excelente pregunta.
Nino es... Nino.
Tiene unos ojos verdes ridículamente bonitos.
Sonríe demasiado.
Hace comentarios absurdos en momentos en los que nadie debería hacerlos.
Y ayer, cuando me acompañó hasta la terraza, se arremangó la camisa mientras hablaba y descubrí que aparentemente los antebrazos masculinos pueden convertirse en un problema.
Un descubrimiento completamente nuevo para mí.
No significa nada, pero existe. Y yo pasé demasiados años viviendo una vida donde todo estaba prohibido como para firmar voluntariamente otra prohibición.
—Estoy pensando que no lo sé. —Giulia guarda silencio—. Y quiero poder no saberlo —añado.
Su expresión se suaviza.
—Eso sí lo entiendo.
Me acomodo en el asiento.
—Nunca tuve un matrimonio normal —digo. No necesito decir más. Ella tampoco me obliga—. Pero eso no significa que no quiera tener una vida normal algún día. No sé si será con Nino. Probablemente no. Estamos hablando de seis meses y de un contrato.
—Correcto.
—Pero si un día quiero besarlo, no quiero necesitar llamar a mi abogada para saber si estoy incumpliendo la cláusula catorce.
Giulia intenta mantener la expresión seria.
Falla.
—Sería una llamada interesante.
Me río.
—¿Ve?
—Sí.
Toma el bolígrafo.
—No eliminemos la protección. Cambiemos la redacción.
Empieza a escribir.
—Podríamos establecer que ninguna de las partes adquiere derechos de naturaleza íntima sobre la otra como consecuencia del matrimonio y que cualquier contacto afectivo o sexual requerirá consentimiento libre y voluntario de ambos, pudiendo dicho consentimiento retirarse en cualquier momento.
La miro.
—Eso.
—¿Eso quiere?
—Exactamente.
—Entonces eliminamos la prohibición y mantenemos la ausencia de obligación.
—Sí.
Hace una anotación grande junto a la cláusula.
MODIFICAR.
No sé por qué siento una pequeña satisfacción.
Quizás porque es mi contrato.
Mi matrimonio.
Mi decisión.
Incluso mis posibles errores deberían poder ser míos.
Giulia sigue escribiendo.
—¿Algún otro cambio?
Leo nuevamente la cláusula tachada.
Pienso en Nino.
En la forma en que sonrió cuando me preguntó mi color favorito.
En sus ojos.
Verde oliva.
Qué ironía.
—No por ahora.
—Perfecto.
Cierra la carpeta.
Después vuelve a abrirla.
—Una cosa más.
—¿Qué?
—El señor Farina tendrá que aprobar todas las modificaciones antes de la firma.
No sé por qué esa frase me resulta divertida.
—¿Incluso esa?
—Especialmente esa.
Muerdo el interior de mi mejilla para no sonreír.
—Bien.
Giulia me observa unos segundos.
—¿Qué?
—Nada.
—Está sonriendo.
—No estoy sonriendo.
—Es posible que tenga que defenderla jurídicamente algún día. Necesito saber cuándo me miente.
La miro seria.
—No estoy sonriendo.
—Muchísimo mejor. Casi convincente.
Se levanta.
Yo miro una última vez la cláusula catorce.
Quizás Nino ni siquiera repare en el cambio.
Después de todo, hay veintisiete páginas.
Una modificación entre tantas otras.
¿Qué probabilidades hay de que precisamente esa sea la primera que lea?
Nino pero si en su momento se pondrá más difícil muchos quieren la Sagrada Familia a si que esperemos no seas tan orgulloso y tomes la palabra de tu padre con la ayuda de todos
a disfrutar al bombocito de Farina
🥺🥺🥺 nino tan tierno con tanta espera 💪💪💪Ary muy bien
ya no se contengan desaten todo su amor 💗💗💗💗 porque dense cuenta es amor un amor real del bueno sincero puro hermoso 😌