Una joven que sufrió la violencia y la humillación pública más desgarradora regresa irreconocible al lugar de su pesadilla, convertida en alguien que ya no tiene miedo y viene por lo que le pertenece.
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CAPÍTULO 5 — UN DÍA PARA RECORDAR
“Hay días que parecen normales… hasta que una pequeña decisión termina cambiándolo todo.”
El lunes comenzó como cualquier otro.
Entré a la sala, dejé mis cosas y me senté junto a Demián. Emilia llegó poco después con Mateo y se acomodaron cerca de nosotros.
—¿Supieron lo que dijo la profesora? —preguntó Emilia.
—No —respondí.
—Hoy tenemos que hacer un trabajo en parejas.
La profesora entró justo en ese momento y comenzó a explicar la actividad.
Debíamos preparar una exposición para la semana siguiente.
—Las parejas serán elegidas por ustedes —dijo.
Inmediatamente comenzaron a escucharse comentarios por toda la sala.
Emilia me miró.
—Hazla con Demián.
Me quedé callada.
Demián sonrió.
—Por mí está bien.
—Entonces está decidido —dijo Emilia.
Mateo se rio.
—Qué fácil fue eso.
—¿Y tú con quién la harás? —pregunté.
—Con Emilia, obviamente.
Ella lo miró.
—Como si tuvieras otra opción.
Los cuatro nos reímos.
Durante el resto de la clase comenzamos a organizar nuestro trabajo.
Demián y yo anotábamos ideas mientras Emilia y Mateo discutían sobre el tema que habían elegido.
—¿Qué opinas de esto? —me preguntó Demián.
Leí lo que había escrito.
—Me gusta, pero podríamos agregar una parte más.
—¿Cuál?
Le expliqué mi idea y él la anotó.
—Tienes razón.
Sonreí.
Me gustaba trabajar con él.
No porque fuera fácil.
Sino porque, por alguna razón, sentía que podíamos entendernos.
Cuando terminó la clase, la profesora nos pidió que avanzáramos durante el recreo.
Nos quedamos los cuatro en la sala.
Emilia estaba escribiendo mientras Mateo buscaba información en su cuaderno.
—Esto va a quedar buenísimo —dijo ella.
—Obvio —respondió Mateo.
Demián me miró.
—¿Quieres que después sigamos trabajando?
—Sí.
—Entonces te acompaño a la biblioteca.
—Está bien.
Emilia levantó la mirada.
—Nosotros también vamos.
Mateo cerró su cuaderno.
—Sí, así terminamos todo de una vez.
Fuimos juntos a la biblioteca.
Entre libros, apuntes y algunas risas, la mañana pasó rápidamente.
En un momento, Emilia se levantó para buscar un libro.
Mateo fue detrás de ella.
Demián y yo nos quedamos solos en la mesa.
—Son inseparables —comenté.
—Llevan mucho tiempo juntos —respondió.
—Se nota.
Demián sonrió.
—Supongo que algunas personas simplemente están destinadas a encontrarse.
Lo miré.
No supe qué decir.
Él volvió a mirar sus apuntes como si no hubiera dicho nada especial.
Pero yo me quedé pensando en aquella frase.
Unos minutos después, Emilia y Mateo regresaron.
—Encontramos el libro —dijo Emilia.
—Perfecto —respondí.
Continuamos trabajando hasta que sonó el timbre.
Guardamos todo.
Antes de salir, Demián tomó mi cuaderno.
—Yo lo llevo.
—Puedo llevarlo.
—Ya sé. Pero quiero ayudarte.
Se lo entregué.
Salimos de la biblioteca juntos.
Aquel día no ocurrió nada extraordinario.
No hubo grandes declaraciones.
No hubo momentos perfectos.
Solo estuvimos juntos.
Y, para mí, eso ya era suficiente.
Porque cada pequeño instante a su lado hacía que mis sentimientos crecieran un poco más.
Sin saber que, mientras yo comenzaba a imaginar que aquello podía convertirse en algo hermoso, otras personas estaban esperando el momento adecuado para intervenir.
Antes de separarnos, Emilia me abrazó.
—Nos vemos mañana, Sophie.
—Nos vemos.
Mateo levantó la mano para despedirse.
—Cuídate.
Demián se quedó unos segundos más conmigo.
—Mañana terminamos el trabajo.
—Claro.
Sonrió y se alejó junto a ellos.
Yo los observé mientras caminaban por el pasillo.
No podía evitar sonreír.
Ese día me fui a casa pensando que quizás, sin darme cuenta, estaba comenzando una de las etapas más importantes de mi vida.