sin espoiler
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LO QUE MÁS LE DOLÍA
La noche había caído sobre la mansión.
Pero aquella vez, la enorme residencia no parecía tan imponente como de costumbre.
Había silencio.
Un silencio pesado.
Desde que Christopher y Kalel habían regresado de la clínica, ninguno de los dos había hablado demasiado.
Los documentos médicos permanecían guardados en una carpeta sobre el escritorio.
Una carpeta que contenía una verdad que Kalel todavía no sabía cómo aceptar.
Christopher se encontraba en su despacho.
Estaba sentado detrás del escritorio, pero llevaba casi una hora sin tocar ninguno de los documentos que tenía delante.
Su mente estaba en otro lugar.
En su hijo.
En la expresión que había visto en el rostro de Kalel cuando el médico había pronunciado aquella palabra.
"Esterilidad".
Christopher cerró los ojos.
Había enfrentado situaciones mucho más peligrosas durante su vida.
Había tomado decisiones difíciles.
Había perdido personas importantes.
Pero nada de eso lo había preparado para ver a su propio hijo recibir una noticia que podía cambiar la manera en que veía su futuro.
Christopher apoyó los brazos sobre el escritorio.
—M@ld1t@ sea...
No estaba enojado con Kalel.
No estaba decepcionado.
Ni siquiera estaba preocupado por la acusación en ese momento.
Lo único que sentía era tristeza.
Porque sabía que Kalel quería formar una familia algún día.
Christopher recordaba perfectamente las conversaciones que habían tenido años atrás.
Su hijo hablaba de tener una casa tranquila.
Una esposa.
Niños corriendo por los pasillos.
Una familia diferente a la que él había conocido durante su juventud.
Y ahora...
Una parte de ese futuro parecía haberse alejado de repente.
Christopher tomó el teléfono.
Pensó en llamar a Kalel.
Pero finalmente no lo hizo.
No quería presionarlo.
No quería obligarlo a hablar.
Solo quería que su hijo supiera que no estaba solo.
---
Mientras tanto, en otra parte de la mansión, Kalel permanecía encerrado en su habitación.
Había pasado horas sentado frente a la ventana.
Sin encender las luces.
La ciudad podía verse a lo lejos.
Pero él apenas prestaba atención.
Tenía la carpeta con sus resultados médicos sobre la cama.
La había abierto varias veces.
Y cada vez terminaba mirando las mismas palabras.
No podía dejar de pensar en ellas.
"Esterilidad"
Kalel tragó saliva.
—No puede ser...
Se pasó una mano por el rostro.
Había intentado convencerse de que no era importante.
Después de todo, acababa de descubrirlo.
Tal vez con el tiempo aprendería a aceptarlo.
Tal vez podría vivir con ello.
Pero cuanto más intentaba ignorarlo...
Más le dolía.
Porque no se trataba únicamente de tener hijos.
Era todo lo que había imaginado para su futuro.
Una familia.
Una casa.
Un día escuchar a alguien llamarlo "papá"
Kalel bajó la mirada.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
Intentó contenerlas.
Pero no pudo.
Una lágrima cayó sobre el documento.
Kalel cerró los ojos.
—Yo quería tener una familia😭...
Su voz se quebró.
Y finalmente dejó de luchar contra el llanto.
Se cubrió el rostro con ambas manos.
---
Christopher salió de su despacho aproximadamente una hora después.
Encontró a Mirelith en uno de los pasillos.
Ella había notado desde la tarde que algo no estaba bien.
—Christopher.
Él se detuvo.
—¿Sí?
Mirelith se acercó.
—¿Cómo está Kalel?
Christopher bajó la mirada.
—No muy bien.
Mirelith guardó silencio.
—La noticia le afectó mucho.
Ella entendió inmediatamente.
—¿La esterilidad?
Christopher asintió.
—No esperaba verlo así.
Mirelith suspiró.
—Es una noticia difícil.
Christopher permaneció unos segundos en silencio.
Después habló con una sinceridad que rara vez mostraba.
—Me siento impotente.
Mirelith lo miró.
—¿Por qué?
—Porque soy su padre.
Christopher apretó ligeramente la mandíbula.
—Toda mi vida he intentado protegerlo. Cuando tiene un problema, busco una solución. Si alguien lo @m3n@z@, puedo enfrentarme a esa persona. Si necesita algo, puedo conseguirlo.
Hizo una pausa.
—Pero esto no puedo solucionarlo por él.
Mirelith tomó suavemente su mano.
—No tienes que solucionarlo.
Christopher la miró.
—¿Entonces qué hago?
—Estar con él.
La respuesta fue sencilla.
—Eso es lo que necesita ahora.
Christopher asintió lentamente.
—Lo sé.
Mirelith sonrió con tristeza.
—Y seguramente no quiere que lo trates como si estuviera roto.
Christopher bajó la mirada.
—No lo está.
—Entonces recuérdaselo.
Christopher apretó suavemente la mano de Mirelith.
—Gracias.
Ella se acercó un poco más.
—Ve a hablar con él cuando esté preparado.
Christopher asintió.
Pero antes de hacerlo, decidió darle espacio.
---
Pasaron un par de horas.
La mansión permanecía completamente tranquila.
Mirelith se dirigió hacia la cocina por un vaso de agua.
Al regresar, pasó frente al pasillo que conducía a las habitaciones.
Entonces escuchó algo.
Se detuvo.
Era un sonido muy tenue.
Como alguien intentando contener un sollozo.
Mirelith frunció el ceño.
Miró hacia la puerta de la habitación de Kalel.
Estaba entreabierta.
Se acercó lentamente.
—¿Kalel?
No recibió respuesta.
Mirelith empujó suavemente la puerta.
La habitación estaba oscura.
Solo entraba la luz de la luna por la ventana.
Y allí estaba Kalel.
Sentado en el borde de la cama.
Tenía los codos apoyados sobre las piernas y el rostro entre las manos.
Mirelith se quedó quieta.
Nunca lo había visto así.
Aunque habían sido pareja en el pasado, había cosas que todavía desconocía de él.
Había conocido su carácter.
Su orgullo.
Su manera de esconder sus emociones.
Pero aquella noche estaba viendo algo diferente.
A un joven que simplemente estaba sufriendo.
—Kalel...
Él levantó rápidamente la cabeza.
Intentó secarse las lágrimas.
—¿Qué haces aquí?
Mirelith no respondió inmediatamente.
—Escuché que estabas llorando.
Kalel apartó la mirada.
—No estoy llorando.
Mirelith arqueó una ceja.
—Kalel.
Él soltó una pequeña risa sin humor.
—Está bien.
Bajó nuevamente la mirada.
—Sí.
Mirelith entró y cerró suavemente la puerta.
—¿Puedo sentarme?
Kalel asintió.
Mirelith se sentó en una silla cercana.
No quiso invadir su espacio.
Durante unos segundos ninguno habló.
Finalmente Kalel rompió el silencio.
—Nunca pensé que iba a enterarme así.
Mirelith lo miró.
—¿Así cómo?
—De esta manera.
Miró nuevamente la carpeta.
—Con una acusación encima.
Hizo una pausa.
—Y después descubriendo que soy estéril.
Mirelith respiró lentamente.
—Debe ser demasiado de golpe.
Kalel asintió.
—Lo es.
Su voz volvió a quebrarse.
—Yo quería tener hijos algún día.
Mirelith sintió un nudo en la garganta.
—Lo sé.
Kalel la miró sorprendido.
—¿Lo recuerdas?
—Sí.
Él sonrió débilmente.
—Yo siempre hablaba de eso.
—Muchísimo.
Por primera vez aquella noche, Kalel dejó escapar una pequeña sonrisa.
Pero desapareció rápidamente.
—Ahora parece imposible.
Mirelith negó suavemente con la cabeza.
—No sabes lo que pasará en el futuro.
—El médico dijo que soy estéril.
—Sí.
—Entonces...
Mirelith lo interrumpió con calma.
—Eso no significa que tu vida haya terminado ni que no puedas tener una familia de otras maneras.
Kalel permaneció en silencio.
Mirelith continuó.
—Tener una familia no depende únicamente de la posibilidad biológica de tener hijos.
Él bajó la mirada.
—Pero yo quería que fueran míos.
—Entiendo.
—Quería vivir todo eso.
Su voz tembló.
—Ver crecer a mis hijos. Enseñarles cosas. Llevarlos a la escuela. Escuchar que me llamaran papá...
Las lágrimas volvieron a aparecer.
Mirelith no intentó detenerlas.
Simplemente permaneció allí.
—No tienes que ser fuerte ahora —dijo ella.
Kalel respiró profundamente.
—Me siento menos hombre.
Mirelith negó inmediatamente.
—No.
Kalel la miró.
—Kalel, ser hombre no depende de poder tener hijos .
Él permaneció callado.
—Esto no cambia quién eres —continuó Mirelith—. No cambia tu corazón, tus capacidades, tus sueños ni tu valor como persona.
Kalel se limpió las lágrimas.
—¿De verdad lo crees?
—Sí.
La respuesta fue inmediata.
—Y creo que tu padre también lo cree.
Kalel bajó la mirada.
—No quería que me viera así.
—Christopher no está decepcionado de ti.
—¿Cómo lo sabes?
Mirelith sonrió suavemente.
—Porque lo conozco.
Kalel guardó silencio.
Mirelith agregó:
—Está preocupado porque te quiere.
Aquellas palabras parecieron afectarlo todavía más.
Kalel se cubrió nuevamente el rostro.
—No quiero que mi papá piense que estoy roto.
Mirelith negó.
—No lo piensa.
—¿Seguro?
—Completamente.
---
En ese momento, al otro lado de la puerta, Christopher se había detenido.
Había ido a buscar a Kalel.
Pero al escuchar la conversación, decidió no entrar.
No quería interrumpir.
Sin embargo, había escuchado suficiente.
"No quiero que mi papá piense que estoy roto."
Christopher cerró los ojos.
Aquellas palabras le dolieron profundamente.
Esperó unos segundos.
Después tocó suavemente la puerta.
Mirelith miró hacia la entrada.
—Christopher...
Kalel levantó la cabeza.
Su padre entró lentamente.
No dijo nada durante unos segundos.
Simplemente se acercó.
Kalel bajó la mirada.
—Papá...
Christopher se sentó a su lado.
—Mírame.
Kalel levantó los ojos.
Christopher habló con absoluta firmeza.
—Nunca voy a pensar que estás roto.
Kalel tragó saliva.
—Pero...
—No.
Christopher negó con la cabeza.
—No quiero volver a escuchar eso.
Kalel intentó contener las lágrimas.
Christopher continuó:
—Eres mi hijo. Eso no cambia por ningún diagnóstico.
Kalel finalmente dejó escapar el llanto que había estado conteniendo.
Christopher lo abrazó.
Sin decir nada más.
Por primera vez en toda la noche, Kalel dejó de intentar aparentar que estaba bien.
Apoyó la cabeza contra el hombro de su padre.
Christopher cerró los ojos.
—Vamos a superar esto juntos.
Kalel asintió entre lágrimas.
Mirelith observó la escena en silencio.
Y en aquel momento comprendió algo.
La noticia había cambiado muchas cosas.
Pero no había cambiado lo más importante.
Kalel seguía teniendo una familia que lo quería.
Y mientras Christopher estuviera a su lado, jamás tendría que enfrentar aquello completamente solo.
Sin embargo, todavía quedaba una pregunta pendiente.
Una pregunta que podía cambiar por completo la investigación.
Si Kalel no podía ser el padre del bebé... entonces quién lo era realmente